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de paraíso natural a infierno para los soldados de Napoleón Bonaparte

El mar Mediterráneo está tranquilo. Brilla el sol, pero las nubes grisáceas a lo lejos amenazan lluvia. Este era el clima en el que miles de soldados prisioneros, unos 9.000 -el número no está claro- fueron transportados en barcos de la bahía de Cádiz a Cabrera. Los primeros llegaron el 5 de mayo, hace 212 años.

Esta semana se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte, el emperador francés que quiso emular al César e imponer su hegemonía en Europa.

Y es una buena oportunidad para recordar uno de los episodios tal vez más desconocidos sobre la suerte que corrieron en España los soldados napoleónicos del regimiento del general Dupont.

Tras la capitulación en la batalla de Bailén en Andalucía, fueron enviados a una isla desierta en las Baleares: Cabrera. Fue en 1809. Miles de soldados fueron abandonados a su suerte durante cinco años.

Isla de Cabrera

Soldados napoleónicos


Hoy es un lugar idílico de aguas cristalinas, a unos 20 kilómetros de las costas mallorquinas, declarado parque natural, ultra protegido. Pero en 1809 se convirtió en un infierno, una cárcel a cielo abierto.

“Cabrera es un paraíso natural, tiene unos paisajes idílicos. Es una representación muy fidedigna de lo que son los ecosistemas mediterráneos, tanto de la parte terrestre como de la parte marina. Aquí en las Baleares son muy cristalinas, pero debido a la presencia de praderas de posidonia, aquí en Cabrera hay transparencias que no encontramos en otros lugares del Mediterráneo”, explica el guía José Castro.

Castro, guía intérprete del parque, muestra el yacimiento de Ses Figueres, cerca del puerto, donde hay restos de las casas de piedra que se construyeron, como pudieron, los soldados.

“Los oficiales realizan una primera inspección ocular de Cabrera y pronto se dan cuenta de que lo único que hay en toda la isla en cuanto a edificaciones es un castillo totalmente desmoronado que no daba para albergar ni para 30 prisioneros”, cuenta Castro.

En el mar Mediterráneo, a poco menos de 20 kilómetros de las costas de la isla española de Mallorca, se encuentra el archipiélago de Cabrera. Foto: RFI

En el mar Mediterráneo, a poco menos de 20 kilómetros de las costas de la isla española de Mallorca, se encuentra el archipiélago de Cabrera. Foto: RFI

“Entonces comienzan a construirse una especie de campamento de campaña con una serie de tiendas que les habían dejado. Hacen unas chozas, muy precarias, siempre con materiales vegetales”, explica.

“Y no es hasta el otoño de 1809 cuando llegan las inclemencias del tiempo y algunos temporales cuando deciden comenzar a construir unas barracas de una manera más sólida y consistente a partir de materiales que encontraron en el propio terreno, desde piedra calcárea, piedra arenisca, arcillas también que utilizaron para la argamasa y los morteros”, detalla el guía.

Según Castro, “se trata de unas barracas bastante bajas. Para entrar a ellas había que agacharse y tenían un tejado de dos aguas a partir de materiales vegetales. Entonces lo que tenemos aquí es una serie de ámbitos o de habitaciones que se han recuperado y se han consolidado, en los que podemos apreciar también algunos detalles como bancos, repisas y chimeneas que utilizaban para calentarse y para cocinar”.

¿Quiénes eran esos soldados y oficiales? Eran franceses, pero también había polacos, suizos, italianos… todos a las órdenes del general Dupont, que para sorpresa de Napoleón, firmó una capitulación con los españoles en 1808 en la batalla de Bailén con el acuerdo de que fueran repatriados a Francia tras un intercambio con prisioneros españoles en Tarragona.

Pero lo acordado no fue respetado por los aliados ingleses.

Miguel Benassar Alomar es historiador, experto en la etapa que va desde la revolución francesa en 1789 hasta el final de la guerra de independencia de España contra Napoleón en 1814.

Cuenta que “el incumplimiento viene de las autoridades británicas, que son las que se oponen. España está a punto de ser ocupada en su totalidad. Entonces, lógicamente, estos soldados que acaban de ser capturados, el número es muy considerable, engrosarán otra vez las tropas francesas que volverán a ocupar. Entonces los ingleses frenan este cambio, y no se cumple la capitulación en ningún momento”.

Mortalidad brutal

Los primeros meses fueron terribles… hubo muchísima mortalidad, recuerda el historiador. Cientos de ellos habían llegado enfermos, y es que antes de embarcar hacia Cabrera, los soldados pasaron meses hacinados en unos barcos en Cádiz, donde contrajeron muchas enfermedades.

