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Rafa Nadal levantó un match point y le ganó una batalla de casi cuatro horas a Tsitsipas para ser campeón del ATP 500 de Barcelona


Rafael Nadal lo hizo otra vez. Volvió a gritar campeón sobre el polvo de ladrillo del ATP 500 de Barcelona y llegó a las doce consagraciones en ese certamen, una marca histórica. Aunque no la tuvo fácil en la final ante un Stefanos Tsitsipas que lo hizo correr y batallar durante tres horas y 38 minutos de partido. Pero Rafa, número tres del mundo y máximo favorito, fue de menor a mayor y se llevó el triunfo por 6-4, 6-7 (6-8) y 7-5.

Así consiguió el 87° título de su carrera, el 61° en canchas lentas y el primero sobre esa superficie en esta temporada.

Tsitsipas, segundo preclasificado, salió a la cancha con todo. Concentrado y muy confiado con su servicio, encontró los espacios y los tiempos para imponer su juego en el arranque del set inicial. Dominó en los primeros cuatro games ante un Nadal que no le encontraba la vuelta al partido. Y con un quiebre en el tercer game, sacó ventaja bien temprano.

Pero el mallorquín se fue soltando y acomodando en la cancha; y de a poco empezó a mostrar ese tenis con el que se ganó hace ya bastante tiempo el título de Rey del polvo de ladrillo.

Más seguro con su servicio y sólido con su drive, Rafa comenzó a imponer condiciones y en el octavo game sumó un quiebre que cambió la historia del parcial. Porque ese break potenció al español y golpeó al griego, que cedió una vez más su saque dos juegos más tarde y entregó el set.

La historia fue parecida en el tramo inicial del segundo capítulo. Tsitsipas, que la semana pasada conquistó en Montecarlo el primer Masters 1000 de su carrera, fue más que el español en el comienzo y, con buenos ángulos y cambios de direcciones, se adelantó 3-1. Sin embargo, Nadal reaccionó otra vez y niveló el marcador 3-3. Entonces, el juego se hizo mucho más parejo. 

En el décimo juego, el número tres del mundo tuvo dos match points, con su rival sacando 4-5 abajo. Pero el griego jugó muy bien esos dos puntos, salvó su saque y dejó el set 5-5. Y en el siguiente game fue Tsitsipas quien contó con dos chances de break, que no pudo concretar. Así, llegaron al tie break.

Nadal marcó diferencias primero en el desempate y con un miniquiebre se puso 4-2. Pero Tsitsipas empató 4-4 y luego le robó los dos puntos que jugó el mallorquín con su servicio para quedar 5-4 arriba.

El griego tuvo un set point con su saque, con el marcador 6-5 a su favor, que intentó definir con una sorpresiva subida a la red. Pero la reacción de Rafa fue impecable: se estiró, llegó a interceptar el passing de revés cruzado de su rival y se llevó el punto.

Tsitsipas no se relajó, siguió buscando y tuvo su premio, porque pudo cerrar el tie break un par de puntos más tarde -con una doble falta y un error de devolución de su rival de por medio-, llevarse el set y forzar el tercero. 

Con el juego nivelado, no se sacaron ventajas en el inicio del parcial decisivo. Nadal, que suele marcar el ritmo sin problemas en canchas lentas con su potente tenis, vio como el griego lo exigía más que de costumbre y tuvo que construir con más paciencia los puntos. Pero no puso en riesgo su saque y tampoco pudo quebrar el servicio de Tsitsipas, quien se mostró sólido y, con un revés que funcionó muy bien, no le dio chances. El marcador 3-3 al térmico del sexto game reflejaba la paridad en la cancha.

En el tramo final del partido, ninguno quiso arriesgar demasiado y se sucedieron algunos games sin grandes emociones, para llegar al décimo con el número cinco del mundo 5-4 arriba y el español, con la obligación de mantener su servicio para seguir con vida en la final.

Con la victoria al alcance de la mano, Tsitsipas levantó la presión y fue más agresivo. Nadal estuvo irregular. Pasó, por ejemplo, de jugar un puntazo en el 15-15, corriendo toda la cancha y respondiendo con solidez a los ataques del griego para ponerse 30-15, a errar luego un tiro que parecía fácil en la red para regalarle un match point a su adversario.

Igual, con toda su jerarquía y su experiencia -y un juego de defensa impresionante en los momentos clave- salvó esa chance de quiebre y después se llevó un game complicadísimo con una volea de revés que descolocó a Tsitsipas y puso el 5-5 en el parcial.

En el momento de mayor tensión del partido, sin margen de error para ninguno, el español tuvo cuatro oportunidades de quiebre -no consecutivas- en el 11° juego. El griego, que no daba señales de desgaste después de tres horas y media de partido, levantó el primero con dos drops y el segundo con un drive cruzado bien abierto para marcar el deuce. Y un ratito después, salvó también el tercero. Pero no pudo en el cuarto: tiró la pelota muy ancha y Nadal se adelantó 6-5.

Tsitsipas no se rindió ni bajó la intensidad y hasta tuvo un nuevo break point en el siguiente juego. Pero Nadal jugó ese game a lo Nadal, con un primer saque impecable que funcionó como no lo había hecho en todo el partido, y en la primera chance que tuvo, selló la victoria.

Eufórico, festejó el título con ganas, volvió a levantar el trofeo Conde de Godó y dejó en claro que, aunque la NextGen, con Tsitsipas a la cabeza, está ganando cada vez más terreno, la vieja guardia no está aún lista para entregar el mando. Y en polvo de ladrillo, él está decidido a extender su reinado el mayor tiempo posible. 


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