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Pedro Castillo, el hombre “surgió de la nada” y que a caballo se acerca a la presidencia de Perú

¿De dónde salió Pedro Castillo? Esa fue la pregunta más repetida el lunes 12 de abril tras la primera vuelta de las elecciones, sobre todo en Lima, una ciudad cuyos barrios más coquetos suelen vivir de espaldas a los Andes y a su población rural pese a que la cordillera comienza ni bien se sale de la ciudad. Buen comunicador de emociones, si gana deberá apelar a toda su cintura política para gobernar un Perú que lo mira de reojo y con un Congreso agazapado, en donde apenas tendrá 35 legisladores sobre 130.

Pero Castillo, un maestro de 51 años que promete un cambio “profundo”, no es un improvisado en la política, y goza de un amplio respaldo social, especialmente en la zona centro y sur del país, en donde su candidatura arraso con porcentajes de entre el 70 y el 80%.

El candidato del denominado “partido del lápiz”, Perú Libre, es un maestro de ascendencia humilde que se hizo conocido en el año 2017 cuando lideró una huelga docente con la finalidad de exigir un aumento salarial para los profesores.

Docente religioso y conservador, ajeno a la política tradicional peruana, pasó a integrar ese partido de izquierda tras inscribirse el 30 de septiembre de 2020, el último día que se permitía la inscripción. De allí, un salto enorme a las puertas del Palacio de Pizarro, sede de la presidencia del país, en una capital que lo mira con desconfianza.

En Cajamarca, el día de la votación de en la primera vuelta. Foto Reuters

En Cajamarca, el día de la votación de en la primera vuelta. Foto Reuters

Castillo es considerado por algunos analistas como una figura que surgió “de la nada” en la primera vuelta, en la que otros candidatos aparecías con más posibilidades de pasar al balotaje, según las encuestas de ese entonces.

Profesor con un magíster en Psicología por la universidad Cesar Vallejo, integró el partido Perú Posible desde el año 2002 (el que llevó al poder a Alejandro Toledo, hoy en Estados Unidos a la espera de ser extraditados por hechos de corrupción), cuando trató sin éxito de ser candidato del distrito cajamarquino de Anguía. Dejó de ser parte de ese partido en el 2017, cuando la agrupación política perdió su inscripción.

Su vida y sus carencias

Casi como una antítesis de Keiko Fujimori, Castillo, personifica las demandas de muchos de los sectores sociales que quedaron relegados dos décadas atrás, pero también de quienes fueron desoídos durante estos 18 meses de pandemia de coronavirus que se cobró ya la vida de más de 180.000 peruanos y que golpeó con dureza a los sectores más pobres.

Y varias de las propuestas que enarbola el candidato encuentran también una profunda correlación con su experiencia de vida y, sobre todo, sus carencias.

Durante su campaña electoral puso en alto el lema “No más pobres en un país rico” y no es un dato menor que en la primera vuelta, mientras aún era poco conocido en Lima, conquistó las cinco regiones más pobres del país. Para el balotaje, extendió ese dominio a lo que en Lima llaman con algo de malicia el “Perú profundo”.

Pedro Castillo viene de un hogar humilde de la sierra. AFP

Pedro Castillo viene de un hogar humilde de la sierra. AFP

Castillo nació en la localidad de Tacabamba, del distrito andino de Cajamarca, una de las regiones más pobres de Perú pese a contar con la mina de oro más grande de Sudamérica. Ese mismo año, el presidente peruano Juan Velasco Alvarado dio luz verde a la Reforma Agraria (1969) y liberó a los campesinos del pongueaje, un sistema similar al siervo de la gleba de la Edad Media.

Sus padres, campesinos iletrados, tuvieron nueve hijos, pero Pedro, el tercero de ellos, fue el único que tuvo la oportunidad de ir a la universidad.

De educación rural, cursó los primeros años de la primaria en el poblado de Puña y finalizó el ciclo en una institución del caserío vecino de Chugur, en el distrito de Anguía, donde también estudió la secundaria.

El lápiz, el símbolo del partido Perú Libre. Foto AFP

El lápiz, el símbolo del partido Perú Libre. Foto AFP

Esta crianza estructurada, quizás, definió su perfil conservador frente a debates actuales como la legalización del aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia y el enfoque de género en la escuela, lo que genera críticas de sectores que defienden la libertad e igualdad ante la ley.

En paralelo a su interés por la enseñanza, también fue cultivando una inclinación cada vez mayor en cuestiones sociales: su primer acercamiento fue como rondero en una organización campesina que protegía al poblado de los robos y grupos guerrilleros, como Sendero Luminoso y MRTA.

Respecto a su carrera académica, se formó como profesor de primaria, en 1995 consiguió trabajo como maestro en una escuela de su región, y luego cursó un bachillerato en Educación en 2006 en la Universidad César Vallejo, en la ciudad de Trujillo, donde se graduó como magíster en psicología educativa en 2013.

La política

No obstante, siempre tuvo aspiraciones políticas: en 2005 se convirtió en líder regional del partido Perú Libre, pero mantuvo un bajo perfil nacional hasta 2017, cuando encabezó un paro por un aumento salarial y la derogación de un cuestionado sistema de evaluación docente.

