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Tareck El Aissami, el criminólogo al frente de la devastada PDVSA en Venezuela

Tareck El Aissami no es un político mediático como Diosdado Cabello o el propio Nicolás Maduro pero es el “duro” del equipo y su principal palanca con los grupos extranjeros que sostienen al régimen chavista en el poder, en Venezuela. Y comparte con ellos la galería de los más buscados por la justicia de los EE.UU. que ofrece 10 millones de recompensa por su captura.

El Departamento de Justicia y la Oficina de Activos del Tesoro (OFAC) de los Estados Unidos lo busca por presunto lavado de dinero, narcotráfico y terrorismo. La Unión Europea también lo tiene en su lista de sancionados.

Las acusaciones han sido desmentidas a través de los medios oficialistas. El “árabe” como lo apodan sus compañeros izquierdistas es un superministro que ha ocupado los más importantes cargos de gobierno en los 22 años que lleva el chavismo en el poder. Es el actual ministro de Petróleo, presidente de PDVSA, también vicepresidente en el área económica, y titular de Industria y Comercio.

Nicolás Maduro y Tareck El Aissami. Foto: dpa

Nicolás Maduro y Tareck El Aissami. Foto: dpa

Hace dos semanas prometió que iba a incrementar la producción petrolera de 500 mil a 1,5 millón de barriles diarios este año pero no ha explicado cómo y con qué recursos lo hará si la infraestructura de la industria petrolera está por el suelo y las cinco refinerías del país han colapsado y no producen ni una gota de gasolina ni diésel.

Desde hace dos años los venezolanos enfrentan escasez de combustible, lo que ha paralizado la economía. La importación de Irán, pagada en oro, no alcanza para el consumo interno de dos meses. Antes de Chávez, el país producía 3,3 millones de barriles diarios de crudo y refinaba 1,3 millones de barriles diarios de combustible.

Rusos, iraníes y chinos

El actual ministro de Petróleo le ha abierto las puertas de la industria estatal a los rusos, iraníes y chinos para que aumenten la explotación de los yacimientos petrolíferos pero los intentos han sido en vano pues no han podido reflotar la producción a los niveles pasados. “Han fracasado”, dice a Clarín el analista José Toro Hardy.

Nicolás Maduro, acompañado de Tareck El Aissami y la primera dama Cilia Flores. Foto: EFE

Nicolás Maduro, acompañado de Tareck El Aissami y la primera dama Cilia Flores. Foto: EFE

El Aissami es un abogado criminólogo graduado con honores en la Universidad de Los Andes (ULA) de 46 años, ahora puesto a dirigir la industria petrolera. Nació en el Vigía, estado Mérida, donde creció en el seno de una familia humilde de inmigrantes procedentes de Siria y Líbano que hoy día vive en una lujosa mansión.

Es el segundo de cinco hermanos. Su padre Carlos Zaidan El Aissami, migrante sirio fue jefe de la sección venezolana del partido político Baaz Árabe Socialista de Irak, el mismo de Saddam Hussein. Su tío Shibli El Aissami fue funcionario del régimen de Hussein.

Su vertiginosa carrera la inició de la mano de su mentor Adán Chávez, hermano del ex presidente Hugo Chávez. Desde su juventud militó en la izquierda del MVR (partido chavista) que se fusionó con el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

Tareck El Aissami, en una imagen de 2017, en Caracas. Foto: AFP

Tareck El Aissami, en una imagen de 2017, en Caracas. Foto: AFP

Sus contactos con la familia de Chávez le permitieron escalar y hacer carrera en la nomenclatura oficialista que comenzó con la asignación de Misión Identidad y continuó después con la jefatura de Seguridad Ciudadana, Ministro del Interior y Justicia, diputado de la Asamblea Nacional, vicepresidente de la República y gobernador de Aragua, un estado central de Venezuela.

La violencia

Su paso por los anteriores cargos coincide con la subida de los índices de violencia y represión. Por ejemplo, los casos sobrepasaron los 20.000 homicidios al año cuando fue Ministro de Interior y Justicia (2008-2012). Y cuando fue gobernador de Aragua creció la temida banda criminal de “el Tren de Aragua” y se registró la más alta cifra de muertes violentas de 142 asesinatos por cada 100.000 habitantes en el 2016 en la región.

Es parco y habla poco. No es elocuente ni hace alardes de su poderío, más bien actúa con bajo perfil para no estar en la mira de la prensa. Sus discursos televisados son breves y redactados con antelación. Lo suyo es organizar y ejecutar tras bastidores para no dejar rastros de su intervención.

Tarek El Aissami durante un encuentro con acreedores de Europa, Estados Unidos y otras partes en Caracas. Foto: EFE

Tarek El Aissami durante un encuentro con acreedores de Europa, Estados Unidos y otras partes en Caracas. Foto: EFE

“Es un conspirador astuto y discreto, socarrón, un hombre taimado, un negociador que triangula y monta operaciones con recursos y fondos públicos. También conformador de alianzas con grupos de izquierda bien sean radicales e islámicos casos de Irán, Hezbollah o Etarra, o mafias rusas, iraníes, cubanas, con el propósito final de garantizar la perpetuación en el poder”, opina un profesor que lo conoce desde su época de dirigente estudiantil en la ULA y que prefirió guardar el anonimato por temor a las represalias.

En diálogo con Clarín el analista Joseph Humire, director del Centro de Estudios para una Sociedad Libre y Segura, afirma que Tareck El Aissami ha infiltrado en Venezuela al grupo terrorista de Hezbollah del Líbano y a la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) de Irán que se dedican a actividades ilícitas como el narcotráfico y venta de armas.

Según Humire, el superministro es peligroso porque estaría vinculado a “una red terrorista criminal conformada por más de 40 empresas en toda América Latina para enviar dinero ilícito a Medio Oriente. Esta red estaría gestionada por su hermano, Feras El Aissami”.

Tareck El Aissami. Foto: AFP

Tareck El Aissami. Foto: AFP

Iván Simonovis, Comisionado para la Seguridad del gobierno interino proclamado por Juan Guaidó en Venezuela, señala que Tareck El Aissami es un ciudadano sirio-venezolano “con profundos vínculos con Hezbollah, que garantiza que el dinero que financia a todos los activistas criminales relacionados con esta mafia, continúe fluyendo”.

“​Puedo garantizar con toda seguridad que Venezuela es hoy en día la empresa de lavado de dinero más grande del mundo”, dijo.

La comunidad árabe e islámica es ahora una de las más prósperas del país. Ha alcanzado niveles de riqueza nunca antes vista, al calor de la revolución chavista.

Caracas, especial

ap​


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