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«Este modelo está basado en la obtención de clics y para eso se generan contenidos escandalosos»

En el Parlamento Europeo ya se analizan nuevas reglas para poner límites a los gigantes de Internet como Google y Facebook. Clarín entrevistó a Iban García del Blanco, uno de los diputados europeos que estará a cargo de ese diseño. «Vamos a tratar de que los futuros desarrollos y los que ya se están utilizando respeten sí o sí los derechos fundamentales de la ciudadanía», dice este experto en Inteligencia Artificial.

Abogado, García del Blanco admite el peso decisivo de las redes sociales en el quehacer diario. «Y por lo tanto decidimos desde hace tiempo tener una regulación pionera en el mundo sobre inteligencia artificial. Vamos a tratar de que los futuros desarrollos y los que ya se están utilizando respeten sí o sí los derechos fundamentales de la ciudadanía. Pero desde otras muchas ópticas y desde otros muchos puntos de vista. Por ejemplo, se va a renovar la ley de servicios digitales europea, o la ley de mercados digitales europea también», explica.

-¿Qué más planean hacer?

-Se va a afrontar también la renovación en regulación sobre propiedad intelectual. Estamos hablando de conglomerados que gestionan redes, que son imprescindibles en nuestro día a día y que, además, son decisivas también en nuestro propio desarrollo económico. Que están en manos privadas, no hay que olvidarlo, que son prácticamente monopolios.

-¿Por qué es necesaria una regulación?

-Desde la perspectiva de la Unión Europea, la mayor parte de ellas están radicadas fuera de la propia Unión, están en manos extranjeras. Por lo tanto creemos que tiene que haber una regulación, que proteja a nuestra ciudadanía y que proteja también nuestros propios intereses como europeos.

-¿Y también sus abusos, ¿no?

-Precisamente. Lo que ponemos en cuestión es que un operador que está en régimen monopolístico, como ocurre con este tipo de redes, y que tienen el poder tan inmenso que tienen, pueda tomar unilateralmente algunas decisiones que tienen que ver, por ejemplo, con la libertad de expresión. O que tienen que ver también con el compartimiento de determinados contenidos. O con la posibilidad de que alguien pueda operar, desde el punto de vista también del mercado, en esas redes. Es decir que hay determinadas cuestiones que tienen que ser ordenadas, organizadas, de cara al interés público.

Estas empresas, dice García del Blanco, "la mayor parte de ellas están radicadas fuera de la propia Unión, están en manos extranjeras." Foto: AFP

Estas empresas, dice García del Blanco, «la mayor parte de ellas están radicadas fuera de la propia Unión, están en manos extranjeras.» Foto: AFP

-¿Usted cree que será la Unión Europea la que va a liderar esta campaña -de alguna manera- de canibalización de las redes? Es decir, de separarlas, de que sean compañías más chicas y muchísimo más transparentes y legalmente accesibles, que es algo que aparentemente ahora no se puede.

-Tenemos normas ya encima de la mesa, que se están ahora mismo discutiendo en el Parlamento Europeo, y que en breve se discutirán también con el Consejo, que es el órgano que representa a los países miembro, para poder hacer todas estas cosas. Para poder prever en qué condiciones alguna compañía puede operar en régimen monopolístico y en cualquier caso, cuáles son los parámetros que va a tener que proteger. Y nuestra ambición también no se queda ahí.

-¿Hasta dónde quieren llegar?

-Queremos que haya algún tipo de armonización a nivel mundial, a nivel global, para que esos parámetros básicos, que tienen que ver con el respeto a los derechos fundamentales y a los parámetros democráticos, se respeten en todo el mundo.

-¿Cuál cree usted que es el rol de los algoritmos, especialmente en la devaluación de la prensa, en la publicidad de la prensa, en sus contenidos y en la muerte de la calidad en los periódicos? Hoy los algoritmos determinan los títulos de los periódicos, por ejemplo.

-Claro. Es que este modelo de negocio está basado fundamentalmente en la obtención de clics, lo que se ha llamado «click bate», el cebo del click. Y para eso normalmente lo que se generan son contenidos escandalosos, contenidos que indignan a la persona que los está recibiendo. Y para ello, la realidad no es suficiente.

-¿En qué sentido?

-Muchas veces hay que crear realidades nuevas, hay que crear desinformación. Para tratar de tener permanentemente a alguien indignado, enfadado, con el político de turno, con la empresa de turno, con incluso su propio vecino. Con comportamientos que, además, no suelen nunca ser ponderados, ¿no? Sino que normalmente están llevados al extremo.

