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Estados Unidos abandona en secreto la estratégica base de Bagram y deja atrás 3,5 millones de artículos

A las 3 de la mañana, en la oscuridad de la madrugada y sin dar aviso, las tropas de Estados Unidos en la estratégica base aérea de Bagram en Afganistán se escabulleron entres sombras, dejando atrás rastros de su masiva presencia. El ejército afgano se dio cuenta horas después con la salida de sol.

Desde mayo y hasta la fecha final del 11 se septiembre, las tropas de Estados Unidos en Afganistán (entre 2.500 y 3.500 militares estadounidenses, a los que hay que sumar otros 7.000 de la OTAN), emprenden su salida de lo que Joe Biden llamó la “guerra eterna”.

El abandono de las barracas de Bagram es muestra del éxodo. Ahora las miradas preocupadas apuntan a la embajada estadounidense y otras misiones diplomáticas en Kabul, donde ya se advierte un empeoramiento de la situación de seguridad y estudian cómo responder.

Vehículos civiles sin llave dejados atrás por el ejército de EE.UU. en la base afgana de Bagram. Foto: EFE

Vehículos civiles sin llave dejados atrás por el ejército de EE.UU. en la base afgana de Bagram. Foto: EFE

En las zonas rurales, los distritos están cayendo en manos de los talibanes en rápida sucesión. Los señores de la guerra aliados de EE.UU. están rearmando a sus milicias, que tienen un historial violento, lo que hace temer otra guerra civil una vez que finalice la retirada de EE.UU..

Bagram

El ejército estadounidense abandonó el aeródromo de Bagram, su base clave en Afganistán, en la oscuridad de la noche sin notificar a los afganos, dijo el nuevo comandante de la base.

El general Asadullah Kohistani dijo a la BBC que Estados Unidos salió de Bagram a las 03:00 hora local del viernes y que el ejército afgano se enteró horas después.

El general Asadullah Kohistani, nuevo jefe de la base. Foto: AP

El general Asadullah Kohistani, nuevo jefe de la base. Foto: AP

Bagram también contiene una prisión y, según los informes, quedan hasta 5.000 prisioneros talibanes en la instalación.

El general Kohistani ahora esperaba que los talibanes ataquen Bagram.

Bebidas energéticas y vehículos sin llave

Los estadounidenses dejaron alrededor de 3,5 millones de artículos, dijo Gen Kohistani, incluidas decenas de miles de botellas de agua, bebidas energéticas y comidas preparadas para el ejército, conocidas como MRE. También dejaron miles de vehículos civiles, sin llaves, y cientos de vehículos blindados, informó Associated Press.

Bagram en plena actividad en 2002. Foto: AFP

Bagram en plena actividad en 2002. Foto: AFP

Se llevaron armas pesadas y detonaron algunas existencias de municiones, pero dejaron armas pequeñas y municiones para los afganos, dijo Kohistani.

Preguntado por Associated Press sobre la retirada nocturna de la base, el portavoz militar estadounidense, coronel Sonny Leggett, se refirió a un comunicado emitido la semana pasada que decía que las fuerzas estadounidenses habían coordinado su salida de varias bases con líderes afganos.

Pero en Bagram se fueron sin avisar.

Los americanos dejaron en la base dejaron miles de autos  civiles, sin llaves, y cientos de vehículos blindados. Foto: EFE

Los americanos dejaron en la base dejaron miles de autos civiles, sin llaves, y cientos de vehículos blindados. Foto: EFE

La embajada en Kabul

Una portavoz de la embajada estadounidense dijo a The Associated Press que las evaluaciones de seguridad son frecuentes en estos días. Hablando a condición de mantener el anonimato de acuerdo con las normas de información, dijo que la embajada se reduce actualmente a 1.400 ciudadanos estadounidenses y unos 4.000 empleados que trabajan dentro del complejo del tamaño de una pequeña ciudad.

