Deportes

pudo ser campeón con Independiente, peleó con Ken Norton e inmortalizó a Spider Rico en “Rocky”

La pelea más vista de la carrera de Pedro Osvaldo Lovell ocurrió en una antigua iglesia convertida en un desvencijado gimnasio en el este de Los Ángeles. Alrededor del cuadrilátero no había espectadores, sino un puñado de extras. Sobre el ensogado, el hombre con el que forcejeó y que lo venció era un ignoto actor que estaba a unos meses de transformarse en una estrella: Sylvester Stallone.

Sin siquiera imaginarlo, ese hombre nacido en Quilmes fue el primero en una larguísima cadena de rivales de Stallone en las ocho películas de la saga de Rocky. Pero no consiguió ese modesto rol de reparto en la película que terminaría alzándose con el Oscar en 1977 por sus antecedentes como actor, sino por su trayectoria como boxeador profesional.

Al igual que la de Rocky, la saga de los Lovell también incluyó varios capítulos vinculados con los guantes. El que inició la tradición familiar fue Santiago Alberto, quien antes de brillar en el cuadrilátero se había desempeñado como mediocampista central en Dock Sud y había trabajado como vendedor de diarios, lavador de papas y estibador portuario.

Tuvo una destacada carrera amateur, que culminó con la medalla de oro en la categoría pesado en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Como profesional, fue campeón argentino y sudamericano, realizó 87 combates, llegó a actuar en el Madison Square Garden y se retiró en 1951, tras ser noqueado por Archie Moore en el Luna Park.

Santiago Alberto Lovell en la portada de la revista El Gráfico en agosto de 1937.

Santiago Alberto Lovell en la portada de la revista El Gráfico en agosto de 1937.

Su hermano Guillermo José, seis años menor, siguió sus pasos y en los Juegos de Berlín 1936 fue en busca de la misma medalla que había logrado Santiago Alberto. Debió conformarse con la de plata tras perder en la final con el alemán Herbert Runge. Como profesional, su trayectoria fue mucho más breve: solo realizó tres combates oficiales. En el último, en enero de 1942, fue noqueado en el Luna Park por el estadounidense Roscoe Toles, a quien su hermano enfrentó tres veces (lo venció dos y empató una).

Los encargados de recoger el testimonio fueron los hijos de Santiago Alberto, quienes comenzaron a practicar el deporte en el gimnasio de su padre en Quilmes. El mayor, su homónimo (quien había llegado a jugar en la Primera de básquet de Boca), también participó en los Juegos Olímpicos: en Tokio 1964, fue noqueado en los cuartos de final por el soviético Vadim Yemelyanov.

Como profesional, tuvo una campaña con altibajos, en la que se destacan dos duelos con Oscar Bonavena en el Luna Park (fue noqueado las dos veces). El último tercio de su carrera lo realizó en Europa, donde fue vencido por cuatro retadores al título mundial pesado: el italiano Lorenzo Zanon, el británico Joe Bugner, el uruguayo Alfredo Evangelista y el belga Jean Pierre Coopman.

Como su padre y su hermano, el vástago menor del campeón olímpico también inició su camino en otra disciplina. En 1965, Pedro Osvaldo Lovell llegó a jugar en la Reserva y a entrenarse con el plantel de Primera de Independiente, que en 1964 había obtenido la primera Copa Libertadores para un club argentino y ese año repetiría el logro.

En ese plantel compartió horas con varias leyendas del Rojo, entre ellas Ricardo Elbio Pavoni, recién llegado de Uruguay. “Pedrito era un tipo bonachón, muy alegre y jovial. Siempre le gustó el boxeo. Estaba dentro del vestuario y se ponía a hacer fintas. Eso, por su forma de ser, nos causaba gracia. Tenía un muy buen físico. Era alto, grandote, pero no se dedicaba de lleno al boxeo”, contó el Chivo en una entrevista publicada en el sitio Izquierdazo.

Opacado en su posición de zaguero por Rubén Marino Navarro y David Acevedo, el menor de los Lovell fue dejado libre en 1966, cuando tenía 20 años. Entonces decidió transformar en su herramienta de vida lo que hasta entonces había sido un pasatiempo: el pugilismo. Pero para ello optó por radicarse en Los Ángeles.

Pedro Lovell en la portada de la revista The Ring.

Pedro Lovell en la portada de la revista The Ring.

Su debut profesional se produjo el 13 de noviembre de 1970, ya con 25 años: noqueó en el primer asalto a Ron Howard en el Civic Auditorium de San José. El mito acerca del poder de sus puños se fue desparramando por California conforme las definiciones categóricas se fueron acumulando: en sus primeras 18 presentaciones, consiguió 16 victorias (14 antes del límite), 1 empate y 1 derrota.

