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Rodrigo De Paul, el abanderado de un mediocampo de lujo que fue el motor del juego de la Selección

Cuando se decía que Lionel Scaloni estaba trabajando para armar un equipo que no dependiera tanto de Lionel Messi parecía una utopía. Sin embargo, ya es una realidad. Y mucho tienen que ver los tres hombres del mediocampo, los escoltas del crack argentino.

Con Rodrigo De Paul como abanderado, ese triángulo que forman el ex Racing, Leandro Paredes y Giovani Lo Celso es esencial para el conjunto de Scaloni. Tienen buen control y pase de pelota, recuperación, son iniciadores de juego, llegan al área rival y hasta convierten.

De Paul fue la figura de ese mediocampo (y de la cancha). Por su despliegue, sus pases, su gol y su asistencia. Por todo eso, el futbolista del Atlético de Madrid es un jugador cada vez más completo. 

Rodrigo De Paul celebra su gol. Foto: EFE

Rodrigo De Paul celebra su gol. Foto: EFE

De Paul es un gran pasador. Tal vez, sea su principal virtud. Ya lo había demostrado en la Copa América, sobre todo en la final con Brasil cuando desde atrás de la mitad de la cancha le metió un pase largo a Di María, quien convirtió el gol con el Argentina fue campeón.

Ante Uruguay, el domingo a la noche en el Monumental, hizo gala de su pase en una jugada en la que desde la mitad de la cancha metió una daga que atravesó a la defensa uruguaya para dejar solo a Lo Celso, quien gambeteó a Muslera, enganchó y su remate de zurda dio en el travesaño.

No se quedó solo con eso De Paul. Avanzaba en el campo de juego para merodear el área de Uruguay y cuando vio la oportunidad se metió para definir. Argentina ya ganaba 1-0 con el gol de Messi y el mediocampista de 27 años nacido en Sarandí y criado en el predio Tita Mattiussi de Racing colocó la pelota contra un palo a la altura del punto penal para que Argentina se fuera con dos goles de ventaja al descanso.

De Paul no está solo en el medio, claro. Con Paredes arma una gran sociedad. Rodrigo le da una mano a Leandro en la recuperación y el ex Boca, cada vez que sale, con su pase preciso y prolijo, levanta la cabeza para buscar a su socio. Juntos, equilibran el mediocampo argentino a partir de la posesión de la pelota y un gran sentido de la ubicación.

La sociedad se acrecienta cuando aparece el tercer elemento del triángulo. Se trata de Lo Celso, quien más allá del gol que no pudo hacer y de otra jugada en la que Muslera le adivinó la intención de su remate, jugó un gran partido.

El ex Rosario Central está cada vez más afianzado en el equipo. Con su talento y su zurda prodigiosa, no solo arma juego, sino que también se sacrifica por momentos para tratar de recuperar la pelota. En el último tiempo, le sumó más agresividad a sus movimientos para darle más fortaleza. Y, de yapa, resulta un socio ideal para Messi. Leo descarga muchas pelotas con él. Hablan el mismo idioma. Como así también Paredes. Y lo mismo De Paul, la figura que estuvo a la par del mejor del mundo en el Monumental.


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