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Una derrota que enaltece al “Peque” Schwartzman ante un Rafa Nadal insoportable

Cuando días pasados decía que el ranking marca algo muy importante y muy valioso, como el momento de un jugador, lo que está viviendo, lo que es capaz de hacer y cuál es su nivel, aclaraba que en torneos como Roland Garros hay otra clasificación y otra virtud que pesa más: la jerarquía. Por eso mencioné a Rafael Nadal, Novak Djokovic y por supuesto a Roger Federer como los tenistas que están en el selecto grupo de quienes sacan distancia con respecto a otros más, que podrían llegar a tratar de animarse a encontrar un poquito de esa jerarquía mencionada que hace a los “diferentes”.

Esta distancia se notó nuevamente en el partido que Nadal le ganó a Diego Schwartzman después del esfuerzo y del sacrificio que mostró en los primeros tres sets, con momentos complejos, para luego imponerse con contundencia en el cuarto parcial.

Los cinco sets de los Grand Slams obligan y exigen a fondo a todo aquel que quiera osar destronar al rey del polvo de ladrillo. No lo puede hacer por un ratito. Eso no es mérito suficiente para obtener semejante logro. Tiene que ser por el tiempo que sea necesario.

Esto es lo que volvió a ocurrir en el partido entre Nadal y Schwartzman, quien lo complicó desde el principio y le jugó de igual a igual. Con esta combinación, el argentino se vuelve a ganar el lujo de pertenecer tambien a un rango jerárquico dentro de la clasificación del tenis.

Nadal, incansable e invencible en Roland Garros. Foto MARTIN BUREAU / AFP

Nadal, incansable e invencible en Roland Garros. Foto MARTIN BUREAU / AFP

Porque al jugarle de igual a igual durante muchos momentos a quien conoce esta superficie y este torneo como nadie le permitió complicarlo con una claridad estratégica y con un nivel de ejecución muy marcado durante muchos momentos.

Por tratar de calificar de alguna manera al esquema que utilizó Schwartzman, la podemos llamar una “paciencia agresiva”. Es que sabía que por momentos iba a ser inevitable ser dominado y debía resistir como se pudiera. Pero por otro lado salía rápidamente a molestar al español; en algunos casos tratando de jugarle pelotas altas, cambiando las velocidades y justamente las alturas.

Todo para tratar de evitar que Nadal tuviera la posibilidad de hilvanar y enganchar ese ritmo letal e inigualable que incluso en el polvo de ladrillo muchas veces se torna insoportable.

Volvemos a lo mismo. Para superar cuestiones de jerarquía, se necesita un poco más todavía. Y Nadal, encima, no aportó a la causa de Schwartzman. Al contrario. Fue estableciendo parámetros cada vez más difíciles para el argentino, a quien claramente la cosa se le fue haciendo muy cuesta arriba en la cancha, más allá de que en el tercer set tuvo la posibilidad de estirar su ventaja.

Schwartzman tiene la jerarquía, pero los grandes exigen sostener el nivel durante demasiado tiempo. Foto Anne-Christine POUJOULAT / AFP

Schwartzman tiene la jerarquía, pero los grandes exigen sostener el nivel durante demasiado tiempo. Foto Anne-Christine POUJOULAT / AFP

Pero hay momentos en que el motor va tan al límite que en cualquier momento puede fundirse. Si se ve en la Fórmula 1, ¿por qué no lo vamos a poder ver en un jugador de tenis?

Es verdad que para Diego Schwartzman vuelve a ser una derrota contra Nadal, pero estas son las derrotas que enaltecen y contribuyen a seguir ganándose el respeto aun del vencedor, a quien le quitó un set. Porque por sobre todas las cosas el argentino estuvo a la altura de las circunstancias y porque a pesar de la derrota, su jerarquía quedó claramente manifiesta.

Rafael Nadal está en la semifinal porque volvió a imponerse como lo suele hacer cuando su adversario realmente lo pone a prueba. Sigue en camino a la cita con la historia.

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