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Uby Sacco, el campeón que tuvo que esperar demasiado y que acabó acorralado por sus propios fantasmas

Su prematura muerte, el 28 de mayo de 1997 en el Hospital Interzonal General de Agudos Oscar Alende de Mar del Plata, fue el corolario de un collar que enlazó consumos problemáticos de drogas, depresión, episodios de violencia callejera y detenciones. Las crónicas que reconstruyen su vida se detienen, inexorablemente, en ese combo infausto. Ubaldo Néstor Sacco fue el protagonista de esa historia. Pero también fue un boxeador notable que alcanzó la gloria a pesar de convivir con ese ejército de espectros que lo acompañó hasta su último día.

No solo la muerte llegó a destiempo para Sacco. También las grandes oportunidades deportivas. “Yo había decidido largar, había empezado a fumar y a hacer la vida de cualquier hombre común. Para mí, el boxeo se había terminado. Pero una noche estaba mirando un partido de fútbol en Mar del Plata y me avisaron que tenía una chance de pelear por el título”, contó un día antes de su primer desafío mundialista ante Gene Hatcher.

Uby, que por entonces tenía 29 años, llevaba mucho tiempo esperando esa oportunidad por la que había hecho méritos en sus seis años y medio como profesional y que varias veces se había esfumado cuando parecía estar al alcance de su mano. En su primer lustro como rentado, apenas una derrota por puntos frente al cordobés Hugo Sergio Quartapelle en su debut en el Luna Park, el 5 de abril de 1980, había manchado un récord que computaba 45 victorias.

Uby Sacco sufrió solo una derrota en sus primeras 46 peleas profesionales: ante Hugo Sergio Quartapelle en el Luna Park.

Uby Sacco sufrió solo una derrota en sus primeras 46 peleas profesionales: ante Hugo Sergio Quartapelle en el Luna Park.

Porteño por azar pero marplatense por adopción, aspirante a arquitecto y destacado futbolista y jugador de bowling durante la adolescencia, Sacco terminó optando por seguir los pasos de su padre, Ubaldo Francisco, un mediano que en la segunda mitad de la década de 1950 y los primeros años de la de 1960 había enfrentado a varios de los mejores exponentes de su tiempo como Andrés Selpa (tres veces) y Eduardo Lausse.

Con buenos desplazamientos, sólidos golpes rectos y un boxeo técnico y elegante, aunque a veces carente de intensidad y continuidad, Uby dominó el peso superligero durante el albor de la década de 1980 en el país. Consiguió el título nacional en mayo de 1981 y el sudamericano un año más tarde, ambos frente al mendocino Roberto Alfaro en el Luna Park, un estadio cuyo público no siempre le tributó afecto.

Por entonces, los cuestionamientos por su poco apego al gimnasio ya eran la música de fondo de su carrera. “Es cierto que alguna vez subí al ring sin estar en las mejores condiciones físicas. Pero ahora es distinto. Mi padre me hizo entender que nadie me había obligado a dedicarme al boxeo y que esto es demasiado duro para dar ventajas”, había explicado en la víspera del segundo enfrentamiento con Alfaro.

Uby Sacco ganó el título argentino superligero frente a Roberto Alfaro.

Uby Sacco ganó el título argentino superligero frente a Roberto Alfaro.

Un mes antes de ese triunfo, en plena Guerra de Malvinas y unos días después de haber vencido al legendario Horacio Saldaño, la Asociación Mundial de Boxeo lo había incluido por primera vez en su escalafón: había aparecido octavo en el ranking de las 140 libras, cuyo campeón era el estadounidense Aaron Pryor. “Lo que más quiero es llegar a combatir por el título. No te digo ahora, pero al menos sentir que me voy acercando”, se ilusionaba.

Con el panorama doméstico barrido, Sacco viajó junto a su padre y entrenador y al promotor Juan Carlos Lectoure para hacer su debut en Estados Unidos en marzo de 1983. En los días previos al combate, Aaron Pryor se acercó hasta un gimnasio en Nueva York en el que el marplatense había hecho parte de su preparación. Luego de verlo moverse en el ring, deslizó que le daría una oportunidad de pelear por su título en septiembre, luego de su defensa ante el nicaragüense Alexis Argüello.

“Sé que me juego una carta muy fuerte, pero me siento preparado. Este es el mejor momento de mi carrera. Me siento maduro y con ganas de llevarme todo por delante”, aseguró Uby un día antes de vencer por puntos a Willie Rodríguez, un rival sin demasiados pergaminos, en el Convention Center de Atlantic City.

Uby Sacco celebra, sostenido por su padre y entrenador, Ubaldo Francisco Sacco.

Uby Sacco celebra, sostenido por su padre y entrenador, Ubaldo Francisco Sacco.

