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una elección regional que impacta de lleno en la política nacional

En España llevan semanas escuchando que las elecciones regionales en Madrid de este 4 de mayo serán clave en la configuración de la política nacional en un tiempo no muy lejano.

Pero ¿por qué lo que sucede en el pago chico, por más que sea la geografía a la que pertenece la capital del país, puede ser determinante en el tablero de fuerzas políticas de toda la nación?

Es la primera vez que la Comunidad de Madrid vota en solitario y no acoplada al calendario nacional y la onda expansiva del resultado no dejará indemne a nadie.

Madrid es el termómetro del destino político de España cuya gobernabilidad podrá ir escorándose, luego del arrasados resultado del PP, cada vez más hacia la derecha.

Estas elecciones fueron el laboratorio que permitió medir el modelo de gestión de la pandemia del gobierno de coalición de Pedro Sánchez y el que la presidenta de la autonomía madrileña, Isabel Díaz Ayuso, puso en marcha en su territorio desde donde confrontó, durante toda la campaña, con el presidente del gobierno y no con su par en Madrid, el candidato del PSOE Angel Gabilondo.

Festejos en el Partido Popular de Madrid. Foto EFE

Festejos en el Partido Popular de Madrid. Foto EFE

El modo intenso y de cuerpo presente en el que Sánchez se involucró en la campaña electoral, casi sin debates y revuelta por los sobres intimidatorios con amenazas de muerte, lo deja muy expuesto a la hora de ponerle el pecho a las balas del resultado adverso que obtuvo el PSOE.

El hilo rojo que entrelaza los destinos de Madrid y del gobierno nacional se siente también en la retirada de la Vicepresidencia segunda de España de Pablo Iglesias para tirarse de cabeza en la batalla electoral por la Comunidad de Madrid con el anhelo de rescatar y mejorar la presencia de su partido en el Parlamento regional, empresa en la que fracasó al punto de renunciar a la política.

Madrid es una autonomía, además, gobernada desde hace 26 años por el Partido Popular cuyo presidente, Pablo Casado, apostó a que la niña de sus ojos políticos, Isabel Díaz Ayuso, se luciera en las urnas para lograr, como lo hizo, su reelección.

El PP llega a estos comicios sediento de buenas noticias que le permitan respirar hondo para volver a disputarle el sillón de la Moncloa al PSOE y desmarcarse del radicalismo de Vox, la extrema derecha con la que el PP quedó pegoteado en varios debates parlamentarios contra la izquierda progresista.

Los procesos judiciales por corrupción, caja chica para financiar las campañas y espionaje dentro del partido desangran el liderazgo de Casado, líder de la oposición y mentor de la candidatura de Díaz Ayuso en Madrid.

Desde el inicio de la pandemia, la presidenta madrileña desafió las restricciones del presidente Sánchez para combatir los contagios por coronavirus y elevó casi a rango nacional su negativa a imponer barreras perimetrales y cierres de bares y restaurantes.

Fue este gesto de empatía con los madrileños lo que le valió conquistar sus corazones. Díaz Ayuso no es una estratega ni una política carismática pero supo aprovechar la térmica del animo cansado de la gente.

Su jefe quiere leer este triunfo como antesala de un gran pacto de los partidos constitucionalistas para arrebatarle el poder a Sánchez. Habrá que ver si el mensaje que anidó en las almas de los madrileños surte el mismo efecto a nivel nacional.

PB


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