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¿Por qué no recordamos nuestros primeros años de vida? Un estudio sugiere respuestas

“Un misterio fundamental sobre la naturaleza humana es que no recordamos casi nada desde que nacemos hasta nuestra primera infancia, sin embargo, aprendemos mucha información crítica en ese periodo: nuestra lengua materna, a caminar, los objetos y los alimentos, y los vínculos sociales”, señaló el autor sénior, Nick Turk-Browne, profesor de psicología de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut.

Para explorar los motivos de esto, su equipo usó tecnología de IRMf para evaluar la actividad del hipocampo de 17 bebés, que tenían una edad de 3 meses a 2 años, mientras les mostraban dos grupos de imágenes en una pantalla.

El hipocampo es un área del cerebro que es esencial para codificar la memoria.

Un grupo de imágenes que se mostraron al bebé incluía una secuencia estructurada que contenía patrones ocultos que se podían aprender. El otro grupo de imágenes aparecía en un orden aleatorio que no se podía aprender.

Tras ver ambos grupos de imágenes varias veces, el hipocampo del bebé respondía con más fuerza al grupo de imágenes estructuradas que al aleatorio.

Los hallazgos sugieren que, a medida que los bebés ganan experiencia vital, sus cerebros buscan unos patrones generales que los ayudan a comprender y a predecir el ambiente circundante.

Esto ocurre aunque el cerebro de un bebé todavía no es capaz de guardar de forma permanente recuerdos específicos, según los hallazgos, que se publicaron en la edición del 21 de mayo de la revista Current Biology.

Esto podría deberse a que adquirir un conocimiento general (por ejemplo, los patrones de sonidos que conforman las palabras de un idioma) podría ser más importante para el bebé que retener recuerdos específicos, sugirieron los investigadores.

El tamaño del hipocampo se duplica en los dos primeros años de vida, y al final desarrolla las conexiones necesarias para guardar los recuerdos, anotó Turk-Browne en declaraciones recogidas por HealthDay News.

“A medida que ocurren estos cambios en los circuitos, al final obtenemos la capacidad de guardar los recuerdos”, apuntó. “Pero nuestra investigación muestra que aunque no podamos recordar las experiencias infantiles más adelante en la vida, de cualquier forma se están registrando de una forma que nos permite aprender de ellas”.




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