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claves de un reconocimiento histórico por los Estados Unidos

El mayor mérito de la histórica declaración de Joe Biden sobre el genocidio del pueblo armenio, es la propia palabra, el reconocimiento.

Cuando los crímenes son transparentados más allá de la bruma de las mentiras y las tapaderas aflora la justicia y la calma. Es condición necesaria para afirmar el futuro y pacificar. El litigio con Turquía es porque, al negar esa tragedia, ha eternizado el drama en las víctimas.

En 1914, durante el Imperio Otomano, previo a la República turca, fueron asesinados más de un millón y medio de armenios. Esa masacre constituyó el primer holocausto del siglo pasado. Los historiadores señalan que la oscuridad que buscó esconder ese horror, fue lo que dio alas al genocidio nazi contra el pueblo judío. Hitler suponía de que conseguiría el mismo silencio frente a sus crímenes.

Turquía tendrá a partir de ahora que adaptarse a otra realidad. La decisión de Biden suma una espalda significativa a este reclamo centenario. Impulsará un giro profundo en la comunidad internacional para amparar la demanda de justicia del pueblo armenio, más allá de lo que ocurra y deba ocurrir en los tribunales.

A nivel político este paso tiene varios significados. Derriba la relación privilegiada que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan había construido con la Casa Blanca de Donald Trump y de la que obtuvo luz verde para reprimir al pueblo kurdo en Siria, un aliado central de EE.UU. en la lucha contra la banda terrorista mercenaria del ISIS.

El mandatario norteamericano poco antes de difundirse el comunicado sobre el genocidio armenio. Reuter

El mandatario norteamericano poco antes de difundirse el comunicado sobre el genocidio armenio. Reuter

Se debe recordar un discurso de Biden en Harvard, durante la gestión de Barack Obama, que detonó un incidente con Ankara. El entones vicepresidente de EE.UU. denunció en ese mensaje que el régimen turco constituía uno de los financistas del ISIS, además con pertrechos militares, para que haga el trabajo sucio contra los kurdos. Esas denuncias fueron avaladas por la prensa independiente turca luego censurada y clausurada por el régimen.

El anuncio sobre el genocidio y sus responsables se produce además en momentos que Turquía busca recalibrar su relación con Occidente dando la espalda a Rusia con medidas como el inesperado apoyo a Ucrania para ingresar a la OTAN. Semejante membresía es una pesadilla para el autócrata ruso Vladimir Putin y explica, en parte, la razón del inmenso despliegue de tropas que el Kremlin destacó hasta hace pocas horas en la frontera con ese país.

Turquía, que es el jugador más importante y más rebelde en su zona dentro de la Alianza Atlántica, no solo se alejó de Moscú, también de Irán, que ha vuelto a negociar cautamente con EE.UU. Así, sin Rusia ni EE.UU. y con una creciente crisis económica, para Turquía y su gobierno es un momento de enorme debilidad sin capacidad, esta vez, de callar el vozarrón de la historia. 


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