“Lo que queremos es que estas compañías efectivamente y de forma transparente nos digan cuáles son esos algoritmos . Cuáles son las prioridades que tienen a la hora de seleccionar determinados contenidos”

"Lo que queremos es que estas compañías efectivamente y de forma transparente nos digan cuáles son esos algoritmos . Cuáles son las prioridades que tienen a la hora de seleccionar determinados contenidos"

Iban García del Blanco

Eurodiputado

Efectivamente, como comprobamos que es así en la práctica, lo que queremos es que estas compañías efectivamente y de forma transparente nos digan cuáles son esos algoritmos. Cuáles son las prioridades que tienen a la hora de seleccionar determinados contenidos. Eso está contenido en nuestra regla y va a ser así. Va a ser una obligación que van a tener estas compañías en el futuro.

-¿Usted cree que los algoritmos de alguna manera, por lo menos con respecto a la prensa, son censura previa por intereses comerciales?

-Bueno, no tanto censura previa, sino que al final, por la propia dinámica comercial, se van reduciendo cada vez más los espacios para el periodismo de calidad o para la opinión también, que trata de cohesionar la sociedad. Que trata de plantear observaciones pues mucho más moderadas, mucho más ponderadas y que intentan ver todos los puntos de vista.

Todo eso está desapareciendo. Incluso los medios de comunicación tradicionales se están adaptando a este nuevo mercado desde esa perspectiva, desde la indignación permanente y del escándalo permanente. E incluso cayendo, a veces, también en cuestiones que tienen que ver con la desinformación.

-¿Y cómo las empresas tecnológicas, especialmente Youtube, Google, Facebook, condicionan y controlan los contenidos en la prensa y también en la educación?

-Ellos son muy conscientes. Hace poco hemos tenido precisamente un contencioso con Youtube por una censura previa que se ejercitó sobre contenidos educativos, que tienen que ver con el holocausto. Es decir, que aparecieran imágenes de presos en campos de concentración, que estaban desnudos, provocó que Youtube automáticamente, a través de su algoritmo, pero después con la revisión humana, decidiera que esos contenidos no eran aptos para menores de 18 años.

Las oficinas de Google en Nueva York. Foto: AP

Las oficinas de Google en Nueva York. Foto: AP

Es decir, que contenidos que tienen que ver con la formación de nuestra sociedad en valores, con la formación de nuestra juventud en valores, una compañía privada decide unilateralmente, sin contar con nadie, que no son aptos. Y eso tiene que ver con nuestra calidad democrática, la calidad de nuestras sociedades y de nuestra juventud.

-De alguna manera ellos están reescribiendo la historia. Los jóvenes especialmente ya no leen diarios, sino que simplemente se informan por estas redes. ¿Cuál va a ser el efecto sobre esto?

-Muchos no hemos sido conscientes de cómo se iba generando una realidad paralela en otros ámbitos diferentes, que estaban ocupados generacionalmente por otras personas diferentes, por nuestros hijos, por nuestros nietos.

Pues ya llega el tiempo en que tenemos que quitarnos la venda de los ojos, ser conscientes de que hay otra realidad y que esa realidad no puede ser ajena también a la regulación, a las normas mínimas que regulan nuestra convivencia. Tanto cuando leemos un periódico en papel, como cuando nos conectamos a Twitch con el influencer de turno. Hay determinadas cuestiones, que tienen que ser respetadas también ahí en ese ámbito. Porque nos jugamos el modelo de sociedad que tengamos en el futuro.

Un mundo paralelo

-¿Usted cree que estas empresas que son de millenials, de jóvenes, se aprovechan de la ignorancia de una generación, que no está tan acostumbrada a lo digital, para directamente mentir en sus argumentos y en sus propósitos de negocios?

-Yo estoy seguro de que la mayoría de los influencers, de que la mayoría de las comunicaciones vía redes sociales, no están conscientemente diseñadas para desinformar, sino que simplemente, lo que hay es una falta de contraste absoluto, control absoluto sobre los mínimos contenidos de veracidad de esas informaciones. Bueno, tenemos que obligar a que esas grandes plataformas también controlen esos contenidos. No se trata de controlar el criterio editorial de un periódico.

Se trata de que hay algunos contenidos, que se dan como hechos ciertos, que tienen que de alguna forma, pasar un filtro de contraste de veracidad. Porque al final estamos viendo y comprobando que hay determinadas personas que viven en un mundo paralelo, en una realidad completamente diferente a la física, a la que existe, a la tangible. Lo estamos viendo con debates como el de las vacunas.

-¿Cómo se actúa frente a eso?

-Lo que tenemos que hacer es, desde los poderes públicos, establecer obligaciones para este tipo de compañías. Tenemos que dar ilustración digital a todo el mundo. No sólo saber cómo se enciende un ordenador, sino saber cómo se selecciona determinada información, cómo nos llega y también que hay unos «fact checkers», que hay una especie de organismos que pueden darnos una visión alternativa de esa información que nos va llegando.

