Sociedad

los desafíos de Alcohólicos Anónimos en pandemia

Marta metió la mano en su bolsillo izquierdo, al sacarla encontró varias tarjetas y un directorio. “¿Qué hace esto en mi bolsillo?”, se preguntó, y cuando las miró de cerca notó que allí estaban anotados los grupos de Alcohólicos Anónimos (AA) junto con un cuestionario de 12 preguntas: “Si contestas más de cuatro, es que tenés problemas con el alcohol. Yo contesté nueve”, recuerda ahora, y explica que por aquellos días sufría de grandes amnesias alcohólicas. “Un familiar me dijo que me iba a encerrar en una clínica y fui alcoholizada a Alcohólicos Anónimos, pero al otro día no sabía dónde había estado. Por suerte me pusieron tarjetas de los grupos en el bolsillo”. El 6 de agosto de 1995 entró a su primer grupo, hace casi 26 años.

En Uruguay funcionan actualmente 180 grupos de AA en todo el país de los que participan unas tres mil personas. Se trata de una asociación mundial que funciona en 140 países y este jueves está cumpliendo 86 años de actividad. Una comunidad de personas en recuperación que tiene como objetivo primordial mantenerse sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad.

El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar la bebida. 

“A todos se les da la bienvenida. Nos interesa que quiera dejar el alcoholismo; lo que hizo en el pasado, no”, explica Miguel, que hace 28 años que es parte de la comunidad.

Jorge, por su parte, cuenta que dos veces en su vida le “adivinaron la suerte”. La primera vez fue cuando sus compañeras de trabajo le sugirieron que se acerque a los grupos en 1982: “No hice caso. Me adivinaron la suerte porque perdí el trabajo, perdí la familia, lo único que me quedó fue la vida después de que llegué a AA, 20 años más tarde”. Cuenta que cuando entró en su primer grupo, en 2002, le adivinaron la suerte de nuevo, le mostraron que si permanecía en el grupo iba a poder “tener una nueva vida y recuperar lo que era recuperable”. Explica que en la comunidad le enseñaron a vivir sin alcohol y que allí encuentra un espacio donde “liberar los dolores que causa la enfermedad”.

“Así como antes necesitábamos ir al boliche, ahora precisamos ir al grupo”, considera Jorge, y cuenta que cuando llegan a las reuniones preguntan qué sucedió en las últimas 24 horas desde que terminó el último grupo, especialmente si hay alguna situación difícil que pueda generar inquietudes.

“La enfermedad es incurable entonces la recuperación es interminable, lo hacemos por 24 horas o menos y consiste en no tomar una gota de alcohol”

Los entrevistados coinciden en que no hay obligaciones entre los asistentes al programa. Todo es una sugerencia. “No obligamos a nada a nadie como hacen con los paracaidistas: le dicen tirá de la piolita (del paracaídas), y si no tirás vos sabés lo que te pasa. Acá es todo sugerido”, dice Jorge. 

Fernanda lleva casi 13 años en la comunidad. “Me acerqué porque me sentía muy mal, no era como otros compañeros que pierden cosas materiales, se quedan sin trabajo o pierden la familia. En mi caso era más emocional, espiritual, como un vacío de sentir que mi vida iba para cualquier lado. Estaba con mucha angustia y sensación de que no podía seguir así”, cuenta a El Observador. Ella recuerda el día que se acercó a los grupos de AA como uno de los días más importantes de su vida: “Todo ese dolor que llevaba lo pude cambiar por esperanza, sentimientos y emociones positivas. Hoy lo que siento es mucho agradecimiento”.

Ella destaca que se trata de una enfermedad que no se elige y que entiende que la va a acompañar por el resto de su vida. “El grupo te ayuda a detener el consumo pero la enfermedad continúa, no es solamente el consumo. El grupo te ayuda a aprender a lidiar con la enfermedad y las características que tenemos”. 

