Política

«Muchos alumnos salen de la universidad y solo saben que la mitad de lo que les han enseñado no les sirve para nada» 

En un salón del Colegio Maristas de Montevideo, Xavier Aragay habla sobre la crisis de la educación, sobre el modelo ideal para aprender y su opinión sobre la educación en Uruguay. Es experto y consultor internacional en el tema y llegó a Uruguay para intercambiar con instituciones de la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec). 

El español, que está especializado en el cambio de la educación a través de procesos de innovación y tiene 25 años trabajando en liderazgo y en gestión de la enseñanza, lidera un proyecto para impulsar cambios en la enseñanza.

En diálogo con El Observador, cuenta cuál debería ser el rol de los docentes y de los alumnos y reflexiona sobre cómo impactó la pandemia de covid-19 en la educación. 

A continuación, un resumen de la entrevista.

En 2010 impulsó en los colegios jesuitas de Barcelona el proyecto Horizonte 2020, una apuesta al cambio sistémico mediante nuevos procesos de enseñanza en donde la persona es el centro, ¿qué evaluación hace de ese proyecto?
Se trató de siete escuelas jesuitas que funcionaban muy bien pero de forma muy tradicional. Se buscó transformarlas y llevarlas a la frontera de la innovación y el cambio. El balance que hacemos es que fue muy bueno. Resolvimos un problema que todo el mundo tiene y es que hay una gran confusión entre medios y fines.

¿Qué quiere decir?
Se cree que lo importante es que un niño aprenda matemática, historia o lengua como un fin. Ese fin es tener que sacar buenas notas. Esto es en verdad un medio. Hay una gran obsesión en que los niños saquen buenas notas y aprendan muchas cosas, que cuanto más mejor. Sin embargo, se descubrió que aprender cosas por aprender no sirve. Se tiende a enseñar para dar un examen y luego olvidar lo que se aprendió. La gran confusión en el mundo es pensar que educar es aprender, repetir y memorizar.

¿Qué es aprender entonces?
Es una herramienta para lograr que las personas piensen, que sean críticas, que se conozcan. Si aprender matemática, historia o lengua no nos lleva a que seamos personas, estamos confundiendo al medio como un fin.

¿Cuál sería el modelo ideal de educación?
Tal como lo hicimos en el proyecto Horizonte 2020, el modelo ideal de educación sería centrarse en la persona y pensar qué tipo de personas queremos que salgan de las escuelas. Una persona está en la institución por 15 años aproximadamente, porque entra a los tres y sale a los 18, es decir, un total de 15 años y son muchos.

Lo que nosotros proponemos es definir cómo nos gustaría que salga el estudiante y ahí es cuando no se puede pensar más en “a mí me gustaría que salga con un 12 en matemática”. Hay que aspirar a que salgan personas reflexivas, críticas, creativas, que sepan trabajar con otros y prestar atención a qué quieren de la vida.

¿Cómo se lleva eso a la práctica?
Reorganizando el proceso de enseñar y aprender.

El proceso clásico de enseñar consiste en un profesor que habla y alumnos que toman nota. Esto es un invento de fines del siglo XIX, que aún se aplica en todo el mundo como el método mayoritario, pero no deja de ser una creación de la Escuela Moderna. Se trata de un sistema muy simple que podemos cambiar.

Hay que utilizar metodologías activas, que el protagonista en el proceso de enseñar y aprender no sea el docente explicando, sino el alumno aprendiendo.

Otra confusión que hay es creer que con un profesor enseñando el alumno aprende y no es verdad: hay profesores que enseñan y alumnos que no aprenden.

¿Por qué?
Se concibe el proceso de enseñar y aprender como unilateral: del profesor a un grupo de alumnos callados. Aprender tiene que ser con metodologías activas: proyectos, desafíos, equipos de alumnos que investigan, que buscan información, que la comparten. De esta forma, se construyen personas.

Xavier Aragay

Viene trabajando desde hace tres años en Uruguay con la Audec y la transformación educativa, ¿en qué etapa del proceso está Uruguay?
Uruguay tiene hoy un grupo de escuelas católicas que están avanzando mucho en los procesos de transformación y cambio. Alrededor de 25 escuelas ya han hecho experiencias innovadoras, aplicando metodologías activas y transformando lo que es enseñar y aprender.

Hay experiencias muy interesantes de escuelas que trabajan por proyectos, que tiraron las paredes del aula, que utilizan la tecnología de otra forma, que los docentes trabajan de forma muy distinta a la tradicional.

¿Hay obstáculos en la educación uruguaya para lograr esta transformación?
Sí, pero no más obstáculos que los que presenta Argentina o incluso los que tenemos en España. En todos los países hay legislaciones que provienen del siglo XX que son frenos importantes al cambio.

¿Acá en Uruguay cuáles serían?
La cantidad de material teórico que cada disciplina tiene es un claro ejemplo. Se han vuelto enciclopédicos. En el siglo XX se creía que cuanto más se aprendiera mejor. Ahora el pensamiento ha descubierto que menos es más: es preferible aprender menos pero más profundamente. Así las personas podrán aprender de forma constante. Hoy no es necesario acumular conocimiento, sino tener buenas bases para saber buscarlo.

¿Qué pasa precisamente en Uruguay?
En Uruguay ya hay experiencia. En la escuela pública con el Plan Ceibal, en las católicas con experiencias muy interesantes de transformación. Lo que hace falta es que la sociedad tome más conciencia de transformar la educación, saber que la educación en Uruguay está cambiando y para el país esto es bueno.