“Los dejan en la Abadía de Cádiz y allí se produce una mortandad brutal. Ni medidas higiénicas y poca comida. Allí empiezan a contraer enfermedades gástricas y muchos mueren. Encuentran cadáveres de franceses flotando porque, como no los pueden tener en el barco, los echan al mar. Es una situación terrible y empiezan a decirse ¿qué hacemos con esta gente?”, prosigue Benassar Alomar.

Ante el posible avance francés hacia Cádiz y la alta mortandad, con cadáveres que aparecían flotando, deciden sacarlos de ahí. La mitad los envían a las islas Canarias y los otros a las Baleares.

A medida que pasaban los meses, se desvanecían también para esos soldados las esperanzas de que Cabrera solo fuera una escala antes de llegar a Francia.

Una organización compleja

Y ¿cómo se organizaban? Los oficiales habían sido instalados en el Castillo de Bellver, en la isla de Mallorca, y a Cabrera habían enviado a los de menor graduación. Ellos imponían el orden, y el intermediario con las autoridades de Mallorca era un cura al que también enviaron a la isla: Damián Estelrich.

“Aquí quedan algunos militares de baja graduación y se los respeta. Recordemos que es el comienzo del siglo XIX y España es una sociedad eminentemente religiosa. Lo primero que ofrecen como mediador y como persona que controlará aquello es un sacerdote. Entonces mandan un cura a Cabrera, Don Damián Estelrich. La organización está en manos de los oficiales, pero él controla si se tiene que hacer una cosa u otra. Como tenían a 5.000, 4.000, 6.000 personas, había que controlar el reparto de agua, de la comida, de la ubicación, cada regimiento tenía su fogón”, precisa el académico.

El suministro se hacía cada cuatro días, si las condiciones meteorológicas lo permitían. El guía José Castro explica que “a partir de las habas que recibían, ellos también intentaban cultivar sus propias habas. Había encargados que iban a buscar el agua, encargados que iban a cortar madera y luego también hacían otras actividades, como por ejemplo en este yacimiento que tenemos delante, había una fundición metalúrgica”.

Otros, en cambio, se dedicaban a alfabetizar a la población, agrega el guía.

Cuando fueron liberados tras la derrota de Napoleón en 1814, los presos quemaron las pocas pertenencias que tenían. Foto: RFI

Cuando fueron liberados tras la derrota de Napoleón en 1814, los presos quemaron las pocas pertenencias que tenían. Foto: RFI

“Aparte de lo que les traían en estas embarcaciones que se encargaban de abastecer cada cuatro días a los prisioneros, ellos tallaban sus figuritas con trozos de hueso, con troncos y con ramas de arbustos. También intentaban hacerse sus botones o incluso se han encontrado anzuelos porque intentaban pescar. Y por supuesto, aprovecharon toda la cerámica que encontraron o que les traían desde Mallorca y la remendaban si hacía falta”, detalla.

Hambre y trabajos forzosos

Las condiciones eran terribles, la comida escaseaba y la falta de agua potable era un verdadero problema. Algunos iban prácticamente desnudos, porque sus ropas con el tiempo se deshicieron. Así se desprende de las cartas con las peticiones que se mandaban a Mallorca, a Antonio Desbrull, quien encabezaba la Comisión sobre Cabrera.

“Si estamos destinados a pasar el invierno aquí, le conjuramos en nombre de la humanidad a enviarnos materiales que puedan protegernos del tiempo. Las ramas solo pueden ser útiles para albergarnos del ardor del sol”, lee Isabelle Bes Hoghgton, una profesora francesa en la Universidad de las Islas Baleares.

“Eso escriben la mayoría de los soldados. Y agregan que necesitan ropas y agua porque en la isla sólo existe una fuente de agua dulce que da cuatro barreños por hora”, señala.

La profesora está traduciendo las cartas de los soldados de Cabrera. Hay 446 en el archivo, la mayoría del primer año. Ella habla de la posibilidad de que estemos ante el primer campamento de trabajos forzosos de la historia, aunque no se les obligara a trabajar.

Un plan improvisado

Estudiando las cartas, se ha dado cuenta de que, en realidad, la decisión de encerrarlos en Cabrera fue totalmente improvisada, mal pensada en la urgencia y gestionada como se pudo ante la falta de financiamiento en la isla para ocuparse de tantos prisioneros.

