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Romina Peluffo y el volantazo que la llevó a su mejor momento

La de Romina Peluffo no es una trayectoria habitual. A los 38 años comenzó a estudiar música, a los 41 sacó su primer disco, y un año después tuvo su primer rol protagónico en una película. A fines de 2020 lanzó su segundo álbum, Piel Fina, que sobre los firmes cimientos de su primer trabajo expande su universo sonoro, con una paleta musical más amplia tanto en letras como en ritmos y melodías.

Al igual que su debut, Obsesa (de 2018), es de los discos más recomendables y reescuchables de su año de lanzamiento, y la confirmación de que Peluffo, pese a un ingreso “tardío” en el panorama musical uruguayo, es uno de los nombres a seguir. Lo mismo pasa con su faceta como actriz, luego de su labor en Alelí, la película de Leticia Jorge que se puede ver en Netflix, y en la que encarna a la más joven de un trío de hermanos que junto a su madre resuelven poner a la venta la casa de balneario de la familia, un personaje que entrega algunos de los momentos más graciosos, y también algunos de los más serios de esta comedia.

A Peluffo le encanta tener una carrera que empezó más adelante en la vida de lo que suele ser el común denominador. La música y la actuación, dice, le hicieron sentir que había un lugar al que pertenecía. Que tenía un propósito, una misión. Dice, también, que la hicieron sentir que todo era posible.

“Uno a veces está muy limitado por las propias decisiones, por las ideas que tenemos sobre nosotros mismos: estudiaste una carrera, dedicaste cierta cantidad de años a un trabajo, hiciste cierta evolución, entonces todo te indica que tenés que seguir por ahí, porque es lo que dice la lógica. Y ser capaz de pegar un volantazo, cambiar completamente y que haya un camino me hace sentir que en otro momento puedo volver a girar y también va a haber un camino, si es eso lo que tengo que hacer”, dice la cantautora, actriz y escritora.

El estreno oficial de Piel Fina será el 13 de marzo en La Trastienda

Sobre ese cambio, el rol de  la música y la actuación en su vida, y sobre Piel Fina, que el próximo 13 de marzo presentará en La Trastienda, gira esta conversación con Peluffo, que en tres años se despachó con tres trabajos impresionantes en sus dos facetas, y en particular con este nuevo disco, que muestra a una artista más segura y con la capacidad de crear canciones memorables, de esas que siguen galopando en la cabeza mucho tiempo después de la primera escucha. 

Sacaste tu primer disco, Obsesa, fue bien recibido, y empezaste tu carrera musical. ¿Sentiste algo así como que después de eso ya no podías parar y tenías que sacar otro?

Fue algo así (risas). Obsesa llevó bastante tiempo porque fue un proceso. No fue de entrada decir “hagamos un disco”, sino que empezó como un juego con algunas canciones, grabadas de forma muy casera. Había empezado a estudiar guitarra y hacía ejercicios que terminaban en canciones, o empecé a ponerle música a textos viejos, y se las mostré a Laura Gutman (música y compositora, líder de Laura y los Branigan y exintegrante de Buenos Muchachos), y después a Santiago Peralta (músico y productor, exguitarrista de Eté & los Problems) que es el productor del disco, y empezó como un juego, de hacer dos o tres temas a ver qué hacíamos con eso. Después dijimos de seguir y hacer un disco, que llevó mucho tiempo, y después que ya estaba terminado pasó casi un año entero hasta que salió, por diferentes razones. Fue un proceso muy largo, entonces para cuando lo terminamos yo ya quería grabar otro. Tenía un montón de canciones y quería hacer otro disco. Y fueron ellos los que un poco me pusieron el freno, me obligaron a parar la ansiedad, a tocar el primero, mostrar esas canciones, y a trabajar en las nuevas canciones que tenía.

Eso fue a principios de 2019, ya tenía veinte canciones. Entonces el 2019 me lo pasé trabajando esas canciones. Algunas las defendía, quería que estuvieran si o si y las trabajé más, otras las abandoné. Cuando las escribís las querés a todas, pero a veces después te das cuenta que algunas no pasan el filtro. Está bueno escribirlas igual, pero a veces no es su momento. A la vez de eso estábamos tocando el Obsesa en vivo y conociéndonos como banda. A principios de 2020 fui de vuelta, con más o menos la misma cantidad de canciones, algunas eran las mismas, otras eran nuevas, y decidimos que íbamos a grabar. Creo que nunca hubo duda de que íbamos a hacer un segundo disco, porque habiendo material, más allá de que hubiera que trabajarlo, y después de esa existencia tan linda que fue hacer Obsesa, estaba medio dado. Pero pasó ese tiempo en el medio, y en febrero de 2020 empezamos la preproducción. Y con la pandemia todo se precipitó, el proceso fue mucho más rápido. Obsesa llevó como tres años y pico, y este se hizo en un año, aunque había trabajo previo. 

¿Qué momento tuyo refleja Piel fina?

