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¿Cuál es el libro que te enamoró de los libros? Ocho lectores uruguayos responden

Puede ser uno o pueden ser varios. Puede ser herencia de un familiar, un regalo de cumpleaños o un encuentro inesperado. Puede haber estado desde siempre en la biblioteca de la casa, o puede haber caído de la nada, del cielo. Sea como sea, en general hay un libro, una historia o un personaje que, sin que nos demos demasiada cuenta, nos mete de lleno en el universo de la lectura y nos engancha para siempre a los libros y lo que los rodea.

Y justamente, eso fue lo que, con motivo del Día Nacional del Libro que se celebra este miércoles 26 de mayo en todo el país, le preguntamos a ocho lectores de diferentes edades, profesiones e intereses. Les pedimos que fueran a sus raíces lectoras y lo dijeran: ¿cuál es ese libro que lo enamoró del resto de los libros? A continuación, sus respuestas.

Alicia Torres

Crítica literaria, investigadora, escritora

Alicia Torres

Mi pasión por la literatura nació con Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Que la protagonista se llamase igual que yo me emocionaba, y sin advertirlo caí en la madriguera literaria de la que no volví a salir. Tendría unos 9 años, no entendía la lógica del sinsentido ni los múltiples significados de la obra, pero aprendí a leer de otra manera. Los personajes jugaban con las palabras de modo insólito: recitaban poesías, tarareaban canciones, proponían adivinanzas y aventuras improbables. El lenguaje en ese libro era otra cosa. Nacía del juego y era el juego. Hizo que me preguntara cómo era posible llegar tan lejos sin moverme de casa.

Gonzalo Deniz

Músico, miembro de los proyectos musicales Franny Glass, El Astillero y Mersey

Gonzalo Deniz

De niño, mi abuela materna siempre me regalaba libros. Cumpleaños, Navidad, Reyes. Estaba muy estimulado por ese lado. Por un lado, recuerdo los de Roy Berocay, y por otro recuerdo especialmente la saga de El Agente Arthur: En los mares tormentosos, Las aventuras árticas, Viaja a la jungla. Dentro de esa serie había libros que no incluían al agente. Por ejemplo, En busca de la ciudad sumergida. Eran libros con texto, imágenes y enigmas para resolver. Con el tiempo, varios se donaron, se regalaron, o se perdieron. Hace unos años mi hermano viajó a México y allá encontró un montón y me los trajo. Ahora se los leo a mi hijo.

Joanna Peluffo

Coordinadora de la Red Nacional de Clubes de Lectura y cofundadora de Clubdelectura.uy

Joanna Peluffo

Mi conexión con la lectura se hizo más fuerte gracias a Harry Potter. Tuve púrpura fulminante a los 10 y mi compañeros durante todo el proceso de recuperación fueron Harry, Ron y Hermione. Introducirme en ese mundo de fantasía me invitó a ser valiente, creativa, curiosa e inquieta, me invitó a habitar en mundos donde lo imposible es posible y, tiempo después, me permitió conocer a otras personas igual de apasionadas por la saga con las que pude intercambiar opiniones y enriquecer mi experiencia lectora. Eventos literarios, mesas de debate, análisis literarios en clubes de lectura. Harry no para de darme alegrías. Es una historia que marcó mi infancia y juventud en tiempos de luces y sombras.

En Harry Potter hay contenido educativo y hay valores, valores que no son generacionales y que no van a dejar de servir. Me habló de coraje, de luchar por uno mismo y por los que uno quiere; de que las cosas pueden ser peores y si estás acompañado podés enfrentarlas. Es un mundo donde no hay blanco y negro, donde se cuestiona a los “buenos” y “malos”, donde hay grises. No  hay distancia con el lector, uno crece con Harry, Ron y Hermione. Hay humor, miedo, hay metáforas para hablar de la democracia, la lucha por los ideales, la defensa de los menos privilegiados. El sentido del colectivo; Harry no hace nada solo. Ron, Hermione, la Orden del Fénix, el Ejército de Dumbledore: en comunidad las cosas funcionan.

Para mi la lectura es sinónimo de libertad. Es una oportunidad para cuestionarse cosas, generar espíritu crítico, desafiar el intelecto y, sobre todo, es una posibilidad de enriquecimiento. Harry Potter enriquece. Más allá de su calidad literaria (hay quienes la cuestionan), la saga acerca a todo lector a ser un poquito más libre, menos prejuicioso, más empático, más humilde y más creativo. Harry se convirtió en la puerta de entrada a la literatura fantástica y literatura general para muchas personas.  De él se va a seguir hablando, nos vamos a asegurar de que así sea.

Fernando Butazzoni

Escritor, periodista

Fernando Butazzoni

El libro que me enamoró de todos los libros es una novela fantástica, extraordinaria, que se titula El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas. En realidad, yo me había convertido en lector con una colección de libros de aventuras titulada Bomba, el niño de la selva, cuando tenía ocho o nueve años. Pero después descubrí que el autor de esos libros no era un escritor, sino una especie de cooperativa de cantamañanas. Por eso es en realidad El conde del Montecristo, que lo leí en una edición de la editorial Novaro a los once o doce años, una editorial que también vendía mucho cómics de la época, de El llanero solitario, Tarzán, entre otros. El conde me fascinó. Lo leí apasionadamente. Es una historia sensacional que me abrió un universo de tesoros, de justicia, traiciones, fugas, naufragios, de amor por supuesto. Tiene de todo, y creo que fue el que me terminó enamorando de todos los demás.