Ese traspié fue el 23 de agosto de 1973, cuando Terry Krueger le propinó un durísimo nocaut que le hizo perder la conciencia durante cuatro minutos. Pero tres meses después Lovell, a quien ya apodaban El Bombardero de Los Ángeles, se tomó revancha y despachó a su rival en el primer round.

Esa buena racha colocó al quilmeño ante la posibilidad más importante de su vida: enfrentar a Ken Norton, el hombre que había saltado a la palestra en marzo de 1973 al derrotar a Muhammad Ali (y fracturarle la mandíbula). Si bien había perdido la revancha y también había sido derrotado por George Foreman en su primer intento de obtener el título mundial, por entonces era el número uno del ranking y se encaminaba a otra chance por la corona planetaria.

Un afiche de la pelea entre Pedro Lovell y Ken Norton en Las Vegas.

Un afiche de la pelea entre Pedro Lovell y Ken Norton en Las Vegas.

“Lovell había tenido solo una derrota en 18 peleas y varios nocauts en su récord. Muchos expertos pensaron que por 100.000 dólares estaba corriendo un gran riesgo al pelear contra él, a pesar de que era favorito 5 a 1”, recordó el futuro campeón mundial en Going the Distance, uno de sus dos libros, publicado en 2000.

El 10 de enero de 1976 en el Convention Center de Las Vegas, el argentino sobrellevó aceptablemente los primeros tres asaltos: caminando constantemente y utilizando su jab mantuvo a distancia a Norton e incluso conectó buenos contragolpes. Pero en el cuarto episodio recibió un durísimo castigo que lo tuvo al borde de la caída.

En el inicio del quinto y a pesar de las heridas y tumefacciones en su rostro, Lovell parecía recuperado y salió a jugarse el resto, pero cuando promediaba el asalto dos duros uppercuts lo conmovieron y un cross de derecha a la mandíbula lo hizo girar sobre su eje y lo dejó de espalda a su rival. Ese movimiento convenció al árbitro Ferd Hernández de que lo mejor era detener la contienda.

“Él doblegó al boxeador, pero de ninguna manera doblegó al hombre. Los espectadores creyeron que yo había perdido el conocimiento por completo y eso no sucedió en ningún momento. Norton me aturdió, pero no me hizo daño. Siempre supe dónde estaba”, argumentó el perdedor tras la contienda.

Esa derrota pudo verse en todo el territorio estadounidense a través de la cadena CBS. Unos meses después, millones de espectadores en todo el mundo lo verían noqueado nuevamente, aunque esta vez por Sylvester Stallone.

Un día antes de la pelea frente a Norton en Las Vegas, había comenzado en Filadelfia el rodaje de una película cuyo guión había sido escrito por Stallone en tres días y medio y vendido a los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff con una condición: que el papel principal fuera interpretado por ese buscavida que hasta entonces solo había tenido un rol protagónico en la intrascendente The Lords of Flatbush (1974).

Pedro Lovell, en la lona durante la primera escena de Rocky.

Pedro Lovell, en la lona durante la primera escena de Rocky.

Durante el casting, Lovell había sido elegido para interpretar a Spider Rico, un mañoso boxeador de clubes con quien Rocky Balboa se enfrenta en la primera escena de la película que recaudaría 117 millones de dólares en Estados Unidos (225 millones en todo el mundo), sería nominada en 10 categorías en los Oscar de 1977 y obtendría tres premios: Mejor Director (John Avildsen), Mejor Montaje y Mejor Película (superando a Taxi Driver y Todos los hombres del presidente, entre otras).

En ese casting también había participado Norton, un hombre con experiencia en el cine: el año anterior había participado en el film Mandingo. El púgil de Jacksonville fue seleccionado para interpretar a Apollo Creed, pero terminó declinando la propuesta porque prefirió participar en el programa The Superstars, que se emitía por la cadena televisiva ABC. El papel terminó siendo para el ex jugador de fútbol americano Carl Weathers.

En Rocky fue mínima la participación de Lovell, quien es el primer hombre que se ve en la película. Su intervención se limitó a la escena de esa desprolija pelea con Balboa, en la que termina noqueado, y a una en el vestuario del club en el que se desarrolló la contienda. “You really got lucky tonight” (“Realmente tuviste suerte esta noche”) fue su única línea de diálogo.

