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Rafael Nadal volvió a mostrar por qué todavía es el rey indiscutido del polvo de ladrillo

El Masters 1000 de Montecarlo, la primera gran cita de polvo de ladrillo del año que se disputó la semana pasada, había dejado un algo escenario incierto para Rafael Nadal en la gira europea de esa superficie. Su eliminación en cuartos de final ante el ruso Andrey Rublev y la posterior consagración de Stefanos Tsitsipas, una de las grandes estrellas de la nueva generación, despertaron algunas dudas sobre si el mallorquín podría extender en esta temporada su legendario reinado en las canchas lentas europeas. Pero en Barcelona, Rafa puso las cosas en su lugar.

Este domingo, le ganó un partidazo de casi cuatro horas al griego, que llegaba confiado y con su tenis en un altísimo nivel tras conseguir su primer Masters 1000, y, a poco más de un mes para el arranque de Roland Garros, se aseguró regresar al segundo escalón del ranking y dejó en claro que no está dispuesto a entregar su cetro de rey indiscutido del polvo de ladrillo.

A los 35 años, Nadal conquistó su 12° título en este torneo -16 años después de haber levantado el trofeo por primera vez- y sumó el 87° de su carrera, 61 de los cuáles los consiguió en esa superficie anaranjada en la que sus estadísticas asombran.

Nadal levantó en Barcelona el primer título de su temporada. Foto REUTERS/Albert Gea

Nadal levantó en Barcelona el primer título de su temporada. Foto REUTERS/Albert Gea

“Bravo Rafa. ¿Cuántos son ya? ¿28?”, bromeó Tsitsipas en la ceremonia de premiación, exagerando a propósito el número de festejos del mallorquín en Barcelona, donde ganó todas las ediciones que jugó. “¡28 títulos! No está nada mal. Estoy celoso”, cerró el griego, que con ese comentario gracioso dimensionó lo que significa Nadal en polvo de ladrillo. 

Al comparar sus logros con los de sus compañeros de Big 3, su hegemonía en arcilla impresiona aún más. Con el festejo de este domingo, el español llegó a las 452 victorias de su carrera sobre polvo en el ATP Tour (y apenas 41 caídas, para una efectividad de 91,6 por ciento). Esa misma cantidad de triunfos suman Roger Federer y Novak Djokovic… entre los dos.

Además, el 70,1 por ciento de los títulos que ganó el mallorquín (61 de 87) se dieron en este tipo de canchas. En tanto,  el serbio ganó el 18,3 por ciento (15 de 82) y el suizo, apenas el 10,7 (11 de 103).

Y de esos 87 trofeos del palmarés del español, más de la mitad (52 por ciento) los consiguió en cuatro certámenes: trece en Roland Garros, doce en Barcelona, once en Montecarlo y nueve en Roma.

“Es un placer estar aquí una vez más con casi 35 años. Diez años atrás, no me hubiera podido imaginar esto. Este título significa muchísimo más para mí”, comentó Nadal, que celebró su conquista casi con la misma euforia con la que había festejado aquella primera victoria en 2005.

Tal vez por lo mucho que lo exigió Tsitsipas en la final, en la que arrancó quiebre abajo en los dos primeros parciales y hasta tuvo que levantar un match point en contra en el tercero. Rafa tuvo que sacar a relucir toda su jerarquía y sus mejores armas para doblegar al griego y superar al rival más peligroso de la actualidad en arcilla.

Pero esa alegría que no pudo ni quiso ocultar el español quizás fue también un gesto de desahogo. Porque tras ese traspié de Montecarlo y algunas dudas que mostró en las primeras rondas de Barcelona, se anotó un triunfo increíble. Así, se volvió a meter -si es que alguna vez había salido- en la lista de máximos favoritos para el resto de la gira de canchas lentas, a la que todavía le quedan tres parada más que importantes.

El próximo domingo se pondrá en marcha el Masters 1000 de Madrid, que ya ganó en cinco oportunidades (una de ellas en cemento); una semana después arrancará el de Roma y el 30 de mayo, la gran cita de polvo de 2021, Roland Garros.

Rafael Nadal y el clásico chapuzón en Conde de Godó. Foto: AFP

Rafael Nadal y el clásico chapuzón en Conde de Godó. Foto: AFP

En el Grand Slam francés, el mallorquín intentará extender su propio record y conquistar su 14° título para agrandar aún más su leyenda. Y la consagración en Barcelona dejó claro que, a pesar del paso de los años, su mentalidad ganadora es la misma de siempre, su físico es capaz que aguantar la prueba más dura y, si de polvo de ladrillo se habla, su tenis sigue colocándolo un escalón por arriba del resto.

En su casa, Nadal confirmó su vigencia y avisó que irá a París por más historia.

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