Tecnología

obesidad, rendimiento escolar y el rol de los padres en la visión de un experto uruguayo

¿Por qué es importante pensar en el impacto de las pantallas en el desarrollo de los niños? ¿Cuál es el rol que deben tener los padres? ¿Qué dice la ciencia sobre el efecto de su uso en su salud? ¿Qué se puede recomendar?

En una era invadida de dispositivos en el hogar, el profesor agregado de la Cátedra de Neuropediatría de la Universidad de la República, Alfredo Cerisola, echa a luz muchas interrogantes que tienen padres y educadores en una conferencia organizada por la Universidad Católica del Uruguay.

Los niños cada vez más dueños de su propio dispositivo

Los aparatos tecnológicos cada vez se utilizan más y a menor edad. Han sido incorporadas a la práctica desde los primeros meses de vida. Un estudio hecho en la década del 70 y continuado hasta 2015 muestra que la edad media en la cual los niños empiezan a interactuar con pantalla pasó de cuatro años a los cuatro meses. “De ahí surge que son nativos digitales”, asegura el experto también presidente de la Sociedad Uruguaya de Neuropediatría.

Desalientan el consumo diario superior a 2 horas en niños de 5 a 8 años. Y, de hacerlo, piden que sea compartido.

“Lo impactante”, dice Cerisola, es que menos del 1% era dueño de su propia tableta en 2011 y esa cifra creciera al 42% en 2017. “Acá nos planteamos un primer desafío que es pensar qué importancia tiene que el niño sea el dueño de su propio dispositivo. En qué medida esto le da mayor autonomía para decidir cuándo lo usa, cómo lo usa y cuánto lo usa”, cuestiona. 

Lo otro que empezó a surgir es que ha cambiado el tipo de pantalla a la cual se exponen. Los dispositivos móviles era muy bajo en 2011: 4%. En 2017 pasó al 35%. Esto es relevante en el análisis porque con los portátiles se pierde la interacción de los adultos “notoriamente”.

Cerisola citó diversos estudios científicos. Uno de ellos muestra que los niños de los hogares de más altos ingresos son los que utilizan más  contenidos “educativos” en las pantallas que los de bajos ingresos.

¿Por qué es importante pensar en este tema en estas edades?

“Apareció como una realidad y tenemos que intentar analizarla y cómo influye. Son conceptos que todas las familias deberían tener”, introduce en su respuesta.

Y habló de la importancia de las etapas tempranas. “Los primeros años de vida es un período de enorme plasticidad cerebral, que tiene que ver con el desarrollo y aprendizaje. Y todo esto tiene que ver con las experiencias que los niños viven y que ejercen una influencia muy profunda en su desarrollo cognitivo, emocional y social”, apunta. 

En estas edades es cuando los hábitos de comportamiento relacionados con la salud, como la actividad física, la alimentación y el sueño, pero también con el uso de los medios digitales, se establecen y consolidan a lo largo de la vida. “Son edades en las que los padres tienen más posibilidad de influir sobre ellos y determinar cómo va a ser ese rol”, agrega.

En los primeros dos años de vida, los niños tienen una etapa de su desarrollo llamado estadío sensorio motor. Es una fase de experimentación. Cerisola explicó que la comprensión que los niños pueden tener en pantallas bidimensionales es limitada, aún cuando las luces, las animaciones, canciones y sonidos les atraen su atención.

Muchas veces escuchamos “aprendió a contar en inglés”, “aprendió determinadas palabras”. Los niños pueden imitar acciones de lo que han visto en una pantalla, pueden imitar sonidos del lenguaje, pero no aprenden nuevos conocimientos cuando tienen menos de 30 meses de edad.

Además, el control de la atención no son suficientemente maduros para hacer una transferencia de la vida bidimensional a la tridimensional. 

¿Cuál es el rol que tienen los adultos cuando los niños usan las pantallas?

La estimulación en los primeros años se da por la referencia afectiva. Los niños necesitan explorar con sus manos e interactuar socialmente. Para eso precisamos que los niños tengan confianza con sus cuidadores y tengan un vínculo afectivo. Necesitamos que los cuidadores estén presentes no solo afectivamente sino que también estén emocionalmente disponibles. Eso les permite desarrollar sus habilidades motoras, del lenguaje, cognitivas y socioemocionales. 

“Básicamente, para ponerle título a las cosas, y esto está en todas las estrategias de estimulación, es que el desarrollo se estimula a través de las conversaciones directas, de los juegos, canciones, lectura de libros (pueden ser de imágenes) y también cuando se mueven, gatean, caminan y salen a pasear. Eso estimula el desarrollo de los niños”, acota Cerisola.

