Espectáculos

Lo mejor, lo peor y lo más raro de los 30 años de Trotsky Vengarán, según Guillermo Peluffo y Hugo Díaz

Trotsky Vengarán no suele festejar sus aniversarios en el escenario, pero esta vez, la situación cuadró. La banda tenía previsto tocar en el Antel Arena en mayo del 2020, pero pandemia mediante, el show tuvo que ser postergado. La nueva fecha, el próximo 13 de marzo, coincidirá no solo con el primer año del decreto de emergencia sanitaria, sino que también hace que el espectáculo caiga en el año en el que el grupo cumple 30 años de trayectoria.

Más allá de que no es estrictamente un show aniversario, y que la mayor preocupación para la banda en este momento está en las cuestiones técnicas y escénicas del show, el primer Antel Arena de la banda tiene sus particularidades. Hugo Díaz, guitarrista y uno de los tres miembros que han permanecido en la alineación desde el inicio, junto al baterista Guillermo “Cuico” Perazzo y el cantante Guillermo Peluffo, apunta que “es raro para una banda de 30 años encontrarte con una situación nueva”. Y sin embargo, este show los pone ante un desafío inédito, con un escenario en el centro del campo, protocolos sanitarios en todas las áreas del espectáculo, y la misión de hacer un show eléctrico que no puede ser igual a los que había antes de la pandemia.

La banda viene de un año en el que reformuló y redescubrió su repertorio, a través de shows acústicos y versiones alternativas realizadas para espectáculos con público sentado de forma obligatoria, con otra intensidad y otra energía en comparación a sus presentaciones habituales, y que también cambió las dinámicas de ensayo para el grupo. “Hay muchas canciones que hubo que desmantelarlas, se les sacaron todos los tornillos y se volvieron a poner. Y nos encontramos con versiones que estaban muy buenas, entonces empezamos a investigar qué de esas versiones merecía quedar en la parte eléctrica, y eso es lo que para nosotros es una sorpresa. Nosotros hacemos canciones, después las ensayamos y las tocamos, y esto es muy distinto. Hemos tenido que revisar nuestro repertorio demasiadas veces, y creo que estamos todos muy contentos con cómo las canciones sobreviven más allá de la impronta que vos le pongas”, dice Peluffo.

En esas búsquedas y preparaciones para un show histórico para Trotsky Vengarán, Peluffo y Díaz repasaron lo mejor, lo peor y lo más extraño de los 30 años de recorrido de la banda, con una selección de anécdotas, discos y canciones.

La banda en su última visita a Colombia

La mejor canción 

Guillermo Peluffo: Sueños rotos es una canción preciosa. Es muy Trotsky, pero al mismo tiempo no es el molde de Trotsky. Es muy sencilla pero está llena de trampas, y la letra es muy sencilla, pero pasa el tiempo y es difícil hacer una canción en primera persona y que 20 años después te siga gustando. 

Hugo Díaz: Uno tiene una banda de rock para hacer las canciones que le gustaría escuchar, y siempre queda enamorado de lo más reciente y se olvida de lo anterior, y a veces descubre. Pero me pasa como a Guille, cuando las canciones me pegan arriba del escenario, cuando me siento que soy un músico de rock tocando una canción, esa es una sensación muy plena. Me pasa con Sueños rotos, me pasa con Patas cortas, pero después varía: Tarde de sol es una canción que me gusta mucho, hay una balada que se llama Las penas. Indudablemente las más populares de repente uno las tiene en un segundo escalón, pero las toca y se da cuenta que pasa algo. Historias sin terminar me sigue sorprendiendo con lo que genera, que en términos musicales es una canción sumamente simple, que no te plantea mayores desafíos a la hora de interpretarla, pero siempre decís “pasa algo”. 

