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“UPCN es como jugar al fútbol en River o Boca”

Tiene apenas 14 años de vida y 22 títulos. UPCN Vóley es el orgullo de San Juan y el dominador del vóleibol argentino, donde ya figura como el máximo campeón de la historia con 22 títulos luego de sumar su octava Liga Argentina, igualando el récord de Bolívar.

El último desafío fue un torneo en formato de burbujas por la pandemia del coronavirus y una crisis económica que provocó que apenas siete equipos (Ciudad, Defensores de Banfield, Obras de San Juan, Once Unidos, Paracao Vóley y UTV Vóley, los otros) compitieran desde que se reanudó la actividad en diciembre.

“Le dimos la mayor seriedad que se le podía dar más allá de que todo el mundo sostenía que nuestro equipo era superior al resto y que por ahí era una Liga que íbamos a ganar caminando. Nosotros no pensábamos eso y nos mantuvimos trabajando para no perderla, para buscar nuestro objetivo que era ganarla”, remarca el líbero Matías Salvo, uno de los referentes de UPCN, club al que llegó con 18 años y en el que acaba de cumplir su 12° temporada.

Alejandro Toro, el MVP de la final contra Ciudad, coincide en que el objetivo siempre estuvo claro: “Nos decíamos: ‘Si la Liga se juega, la tenemos que ganar’. Y nos preparamos con esa mentalidad. Teníamos que jugar bien y ganar y así fue por suerte porque perdimos un solo partido en todo el año y creo que logramos jugar en un nivel muy bueno por momentos. Yo me quedo con eso: el esfuerzo que hicimos en un año particular, eso tiene de especial este título.

“Pudimos trabajar como si fuese un año normal y con todos los quilombos que hubo en el mundo nosotros hicimos nuestro trabajo excelente. Todos los jugadores teníamos clarísimo que el objetivo era ganar este título y darle el octavo al club”, enfatiza.

En septiembre, mientras Bolívar -el equipo que había sido clave en el resurgimiento del deporte 20 años atrás- daba el cimbronazo al comunicar que no jugaría la temporada 2020/21, los jugadores de UPCN dejaban sus casas y empezaban a entrenarse en grupo. Antes, habían superado el encierro con entrenamientos individuales en sus casas y habían recibido apoyo económico del club.

No me avergüenza porque me parece un acto espectacular: a mí el año pasado el club me siguió pagando el alquiler de la casa. Sumado a que mi novia es profe de Educación Física, y no había mucho laburo porque los gimnasios estaban cerrados, fue un salvavidas para nosotros. El club no me soltó la mano en ningún momento y yo lo valoro muchísimo”, ejemplifica Salvo.

-¿Dónde creen que radica el éxito de UPCN?

-Salvo: Esto es un todo. Arrancando por José Villa, el presidente del club, que fue el primero que apostó por este deporte. Después, la elección de Fabián Armoa, para mí el mejor entrenador del país. Y después los jugadores, que cada uno que vino, viene y que va a venir, si Dios quiere, sabe que este escudo está por encima de cualquier apellido. Creo que ahí radica todo el trabajo y el éxito: nunca perder el apoyo de la dirigencia, que el cuerpo técnico se enfoca en el trabajo 100% y las 24 horas del día y que los jugadores deben ser 100% profesionales las 24 horas del día y los 7 días de la semana porque acá no es sólo entrenar y jugar. Todo eso te lleva al éxito. Es la manera que acá en UPCN se encontró y sin dudas que le da muchísimo rédito.

-Toro: Pienso que el equipo UPCN es una mesa de cuatro patas. Por un lado, la estructura: instalaciones y elementos para jugar. Por otro lado, los dirigentes, que apareció una pandemia y nos siguieron pagando como si no pasara nada y no estábamos ni siquiera jugando, todos seguimos viviendo en las casas que nos dan. Por otro, el cuerpo técnico con Fabián Armoa a la cabeza que viene desde hace 12 años llegando a la final y saliendo campeón de todo, que hace que todos sus equipos tengan mentalidad ganadora y eso a la larga hace que puedas ganar tantos títulos, porque no es fácil ganar, ¿viste? Y por otro lado, los jugadores. El jugador que llega acá sabe que es como jugar en River o en Boca al fútbol, que hay una presión grandísima pero también te acompañan todas las demás partes para que puedas hacer tu trabajo tranquilo.

-Jugar en UPCN para muchos implica un desarraigo, alejarse de la familia. ¿Por qué elegir jugar allá?

-Salvo: Más allá de los títulos, porque los títulos son lo último que se ve, el venir a UPCN es venir a ser profesional. Muchos te preguntan a qué te dedicás. Y cuando decís que sos “jugador profesional de voley”, por ahí la gente te mira como que es una vendida de humo. Con profesional te estoy diciendo que yo nunca puedo llegar tarde a un entrenamiento, que me tengo que cuidar en las comidas, que yo -más allá de que ahora estamos en pandemia- no puedo salir de joda cuando tengo que jugar, que tengo que descansar bien, que estoy lejos de mi familia. Eso es ser jugador profesional. Eso es UPCN. Llegás acá y automáticamente te das cuenta de que esto es elite. No va por tener una cancha increíble. Es porque acá si llegas dos minutos tarde, tus compañeros te lo hacen sentir. En la cara te dicen: ‘¿Qué hacés?’. A la segunda ya no llegás tarde, ¿me entendés? Y así hace 13 años.

