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secretos de un campus universitario en EE.UU.

En el lado inclinado de un cementerio ubicado en el campus de la Universidad de Clemson, en Estados Unidos, decenas de pequeñas banderas blancas con cintas color rosa han sustituido las latas de cerveza que tiempo atrás había tiradas sobre una colina donde hacían picnics los aficionados al fútbol americano, con sus autos, fuera del Memorial Stadium, en esa ciudad de Carolina del Sur.

Las banderas son un agregado reciente, que señala los lugares de descanso final de los trabajadores afroamericanos esclavizados y condenados que construyeron la escuela, y antes de eso, la plantación en la que ésta se encuentra.

Entre las lápidas existentes hay cientos de banderas más, pero, hasta hace poco, la mayoría de los visitantes pasaba por encima de restos mortuorios sin saberlo.

Durante casi un siglo “Cemetery Hill” (la colina del cementerio) ha sido lugar de descanso final para algunos profesores y administradores de Clemson. Ahora, un grupo de investigadores logró individualizar más de 600 tumbas afroamericanas originalmente sin identificar ni delimitar, algunas debajo de tumbas construidas para los blancos, que se remontan a principios del siglo XIX.

Una imagen del Cementario de la Universidad de Clemson, donde permanecieron ocultas durante décadas las tumbas de ex esclavos. Foto: AP

Una imagen del Cementario de la Universidad de Clemson, donde permanecieron ocultas durante décadas las tumbas de ex esclavos. Foto: AP

El descubrimiento ha llevado a la Universidad de Clemson a reconsiderar la función del cementerio de Woodland en el campus, en medio del reconocimiento nacional por parte de las universidades por admitir su herencia de esclavitud y trabajo forzado.

Recuperar la identidad de los esclavos

Rhondda Thomas, profesora de literatura afroestadounidense de Clemson, dirige un equipo que trabaja para restablecer la identidad de los muertos de ese “espacio sagrado” y conmemorar “a aquellos que han sido tan deshonrados e injuriados a lo largo del tiempo”, dice.

“Como universidad tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros estudiantes y a nuestra comunidad universitaria a aceptar una historia compleja, dolorosa y conflictiva, y tenemos que empezar por la propia”, afirmó Thomas en una entrevista.

La plantación Fort Hill fue establecida por John C. Calhoun en 1825, el mismo año en que se convirtiera en el séptimo vicepresidente de la nación.

Calhoun fue más tarde senador de EE. UU. y defendió celosamente la esclavitud antes de la Guerra Civil. En 1888 su familia legó la plantación al estado de Carolina del Sur, lo que condujo a la creación de la universidad.

Círculos blancos y señales rosas muestran dónde están las tumbas hasta ahora ocultas en una colina de la Universidad de Clemson, en Estados Unidos. Foto: AP

Círculos blancos y señales rosas muestran dónde están las tumbas hasta ahora ocultas en una colina de la Universidad de Clemson, en Estados Unidos. Foto: AP

El estado construyó entonces el campus utilizando trabajadores presos, muchos de ellos arrestados por cargos menores para obligarlos a trabajar sin pago.

Rhondda Thomas ha dedicado gran parte de su gestión a documentar experiencias de afroamericanos en la historia de la universidad a través de un proyecto conocido como “Call My Name” (Llámenme por mi nombre).

En relación con eso, un recorrido diseñado por ella comprende una zona vallada donde la universidad reubicó algunas decenas de tumbas afroamericanas en la década de 1960.

“La narración durante el trayecto cuenta la historia de la deuda de Clemson con el trabajo negro para su existencia”, explica Rhondda. “Pensé que era muy importante para el público y para la comunidad del campus poder acceder a esa historia”.

Tumbas sin nombre bajo la Universidad

Archivos del campus y documentos judiciales demuestran que el centro de estudios conoce desde hace décadas algunas de las tumbas sin marcar que se encuentran debajo de la cima de la colina donde los Calhoun enterraron a su primer miembro familiar en 1837.