No solo Pryor aparecía en su radar, sino también Leroy Haley, el campeón del Consejo Mundial de Boxeo. En el ranking de ese organismo, el argentino era el contendiente número uno. “Pienso que tendrá su posibilidad contra Haley antes de fin de año”, vaticinó Lectoure. Pero el estadounidense perdería el título dos meses después frente al estadounidense Bruce Curry y entonces la chance se extinguiría.

Para colmo, el 25 de junio de 1983, una deficiente preparación y una opaca actuación derivaron en una derrota por puntos en decisión dividida ante el sampedrino Lorenzo García, campeón argentino de la división ligero, que llevaba cinco años y 50 peleas sin reveses. Esa caída, que cortó una racha de 26 victorias consecutivas, hizo retroceder a Sacco del primero al sexto puesto en el ranking del Consejo.

La revancha se pactó para cuatro semanas más tarde. “Yo tengo mejor récord y además ya le gané. Sin embargo, todos siguen hablando de él. Es un invento de los periodistas”, disparó antes del desquite García, quien seis meses después tendría su chance mundialista (perdería por puntos ante el estadounidense Johnny Bumphus por el cetro superligero de la AMB). “A este tipo no lo conocía nadie y ahora se cree Gardel. Estos chicos se agrandan fácil. En el ring todo volverá a la normalidad”, retrucó Sacco.

Frente a 13.000 espectadores en el Luna Park, el marplatense, esta vez un poco mejor entrenado, parecía tener el combate bajo control, pero una caída en el noveno asalto y un flojo cierre le hicieron dilapidar su ventaja. Los jueces fallaron empate.

Ante Horacio Saldaño, Uby Sacco sufrió una lesión en su mano derecha por la que debió ser operado.

Ante Horacio Saldaño, Uby Sacco sufrió una lesión en su mano derecha por la que debió ser operado.

Para colmo, el 8 de octubre de ese año, durante su segundo enfrentamiento con Horacio Saldaño (a quien noqueó en el quinto round), Uby sufrió una lesión en la mano derecha que lo obligó a pasar por el quirófano en febrero. En esos días, la idea del retiro parecía más firme que nunca. “Creí que el boxeo se había terminado para mí. Salía todas las noches, me fumaba algún cigarrillo, comía cualquier cosa. Tenía la mano derecha a la miseria y ni me preocupaba por curarme. Me descuidé, bajé los brazos y me entregué. Fui un cobarde, la culpa fue mía”, admitiría en una entrevista publicada en El Gráfico en marzo de 1984.

A contramano del rumbo que parecía tomar la carrera de Sacco, la chance de una pelea mundialista, esa que lo venía esquivando hasta entonces, se le apareció de frente en el momento menos pensado: a fines de junio, Lectoure pactó para el 1 de septiembre un duelo con el estadounidense Gene Hatcher, quien le había arrebatado el cinturón de la AMB a Johnny Bumphus.

Sin embargo, la espera se hizo mucho más larga: cinco postergaciones y un par de mudanzas trasladaron finalmente el combate al 15 de diciembre de 1984 en el Tarrant County Convention Center de Fort Worth, en Texas. Las dilaciones y la sede se conviertieron en enemigos adicionales para el retador. “Estoy cansado de entrenarme, me siento engripado y sin fuerzas. El clima de esta ciudad, que cambia permanentemente, me perjudica. Este lugar no me gusta”, se quejó tres días antes de su gran oportunidad.

Uby Sacco permaneció 14 meses inactivo antes de su primera pelea ante Gene Hatcher.

Uby Sacco permaneció 14 meses inactivo antes de su primera pelea ante Gene Hatcher.

El día de la pelea, Uby pareció dejar de lado ese malestar y no sentir los 14 meses de inactividad. Exhibiendo su buena técnica y su precisión, fue superior en la primera mitad de la contienda. Pero a partir del octavo asalto, el campeón, un púgil frontal y aguerrido, aunque sin grandes recursos, mostró su bravura y fue esmerilando la diferencia en su contra.

En el 11° round, un golpe de derecha de Hatcher tomó mal parado y envió a la lona a Sacco. Desde el rincón argentino reclamaron que había sido solo un resbalón, pero el árbitro Tony Pérez llevó la cuenta de protección hasta ocho. Desde entonces y hasta el desenlace, el estadounidense protagonizó sus mejores asaltos.

En los cuerpos de los protagonistas quedó ilustrada la intensidad de una contienda sin respiro: el local terminó con el rostro tumefacto y ensangrentado, producto de un par de cortes; el visitante, con la mano derecha sumamente inflamada y una herida en el arco superciliar izquierdo que luego demandaría cuatro puntos de sutura.