La peor canción 

GP: Yo estoy arrepentido de la versión que hicimos de Love me tender. Que es un juego totalmente desprejuiciado que hacés: tarde de ensayo, cerveza, mirá lo que hago con esta canción, y en realidad…(se ríen) uno debería ser más respetuoso con Love me tender. Después pasa con alguna canción que con el pasar de los años no refleja para nada el espíritu, era más una sensación momentánea. Quedó como un chiste interno. No sabés cómo dejaste que un chiste privado se muestre al resto del mundo, y no funciona. Es algo que aprendés con el tiempo.

HD: Igual mirando en retrospectiva tenemos la ventaja de que en nuestra juventud no nos embanderamos como muchas bandas del estilo, porque es muy tentador. Uno escuchó y creció escuchando bandas muy embanderadas. Y cuando te ponés a pensar, nosotros ya tenemos más años que Joe Strummer cuando murió, o que Joey Ramone cuando murió, o estamos ahí. Y vos decís: “Yo todavía tengo una idolatría por tipos que construyeron su obra más pesada cuando tenían 25 años”, y si lo pensás, hoy miro a un pibe de 25 años y digo “¿qué me puede contar?”. Lo que quiero decir es que siempre nos referimos a los temas de una manera más individual que colectiva. Nunca fue un nosotros versus ellos, o “la sociedad nos oprime”. La manera de escribir de Guille es más sobre cómo te afectan un montón de cosas, pero a nivel personal, y esos sentimientos personales no te digo que siempre los dispara la misma situación colectiva, pero podés encontrarte sintiéndolos a cualquier edad. Porque uno cambia, capaz hace 10 años pensaba distinto a lo que pienso ahora y está bueno que no haya quedado plasmado en piedra en una canción que tengas que cantar porque te la piden. En ese sentido zafamos bastante.

Una canción que recobró significado con el paso del tiempo

GP: Canciones como Orsai, cuando volvés a pasar por otra crisis, la redescubrís. La cantabas en el 2012, que todo el mundo tiraba billetes para arriba y te miraban como “te estás haciendo el pobre”, pero nos volvimos a enfrentar a los mismos miedos y a las mismas cosas con más años, que es mucho peor. Enfrentarse a la pérdida de trabajo y de proyección de futuro, a los 20 años es una cosa, a los 30 otra. Cada generación lo sabrá. Pero ahora nosotros aprendimos lo que es estar al borde con 50 años y un mercado laboral que no tiene puertas. Estamos viviendo eso y hay muchas canciones que se construyeron en las crisis económicas que eran un bálsamo, uno las quería agarrar y refregárselas para sentir que había mañana. 

Guillermo Peluffo en el Montevideo Rock 2017

El mejor disco

GP: Hay discos donde están acumuladas la mayoría de las canciones del repertorio de Trotsky, y nos pusimos mucho más activos en los últimos tres discos para no seguir haciendo canciones y que ninguna le gane a esas, sobre todo de Durmiendo afuera y de Todo para ser feliz, que no dejaban entrar a más nadie. Nadie se les podía parar al lado porque las volteaban como muñecos. Afinamos la puntería. Estos dos discos que digo son para mí dos discos que nos han dado enormes alegrías y nos abrieron un montón de puertas, pero creo que de sonido me gustan los más reventados. Me gusta mucho Relajo pero con orden, Hijo del rigor, son discos muy lo-fi, y de repente Durmiendo afuera, la mezcla que eligió Jaime (Roos), que era el productor del disco, jamás es la que habríamos hecho nosotros, pero ahí está, ahí quedó y es imposible ganarle a ese disco por cómo suena.

Un disco que impresiona, con el paso del tiempo, es el Pogo. Es 100% en vivo. Ese disco es tal cual el recital de esa noche, porque tiene una particularidad y es que se usaron los micrófonos de ambiente. Y uno lo cuenta y nadie lo cree. Fuimos a mezclarlo a Circo Beat, el sonidista pone play, y nosotros sabíamos que había estado trabajando en su computadora, pero no había hecho más que limpiar pistas. Y el del estudio dice “ya está mezclado”. “No, son los micrófonos de ambiente”. 