La educación en Uruguay está cambiando y para el país es bueno, falta que la sociedad tome conciencia.

Usted habla de que existe una desconexión emocional que lleva a los alumnos a “no engancharse”, a estar en el aula sin estar, ¿cómo se consigue conectarlos?
Ir a una secundaria en que a las 9 entra una profesora de inglés y da su clase por una hora y luego entra un profesor de historia y da clase hasta las 11 y así cada día, con profesores que dan su explicación, es un sistema un poco aburrido y pesado. Se puede tener la suerte de tener un profesor simpático, pero también tener muchos que no lo son.

El cambio fundamental que planteamos es que el alumno no deba esperar que venga un profesor, sino que se ponga al alumno como protagonista, que los profesores preparen proyectos, retos y materiales para que sean los alumnos los que aprendan.

En una entrevista dijo que hay que tirar las paredes de las aulas, ¿por qué?
La neurociencia nos demostró que cada alumno aprende a su ritmo. Incluso clasificar a los alumnos por el año de nacimiento es una comodidad que tenemos. Depende si has nacido en enero o diciembre puedes caer en un grupo distinto, cuando a lo mejor tu grado de maduración puede ser diferente.

Esta obsesión por tener que encerrar a los alumnos en un aula con un profesor que les habla, es una idea que, insisto, tiene más de 100 años. Esta idea está quebrada y en crisis. Esto es lo que debemos cambiar. Hay otros métodos, más avanzados.

¿Y si están por qué no se usan?
Lo que pasa es que estos métodos requieren poner en crisis el tradicional y reestructurar la escuela. Pero hay que cuestionarse por qué encerrar a los alumnos en un aula, por qué no tener salas grandes, por qué no mezclar cursos y edades, por qué no hacer que varios profesores trabajen juntos a la vez.

Usted habla de trabajar por proyectos y no por materias separadas, pero, ¿qué pasa con el conocimiento?
El conocimiento se adquiere a partir de la curiosidad. Uno de los problemas de la educación en todo el mundo es que los niños cuando entran a la escuela son muy curiosos y cuando salen casi no lo son.

¿Por qué sucede esto?
La escuela al meter el conocimiento en la cabeza de los alumnos va matando la curiosidad. Se debe trabajar al revés y fomentar la curiosidad. Si el mundo está lleno de retos, ¿por qué no partimos de ahí?

Hoy en el mundo ya no hay ningún problema importante que la humanidad tiene que una sola disciplina pueda resolver.

Xavier Aragay

¿Cómo debería ser el trabajo de los docente?
Los docentes deberían verse como desarrolladores de personas. El objetivo de un profesor no debe ser transmitir la materia, sino ayudar a los alumnos a que la conozcan y crezcan como personas.  

Un docente debe verse como un desarrollador de personas que provoque a los alumnos la curiosidad, la búsqueda y la interrogante.

¿Qué pasa con las calificaciones que tienden a desaparecer?
La calificación no es lo importante en el proceso de enseñar y aprender. Lo importante es la evaluación. La calificación es una parte de la evaluación. Evaluar significa que el profesor ayuda al alumno a saber cómo progresar. Si en un momento dado requiere de una calificación, esto es otro tema y es correcto. Pero evaluar no es lo mismo que calificar. Y este es otro de los problemas: toda la obsesión pasa en las calificaciones y devaluamos la evaluación.

¿Y qué cambios deberían darse en la educación terciaria?
Los mismos que en la primaria y la secundaria. Si tenemos un alumno que está en la escuela por 15 años y luego pasa a la universidad por cinco más, tenemos un proceso de 20 años en total. Deben servir para construir personas que sepan quiénes son y a dónde van.

Muchos alumnos salen de la universidad y aún no saben quiénes son, ni qué quieren. Solo saben que la mitad de lo que les han enseñado no les sirve para nada y eso es un fracaso. ¿Cómo hemos desperdiciado 20 años de la vida de una persona así?

El covid-19 llevó a las instituciones a cerrar por mucho tiempo, ¿cómo cree usted que impactó la pandemia en la educación?
Provocó una segunda crisis. Ya había antes una crisis de métodos. A esto se le añadió tener que cerrar y pasar a un sistema remoto. La pandemia hizo que nos diéramos cuenta que el método tradicional ya no funcionaba, ha puesto sobre la mesa que hay que reinventarse.

Entonces, ¿la educación en pandemia fueron años perdidos?
No. La pandemia, como todas las cosas que nos ocurren, tiene dos lados: uno terrible y difícil, y otro de cosas buenas a destacar. Nos demostró que estamos exigidos a reinventar la educación del siglo XXI.

El proyecto Reimagine Education Lab

Aragay impulsa el proyecto Reimagine Education Lab, que tiene como objetivo ayudr a las instituciones educativas a transformarse porque entiende que «la educación está en crisis» porque «ha quedado desajustada en un mundo que avanza rápidamente».

«Tanto la educación primaria como la secundaria y la terciaria en todo el mundo están delante del desafío de transformar no solo los procesos de aprendizaje, sino cambiar la propia organización, e incluso los espacios físicos», describe en entrevista con El Observador

De ese modo, Reimagine Education Lab desarrolló una metodología para lograr que las instituciones hagan esos cambios. 




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