Una ciudad bien fortificada obviamente. Además de su propia e impresionante seguridad, la embajada se encuentra dentro de la Zona Verde de Kabul, donde barrios enteros han sido cerrados y gigantescos muros antiexplosivos bordean las calles cerradas al tránsito exterior.

La embajada de EE.UU. en Kabul, un pequeña ciudad. Foto: AP

La embajada de EE.UU. en Kabul, un pequeña ciudad. Foto: AP

Las fuerzas de seguridad afganas vigilan las barricadas de entrada al distrito, que también alberga el Palacio Presidencial, otras embajadas y a altos funcionarios del gobierno.

La única ruta de salida es el aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul, actualmente protegido por tropas estadounidenses y turcas. Antes de que Estados Unidos pueda declarar el fin de la guerra, habrá que resolver la cuestión de la seguridad del aeropuerto.

Ankara está en conversaciones con Washington, las Naciones Unidas y el gobierno afgano para decidir quién protegerá el aeropuerto y quién pagará la factura.

Por ahora, el aeropuerto funciona sin interrupción, salvo por las restricciones impuestas por una tercera ola mortal de COVID que ha llevado a algunos países a suspender los vuelos a Kabul.

Sin embargo, India no es uno de ellos -hasta ocho vuelos llegan semanalmente desde ese país- y, como resultado de ello, la variante delta del virus, identificada por primera vez en India, hace estragos en Afganistán.

Enormes muros protegen la Zona Verde de Kabul. Foto: AP

Enormes muros protegen la Zona Verde de Kabul. Foto: AP

En Kabul, es común oír especulaciones sobre cuándo se evacuará y se cerrará la Embajada de EE.UU. – o si eso llegará a ocurrir- con imágenes tomadas de los últimos días de EE.UU. en Saigón al final de la guerra de Vietnam.

Mucho antes de que las últimas tropas de EE.UU. y la OTAN empezaran a hacer las valijas para marcharse, los diplomáticos estadounidenses que llegaban al aeropuerto eran trasladados en helicóptero a la muy fortificada embajada de EE.UU. El viaje de 6 kilómetros en auto a través del caótico tránsito de Kabul se consideraba demasiado peligroso.

Los terroristas suicidas atacaban a lo largo de ese camino con incómoda frecuencia.

Para muchos de los nuevos diplomáticos de Washington en Afganistán, la imagen del país y de Kabul se limita a lo que ven desde los confines del extenso complejo de la embajada, escondido en lo más profundo de la Zona Verde y protegido por muros de tres metros de altura, marines estadounidenses fuertemente armados, perros detectores de explosivos y cámaras en cada esquina.

Un empleado estadounidense de Resolute Support, el nombre de la misión militar de la OTAN en Afganistán, que llegó al país en noviembre, aún no había estado fuera de las gigantescas puertas de la misión en junio.

Citando preocupaciones de seguridad, la portavoz estadounidense dijo que no podía revelar los planes de evacuación, ni siquiera si eso forma parte de la conversación de hoy, pero señaló que la embajada tiene planes detallados para cada escenario posible para proteger a su personal.

Si hay una evacuación, no sería la primera.

La evacuación de la embajada

La embajada de los EE.UU. en Kabul se cerró en 1989, cuando la ex Unión Soviética abandonó el país tras negociar el fin de su invasión de 10 años a Afganistán.

El gobierno procomunista se derrumbó tres años más tarde y siguió una brutal guerra civil librada por la mayoría de los mismos señores de la guerra aliados de EE.UU. que siguen operando en Kabul hoy día, otra razón por la que persiste el temor a una nueva guerra civil.

Los talibanes han emitido declaraciones en las que afirman que no buscan una toma militar de Kabul. Washington ha advertido en repetidas ocasiones que un movimiento militar sobre la capital afgana devolvería al movimiento insurgente a la condición de paria, con lo que se le negaría el reconocimiento y la ayuda internacional.