HD: Si lo ponían en el estudio era como estar ahí. Pogo es un lindo repertorio en una buena noche, y en esa época estábamos prendidos fuego (se ríen). Y estoy de acuerdo con Guille, Durmiendo afuera tiene algo, y a mí el Relajo pero con orden me gusta mucho, y me gusta que me guste porque es un disco reciente, sería horrible decir que nuestro mejor disco salió en 2001. 

El disco más infravalorado

HD: A mí me hubiera gustado que en su momento se le diera más bolilla al Yo no fui, que me parece que es un gran disco de punk rock y pasó absolutamente inadvertido. Y suena bien, aparte.

GP: Tenés razón. Aparte fue gracias a ese disco que Jaime Roos dijo “qué bien que suenan, ¿por qué no les produzco un disco?”, así que algo positivo tuvo. A Jaime le gustó (se ríen). Nosotros estamos impresionados del sonido, las canciones, fue la primera vez que trabajamos con un productor y las canciones crecieron como con levadura. 

HD: Los primeros que lo infravaloraron fueron los de la compañía (se ríe). No fueron agentes externos.

GP: Hay 300 copias desperdigadas por el mundo y se acabó el Yo no fui. No hay más. 

El primer disco que le darían a alguien que nunca escuchó a Trotksy 

GP: Hoy le doy el Relajo pero con orden. Me vuelve loco de principio a fin. Tiene mucha cosa autorreferencial, que habla de la banda, de la historia y de los personajes de la banda, es muy Trotsky. Tiene poesía de barrio, pero también filosofía, profundidad, tiene chiste, cachetada, golpe y porrazo, es todo Trotsky.

Momento más épico en vivo

GP: Yo tengo un particular recuerdo por el miedo que tenía de salir a escena en un Pilsen Rock, el 4 o el 5. Era de esos lugares donde o salís muy bien o te va muy mal. Estás en la grilla entre La Vela y Buitres, algo así. Estaba realmente cagado. Y cuando vi a la gente… Fue muy sorprendente la reacción de la gente, la cantidad, cómo se movilizaba. ¡Rompieron el vallado, lo dejaron hecho astillas en la primera canción! Me lo había mostrado la gente de producción: “Mirá, Peluffo, este año no nos mata nadie”. Le daban con la Caterpiillar al vallado y me decían “Mirá, aguanta a la Caterpillar”.

HD: (Se ríen) Y estaban todos así y miraban para el escenario, onda: “¡Paren, paren!” 

La banda en su última visita a Colombia

GP: Fue muy emocionante. Después, te sorprendés en cualquier lugar. A veces un recital chico, en una ciudad chica, se vuelve una noche especial. Hay veces que los recitales son buenísimos pero vos sufrís mucho. Una vez tocamos en Medellín en un bar, a la altura de la gente, y parecía un lugar tomado, la gente caminaba entre nosotros, te tiraban alcohol en la cabeza, era un descontrol total, y nosotros estábamos preocupados, como siempre, por salir vivos. 

HD: En la época del florecimiento de los grandes festivales, en los 2000, nosotros teníamos la suerte de que estábamos en un lugar de popularidad que no era lo suficientemente pesado como para cerrar, entonces siempre tocábamos antepenúltimos o penúltimos, y agarramos a la gente calentita por las bandas que habían venido antes, pero frescas, porque la gente terminaba muerta. Y recuerdo tocar Hay que saltar, y ver literalmente una marea de gente a la que no le veías el final, saltando, y te dabas cuenta de que sos un vehículo para las canciones. La gente cuando va a ver a Trotsky no va a ver virtuosos, va a ver a una banda que lo único que tiene que hacer es ejecutar las canciones que compuso de forma decente, y ya está.

Momento más bizarro en vivo

GP: A mí siempre me parecen muy bizarros los momentos en los que las personas hacen declaraciones de amor y propuestas de matrimonio en los shows de Trotsky. ¿Cuántas van, Hugo, vos sabes?