“Estaban en una situación desesperada. Se preguntaron: ¿Cómo hacemos para proteger nuestra población? Y se toman acciones rápidas, hora por hora, día por día, sin realmente pensar en conjunto las cosas. Cuando llegaron se envió enseguida un médico. Evidentemente había tifus, tenían sarna, y entonces había un riesgo para la población (de la isla). En el acta, por ejemplo, se dice que hay que entregar agua”, relata Bes Hoghgton.

En esta isla de las Baleares no había ninguna estructura para refugiar a los soldados. Tuvieron que construir unas barracas. Foto: RFI

En esta isla de las Baleares no había ninguna estructura para refugiar a los soldados. Tuvieron que construir unas barracas. Foto: RFI

“El cura insistió tanto para tener agua y no se le entregaron toneles de agua hasta finales de julio, pero todo esto estaba decidido desde mayo. Yo creo que la administración de todo esto les superó a una isla tan pequeña”, dice la profesora.

¿Crímenes de guerra?

¿Fue un crimen de guerra? ¿Fue un campo de concentración? No se puede medir con los estándares actuales lo que pasó hace 200 años. Ni tampoco hacer comparaciones fáciles, estima el historiador Miguel Benassar Alomar.

“¿Qué es un campo de concentración? Si lo comparamos con los campos de concentración nazis, evidentemente que no es lo mismo. Porque aquí cuidaban mucho de que cada dos días recibieran una barca con víveres y vino. No bodegas de vino, sino una cantidad mínima para la gente que había allí”, afirma.

El guía lleva hasta el castillo que data del siglo XV. Durante la presencia de los soldados napoleónicos, aquí vivían los de mayor graduación y también se utilizaba como hospital.

“Después de este trágico episodio en el que una tromba de agua se llevó por delante este hospital que estaban intentando construir, utilizaron lo que quedaba del castillo desmoronado, que data del siglo XIV y que había sido numerosas veces reconstruido. Intentaron instalar allí a los moribundos o a los enfermos”, comenta Castro

“Ese castillo no reunía suficiente espacio ni unas condiciones mínimas a nivel logístico, porque el acceso era a través de una escalera de caracol. Los propios médicos y cirujanos de campaña son los que se encargaron de mejorar la situación y la salud de todos los enfermos. El problema es que apenas tenían medicinas y herramientas para practicar cirugía. Por lo tanto, intentaron operar con lo que tenían”, detalla.

Muchas dudas

¿Cuántos soldados murieron? Es una cifra casi imposible de saber, al igual del número de los militares que pasaron por ahí, porque no solo estuvieron en la isla los soldados de la batalla de Bailen.

Benassar asegura que tampoco murieron 6.000 como se ha contado: “Cualquier prisionero que era capturado en la península y no podían tenerlo allí, lo mandaban a Cabrera. Pero después también tenemos que quitar a todos aquellos que salieron de Cabrera. Por ejemplo, no ha pasado un año, y 1.200 oficiales y todo su séquito son trasladados a Portsmouth, en Inglaterra. Además, el ejército napoleónico está formado no solo por franceses, hay suizos e italianos. Los ingleses necesitan soldados y los van a reclutar en Cabrera, y muchos se apuntan. Y después hay una serie de salidas, muy poquitos, que se escapan”.

Por Cabrera, entonces, “pasarán entre 12.000 y 13.000 soldados. El número de muertos se acumula al principio y ahí podemos hablar de varios miles. Pero no puedo decir un número exacto”, asegura el historiador.

Los documentos que se conservan de esa etapa no revelan todo lo que ocurrió en la isla… Aún queda mucho por investigar, tal vez la historia más desconocida de este episodio sea el de la presencia de mujeres en Cabrera.

La salida del infierno

En medio de un bosque de pinos se encuentra un monolito que honra la memoria de estos soldados. Los pinos han crecido tanto, que la cruz que corona el monumento se esconde tras las ramas. Muchos cadáveres se encuentran enterrados en la isla.

“Una base cuadrangular que contiene un osario. Se recuperaron numerosos esqueletos de las fosas comunes donde fueron enterrados gran parte de estos prisioneros que fallecieron en Cabrera y encima se erigió un monolito con una inscripción grabada. Todo esto fue iniciativa del Príncipe de Joinville que quiso rendir este homenaje a todos estos prisioneros olvidados y que fallecieron en Cabrera”, comenta el guía.

Este infierno se terminó en 1814: con la derrota de las tropas de Napoleón en España, los prisioneros de Cabrera y otras islas fueron liberados. Dicen que los de Cabrera lo quemaron todo antes de embarcar hacia Francia, como si incendiando lo poco que tenían, conjuraran los cinco años de ostracismo a los que habían sido condenados en medio del Mediterráneo.

Fuente: RFI

CB


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