Obsesa fue muy catártico, giraba en torno a un mismo tema, que era el desamor. Venía de una ruptura amorosa y eso a veces te obsesiona un poco, y casi todas las canciones de ese disco versaban sobre eso. En este caso ya de por sí la temática es otra, y también el trabajo es otro, son menos lineales la forma y el contenido, no es todo tan igual. Igual hay canciones que están en este disco que las había escrito en la época de las de Obsesa. Pero a veces las canciones saben cosas que nosotros no sabemos, las saben antes, y a veces escuchás una canción tiempo después y te das cuenta que ese es su momento. Me pasó con Todo el tiempo, con Didn’t see it coming, que existía y no había querido grabar canciones en inglés para el primer disco, porque me daba pudor. Ahora si estaba más atrevida para presentar otra faceta también, porque también escribo en inglés, es algo que me sale naturalmente porque lo hablo desde muy pequeña y es un idioma muy amigo de la música y del rock, entonces ¿por qué limitarme? Pero recién ahora me animo a mostrarlo. Todo esto va a que hay canciones que son de aquella época pero entraron ahora, y otras que si son de este período. Pero no solo en las letras, sino también en el trabajo que hay entre las letras y el sonido, refleja otro momento si.

¿Hubo también una intención de explorar otros sonidos?

Fue inevitable, porque ya teníamos la experiencia del otro disco. No éramos los mismos y teníamos ese bagaje, entonces aprendés. Creo que era natural que fuera más elaborado, o un poquito más complejo. Dar un pasito más. Incluso en lo vocal, que en Obsesa es todo muy parejo, siempre canto en el mismo lugar. Yo no sabía ni cantar, era lo que me salía. Y ahora jugamos más con otros registros, otras dinámicas, y las canciones también en lo musical tienen otras dinámicas. Si, está buscado, fue algo natural, porque la otra vez iba más a tientas, aprendiendo en el camino. 

Me da la impresión de que Obsesa es un disco de canciones sobre cuestiones que surgen de adentro tuyo, y que sacás para afuera, mientras Piel fina, ya desde el nombre, tiene algo de las cosas de afuera que te afectan y cómo reaccionás a eso. ¿Lo ves así?

El juego con el título es parecido al que hice con el otro, que es algo que veo como un espejo oscuro, en el sentido de que ser obsesiva es algo que considero un defecto, porque es algo exacerbado, que no es sano. Está bueno ser detallista pero ya obsesivo no. Y creo que yo era así, pero a la vez era como si al decirlo lo pudiera dejar atrás, superarlo. Y con la piel fina también, creo que yo era una persona con la piel fina, y que me lastimaba mucho todo, algo que hasta cierto punto es bueno, sentir, ser sensible. Pero si es demasiado, también te impide andar, andás como una llaga viva por la vida y eso no se puede. Entonces, también fue como si al decirlo fuera una forma de dejarlo atrás, y creo que tengo la piel muchísimo más dura que antes. Pero si, puede hacer que haya algo de eso. Seguro que Obsesa es algo muy de las entrañas, muy catártico, creo que me pasó que como yo no sabía que estaba haciendo canciones que iban a salir un día en la radio, o que las iba a escuchar la gente, me animé a decir cosas muy de diario íntimo, pero en un buen sentido. De poner toda la carne en el asador sin mucho pudor, que me parece que estuvo bueno. Porque también fue un ejercicio de honestidad absoluta y que recibió buenas respuestas, hubo muchas personas que se sintieron identificadas con el mensaje. Y ahora traté de mantener un poco el espíritu, no estar pensando o cuidando lo que decía o no decía, pero (capaz está mal que lo diga yo) creo que es un poco más maduro el abordaje, en el sentido de no estar tan en llaga viva con las cosas sino también encarándolas desde un lugar menos dramático. 

¿Tenés algún método para componer o es todo más dejado al azar?

No tengo método, porque como todo además surgió de esa manera que decía, con ejercicios de guitarra que se transformaban en canciones, o textos viejos que escribía como poesía entonces ya tenían incorporada cierta musicalidad, métrica y rima, al ponerle acordes se convertían de una forma relativamente fácil en canciones. Pero me ha pasado todo tipo de combinaciones: empezar por la música, empezar por la letra, empezar por una melodía vocal a la que después le pongo música y después aparece la letra. En general lo que me ha pasado hasta ahora es que la letra es algo que me anda dando vueltas desde hace tiempo. Entonces lo que hace es que cuaja una cosa con la otra. Pero no me ha pasado de decir “me quiero sentar a hablar sobre este tema” y forzarme. Siempre es algo que me perseguía y termina de encontrar su forma en una melodía que también me estaba persiguiendo. Te persiguen estas cosas (risas), es como que las tenés que sacar para poder seguir. 

Cantautora y actriz, Peluffo se ha convertido en uno de los nombres a seguir de la música uruguaya

¿Pensás en el hecho de que empezaste tu carrera musical “de grande”? ¿Es algo que tenés en cuenta?