El juego compartido “es central” en el desarrollo del niño porque le proporciona una “oportunidad especial” de relacionamiento afectivo y de experiencias ricas entre madres e hijos. 

Las actividades compartidas y desconectadas de dispositivos disminuyen problemas vinculados a su salud emocional.

El experto cataloga al juego compartido como “una ventana” que le permite a los padres y adultos que tratan con los niños a ingresar en su mundo de pensamientos, sentimientos y conflictos. “Les habilita a los niños ser líderes de ese juego, a los adultos dejarnos conducir y construir lo que se conoce como la reciprocidad social“, indica.

El principal factor para el aprendizaje a partir de los dispositivos electrónicos en los niños pequeños es la participación de los padres mirando el aparato con ellos. “Que interactúen, que comenten y les “reenseñen” el contenido y transferir lo que están viendo en el mundo bidimensional al mundo tridimensional”, agrega.

Un problema que tienen las aplicaciones presentes en los dispositivos electrónicos es que cuentan con una limitación en registrar y contestar de manera apropiada al momento que está viviendo ese niño. ¿A qué se refiere? En que los dispositivos no tienen la capacidad de “captar y responder al conocimiento que tienen los niños, al comportamiento que están desarrollando, a su estado afectivo, a qué grado de motivación posee para desarrollarse en ese juego, qué tan cerca está de su punto de frustración o qué logra o podría lograr con un poco de apuntalamiento. Esa relación que los adultos establecen cuando los adultos juegan con los niños, los dispositivos no lo han logrado y es poco probable que se logre en el corto plazo”, indica.

Influencia de los medios digitales en sus habilidades

Los primeros estudios de la década del 90 mostraban que a una menor edad de inicio de uso de medios electrónicos (en esa época vinculado a mirar TV) estaba asociado a retrasos en las habilidades cognitivas, del lenguaje y sociales y emocionales.

Esto se planteó en muchos estudios que veían esa asociación. Pero empezó a ser cuestionado sobre si realmente había una relación como causa-efecto. Es decir, si la exposición a las pantallas pudiera influir en el desarrollo o que niños que tenían un desarrollo menor a los otros tendían más a exponerse a las pantallas. “Era una pregunta absolutamente válida porque que haya una asociación no implica que haya una relación causa-efecto”, indicó.

Aumenta la cantidad de niños de edad temprana que son dueños de sus propios dispositivos.

Ha habido múltiples investigaciones en muchos países que han intentado responder eso. Para lograrlo, entiende Cerisola, no hay nada mejor que hacer estudios longitudinales: seguimiento de la trayectoria vital durante varios años. 

Un estudio publicado en 2019, en un estrato social elevado de Canadá, surge de la preocupación que al ingreso escolar un cuarto de los niños presentan déficits en desarrollo del lenguaje, comunicación, habilidades motoras y/o socioemocional.

Para entender este fenómeno, los investigadores se propusieron hacer un seguimiento de la madre desde la etapa temprano del embarazo, seguida a los niños en los 24, 36 y 60 meses del niño. Fueron entrevistadas 2.441 madres e hijos.

Lo que se observó es que cuanto mayor tiempo de exposición a las pantallas de los niños de 24 meses, era peor el desarrollo a los 36. Y cuanto mayor tiempo de pantallas a los 36, peor desarrollo a los 60.

Y no se observó la asociación inversa: que a un menor desempeño en el desarrollo hubiera un mayor tiempo de la pantalla. “Apuntala esta idea de que la pantalla es un factor de riesgo sobre el desarrollo de diferentes áreas”, dice Cerisola.

Esta asociación, indica, puede ser que esté vinculada a una menor interacción a nivel de los cuidadores con los padres con los hijos y que tengan menos tiempo destinado a otras actividades, incluyendo actividades motrices.

En otro estudio hecho en Tailandia se siguieron a 274 niños a los 6, 12, 18, 24, 36 y 48 meses. Allí se vio que el desarrollo cognitivo más bajo en niños que iniciaban su exposición a las pantallas a edades más tempranas, a menores que tenían exposiciones muy altas (más de 6,5 horas) y que tenían menos interacción verbal durante el consumo de esos dispositivos electrónicos.

No obstante, también se vio que cuando había comportamientos parentales positivos habían indicadores cognitivos positivos a los 4 años. “No es solo la parte negativa. Cuando hay una estimulación adecuada hay resultados positivos”, indicó Cerisola.

En un estudio francés publicado en 2021 evaluaron a pequeños cuando cumplieron 2, 3, 5 y 6 años. En la investigación, hecha a 1.562 niños, vieron que cuando hasta los 2 años nunca habían tenido exposición a las pantallas durante las comidas familiares tenían un coeficiente intelectual mayor cuando cumplían los de 5 y 6 años respecto a los que sí habían estado frente a las pantallas. “Es bien interesante porque lo que dicen estos investigadores franceses es que no solo importa la cantidad, sino el contexto. Importan las oportunidades perdidas de relacionamiento, conversación, comunicación (…) Esto va a tener un resultado a nivel escolar”, opina.