Pedro Lovell y Sylvester Stallone en el vestuario del Resurrection Gym de Los Ángeles, donde se rodaron las dos escenas que compartieron en Rocky.

Pedro Lovell y Sylvester Stallone en el vestuario del Resurrection Gym de Los Ángeles, donde se rodaron las dos escenas que compartieron en Rocky.

La escena fue filmada en el Resurrection Gym de Los Ángeles, ubicado en el barrio Boyle Heights, al este de la ciudad. Años más tarde, allí comenzaría a boxear Oscar De la Hoya. Allí también se rodaron algunas escenas de Rocky V en 1990. Cuando estuvo al borde de cerrar a mediados de la década de 1990, fue comprado por De la Hoya, reequipado y transformado en un centro de boxeo juvenil.

Cumplido su pasaje por el plató, Lovell regresó a su hábitat, el ring. Ese año, derrotó por puntos a Dwain Bonds en San José y empató en San Diego con el invicto Leroy Jones, quien en 1980 aspiraría al título mundial ante Larry Holmes y terminaría noqueado y con un desprendimiento de retina que truncaría su carrera.

En 1977, el quilmeño volvió al país y realizó su único combate profesional en suelo argentino: derrotó por puntos a Juan Antonio Musladino en Florencio Varela el 30 de julio, unas horas después de la última pelea de Carlos Monzón (frente a Rodrigo Valdés en Montecarlo).

Estaba previsto que la estadía del Bombardero de Los Ángeles fuera más extensa. De hecho, se había pactado para el 8 de octubre en el Luna Park un duelo con Raúl Gorosito, campeón argentino de los pesados. Según contó Lovell en esos días en una entrevista publicada en Clarín, su plan era conseguir el cinturón nacional y el sudamericano antes de volver a Estados Unidos para buscar una chance por la corona mundial ante Muhammad Ali.

La entrevista a Pedro Lovell publicada en Clarín en octubre de 1977.

La entrevista a Pedro Lovell publicada en Clarín en octubre de 1977.

“Soy el mejor boxeador del momento, incluso mejor que Clay”, disparó entonces. Y aseguró que ya había rechazado una oferta para enfrentar al campeón de Louisville porque le habían exigido que adquiriera la nacionalidad estadounidense. “Estaban seguros de que el ganador iba a ser yo y querían que el título quedara en Estados Unidos. Les dije que de ninguna manera iba a resignar mi condición de argentino”, argumentó.

Sobre el enfrentamiento con Gorosito, aseguró que sería “lo mismo que pelear con una bolsa”. “La única diferencia es que tiene manos”, añadió. Sin embargo, solo unas horas antes de la velada, el enfrentamiento se canceló. Según se explicó entonces, Lovell había exigido más dinero que el que se había pactado inicialmente y, ante la negativa, había desistido de combatir.

“Supongo que después del papelón que hizo, se dedicará a ser actor. Tenía miedo de pelear conmigo. Los cobardes deben dedicarse a otra profesión. Puede que tenga éxito como locutor porque lo único que hizo hasta el momento fue hablar”, disparó Gorosito, entre el asombro y la indignación por la cancelación.

De vuelta en Estados Unidos, Lovell perdió el 15 de noviembre en Anaheim con el texano Mike Weaver, quien obtendría el título pesado de la Asociación Mundial de Boxeo en 1980. Sorpresivamente, después de esa derrota dejó de lado su sueño de enfrentar a Muhammad Ali y decidió colgar los guantes con solo 32 años.

A partir de su retiro, cultivó un perfil bajísimo y eludió casi cualquier contacto con la prensa. Su nombre quedó por siempre asociado a una familia de boxeadores y a ese enfrentamiento ficcional con Stallone.

Pedro Lovell, en una de las dos escenas de las que participó en Rocky Balboa.

Pedro Lovell, en una de las dos escenas de las que participó en Rocky Balboa.

Tres décadas después de su debut cinematográfico, volvió a la pantalla grande nuevamente de la mano del Semental Italiano: su personaje, Spider Rico, reapareció en Rocky Balboa, la sexta película de la saga. Primero, lavando platos en el subsuelo de Adrian’s, el restaurante que regentea el excampeón. Y luego leyendo a su viejo adversario convertido en amigo un versículo de la Biblia antes de la pelea con Mason Dixon en el Mandalay Bay de Las Vegas.

Para Creed II, la (hasta ahora) última película de la serie, estrenada en 2018, Stallone había rodado una escena en la que se mostraba el funeral de Spider Rico en una modesta capilla. Sin embargo, ese fragmento no fue incluido en el corte final del film.


Fuente

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba