Política

Nayib Bukele, el presidente “del cambio” al que acusan de dar un “golpe” a la Corte Suprema de El Salvador

Irrumpió en 2019 como un terremoto que cambió la política de El Salvador. Hoy, a casi dos años de asumir la presidencia, Nayib Bukele está en el ojo del huracán: la oposición y organismos internacionales le acusan de atentar contra la independencia de poderes de los órganos del Estado.

Bukele en febrero de 2021.

Marvin Recinos / AFP
A dos años de conseguir un triunfo histórico en las elecciones, Bukele cuenta con un gran apoyo popular pero cada vez recibe más críticas por un supuesto mandato de tintes autoritarios.

Este sábado, la Asamblea Legislativa, controlada por su partido Nuevas Ideas, destituyó y reemplazó a los jueces de la Sala del Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y al fiscal general Raúl Melara.

Los congresistas que apoyaron la destitución aseguraron que “los actuales magistrados de la Sala de lo Constitucional actuaron contra la Constitución, poniendo en primer lugar intereses particulares por sobre la salud y la vida de toda la población”.

En concreto, hacen referencia a que la Asamblea previa y la Corte Suprema frenaron algunas de las leyes de emergencia de Bukele contra la covid.

La CSJ calificó la medida de “inconstitucional”, la oposición dice que fue un “golpe de Estado” y el gobierno de Estados Unidos dijo que sigue la situación “con preocupación” porque “un órgano judicial independiente es el cimiento de toda democracia”.

Una veintena de organizaciones de la sociedad civil en El Salvador condenaron lo ocurrido el sábado en la Asamblea y este domingo manifestantes protestaron en el monumento a la Constitución de San Salvador.

Ante las críticas dentro y fuera de las fronteras, Bukele respondió tajante: “A nuestros amigos de la comunidad internacional: queremos trabajar con ustedes, comerciar, viajar, conocernos y ayudar en lo que podamos. Nuestras puertas están más abiertas que nunca. Pero con todo respeto: estamos limpiando nuestra casa… y eso no es de su incumbencia“.

A pesar de las acusaciones, Bessy Ríos, analista política salvadoreña, afirma que la Asamblea Legislativa podía destituir a los jueces “porque tiene los votos y el mandato constitucional”.

Durante estos 24 meses de mandato, y aunque parece seguir contando con un fuerte apoyo popular, Bukele acumula cada vez más críticas y acusaciones de autoritarismo por intentar controlar los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial.

Discurso de inauguración de la nueva Asamblea Legislativa.

Getty Images
La recientemente electa nueva Asamblea Legislativa, afín a Bukele, tomó la controvertida decisión de reemplazar a los jueces del Constitucional.

“El candidato del cambio”

Nayib Bukele se presentó como “el candidato del cambio” con un estilo propio y mediático que rompió con la política tradicional salvadoreña.

Nacido en familia de origen palestino, Bukele conectó, entre otras, con las generaciones más jóvenes del país.

Para ello utilizó su experiencia como empresario del mundo del marketing y la publicidad para desarrollar una campaña con fuerte presencia en redes sociales.

Entonces, más allá de su imagen, pocos conocían sus verdaderas inclinaciones políticas debido a su paso por partidos de corrientes ideológicas opuestas.

Quienes lo conocían destacaban su inteligencia, innovación y conocimiento de la problemática de El Salvador, especialmente después de sus años como alcalde del pequeño Nuevo Cuscatlán y posteriormente de la capital, San Salvador.

En ambos municipios lo hizo como miembro del partido izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) del que fue expulsado en 2017 por discrepancias internas.

Bukele celebrando su triunfo en las elecciones de 2019.

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Bukele cosechó un triunfo histórico en las elecciones de 2019, aupado por su fuerte presencia en redes sociales y habilidades mediáticas.

Tras su salida del Frente se posicionó como líder de Nuevas Ideas, un movimiento que no pudo concurrir a las elecciones de 2019 por no inscribirse a tiempo como partido político, lo que obligó a Bukele a buscar una salida de emergencia.

Fue en ese escenario que, a escasos minutos de que venciera el plazo, Bukele sorprendió al inscribirse como candidato de una formación radicalmente opuesta al FMLN: la conservadora Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA).

Para destacar la lucha contra la corrupción como uno de sus máximos estandartes, Bukele popularizó en su campaña el lema “El dinero alcanza cuando nadie roba”. También anunció que apoyaría la creación de una comisión contra la impunidad en el país con acompañamiento internacional, como se hizo en las vecinas Guatemala y Honduras.

Pero entonces se le criticó haber acabado en GANA, “una creación del expresidente (Antonio) Saca (condenado a diez años de cárcel por desvío y lavado de millones de fondos públicos durante su gobierno) y de alguna de la gente más corrupta de la política”, según apuntó el empresario Rafael Castellanos, empresario salvadoreño afín a la derecha.

A pesar de las dificultades para ser encasillado políticamente, Nayib Bukele consiguió un doble triunfo histórico en las elecciones de 2019: rompió tres décadas de alternancia en el poder del FMLN y Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y se convirtió en el presidente más joven en la actualidad en América Latina con 37 años.

El Salvador, hastiado por la pobreza y la violencia, vio en Bukele el símbolo de la renovación política.

Choques de poder

En el primer año al frente del país, las encuestas seguían dando un apoyo mayoritario de la población salvadoreña a Bukele.

Pero en esos 12 meses también enfrentó duras críticas por algunas de sus decisiones, especialmente desde organismos internacionales y de derechos humanos.

Sus enfrentamientos públicos con el Congreso y la Corte Suprema y sus drásticas medidas frente a la pandemia de coronavirus llevaron a que algunos le acusaran de autoritarismo y de querer acumular demasiado poder hasta el punto de poner en peligro la joven y frágil democracia del país.

La inquietud de ciertos sectores hacia la figura del presidente salvadoreño se disparó a raíz de su polémica entrada en la Asamblea Legislativa acompañado de militares en febrero de 2020.

Con aquella sorprendente imagen, bautizada popularmente como “Bukelazo”, pretendía presionar al Congreso -en el que su partido entonces no tenía representación- para que aprobara la financiación de la siguiente fase de su plan de seguridad.

Desde entonces, los choques públicos de Bukele con el Congreso fueron más que frecuentes. Pero no solo se enfrentaba al Poder Legislativo: también lo hacía con el Poder Judicial.

En el marco de una de las respuestas al coronavirus más estrictas de la región, policías y militares salvadoreños detuvieron desde el inicio de la pandemia a miles de personas por incumplir la cuarentena domiciliaria y los encerraron en centros de contención.

Protestas contra el llamado "bukelazo".

Camilo Freedman / Getty Images
Varias personas condenaron en El Salvador la polémica entrada de Nayib Bukele con miitares en la Asamblea Legislativa.

Muchos denunciaron las condiciones insalubres de algunas de estas instalaciones, haber pasado más semanas encerrados de las que les correspondían o incluso haberse contagiado de covid-19 allí dentro.

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema emitió una resolución para ordenar que cesaran estas detenciones “arbitrarias”, pero la primera respuesta de Bukele fue tuitear que no pensaba acatarla.

Bukele vio cómo algunas de sus medidas y estados de emergencia frente al covid-19 eran frenados por la Asamblea y la Corte Suprema, por lo que a finales de mayo incluso anunció que demandaría a ambas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “por la violación al derecho a la vida y a la salud del pueblo salvadoreño”.

Pero la CIDH respondió que no tenía competencia para resolver controversias entre órganos del Estado.

Polémica con las pandillas encarceladas

Otra de las medidas que levantó gran polémica fue la decisión de Bukele de endurecer las condiciones de aislamiento de pandilleros encarcelados y, especialmente, de juntar a miembros de grupos rivales en las mismas celdas.

La iniciativa fue dada a conocer con unas ya famosas imágenes en las que se veía a cientos de presos amontonados en el suelo, esposados, semidesnudos y sin mantener ningún tipo de distancia entre ellos pese a la pandemia.

El presidente respondió así a un repentino aumento de asesinatos que amenazó con destruir lo que había presentado como el gran logro de su gobierno: la histórica reducción de homicidios desde que inició su mandato.

Pandilleros encarcelados en cárceles en El Salvador.