Recuperación en pandemia

Debido a la situación sanitaria actual, los asistentes a los grupos de AA debieron encontrar alternativas para continuar con los encuentros. Por ese decidieron formar grupos virtuales, en los que están en contacto periódico a través de WhatsApp, Zoom, Skype y Jitsi Meet.

Actualmente el 50% de los grupos volvieron a la presencialidad respetando un protocolo. Fernanda, por ejemplo, asistió a varios encuentros virtuales en 2020 y está segura de que esas reuniones “le salvaron la vida a mucha gente”. Actualmente su grupo volvió a los encuentros personales. Explica que se trata de un grupo que habitualmente puede funcionar con hasta 40 personas al mismo tiempo, y actualmente está funcionando con un aforo de 14, lo que permite mantener distancia. Además mantienen las ventanas abiertas, desinfectan las superficies y se exige el uso de tapabocas en todo momento. “En general las reuniones se cierran con un abrazo y ahora no hay nada de eso. No está el contacto físico, pero pudimos mantener el grupo abierto

Los encuentros virtuales abren una posibilidad para personas mayores, que están lejos o no tienen acceso a los encuentros presenciales. “Es importantísimo mantener los grupos abiertos porque para el recién llegado encontrar una puerta cerrada puede significar algo nefasto”, comenta Fernanda. Miguel, por su parte, se mantiene vinculado de manera virtual como una forma de prevenir posibles contagios de covid-19.

“¿Quién no necesita un abrazo? Todos necesitamos un abrazo”, dice él, y reconoce que se extraña la posibilidad de verse a la cara con su compañeros y recibirse con un beso y un abrazo. “Hay mucho amor y respeto”. 

Según un informe publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) el alcohol es un importante factor de riesgo de mortalidad y morbilidad en América. “Los niveles de consumo en la región exceden el promedio mundial, en tanto que las tasas de abstención tanto en los hombres como en las mujeres son sistemáticamente más bajas”, sostiene la publicación, y afirma que algunas personas lo consumen para para hacer frente a estados emocionales difíciles. “Conforme se fue informando más habitualmente acerca de tasas de ansiedad, temor, depresión, aburrimiento e incertidumbre durante la pandemia, también se informó sobre un aumento concomitante del consumo de alcohol”.

A pesar de que los consultados para esta nota percibieron un aumento de ingresos en sus respectivos grupos en el último año, desde la asociación explicaron a El Observador que no se mantiene un registro de nuevos ingresos a nivel nacional. Fernanda destaca que lo importante, más allá del ingreso, es que quienes se acerquen a los grupos puedan quedarse.  

“Visto en perspectiva, entrar en los grupos me permitió hacerme cargo de mi vida, poder transformarla en algo gobernable”, cuenta. Ella valora, además, la posibilidad de transmitir a otros lo que otros le transmitieron cuando ella llegó al programa. “Que lleguen personas nuevas al grupo es la manera de que uno no se olvide cómo llegó. Ahí está la magia, no pensar que ganaste el partido”. Por eso es que los grupos tienen una máxima: solo por hoy.

Marta asegura que hace 26 años hubiera puesto abogados para defender su consumo de alcohol. Cuando finalmente participó de su primer grupo, quería arreglar los términos con su familia, pero planeaba seguir tomando, hasta que siete meses después se vio reflejada en el testimonio de un compañero que se había despertado preso y no recordaba por qué. “No hay con que pagar la felicidad que tengo”, comenta, y se emociona cuando piensa que gracias a que dejó el alcohol pudo mantener el vínculo con su familia y conocer a su nieto. “La sobriedad la tenés que cuidar, porque con un ataque de ira o una alegría podes levantar la primera copa”.

En más de una oportunidad Jorge repitió varias veces en una hoja de papel aquello que lo llevaba a tomar alcohol y no podía sacarse de la cabeza. Los escribía muchas veces, iba a un lugar donde estuviera solo, prendía fuego la hoja y dejaba que el viento volara las cenizas. Un día a la vez.

Antes de cortar el teléfono Marta se despide, igual que en cada encuentro de AA, con una frase que queda resonando algunos segundos después del tono: “Felices 24 horas”.




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