Google y los medios

-Frente a las críticas, Google se ha acercado a los medios y les ha ofrecido primero en Australia y después, especialmente en los diarios europeos.-ahora han comenzado en América Latina- una especie de modelo de compensación para los contenidos que anteriormente robaba. ¿Usted cree que ese modelo de compensación es suficiente o simplemente es un ejercicio de relaciones públicas de Google para poder seguir haciendo lo mismo?

-En Europa hay una fuerte legislación de protección del derecho de propiedad. Eso incluye también el derecho de propiedad intelectual de esos propios medios informativos. Google ha tenido un contencioso desde hace mucho tiempo porque no quería pagarlos. Porque prefería en lugar de pagar y de amoldarse a ese sistema de propiedad intelectual, que genera además derechos durante todo el ciclo vital, pues prefería llegar a acuerdos privados. Acuerdos cerrados con un medio u otro porque, efectivamente , su posición dominante es todavía muchísimo más si va seleccionando medio a medio el tipo de contrato de compensación al que va a llegar por la utilización de esos contenidos y no lo negocia de forma colectiva.

-¿Qué hace Europa al respecto?

-Estamos en ese debate en toda Europa. Ahora se está precisamente adaptando una directiva europea que regula todo eso y cada país lo está haciendo de una manera diferente. Es verdad que el caso australiano fue una buena llamada de atención para Europa en el sentido de que Google es muy poderoso, muy potente. Eso no significa que Google pueda hacer lo que quiera, que eliminemos el derecho de propiedad intelectual y el derecho de los propios medios a tener una compensación; y el de los propios periodistas, que también se lo reconoce la directiva europea.

La regulación en el Parlamento Europeo

-¿Cuál cree usted que será el apoyo que van a conseguir en el Parlamento Europeo para esta regulación?

-Yo creo que va a ser mayoritario. Hace muy poco tiempo hemos tenido un buen ejemplo con la norma que propuso ya el parlamento europeo sobre la regulación de la inteligencia artificial. Aspectos éticos de los que fui ponente y concitó una mayoría muy amplia del parlamento europeo. Ahora estamos discutiendo esos textos a los que me refería. Está habiendo mayorías y acuerdos alrededor de esta cuestión.

-¿Cuál es la situación a nivel miembros del bloque?

-La Comisión Europea, que es nuestra especie de gobierno europeo, está más o menos en el mismo sentido. Y yo creo que hay una mayoría de países, que son muy conscientes de que necesitamos unas normas además colectivas europeas, para poder contrapesar a este tipo de compañías, a las que ya no contrapesa un país individual. España o incluso Alemania es incapaz ya de negociar en igualdad de condiciones con Google. Necesitamos una acción europea. Yo creo que hay una mayoría de países que está por la labor y lo vamos a hacer.

Mark Zuckerberg, el dueño de Facebook, tiene alrededor de 200 lobbies en el parlamento americano. ¿Cuál será la presión de todos estos lobbies para impedir la regulación del parlamento europeo? ¿Y qué se puede hacer para impedirlo?

-Aquí además hay un registro de lobbies transparente, oficial. Todo el mundo sabe con quién se reúne cada diputado y cada colectivo. Y lo que hay que hacer es contrapesar eso.

Hay un problema tributario además en todas estas compañías, ya que mayoritariamente no tributan en Europa o tributan en Irlanda, donde hay un límite corporativo del 12 por ciento. ¿Cuál va a ser el camino para desarticular este mecanismo?

-Dentro de muy poco tiempo, en semanas, aprobaremos el primer Public Country by Country Report, que es una norma sobre transparencia fiscal y también sobre transparencia fiscal internacional, no sólo ingresos desde la Unión Europea, para saber por lo menos efectivamente y de manera cierta, cuál es la operativa de cada una de estas compañías, cuánto paga en cada país, cuántos empleados también tienen en cada país y cuánto ganan en cada país de la Unión Europea. Y también cuál es su operativa -o no va a poder operar dentro de la UE- en muchos de los paraísos fiscales, que están en la lista negra de la Comisión Europea.

-¿Cuánto han avanzando?

-Vamos avanzando, estoy seguro de que estas normas no van a ser suficientes, pero vamos en el buen camino. Y lo que tenemos que hacer es seguir reforzando. Y los ciudadanos y quienes tengan y estén trabajando con mucha más información, lo que tenemos que hacer es no bajar la guardia y seguir apretando también para ayudarnos a los legisladores a ir en el buen camino.

París, corresponsal

ap​


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