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River y Gallardo no encuentran soluciones contra la pelota parada

Un nuevo torneo y viejos errores. River Plate empezó la Copa de la Liga Profesional con un deja vú de los últimos tiempos. Otra vez sufrió la pelota parada. Y se fue derrotado de La Plata porque Estudiantes le clavó un puñal en el final del partido: un cabezazo de Fabián Noguera en el área lo dejó al equipo de Marcelo Gallardo sin nada. Las dudas volvieron a aparecer.

Cada vez que hay un envío aéreo, River sufre. Como si el esférico que vuela fuera una bomba en vez de una pelota. Pero ya no pasa por una deficiencia individual, por perder un mano a mano por arriba, sino que es algo más profundo. Ni con un marcaje hombre a hombre o mixto (en zona y algunos tomando al hombre) el equipo de Núñez pudo solucionar el problema. Tal vez se trate de una falta de concentración, como alguna vez comentó Gallardo.

Es que muchas veces la pelota fue como un imán para defender. Se miró el balón y se perdió al hombre. La foto de la jugada que termina con el gol de Noguera es elocuente al respecto. Hay ocho jugadores de River para marcar a cuatro de Estudiantes. Y el que cabeceó fue el marcador central del Pincha.

De los ocho jugadores de River, hay uno (Leonardo Ponzio) que quedó fuera de órbita, delante de sus compañeros, por si hay un rebote; otros cuatro (que estaban del punto penal hacia el vértice derecho del área) quedaron fuera de foco al ir la pelota al área.

La estirada de Franco Armani es inútil: gol de Estudiantes. Foto Marcelo Carroll

La estirada de Franco Armani es inútil: gol de Estudiantes. Foto Marcelo Carroll

Entre ellos hay apenas un futbolista de Estudiantes. Otro jugador del Pincha llega por el medio y dos más por afuera. Uno fue David Ayala, que llegó solo y al otro, Noguera, quien terminó haciendo el gol, lo marcaba Girotti, de muy buena altura (1,91 metros), pero sin el hábito aún para marcar en defensa. Mientras tanto, Javier Pinola se resbaló y terminó en el piso.

Esa imagen ratificó dos cuestiones elementales: que la superioridad numérica no siempre alcanza para si no se defiende bien y que la pelota parada muchas veces es cuestión de actitud y de concentración para defenderla. Y eso que ya estaba avisado el equipo de Gallardo en el partido: Noguera había cabeceado otras dos veces antes.

Las falencias de River en la pelota parada no son nuevas. De hecho, también la sufrió el miércoles pasado contra Defensores de Pronunciamiento en el debut de la Copa Argentina. Los cuatro goles a un rival de dos categorías menores tal vez la disimularon, pero lo cierto es que el equipo de Entre Ríos le convirtió cuando el partido estaba 1-0 a favor del conjunto de Núñez. Había sido también una pelota cruzada como la que ejecutó Mauro Díaz en La Plata. Pinola quedó enganchado y el asistente Duilio Montello levantó la bandera y anuló mal el gol.

River ya venía sufriendo la pelota parada. El año pasado Liga de Quito, Unión, Atlético Tucumán, San Pablo y Banfield le convirtieron por arriba. Si se contabiliza que el equipo de Gallardo jugó alrededor de 30 partidos, parecen pocos esos goles pero igual lo lastimaron mucho. Contra los tucumanos (dirigidos en ese entonces por Ricardo Zielinski) ese gol recibido por pelota parada significó un 1-1 que dejó a River sin Superliga.

Gallardo mira con preocupación. La pelota parada es un problema al que no le encuentra solución. Foto Marcelo Carroll

Gallardo mira con preocupación. La pelota parada es un problema al que no le encuentra solución. Foto Marcelo Carroll

Volviendo al presente, la defensa sigue sin dar garantías. Ni antes con dos marcadores centrales ni ahora con tres. Ni Paulo Díaz, ni Robert Rojas ni Javier Pinola están en buen nivel a la hora de la marca. Aunque también se ven perjudicados por una cuestión de postura en la estrategia de River. Siguen jugando a campo abierto y quedan desprotegidos. Tanto el chileno como el paraguayo no parecen acostumbrarse al sistema del Muñeco. Y Pinola ya no es el mismo de antes en el uno contra uno.

A Franco Armani también se lo puso en el ojo de la tormenta por no salir a intentar cortar el centro. Pero no es novedad que en ese tipo de pelotas el arquero de River prefiere quedarse bajo los tres palos. Confía más en su potencia de piernas y en sus reflejos. Y mal no le ha ido con su estilo, al margen de haber sufrido en varias pelotas aéreas.

River padece. Como sucedió al comienzo de la Copa Diego Maradona, en este arranque de un nuevo torneo, otra vez la pelota parada aparece como la principal falencia. Como sucedió en otros momentos del ciclo Gallardo. Aunque esta vez parece un poco más profundo.


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