La decisión quedó en manos de los jueces: el mexicano Luis García le concedió la victoria a Sacco (145-141), pero el canadiense Guy Jutras (144-140) y el panameño Nick Drake(144- 141) se inclinaron por Hatcher. Cuando escuchó el fallo, el retador rompió en llanto. “Creo que cumplí, que puse todo lo que tenía, que me jugué entero hasta el final. No hay que desanimarse porque seguro me gané otra oportunidad, me la van a tener que dar. Ahora estoy más motivado que antes”, aseguró cuando el dolor de la derrota aun laceraba.

Dos días después del combate, Lectoure envió a Elías Córdova, presidente de Comité de Campeonatos de la AMB, un pedido para que se le otorgara a su púgil una revancha en un plazo no mayor a 90 días. El 26 de diciembre, el organismo publicó su nuevo ranking y mantuvo a Sacco en el primer puesto debido al ajustado fallo que había determinado su derrota, lo que le allanó el camino para una segunda oportunidad.

Uby Sacco, durante una sesión de entrenamiento antes de su segunda pelea con Gene Hatcher.

Uby Sacco, durante una sesión de entrenamiento antes de su segunda pelea con Gene Hatcher.

El desquite se pactó inicialmente para el 26 de mayo, pero, al igual que el primer enfrentamiento, sufrió una postergación de dos meses que esta vez terminó beneficiando al marplatense, pues le permitió completar una mejor preparación luego de semanas en las que incluso su padre cuestionó públicamente su desapego y su incumplimiento de la rutina de trabajo.

Un lujoso salón con capacidad para 600 espectadores en el Casino Comunale de Campione d’Italia, un enclave italiano de poco más de un kilómetro cuadrado en territorio suizo a orillas del lago Lugano, fue la sede del desquite el 21 de julio de 1985.

La segunda versión de ese duelo entre la habilidad y la inteligencia de Sacco y la tenacidad y el avance constante (por momentos casi suicida) de Hatcher se zanjó esta vez muy claramente a favor del aspirante, que elaboró con paciencia su victoria desde el inicio del primer asalto.

Desbordado por la superioridad de recursos de su rival, Hatcher cayó de rodillas en el quinto episodio. Por entonces, su rostro ya era una evidencia incontrastable de lo dura que le estaba resultando la batalla. El campeón, con un corte de seis centímetros en el arco superciliar izquierdo, se mantuvo en pelea hasta el noveno round, cuando el árbitro mexicano Ernesto Magaña, después de escuchar la insistente recomendación del médico de la Comisión de Boxeo de Campione, detuvo las acciones. Siete días antes de cumplir 30 años, Sacco se transformaba en el 12° campeón mundial para el boxeo argentino.

Pero ni siquiera su jornada más gloriosa daba al nuevo monarca claridad sobre su futuro. “Todavía no sé si voy a seguir boxeando. En este momento no estoy en condiciones de afirmar nada. Lo voy a conversar detenidamente con mi esposa, mis hijos y mis padres. Lo único que puedo garantizar es que este título no me lo va a quitar nadie. Voy a ser campeón mientras siga con los guantes puestos, hasta que se me antoje”, avisó la noche de la consagración.

Lectoure se encargó de disipar las dudas. “Ser campeón del mundo no solo es una gran satisfacción deportiva, sino también una gran posibilidad económica. Tiene que seguir trabajando sin perder tiempo”, afirmó al volver a Buenos Aires. Y sugirió que el rival para la primera defensa sería el italiano Patrizio Oliva.

Sin embargo, una semana después el promotor pactó una duelo con el sudafricano Brian Baronet para el 26 de octubre en Bophuthatswana, un estado satélite de Sudáfrica y carente de reconocimiento internacional. El plan desbarrancó a fines de agosto debido a las presiones que recibió Lectoure por parte del funcionarios del gobierno de Raúl Alfonsín para que no llevara a su púgil a combatir allí puesto que ello iría en contra de la Declaración Internacional contra el Apartheid en los Deportes que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas había aprobado en 1977.

Con Baronet fuera de carrera, resurgió el nombre de Oliva e incluso se fijó fecha: el 24 de noviembre. Sin embargo, a fines de septiembre Sacco debió ser sometido a una operación en Mar del Plata para extirparle un tumor benigno localizado en un dedo del pie izquierdo. Eso lo mantuvo inactivo durante casi un mes y forzó una postergación para el 31 de enero de 1986.

Uby Sacco fue recibido por una multitud en Mar del Plata luego de ganar el título mundial superligero de la AMB.

Uby Sacco fue recibido por una multitud en Mar del Plata luego de ganar el título mundial superligero de la AMB.