HD: Debemos estar en ocho o por ahí. Ocho, nueve. Siempre ha sido con aviso, se comunican con la banda, nos cuentan, nos dicen que se conocieron en un show o que nos van a ver siempre, a muchos los conocemos. El pibe se sube, con la voz temblando, hacen subir a la pareja. Nunca nos pasó que alguien rechazara la propuesta, pero es invariable que, a pesar de las puteadas y los gritos de “pollerudo”, cuando la persona acepta hay un “aaaah” de ternura (risas).

Show en el lugar más raro

Trotsky Vengarán prepara su primer Antel Arena, que será el 13 de marzo

GP: Fue una fecha que compartíamos con Chicos eléctricos, hicimos una gira que se llamaba Epidemia sónica. Fuimos a Nostradamus, un boliche que quedaba en el centro, era como un boliche gay pero medio sado-maso, el loco con el que habíamos arreglado estaba vestido como Al Pacino en Cruising, por ejemplo y la hermana estaba con unas botas de cuero, medio dominatrix. Y cuando empezamos a tocar en un momento aparece entre la gente, para a todo el mundo y le pide a Cuico si le puede pegar a la batería más suave. Por supuesto que terminó con que le bajaron la llave a los Chicos eléctricos. Aparte, la gente que nos fue a ver no quería entrar al boliche, entonces había 200 personas en la vereda de enfrente, mirando para adentro, y nosotros nos asomábamos a la ventana de arriba y les gritábamos “entren, entren”, era muy raro. No querían entrar, no porque fuera gay, sino porque era sado-maso, era como una fiesta swinger, y en el año 1995, era muy raro (risas).

El lugar menos esperado en el que encontraron una canción de Trotsky

HD: Me sorprende siempre cuando te mandan un video de alguna fiesta de fin de curso, con niños que son muy chicos cantando Historias sin terminar. Y también te pasa cuando te mandan un video de una hinchada que está cantando una canción de Trotsky. Nos pasó con la hinchada del Gremio de Brasil, la del América de México, Nacional de Guatemala. En Medellín tenemos afinidad con los dos equipos, pero en particular con la hinchada del Atlético Nacional, que hizo una adaptación muy divertida de Historias sin terminar. Pero con los otros te pasa que es muy raro, la mayoría no deben saber qué están cantando y de quién es la canción. Y eso siempre me hace preguntarme ¿cómo llegamos hasta acá? 

El momento en el que pensaron en largar todo

GP: Después del Yo no fui. Creo que si no nos cruzábamos con Jaime, nuestra historia no hubiese seguido, porque él nos ordenó las ideas en la cabeza, nos ordenó las prioridades y nos enfocó. Estábamos desenfocados de la frustración. No podíamos creer que el disco hubiese sido tan ignorado, y además habíamos quedado presos de cuestiones legales, y no éramos dueños ni del nombre de la banda. No podíamos grabar. Y ahí estuvimos largos meses analizando que capaz se había acabado. 

HD: Pero fue raro, porque no era por voluntad propia sino porque capaz no nos quedaba alternativa. Cuando firmás un contrato de ese tipo no es tan fácil como cambiarse el nombre y seguir tocando. 

GP: A no ser que te pongas un símbolo, como Prince. Si sos Prince, puede que te funcione, en nuestro caso no creo que hubiera tenido futuro (risas).

HD: Un símbolo de pesos (risas). Pero los 90 fueron complicados. 

GP: Fue una época de nacer y morir constantemente. 

HD: Los que la transitamos quedamos con un temple más fuerte para cuando se terminó el boom de los 2000. Muchas bandas que nacieron durante esos años, las primeras veces que no los fue a ver gente dijeron “bo, esto no es para nosotros”. 

GP: También es cierto que hay muchas bajas en el camino. Era intolerable el ambiente en los 90, esa es la verdad. Para los que dicen que ahora está difícil, uno siempre se acuerda de los 90. 

HD: Y hemos tenido crisis internas.