Casado con Liliana Paredes (él católico ella evangélica), a quien conoce desde su infancia y también es maestra rural, y padre de tres hijos -Arnold, Jennifer y Alondra, de entre 7 y 19 años-, el rostro de Castillo se nacionalizó cuando dirigió a miles de docentes en una huelga nacional que se prolongó por casi 80 días entre junio y septiembre de 2017.

En un intento por deslegitimar la huelga, el ministro del Interior de la época, Carlos Basombrío, dijo que los líderes del magisterio estaban ligados al Movadef, el brazo político de la derrotada guerrilla maoísta de Sendero Luminoso, grupo ilegal considerado “terrorista” en Perú, acusación que Castillo niega rotundamente.

Pedro Castillo, candidato a la presidencia por el partido Perú Libre, se dirige a la iglesia Virgen de los Dolores en la localidad de Anguía, en Cajamarca, (Perú).  Foto EFE

Pedro Castillo, candidato a la presidencia por el partido Perú Libre, se dirige a la iglesia Virgen de los Dolores en la localidad de Anguía, en Cajamarca, (Perú). Foto EFE

El entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski se vio obligado a acceder a la mayoría de los pedidos.

Este año, cuando Castillo contó a la prensa por qué había decidido postularse pese a que ningún sondeo o proyección lo beneficiaba, relató las dificultades que sus alumnos vivieron durante el primer año de la pandemia, cuando la economía se contrajo en casi un 12% -después de 20 años de crecimiento macroeconómico sostenido- y el país llegó a tener la tercera tasa de mortalidad por Covid-19 más alta del mundo.

Este trasfondo impulsó a Castillo a hacer campaña con muchas promesas que no suelen dominar el debate político en Perú y por lo que lo acusaron de “comunista”. Por ejemplo, que el 70% del presupuesto anual del sector público debe priorizar áreas como educación y salud, mientras que el resto, se distribuye entre transporte, agricultura y saneamiento.

Entre una de sus medidas más polémicas, prometió expulsar a los extranjeros que cometan delitos, en tácita alusión a los migrantes venezolanos que llegaron desde 2017 y que superan el millón.

“[Daremos un] plazo de 72 horas a extranjeros ilegales para dejar el país, los que han venido a delinquir”, aseguró Castillo, que con el fin de combatir la inseguridad propone que Perú se retire del Pacto de San José para restablecer la pena de muerte a los delincuentes.

El ideario

Además, propuso priorizar la necesidad de una nueva Constitución redactada por una Asamblea Constituyente para crear un Estado que compita con empresas privadas, planifique, intervenga, y controle los principales recursos naturales, en reemplazo de la que se creó en 1993, durante el primer mandato de Alberto Fujimori, padre de su actual rival electoral.

Pese a las críticas, el candidato característico por su peculiar sombrero “chotano”, mantiene varias de sus propuestas. En su denominado plan “Perú al Bicentenario sin Corrupción”, sostiene que el proceso se realizará “en el marco de las actuales reglas constitucionales y legales”.

En términos económicos, Castillo propone el “relanzamiento del empleo y la economía popular”, en el marco de lo cual se produciría el aumento de la inversión social y pasaría el Estado a ser un “regulador dentro de un enfoque de economía mixta”.

Pedro Castillo se benefició del rechazo que genera Keiko Fujimori. Foto AP

Pedro Castillo se benefició del rechazo que genera Keiko Fujimori. Foto AP

Pero se comprometió a mantener la Independencia del Banco Central, una salida “neoliberal” para calmar a los mercados, un cargo que ocupa Julio Emilio Velarde Flores, desde el 7 de septiembre de 2006.

Y prometió que durante los primeros 100 días pondrá en marcha el “Programa Perú Libre de Pandemia“, en el que promete distribución gratuita de oxígeno medicinal, implementación de camas UCI, vacunación universal y gratuita.

“Nuestra propuesta recoge la esperanza de cambio de los pueblos, y se afirma en un camino de cambio progresivo pero profundo, verdaderamente democrático, guiado por la búsqueda de derechos y oportunidades para todos y todas, con justicia y paz”, reseña el plan de gobierno.

Parte del discurso radical del maestro, como la “nacionalización” del sector minero y energético, o la “limitación de importaciones” proviene del ideario del partido Perú Libre.

Este partido es dirigido por el médico “marxista leninista” Vladimir Cerrón, ex gobernador de la región de Junín y condenado por un delito de corrupción que le impidió postularse a la presidencia.

Casi toda la campaña de Castillo se ha centrado en despegarse de esta figura e intentar aproximarse al centro con propuestas mucho más mesuradas y un equipo técnico ajeno a Perú Libre.

Sin muchas referencias a nivel internacional o en la región, Perú Libre es uno de los pocos partidos peruanos de izquierda que defiende al régimen del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y Castillo recibió el respaldo de Evo Morales cuando se impuso en la primera vuelta. Con todo, el hombre que podría llegar a caballo a las puertas de Palacio de Pizarro es todavía más una incógnita que será mirado con recelo en los balcones coloniales de Lima.


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