Sin embargo, poco después de que el presidente Joe Biden anunciara a mediados de abril que las tropas estadounidenses se retirarían el 11 de septiembre, el presidente afgano Ashraf Ghani expresó su preocupación por la posibilidad de que las fuerzas afganas no puedan proteger todas las misiones diplomáticas de Kabul.

Incluso se sugirió que las embajadas más pequeñas se trasladaran al recinto estadounidense para su protección.

La embajada de EE.UU. respondió con un “confinamiento ordenado” inmediato, restringiendo aún más los movimientos del personal y las nuevas llegadas.

El 27 de abril, el encargado de negocios de la embajada de EE.UU., Ross Wilson, tuiteó que el personal estadounidense no esencial partiría. La portavoz no quiso decir cuántas personas partieron en virtud de esa orden y se limitó a decir que las cifras de personal se evalúan constantemente.

Wilson atribuyó la salida a “la creciente violencia y los informes sobre amenazas en Kabul”. También publicó en el sitio de la Embajada de EE.UU. una advertencia a todos los ciudadanos estadounidenses para que abandonen Afganistán de inmediato en cualquier vuelo comercial disponible. Y para los estadounidenses que planearan viajar a Afganistán, la orden fue clara: no lo hagan.

La embajada de Australia cerró y la mayoría de las demás embajadas occidentales redujeron su personal.

El aeropuerto de Kabul la única salida de la capital afgana. Foto: AP

El aeropuerto de Kabul la única salida de la capital afgana. Foto: AP

La mayor parte del personal expatriado o extranjero de las organizaciones internacionales de ayuda en Kabul también se ha ido, dijo Naemat Rohi, subdirector de Akbar, organización que representa a 167 organizaciones de asistencia, incluidas 87 organizaciones benéficas internacionales.

“Dijeron que se iban de vacaciones, pero era para no crear pánico entre el personal local, pero se iban por razones de seguridad”, dijo.

El éxodo hizo que los talibanes emitieran múltiples declaraciones en las que aseguraban a los grupos de ayuda y a los afganos que trabajaban para organizaciones occidentales que no tenían nada que temer.

Pero eso no ha tranquilizado a los intérpretes que trabajaban para el ejército estadounidense. La portavoz dijo que algunos podrían ser evacuados de Afganistán y reubicados en un tercer país mientras se tramitan sus visas de inmigración a EE.UU. Hay miles de solicitudes en trámite. Otros miles de ellas que fueron denegadas están siendo apeladas.

Los rápidos éxitos de los talibanes en el norte de Afganistán, en particular la rápida rendición de los soldados afganos en varios casos, han intensificado los temores en materia de seguridad en Kabul, donde la presencia de los señores de la guerra, fuertemente armados, reedita las imágenes de la guerra civil de los años 90.

El mariscal Rashid Dostum, un señor de la guerra uzbeko acusado de crímenes de guerra, algunos de ellos contra enemigos personales que antes eran sus aliados, tiene una base militar en la cima de una colina que domina el elegante barrio de Wazir Akbar Khan de Kabul. Su milicia mantiene una relación incómoda con el gobierno de Ghani y otros poderosos señores de la guerra, incluido el nuevo ministro de Defensa, Bismillah Khan.

Guardias fuertemente armados patrullan las calles de Wazir Akbar Khan, bordeadas de mansiones de mármol de funcionarios del gobierno, muchos de ellos antiguos señores de la guerra. Aunque hoy están unidos contra los talibanes, tienen una historia brutal de peleas entre ellos.

Para algunos, una jugada de los talibanes para avanzar sobre Kabul parece inevitable.

“Tras la toma de los distritos y algunas provincias, los talibanes harán un intento de entrar en Kabul”, dijo Torek Farhadi, ex asesor del gobierno afgano. “Se enfrentarán al ejército regular, pero también a los señores de la guerra que han acumulado enormes riquezas gracias a los contratos relacionados con la guerra”.

Kathy Gannon, desde Kabul para Associated Press y BBC News

Traducción: Elisa Carnelli


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