Yuri Cortez / AFP
Una de las medidas que levantó gran polémica fue la decisión de Bukele de endurecer las condiciones de aislamiento de pandilleros encarcelados y, especialmente, de juntar a miembros de grupos rivales en las mismas celdas.

Human Rights Watch criticó esta decisión de Bukele, que en palabras de José Miguel Vivanco, director de esta organización, “revelaban maldad y crueldad por buscar deliberadamente enfrentamientos entre estos grupos”.

En El Salvador, sin embargo, miles celebraron estas medidas y felicitaron al gobierno por endurecer su postura ante las pandillas, a quienes no perdonan estar detrás de buena parte de la violencia que sacude al país y que ha obligado a huir a muchos salvadoreños amenazados.

Según Tiziano Breda, analista en Centroamérica del Crisis Group, estas polémicas decisiones fueron uno de los motivos que hicieron cambiar en los últimos meses la imagen que muchos tenían sobre Bukele.

“A medida que se acentuaron tendencias como la toma de decisiones verticales, una progresiva erosión de los procesos institucionales y la crítica muy fuerte, casi represión, de cualquier tipo de opinión discordante a él, sin duda la percepción internacional cambió”, dijo a BBC Mundo.

El segundo triunfo histórico de Bukele

La victoria del mandatario en las elecciones de 2019 fue respaldada por otro triunfo electoral histórico.

En marzo de 2021, Nuevas Ideas, su partido, arrasó en las elecciones a la Asamblea Legislativa. Bukele no tenía representación en este organismo y, en cierta medida, eso suponía un contrapeso a su poder.

Por lo tanto, esa victoria le permite pasar leyes y aprobar presupuestos sin necesitar el sí de la oposición.

Bukele, tras votar en las elecciones a la Asamblea Legislativa.

MARVIN RECINOS / AFP
Bukele consiguió otro triunfo histórico. Su partido, Nuevas Ideas, arrasó en las elecciones a la Asamblea Legislativa.

Ese triunfo fue visto por muchos como la oportunidad para que el presidente pudiera poner en práctica su agenda de su gobierno y fomentar medidas sin los lastres y enfrentamientos que protagonizaba contra el Legislativo.

Sin embargo, los más críticos con el gobierno temen que un “poder absoluto” pudiera ser el “fin de la institucionalidad” en el país latinoamericano.

“Desde que llegó a la presidencia, Bukele no solo ha mostrado rasgos importantes de autoritarismo, sino que ha debilitado significativamente las instituciones y ha ignorado muchos de los controles impuestos a la acción ejecutiva” le dijo entonces a BBC Mundo José Miguel Cruz, experto en El Salvador de la Universidad Internacional de Florida, en Miami.

Bukele, ahora con 39 años, siempre ha negado cualquier acusación de autoritarismo y afirma que sus adversarios se oponen a sus políticas porque con el ascenso de su proyecto ven amenazados “sus privilegios”.

Pero a pesar de esta negación, la decisión de su afín Asamblea de reemplazar a los magistrados y al fiscal general no ha hecho más que aumentar las criticas por su acaparamiento progresivo de poder.

Apoyo popular, condena internacional

En el primer año de su gestión, los salvadoreños respaldaron la labor de Bukele.

De acuerdo a una encuesta publicada el 24 de mayo de 2020 por el diario salvadoreño La Prensa Gráfica, el 92,5% aprobaba el trabajo hecho por el mandatario.

Protestas de este domingo en El Salvador.

Getty Images
Tras la destitución de los magistrados, un grupo de personas protestó por lo que consideran un golpe contra la Constitución y la separación de poderes en El Salvador.

El expresidente del partido conservador Arena Walter Araujo destacó entonces cómo ningún presidente en la historia de El Salvador había logrado estos niveles de aprobación a un año de gobierno “por parte de quien tiene que decidir si ha hecho una buena o mala gestión: el pueblo salvadoreño”.

La crisis del coronavirus ha sido un desafío para la mayoría de los países de la región y a muchos presidente les ha costado una pérdida de popularidad.

Ese, de momento, no parece ser el caso para Bukele. Según una encuesta reciente de la consultora CID Gallup, el 98% de los salvadoreños aprobó su gestión de la pandemia.

El respaldo dentro de El Salvador a Bukele contrasta con las críticas internacionales.


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