Economía

Cómo podría afectar al sector de la vestimenta una ley de talles

No es la primera vez que se pone sobre la mesa la discusión sobre la necesidad de una ley que regule los talles en el sector de la indumentaria. Ya en 2007 ingresó al Parlamento un proyecto de ley, a cargo del entonces diputado nacionalista Carlos Enciso, que recibió modificaciones, pero luego de conseguir media sanción naufragó en la Cámara de Diputados. Casi diez años después, en 2016, la diputada María Pía Biestro, hizo lo propio con un proyecto que terminó archivado al final de la legislatura.

En octubre de 2020, el diputado Eduardo Elinger presentó ante el Parlamento otro proyecto titulado “Creación Sistema Normalizado de Identificación de Talla” que desde noviembre está en estudio en tres comisiones parlamentarias. A esta última iniciativa se sumó el pasado 6 de julio otra, impulsada por cinco mujeres outsiders de la política, que presentaron un proyecto ante la Comisión Especial de Equidad y Género de la Cámara de Representantes, basado en dos pilares: abarcar la mayor diversidad de talles posible y lograr una coherencia entre los talles y los cuerpos de la población, así como entre las tiendas de ropa.

Por ahora los proyectos están en estudio y aún falta el diálogo directo con las gremiales involucradas en el sector de la vestimenta, pero en caso de aprobarse una ley de talles, ¿cómo podría impactar a las empresas?

Para Daniel Sapelli, presidente de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, “los volúmenes que compra Uruguay son muy bajos, por lo que, aunque los empresarios quisieran comprar más productos XXS o XXXL, las fábricas no los producirían o sería tan alto el costo que no justificaría y es difícil de vender, porque no hay una población tan grande para que los consuma”.

Explica Sapelli que las fábricas de indumentaria en el mundo manejan sus ventas como una campana de Gauss en la que “cortan” los extremos —donde están los productos para las personas más bajas y altas o más delgadas y obesas— y centran su producción en “lo del medio”.

“Es difícil cambiar a las fábricas en las formas de producir las cosas”, dice Sapelli, por lo que considera que “hacer una ley sobre algo que después es difícil que se ajuste a la realidad de Uruguay puede ser un problema para el comerciante, porque no podrá traer ni siquiera lo que traía antes”.

Si bien Sapelli está de acuerdo con los motivos que impulsan la ley, cree que la reglamentación puede generar trabas para las empresas. “Nosotros estamos a favor del libre comercio dentro de un estado de derecho. Cuando uno quiere regular todo, complica más las cosas de lo que facilita. La Cámara de Comercio está siempre a la orden para trabajar en la comisión que sea y haremos participar a las gremiales pertinentes. Lo mejor es que no haya una norma, sí que se solicite contemplar la situación, pero no con normas, si no, lo que termina pasando es que el producto pasa a ser tan caro y complicado que no se trae más”.

Aumento de costos

Para la Cámara de Importadores de Calzado y Textil (Cicaltex), una ley de talles implicaría “enormes dificultades, imposibilidad de cumplimiento de la normativa, incremento de los costos y, por ende, de los precios de los productos”.

Al igual que Sapelli, la gremial sostiene que el mercado uruguayo es muy pequeño, y que no tiene la posibilidad de poner condiciones a sus proveedores en el exterior. “El aumento de precio de los fabricantes por incluir talles que no están en su línea de producción son prohibitivos para los importadores, y el traslado a precios implicaría un sobrecosto enorme para la mayoría de los consumidores”.

Desde Cicaltex señalan que actualmente en los stocks de las empresas que importan indumentaria lo que más pesa son siempre los talles en los extremos de las curvas, que son los que tienen menos demanda, “pero a pesar de ello, traemos en cantidades razonables para satisfacer a nuestros clientes”, aunque dicen que siempre terminan en las ofertas y liquidaciones.

“Si los proyectos [de ley] prosperan, estos stocks se verían incrementados en forma exponencial, igual que los costos y los precios promedios”, dicen de la gremial.

“Creemos que los empresarios son sensibles a las demandas del mercado, y donde hay demanda insatisfecha están atentos a satisfacerla. No falta oferta en Uruguay, por lo que una regulación de un mercado supercompetitivo y abundante no es necesaria, más bien es contraproducente”, agrega.

La Cámara de Importadores de Calzado y Textil también considera que la demanda que pueda estar insatisfecha por parte de un grupo de consumidores podría ser cubierta por el mercado local, lo que además generaría una oportunidad para la producción nacional.

Sin embargo, para quienes fabrican en Uruguay tampoco sería fácil. La marca Margara Shaw produce todos sus productos en el mercado local y si bien ofrece una gama de talles (del 0 al 6, equivalentes al XS-XXXL), no todos sus diseños están disponibles en las siete medidas. “Tenemos 35 años de experiencia y en base a ella tratamos de satisfacer a nuestra clientela que es superamplia en cuanto a rango etario y de talles”, explica Inés Arrosa, directora de Margara Shaw.

Al ser una marca que trabaja con modelos exclusivos y produce pocas cantidades de cada uno, en caso de tener que tener a disposición siete talles por modelo de prenda les implicaría un aumento en los costos y por tanto, en el precio final, según Arrosa.

“Lo que es desarrollo de moldería es costoso y hacer cinco talles no es lo mismo que hacer siete. Nosotras hacemos siete pero no en el 100% de la colección. Algunos modelos se hacen en 3, 4 o 5 talles. Si son, por ejemplo, oversize hacemos solo tres, pero llegamos a un talle grande porque el modelo es así”, dice la empresaria.

“Realmente, pensar en la obligación de que todos los modelos tengan que estar en los siete talles nos parece complejo porque no podríamos tener stock de nada. Sería muy difícil y muy costoso y por nuestra experiencia sabemos que hay modelos que no serían para todo el mundo”.

Para Arrosa, crear una tabla única de talles que aplique a nivel nacional sería complicado de implementar en caso de ser obligatoria. “En nosotros lo veo inviable porque hay cosas que hacemos en muy pocas cantidades que a veces son menos de 50 y de exclusividad. Por mi estilo de negocio no me sirve, no tendría stock de nada”, remarca Arrosa y aclara que su tienda, Margara Shaw, siempre tuvo opciones de talles pequeños y grandes, pero “elegimos cuáles son los modelos qué queremos hacer para cada talle”. “Nosotros tratamos de satisfacer al cien por ciento de las clientas. Hacer todo en todos los talles para Margara Shaw sería económica y comercialmente inviable. No nos serviría”.




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