-Toro: Me ha tocado jugar en muchos lugares y pocos son como UPCN, que te da todo, tiene todas las comodidades, un cuerpo médico incluido en el cuerpo técnico, un preparador físico de primer nivel, un estadístico, un asistente, cinco utileros que están a disposición para lo que se te ocurra, cosas que acá en Argentina no se estila. He estado en Brasil y afuera también y lo que se vive en UPCN es de primer nivel mundial.

-¿Cuánto influye una provincia como San Juan, donde el vóley se vive con la misma pasión que el fútbol?

-Salvo: El vóley acá es un deporte puro, todo el mundo juega, hay un montón de clubes de vóley, es como el hockey sobre patines. Son deportes muy populares. San Juan ha nutrido un montón con jugadores a las selecciones, tuvo años muy buenos con Obras Voley y UPCN desde hace muchos años que sin dudas es lo mejor del país. Hay otras provincias más futboleras, pero acá todo el mundo juega al vóley. Acá decís: “Che, ¿vamos a jugar un partidito de vóley?”. Y todo el mundo quiere. Se vive muy fuerte.

-Toro: Después también está el encanto de la provincia: todos los que vienen se quedan, ¿viste? Es una provincia hermosa, muchísimo más tranquila, te queda todo cerca y eso ayuda a que la gente se enamore de San Juan. A todos los jugadores nos pasa, antes de ir a un club pedís referencias como en cualquier trabajo. Y creo que no hay un jugador que haya pasado por acá que hable mal del club, todo lo contrario: todos los que han pasado por acá quieren volver a ponerse la camiseta de UPCN.

-¿UPCN es el mejor equipo de vóley del país?

-Salvo: Para mí somos los mejores. Bolívar también es un club muy grande y ha hecho una historia muy rica en el vóley, por supuesto. Cuando se dice quién es el mejor, UPCN o Bolívar, a mí particularmente qué haga Bolívar no me interesa. Tengo el mayor respeto por ellos y tengo gente conocida porque queda cerca de Azul y Benito Juárez, donde viví toda la vida, pero no me interesa. Lo único que te digo es que, sin dudas, somos los más ganadores en la historia del vóley y que desde el día que yo llegué, y del que ya han pasado 13 años, se ha trabajado de la misma manera profesionalmente. Y eso es lo que para mí te hace grande. La dirigencia nunca aflojó ni un poco, en esta etapa de pandemia que muchos equipos se bajaban y el mismo Bolívar se bajó, el club siguió apostando por este deporte.

Alejandro Toro, figura del campeón de la Liga Argentina de Vóleibol, UPCN. Foto Prensa UPCN

Alejandro Toro, figura del campeón de la Liga Argentina de Vóleibol, UPCN. Foto Prensa UPCN

Jugar en medio de una pandemia

Salvo y Toro están entre los 2.383.537 de argentinos que tuvieron coronavirus, aunque lo padecieron en diferentes etapas. El primero, cuando UPCN se preparaba para la Copa Argentina, la primera competencia después del parate. El otro, antes de las semifinales de la Liga, lo que sintió que mermó su rendimiento aunque fue elegido mejor jugador del 3-0 contra Ciudad en la final disputada en Ferro.

Pero antes de que eso ocurriera, ambos vivían con incertidumbre en torno a la realización o no de la temporada, especialmente cuando Bolívar se bajó de la competencia. El punta reconoce que temían “que no se jugara”.

“Al principio, cuando empezamos a entrenar recién en septiembre, un mes más tarde, y no había equipos todavía, había muchos rumores. No se sabía lo de Bolívar, que uno siempre espera que esté. No se sabía qué iban a hacer los equipos de Buenos Aires, que tienen un equipo de metropolitano más armado como pasó con Ciudad. Era entrenar para no saber qué hacer en un futuro”, explica Toro.

Dio tristeza que se bajaran tantos clubes porque pierde el deporte -aporta Salvo-. Es muy entendible porque es una situación económica muy difícil de todo el país y de los clubes; no se bajaron por no tener ganas de jugar. Lamentablemente, es la situación que nos toca pasar, lo mismo el éxodo de los jugadores, que se fueron casi 30 porque con el valor del dólar es difícil competir con los equipos de afuera. Pero los que estamos acá, los dirigentes y los clubes estoy seguro de que vamos a seguir luchando. Ojalá podamos ser más equipos y más jugadores. Y ojalá que vuelva Bolívar, porque también le da muchísima riqueza al vóley. Veremos en unos meses”.

El otro aspecto negativo de jugar en pandemia fue no contar con público y ambos destacan que fue raro no tener en las tribunas una hinchada tan ruidosa como la Banda del Gremio. “La gente es el 50% del espectáculo. Ahora que no había público éramos nosotros los que hacíamos todo: cantábamos, alentábamos y jugábamos”, recuerda Toro.

“Le intentamos meter la mejor onda porque jugar a puertas cerradas es como un entrenamiento. El clima de partido es el que te recuerda que estás jugando por los puntos. Fue durísimo”, agrega Salvo.

El líbero, por último, resalta otra ausencia a la que se tuvieron que acostumbrar: el vestuario. “Fue un cambio muy grande que yo sentí. El vestuario para un deporte hace al grupo también -refuerza-. El hecho de compartir. Desde una pelea hasta algo muy divertido ocurre en un vestuario en un deporte. Y ese fue un cambio muy grande este año”.




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