Otro estudio reciente publicado el mes pasado en Calgary, Canadá, habla sobre el tiempo en las pantallas. Determinaron que niños evaluados a los 36 meses de vida, y que estaban dos o tres horas más por día frente a los dispositivos en comparación con aquellos que no superaban la hora frente a la pantalla, tenían mayor probabilidad de presentar: problemas de comportamiento, retraso en la adquisición de los logros del desarrollo y pobre adquisición del vocabulario. “Estas son diversas investigaciones que hablan de la importancia de las pantallas pero también la pérdida de oportunidades de estimulación por no hacer otras actividades”, agrega Cerisola.

Otra investigación concluyó que el tiempo que permanecen sentados los niños está correlacionado al tiempo que permanecen sentados sus padres. Además, esa actividad (si se le puede llamar así) está relacionada a una mayor ingesta asociada de dulces y bebidas azucaradas. “Esto tiene que ver con el índice de masa corporal que también está asociado a que el niño está viendo televisión”, señala Cerisola en referencia a un estudio divulgado en 2019. La investigación también halló asociaciones entre la cantidad de horas que los menores pasaban frente a la PC y cantidad de calorías que consumían.

“La base en que nosotros nos vinculemos va a estar buena parte de la explicación de cómo se vinculan los niños con nuestras familias”, indica.

¿A qué edad se recomienda empezar el uso?

Cerisola se hizo eco de una recomendación de la Organización Mundial de la Salud que exhorta a los niños pasar menos tiempo sentados y más tiempo jugando. En este sentido, el experto habló de la importancia de no ofrecerles pantallas de los 0 a los 2 años. “Cero pantalla”, dijo.

La Academia Nacional de Pediatría de EEUU, en tanto, pide desalentar el uso de medios con pantallas que no sean videollamadas entre niños menores de 18 meses. Entre los que tienen 18 a 24 exhortan a elegir aplicaciones y programas de alta calidad y que los usen junto a los niños. “Debe evitarse permitir a los niños que utilicen los medios digitales por ellos mismos”, indica.

Entre quienes tienen 2 y 5 años, limitarlo a una hora o menos por día. Por encima de una hora, ya incide en el índice de masa corporal y riesgo de obesidad. Todo eso impacta en el lenguaje, aprendizaje y socioemocional y psicológica. “La idea es que sean programas de alta calidad. También tratar de que el uso sea en familia, que se trate de analizar en conjunto, y se intente comparar con su mundo de alrededor para que le sirva de mayor aprendizaje”, agrega. Entre niños de 5 a 8 años, piden que no sea mayor de dos horas.

Otros tips que dio Cerisola a los padres: no sentirse presionado para introducir la tecnología tempranamente a los niños. Las interfaces son tan intuitivas que los niños van a comprenderlas rápidamente una vez que comencen a usarlas en su casa o en la escuela.

Pide, además, que se evite programas con imágenes que cambian rápidamente. Los niños pequeños no las entienden y aplicaciones con múltiples contenidos que los distraen y cualquier contenido violento tampoco es aconsejable. 

Preguntas que los padres pueden preguntarse sobre sus hijos y el uso de las pantallas

Cerisola dio una lista de preguntas que pueden ayudar a los padres a abordar la forma en que sus hijos usan o podrían usar pantallas:

¿Qué reglas tiene la familia en relación al uso de medios tecnológicos (tanto para los padres como para los niños)?

¿Qué tan común es tener la TV encendida de fondo sin que nadie la esté mirando realmente?

¿Alguien en la familia mira TV o pantallas durante las comidas? ¿Y antes de dormir? ¿Hay TV o equipos electrónicos en el dormitorio?

¿Qué es lo que usted mira con su hijo? ¿Qué es lo que su hijo mira por sí solo?

¿Usted mira programas comerciales o para adultos con su hijo?

¿Su hijo utiliza equipos electrónicos mientras usted realiza tareas de la casa? ¿Con qué frecuencia? 

¿Cuáles son las apps o actividades en las tablets favoritas de su hijo? ¿Son pasivas o interactivas? 

¿Los padres utilizan la tecnología con sus hijos de una forma creativa?

¿Están preocupados como padres por cuánta tecnología sus hijos utilizan o reclaman?

¿Los padres se sienten con capacidad para poner límites en el uso de medios tecnológicos

¿Dónde se informan acerca de apps, programas y películas?

¿Los padres precisan ideas acerca de actividades alternativas?




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