A esa le siguieron otras tres, además de algunas amenazas de despojo del título por parte de la AMB y también la muerte de Rodolfo Sabbatini, el promotor italiano que estaba organizando la velada. Mientras tanto, ya se especulaba con un futuro enfrentamiento con el nicaragüense Alexis Argüello, ex campeón mundial pluma, superpluma y ligero, por una bolsa de 600.000 dólares.

Por entonces, el consumo problemático de alcohol y cocaína llevaba tiempo instalado en la vida del campeón. En enero de 1986, Uby lo admitió en una entrevista publicada en la revista Gente, aunque aseguró que se trataba de una dificultad ya superada. “La droga es un mundo negro, atroz, que te atormenta y te va minando poco a poco. Comenzás a desaparecer. Tuve problemas. Me arrepiento de no haber tenido las agallas que tuve arriba del ring. Pero ahora me siento íntegro”, aseguró.

Sin embargo, no estaba íntegro. La preparación para la pelea con Oliva, que se hizo en Buenos Aires para alejar a Sacco de la noche marplatense, fue sumamente deficiente. El 7 de febrero, a poco más de un mes del combate, Ubaldo Francisco reconoció que su hijo seguiría entrenándose en un gimnasio de José C. Paz hasta que “su estado físico y su condición técnica sean suficientemente decorosos para no pasar vergüenza en el (gimnasio del) Luna Park”. Recién el 24 de febrero Uby trabajó en el coliseo de Corrientes y Bouchard.

“Estaba muy mal, tuve la necesidad de tocar fondo para poder tomar impulso y volver a picar hacia arriba. Y así como no tengo límites para la farra, tampoco los tengo a la hora de entrenarme”, aseguró en esos días. “Todavía estoy bastante lento, pero con el correr de los días voy a alcanzar la velocidad necesaria”, añadió.

Uby Sacco, junto a su padre (derecha) y a  Juan Carlos Lectoure (izquierda).

Uby Sacco, junto a su padre (derecha) y a Juan Carlos Lectoure (izquierda).

Aquello no fue más que un deseo lanzado al aire. Sacco llegó en muy malas condiciones al combate del 15 de marzo en Montecarlo. Debió exigirse al máximo para poder superar el desafío de la balanza (horas antes del pesaje tuvo que hacer dos sesiones de sauna) y no tuvo resto atlético para una pelea a 15 asaltos.

Con un boxeo conservador, huidizo y elemental, a Oliva, invicto en 43 peleas profesionales, le alcanzó para quedarse con la victoria por puntos en decisión dividida. A Sacco, el título por el que había pujado durante años se le escapaba de las manos no por la pericia de su rival, sino por su propia desidia.

“Hasta ahora, había fallado en casi todas las cosas de mi vida, pero nunca había fallado como boxeador. Hacía locuras, no me entrenaba, pero terminaba respondiendo. Ayer fallé. En el 10° round estaba para irme de la pelea. Perdí mucha plata por no haberme entrenado con tiempo. Pero tengo fuerzas para seguir”, reconoció un día después de la caída. Y admitió: “Estoy en una lucha más grande que la de una pelea: la lucha por andar derecho después de tantos desastres. Y esa no la puedo perder”. Prometió entonces que se radicaría en Buenos Aires, como le había pedido Lectoure, y que volvería a entrenarse después de 10 días de descanso.

Nada de eso sucedió. De hecho, el ring montado en el estadio Louis II de Mónaco fue el último que pisó Sacco. Ese revés deportivo fue el preludio de los traspiés mucho más serios que lo esperaban y que exhibieron a cielo abierto aquello que durante años había sido un secreto no muy bien guardado.

Uby Sacco fue detenido siete veces después de su retiro del boxeo profesional.

Uby Sacco fue detenido siete veces después de su retiro del boxeo profesional.

El 9 de agosto de 1986 fue detenido en el pub Strauss de Mar del Plata, ubicado en la zona de Torreón del Monje, en un operativo en el que se secuestraron 30 gramos de cocaína y dos armas de fuego. Los responsables del procedimiento también detectaron que el boxeador estaba utilizando un Renault 18 que había sido robado en Buenos Aires y cuya cédula verde había sido adulterada.

A ese arresto le siguieron otros tres (dos por tenencia de estupefacientes y uno por golpear a un mozo en un bar) que derivaron en una condena unificada a tres años y cuatro meses de prisión en febrero de 1992. En esos días, Sacco reconoció que había comenzado a consumir drogas a los 14 años y que su debacle se había producido a los 24, cuando había descubierto la cocaína. Ese tobogán indomable, que constituyó el principal insumo de las crónicas futuras, lo llevó a la muerte como consecuencia de una meningitis en mayo de 1997, cuando solo tenía 41 años.


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