GP: Pero nos han pasado cosas particulares. Nos ha pasado que se han ido miembros de la banda y en todas esas instancias siempre terminamos el proceso más fortalecidos que antes y más convencidos de lo que tenemos que hacer. Al principio de todo, cuando éramos cinco y se fue Nacho (Ignacio Guasch) demoramos mucho en encontrar el camino de vuelta. Y seguramente si no hubiera aparecido Pipe (Felipe Di Stefani) que participa del Clase B, no sé que habría pasado con nosotros. Nosotros somos muy cerrados, pero también sabemos reconocer cuando alguien nos está alimentando positivamente y abrimos todas las puertas. Pero esa vez, que se fue Nacho, no sabíamos ni qué tipo de banda íbamos a ser, porque eran dos guitarristas, Hugo era primera guitarra y el otro hacía todos los arreglos que sostenían a Hugo por abajo y de repente Hugo tuvo que empezar a hacer todo lo que sostenía. Tuvimos que cambiar de estilo, no éramos una banda ramonera al principio, no era lo que queríamos ser, era lo que nos quedó (risas). Pero los 90 fueron el momento más embromado. 

Crítica que más recuerdan

GP: Yo tenía guardada una, “La noche de los imbéciles” se llamaba, que un periodista nos adjudicaba un montón de superpoderes que no teníamos, y un montón de culpas que no nos correspondían, y encima que le fuera mal a los artistas con los que compartíamos escenario era culpa nuestra también. Una cosa increíble. 

HD: Consideraba que el valor musical de alguna gente que había tocado al lado nuestro, y que esa noche en particular no les había ido tan bien, era indignante, y se había indignado también de que nuestro público nos alentara con canciones de estadio. 

GP: Y cerraba la nota diciendo “la próxima vez manden un sociólogo y no un crítico musical”.

HD: Después me acuerdo mucho de un periodista que le preguntó a Jaime, contado esto por el propio Jaime, cuáles eran sus artistas favoritos de la generación de los 2000 del rock uruguayo, y nombró a La Vela, a No Te Va Gustar, a Buitres y a nosotros. Terminó la nota, y cuando se está despidiendo el periodista se da vuelta y le dice: “¿En serio te gusta Trotsky?”. Jaime se indignó, más que por empatía con nosotros, porque el tipo dudó de lo que le dijo. Y hasta el día de hoy me divierte mucho. Pero uno se acostumbra y se va generando la coraza. Y está perfecto que haya bandas favoritas de la crítica y otras que no. Nosotros caemos en la bolsa de los que no somos favoritos a la hora de las reseñas, sí tenemos espacio en todos los medios, nos entrevistan un montón cada vez que hacemos un evento, pero otras veces es llamativo como nos ignoran, como pasó en todo este año que dimos vuelta el repertorio, y que a nuestro juicio hicimos un hecho artístico que tiene valor y pasó absolutamente desapercibido. 

Recuerdos del primer show

HD: Fue en el cumpleaños de una prima menor del bajista de esa época, “el Hueso” Abreu. 

GP: Eso es proto-Trotsky, es lo que terminó siendo Trotsky. Me acuerdo de que nos sentíamos los Rolling Stones, con saco y corbata. Las caras de la familia… al final de la segunda canción nos dimos cuenta de que capaz no era la noche que nos imaginábamos (risas). Ni nosotros ni los invitados.

HD: El cumpleaños fue en el lugar donde nosotros ensayábamos, en un jardín de infantes de la tía del bajista, nosotros ensayábamos en el sótano, y el cumpleaños fue en las instalaciones. Era el sueño del pibe en ese momento, después nos dimos cuenta de que todos los sueños del pibe se nos cumplieron a nosotros. Y se nos cumplieron cosas que ni siquiera habíamos soñado, como estar preparando un show en 2021, con la edad que tenemos, y habiendo mantenido un proyecto artístico durante 30 años, con lo difícil que es a nivel artístico en Uruguay, económico y humano, porque básicamente desde que empezamos, si bien hubo cambios de integrantes, el núcleo principal de la banda que somos Cuico, Guille y yo, ha seguido adelante a pesar de muchas frustraciones, y hemos podido encajar los momentos de más éxito sin que se nos vaya a la cabeza. Lo cual tiene su gracia y su mérito, me parece.




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