Mercedes Rosende

Escritora

Mercedes Rosende

Supongo que lo elegí por la carátula, por aquella foto de un típico quiosco de los que había en tantas esquinas. ¿Por qué otra razón iba yo a elegir un libro de Mario Benedetti, si a mis 11 o 12 años nunca lo había oído nombrar? O me sedujo el hecho de que fueran cuentos, quién sabe. Por la tapa,  por el género o tal vez por el título, que me aludía: Montevideanos. Sé que lo abrí y, parada frente a la biblioteca de mis padres, empecé a leer uno cualquiera, al azar: “Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios”. La frase me voló la cabeza, fue una revelación. El autor no hablaba como en los textos que leíamos en la escuela, no decía “Tú sabes”, hablaba como yo, como hablamos los montevideanos: “Vos sabés”. Me sedujo la temática urbana y próxima, la cotidianidad y, el sentido del humor de Benedetti, pero sobre todo me fascinó descubrir que podía escribir siendo yo misma y en mi propia lengua.

Mateo Cortés

Librero, responsable de Bonhomía libros

Mateo Cortéz

El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano, me marca hasta el día de hoy. Me lo regaló mi madre cuando tenía 12 años, me ha acompañado siempre y es el libro que determinó lo que me gusta leer. Aunque no es lo único que leo, me gustan los libros de fútbol, y por “libro de fútbol” me refiero a los que tienen la visión del fútbol como deporte y como juego, pero que también contemplan otras aristas, en este caso, la historia, lo social y lo cultural. 

Me es muy difícil decir qué es lo que me gustó en ese momento, porque pasaron muchos años y hoy para mi es un libro de consulta, al que vuelvo siempre. Pero si tengo que hacerlo, por un lado diría que fue por cómo interpreta al fútbol como juego, como algo lúdico, pero con todo lo demás que no se puede desprender. También siempre me gustó como Galeano se describía así mismo en el libro, como “un mendigo de buen fútbol”. Si bien me sigue identificando, haberlo leído con 12 años fue impactante: puso en palabras lo que sentía. 

Hoy leo algunos textos que me gustan, como cuando habla sobre los hinchas, y cada vez que sucede algo en torno al deporte pienso: “qué habrá escrito Galeano sobre esto”. Y luego voy a a buscar el libro y siempre encuentro algo relacionado con el tema. De hecho, hay un texto que se llama El estadio que hace referencia a lo que sería entrar a un estadio vacío, que creo que aplica mucho a lo que está sucediendo hoy. Y así con otras cosas. El fútbol a sol y sombra incluso marcó mi desarrollo profesional dentro del mundo de los libros, porque empecé con una librería de fútbol. Es un libro que me encanta vender y recomendar, sobre todo a aquellos que vienen buscando una puerta de entrada a la literatura de fútbol, o que están desmotivados con la lectura. 

Sofía Aguerre

Escritora y correctora; integrante del @clubdelecturauy y coordinadora del proyecto de lectura conjunta @docemesescon

Sofía Aguerre

Cuando tenía seis años, mi madre decidió leerme los libros de Los tres investigadores, de Alfred Hitchcock. Empezó por El misterio del gato de trapo; me gustó tanto que, en cierto momento, le pedí que me dejara seguir yo sola porque ella “iba muy lento”. Me lo devoré en unos días, luego seguí con el resto de la colección y, poco después, ya solo quería que me regalaran libros en cada cumpleaños o Navidad.

Joaquín Di Lorenzi

Escritor, editor y uno de los responsables de la editorial independiente Fardo

Joaquín Di Lorenzi

Nací y crecí entre libros y por eso son varios los que me marcaron. Me acuerdo de una edición de García Lorca para niños que me habían regalado, una edición hermosa, grande e ilustrada. Yo tendría 8 años más o menos y leía esos poemas de sangre, puñaladas, toreros y ciudades españolas, y me impactaban. Me daba cuenta de que ahí había belleza. Después, cuando estaba entrando a la adolescencia, me acuerdo de leer casi todo lo de Carlos Ruiz Zafón y terminar casi siempre llorando, de leerme las últimas 100 páginas en un par de horas porque necesitaba saber cómo iba a terminar. Ya a los 13 o 14 empecé a leer libros “para grandes”. Uno de los primeros autores que le robé a mis padres fue a Paul Auster. Empecé con la Trilogía de New York y después leí todo lo que encontré de él en la biblioteca. Por esa época más o menos fue que me empecé a comprar mis propios libros y a descubrir mis propios autores.

Así fue como llegué al que quizás sea mi libro favorito: Cathedral, de Raymond Carver. Nunca había escuchado al autor, pero estaba en una etapa en que leí casi únicamente en inglés y encontré una edición hermosa, muy minimalista, de vintage. Lo compré y viajé. Los cuentos me hacían sentir cosas en el cuerpo, me hacían llorar pero también temblar, me daban fiebre, me generaban un montón de sensaciones nuevas. Es un libro que influenció mucho la forma en que escribo y la literatura que me gusta: la que impacta, la que genera cosas, la que queda dando vueltas en tu cabeza por horas, días, meses después de que terminaste de leerlo. Me parece que lo más triste que puede pasar con un libro es que no genere nada, prefiero que sea odiado antes que insulso. Las experiencias que tenemos con los libros son siempre propias. Cathedral me agarró en el momento justo, en el momento en que precisaba leer un libro así, y de la forma justa.




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