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Independiente apenas rescató un empate con Gimnasia y estalló la bronca con Hugo Moyano


El pulso de la tribuna se mide en el desenlace, desde esas cabeceras bautizadas con los nombres de dos próceres. Empieza en el sector Ricardo Pavoni, donde están chivos con Hugo Moyano. Y devuelven desde el Miguel Santoro, justo cuando Germán Delfino, otro de los destinatarios de la bronca, pita el final. “El Rojo va a salir campeón el día que se vayan todos los hijos de p… de la Comisión”, brama la popular. Son tiempos políticos, está claro. También, un síntoma de lo que Independiente devuelve en la cancha: un equipo sin ideas, poco claro en el último tramo de la cancha, que involucionó en las últimas fechas, más allá del gran primer tiempo ante Vélez, y apenas rescató un punto ante Gimnasia y perdió terreno en la tabla.

Hubo que esperar hasta el epílogo del primer tiempo para que se sacudieran los sentidos. Fueron 120 segundos de jerarquía y explosión. Por esa pisada y el pase magnífico de Brahian Alemán, de billar y entre líneas, para la corrida de Johan Carbonero a espaldas de Fabricio Bustos que terminó en la definición del colombiano. Por el control de Silvio Romero en la medialuna del área, tras recibir de Braian Martínez. Por la apertura hacia Bustos, el desborde y el centro del cordobés que el capitán, en el corazón del área, dominó y sacudió de derecha, al rincón más lejano de Rodrigo Rey.

Sí, fueron dos minutos de acción que maquilló la pobreza que mostraron Independiente y Gimnasia. Empezó mejor el Rojo, impulsado por su gente, que volvió al Libertadores de América después de 19 meses. Entonces, fluían las triangulaciones. Por la derecha, especialmente, con la participación de Martínez y Bustos. Por el centro intentaba conectar el doble Alan, Soñora y Velasco. Lucas Romero y Domingo Blanco respaldaban desde atrás. Por izquierda era menos profundo porque no subía tanto Ayrton Costa.

Independiente manejaba la pelota, pero no lograba penetrar en una zona bien custodiada por los centrales visitantes, pero exigía, sobre todo, a Alemán y Carbonero, quienes se veían obligados a retroceder para colaborar con la marca.

Gimnasia, también plantado a bordo de un 4-2-3-1, empezó a avanzar en el terreno. Y el partido, que durante la mayor parte del tiempo se había disputado en el campo platense, se equilibró. Con alguna pincelada del Pulga Rodríguez, que buscó siempre a Carbonero. Ya no estaba Nicolás Contín, lesionado a los tres minutos, pero inquietaba Rodrigo Holgado. Se hizo todo muy cortado y Germán Delfino pareció complicarse solito. No amonestó cuando correspondía y pareció penal de Sergio Barreto sobre Maximiliano Coronel. Fue un agarrón derivado de un tiro libre. El árbitro dejó seguir.

En el segundo tiempo, Gimnasia observó las dificultades que tenía Independiente para generar volumen de juego y empezó a explotar los espacios. Sin embargo, le costó llegar hasta el área de Sebastián Sosa. Y aunque Néstor Gorosito incluyó a Pérez García, un creativo, la salida de Carlos Insaurralde lo descompensó. Julio Falcioni metió mano en el banco con el ingreso de los pibes Pozzo, Márquez y Saltita González. Tuvo dos chances: un tiro de media distancia de Velasco que tapó Rey y un córner de Soñora que cabeceó Barreto y Emanuel Cecchini salvó en la línea.

Gimnasia se fue sintiendo cada vez más cómodo con el empate. Y terminó defendiendo con Alemán, Pérez García y hasta el Pulga, jugadores pensados para atacar. Y se destacó Cecchini, impecable en el corte. Independiente terminó enojado con Delfino, que le perdonó la vida a Barreto. Debió ser expulsado por un planchazo sobre Rey. Los hinchas se fueron entre murmullos. No era el resultado ni el funcionamiento que esperaban en la vuelta a casa.

Independiente apenas rescató un empate con Gimnasia

Con la vuelta del público al Libertadores de América, el Rojo no pudo contra el Lobo. Carbonero y Silvio Romero hicieron los goles.



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