Me encanta. Lo pienso, porque es algo peculiar en cierto sentido. Siempre seguí buscando, si apareció esto a los 38 años y a los 41 saqué el primer disco no fue casualidad, porque yo seguía buscando. No me había encontrado todavía, no había sentido que había encontrado el lugar al que pertenecía y donde me podía realmente expresar y sentir que esto era realmente lo que había venido a hacer. También pongo la actuación ahí, que es la otra faceta que también es parte de mi vida y también me da muchísimo. Con la música es distinto porque es como que no existía y de repente apareció. La actuación ya estaba, hacía cosas desde hace años pero siempre muy tímidamente, pequeños roles y cositas que venían a mí, no las salía a buscar. Y en la misma época más o menos en la que empecé con la música salí a buscar aquello con mucho más intención. Quiero decir que no es algo que ocurrió de la nada, es el resultado de una búsqueda mía, de una perseverancia, de no querer quedarme. Y me encanta. Es un alivio también, porque pienso “esto es lo que hago ahora” pero me abrió la idea de que todo es posible, de que capaz mañana es otra cosa. Y puede suceder.

¿Cómo fue ese proceso de empezar a probar con la música?

Cuando empecé a estudiar hice Comunicación, con la intención de hacer periodismo, porque mi pasión era escribir, y lo que yo quería y me gustaba era escribir. Yo escribía poesías, viéndolo desde ahora me doy cuenta que la música ya estaba ahí. A los 7 años pedí que me anotaran en la escuela de música para estudiar piano, y terminé estudiando flauta porque era lo que se podía, pero tenía la música en la cabeza. Me había quedado para atrás. Y después tomás decisiones, empezás a rumbearte y te parece que hay cosas que van quedando atrás, y ya no las podés hacer. Entonces no lo vivía como un sueño frustrado, pero cuando veía a gente haciendo música sentía que me gustaría hacer eso. “No me tocó, no es para mí”, decía, y seguía. Y una vez, me separé de una relación muy larga, que me dejó en un lugar de esos que quedás muy perdido porque te cuestionás un poco todo, y aproveché como para hacer una especie de borrón y cuenta nueva. Me anoté a un taller de literatura, porque seguía pensando que lo mío era la escritura, y estuve un año entero. Me gustaba, pero todo lo que hacía sentía que iba chapoteando, y que no encontraba un lugar donde nadar, y sentirme pez en el agua. Y el día que dije “no soy escritora, no sé por qué me impuse esto” fue muy liberador. Fue a finales de 2014, y me abrió a mi misma esa idea de que todo era posible. Y me fui a comprar una guitarra. Porque tenía esa espinita desde que era chica de que había querido hacer música, y con total ingenuidad e inconsciencia, sin pensar “voy a empezar una carrera musical” ni mucho menos, en 2015 arranqué. Y se dio todo. Se ve que era lo que tenía que tenía que hacer en ese momento. Tenía tiempo y espacio para ensayar, practicar, tenía paciencia, y todo aquello adentro para decir.

Luego de años en papeles menores, Peluffo debutó como actriz protagónica en Alelí, la película de Leticia Jorge

¿Y con la actuación?

Fue medio en paralelo, en un momento me dije que no quería tener que seguir esperando que las cosas vinieran a mí, y salir a buscarlas yo. Trabajaba en audiovisual desde siempre, y conocía gente, entonces fui, me anoté en una agencia y empecé a hacer castings, y me moría de vergüenza, además de estar del otro lado, pero si te gusta el durazno, bancate la pelusa. Y durante un montón de tiempo no pasó nada, pero después salió la película Alelí, que se estrenó en 2020, y Leticia Jorge, la directora y guionista junto a Ana Guevara son amigas de hace mucho tiempo, trabajamos juntas, yo hice un corto con ellas en el que tenía un personaje muy chiquito, y ellas quedaron contentas con eso, y reescribieron la película para agregar a este personaje, Silvana Mazzotti, que no estaba en la versión original y fue un lujo para mí. Entonces tuve ahí una experiencia bastante privilegiada de ir a hacer un primer personaje para una película con amigas y hecho a medida, y estuvo de más. Se dio todo medio junto, la película, el disco.

¿Qué es hoy la música para vos?

Es una de las cosas más importantes de mi vida. Para mí lo que hago y lo que soy es medio parecido. Siempre supe que quería hacer algo que fuera una pasión para mí, una vocación. No me imaginaba teniendo un trabajo y después un hobby. Siempre tuve claro eso. Por eso capaz me llevó tanto tiempo también encontrarlo, y seguía buscando, porque había cosas que decía, “esto está bien, pero…”. Y siento que cuando llegué, me di cuenta que era lo que buscaba. Con la actuación también, esa sensación de estar en lugar correcto. Tengo una especie de sentido de misión, que no tiene nada que ver con lo religioso, ni nada parecido, pero como que está buenísimo sentir que hay un propósito. Yo siento que esto lo hago, me sale, me gusta, parecería que le llega a otros, y me hace levantar por las mañanas, que todo tiene sentido. Sobre todo por lo que comunica a las personas. Porque más allá de cualquier clase de éxito que puedas tener, lo importante es cuando la gente te dice “gracias, me sentí así”, o “lloré con esta canción”, “parece que la escribiste para mí”. Me han dicho cosas de esas, que decís “que lindo”, porque vos también lo has vivido desde el otro lado. Es la sensación de sentirte menos solo. 




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