Un comité de la universidad recomendó honrarlos con un indicador permanente en 1946, pero no se colocó ninguno. En 1960, un juez permitió que la institución desenterrase algunos de los restos para facilitar el “desarrollo ordenado y adecuado del campus”.

Un documento de planificación de 2003 señala que en algunas partes del sitio podría haber parcelas de sepulturas sin indicaciones.

Pero la institución recién empezó a investigar en serio el año pasado, después de que dos estudiantes, molestos por el estado de las tumbas, acudieron a Rhondda Thomas.

Sarah Adams, hoy alumna de último año, cuenta que después de realizar uno de los recorridos por el campus creados por Thomas, se sintió molesta por la marcada disparidad entre las tumbas pulcramente mantenidas de los profesores y administradores y el estado descuidado de las parcelas afroamericanas.

Thomas puso en contacto a Sarah Adams y a otro estudiante preocupado por la cuestión, Morgan Molosso, con el personal del cementerio y el historiador de la Universidad, Paul Anderson, lo que impulsó el trabajo de limpiar y honrar el lugar.

A fin de buscar tumbas con un radar de penetración terrestre consiguieron financiación de la oficina del rector. Para enero de 2021, tres rondas de búsqueda aumentaron a 667 el número hallado.

“No queremos ocultar nada”, asegura el profesor Anderson. “Divulgamos la verdad.”

Los documentos publicados en línea por la universidad muestran que, tras la muerte del ex vicepresidente Calhoun en 1850, el censo de Estados Unidos registró 50 esclavos en la plantación. Inventariados como propiedad cuando el hijo de Calhoun compró Fort Hill cuatro años más tarde, abarcaban desde una mujer centenaria llamada Phebe hasta numerosos niños menores de dos años. Unos doce años después, cerca del final de la Guerra Civil, vivían en la plantación 139 personas esclavizadas.

Las piedras del terreno y los documentos de archivo ya habían proporcionado cierta indicación sobre cuántas personas podían estar enterradas, pero ver los cientos de banderas intercaladas entre las tumbas de los empleados de Clemson dejó a Rhondda Thomas sin palabras al enfrentarse a la prueba del cementerio profanado a lo largo del tiempo.

Ahora, para recorrer el lugar hay que sortear con cautela decenas de círculos blancos pintados con aerosol en el suelo.

Un cartel en la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur. Foto: AP

Un cartel en la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur. Foto: AP

En algunos sitios, las tumbas han sido pavimentadas para crear pasarelas. En otros, están agrupadas muchas banderas unas alrededor de otras, posiblemente marcando lugares donde familias extendidas enterraron a sus muertos durante generaciones, de acuerdo con los investigadores.

¿Fútbol sobre los restos? 

No hay forma de saber si los partidos de fútbol americano de Clemson se juegan sobre restos de esclavos. La construcción del estadio habría destruido cualquier tumba, afirma la guía de la visita La’Neice Littleton, becaria de posgrado. Pero los círculos blancos se extienden hasta unos pasos de la pared del estadio.

El descubrimiento inicial de 215 tumbas sin señalar el último verano nórdico, en medio del movimiento Black Lives Matter, llevó a que algunos estudiantes y profesores pidieran cambios más amplios en la forma en que la universidad trata a la colectividad estudiantil negra y a las comunidades afroamericanas que la rodean.

Clemson es la segunda universidad más grande de Carolina del Sur, pero sólo el 6% de sus estudiantes es de etnia negra, en un estado donde alrededor del 27% de los residentes lo son.

Rhondda Thomas ha sugerido que la reparación podría darse en forma de becas de matrícula para los descendientes de personas enterradas en el cementerio, algo similar a un programa que emprendió la Universidad de Georgetown en 2019.

Algunos profesores ya están incorporando a sus clases la incómoda historia del cementerio. Los guías del departamento de admisiones la incluyen en las visitas al campus.

Thomas dijo que también ha reunido un consejo de integrantes de la comunidad circundante para ayudar a materializar un monumento a los hombres, mujeres y niños cuyos trabajos forzados hicieron de Clemson lo que es hoy.

Fuente: The Associated Press

Traducción: Román García Azcárate

CB​


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