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muchas situaciones, poco punch y una defensa con mandíbula de “cristal”

Marcelo Gallardo caminaba de un lado a otro el domingo el estadio Monumental. Gesticulaba, se sentaba, se volvía a parar, miraba para los costados, gritaba, arengaba, por momentos sonreía y en otros se enojaba. Hablaba con Matías Biscay, una y otra vez. Cada tanto discutía con el asistente Julio Fernández o con el cuarto árbitro. Hasta que, al ver como su River erraba y erraba frente al arco rival, explotó y golpeó una butaca del banco de suplentes.

Fue un partido raro el de River contra San Lorenzo. Es que el equipo de Gallardo generó muchas situaciones de gol. Hubo funcionamiento colectivo. Pero falló en las áreas. En la ajena, le costó apuntarle al arco. Y en la propia, volvió a sufrir esas flaquezas defensivas que de tanto en tanto muestra en el último tiempo. En síntesis, repitió falencias en las dos áreas: sufre la transición defensiva y no convierte lo que genera. Y de dos errores propios recibió dos goles en contra. Falla mucho atrás y adelante y lo paga caro.

Que River domina a los rivales y controla los partidos no son novedades. Son cuestiones constantes que se dan en todos los partidos del equipo de Núñez. Dada la jerarquía de sus jugadores y de la forma de jugar, los rivales ya saben que no pueden disputarle la posesión de la pelota ni jugarle todo el tiempo de igual a igual. Pero sí algunos ven los puntos flacos. Y apuestan a aguantar atrás y a contraatcarlo. O a sorprenderlo, como hizo San Lorenzo en los primeros 20 minutos, en los que lo atacó y le jugó pelotas a espaldas de los volantes para quedar mano a mano con los marcadores centrales.

Los problemas defensivos de River no son nuevos. Y es por eso que Gallardo había apelado a jugar con tres centrales. En el último tiempo volvió a la línea de cuatro pero contra Fluminense y San Lorenzo sumó un volante más (Milton Casco, en nueva función). Tal vez haya sido para que Enzo Pérez no quede solo y, a su vez, para que los zagueros no queden desprotegidos.

Si bien había levantado su nivel, Paulo Díaz no tuvo buenos rendimientos contra Fluminense y -principalmente- ante San Lorenzo. Volvió a dejar dudas. Cuando a River lo atacan, el chileno sufre. A Gallardo le encanta por la salida que le da al equipo y por su juego áereo, pero no parece un defensor que encaje en la forma de juego del Muñeco. En el mano a mano no se siente cómodo y cuando tiene que defender a campo abierto queda expuesto.

Paulo Díaz, uno de los que dejó dudas en el Millo. 
Foto: EFE.

Paulo Díaz, uno de los que dejó dudas en el Millo.
Foto: EFE.

Algo similar, aunque en menor medida, le sucede a David Martínez. Más allá de que es un jugador que también le da buena salida al equipo y que sabe conducir desde atrás y hasta tiene un muy buen pase entre líneas, a la hora de la marca le falta manejar mejor todavía los tiempos y los espacios.

Al repasar nuevamente el primer cuarto de hora del clásico con San Lorenzo, se nota lo que les costó a ambos acoplarse para defender mejor. No solo no pudieron en el mano a mano sino que también quedaron mal parados. Y en el segundo gol del Ciclón, les faltó una mayor fortaleza para defender esa pelota.

Desde ya que esta situación no es responsabilidad exclusiva de los centrales. River, en varios casos hace un mal retroceso. Y en eso tienen que ver los volantes. No solo para volver sino también para no comprometer al equipo con pérdidas que favorezcan los contraataques rivales, como pasó en el segundo tanto del equipo de Diego Dabove.

En las últimas horas no son pocos lo que dijeron que si River hubiese convertido en base a lo que generó, ahora se estaría hablando de otra cosa. Puede ser. Pero también es cierto que el equipo del Muñeco no va a poder hacer tres, cuatro y hasta cinco goles (como ya hizo en tres oportunidades este semestre) todos los partidos. Entonces si falla adelante, River no encuentra las garantías atrás para quedar respaldado.

Si tuviera la misma eficacia todos los partidos, River podría disimular esas falencias. Pero no la tiene. Contra San Lorenzo pateó 21 veces pero apenas 6 remates fueron al arco. Es decir, apenas un 29 por ciento. Y cuando los tiros salieron hacia los tres palos, se encontró con Sebastián Torrico, quien fue figura. O también, le apuntaron al cuerpo del arquero de San Lorenzo, como pasó en las dos jugadas que tuvo Rafael Borré, quien, a pesar de ser el goleador del ciclo Gallardo con 54 tantos, quedó en el centro de las críticas porque viene fallando mucho los últimos meses.

No pudo festejar: el domingo, frente al Ciclón, no fue la noche de Borré.

No pudo festejar: el domingo, frente al Ciclón, no fue la noche de Borré.

Estos inconvenientes los padeció en la Copa Maradona y en la última Libertadores. De hecho, la serie contra Palmeiras es un claro ejemplo de los dos lados de la moneda. En la cancha de Independiente tuvo un partido flojísimo en el que fue goleado y cometió muchos errores propios. En la vuelta, jugó uno de los mejores partidos de la era Gallardo y estuvo muy cerca de remontar la serie y hacer la épica. 

En conclusión, el River post cuarentena es un equipo con dos caras, que se ha tenido que ir reinventando sobre la marcha, dado que tuvo bajas, como las de Ignacio Scocco, Juan Fernando Quintero, Lucas Martínez Quarta, Lucas Pratto, Santiago Sosa e Ignacio Fernández. Por un lado, generalmente controla y domina a los partidos y a los rivales, y hasta tiene partidos de alto nivel futbolístico pero al mismo tiempo es de mandíbula frágil. Le llegan poco y le convierten mucho. Y así como hace muchos goles en algunos encuentros, también falla bastante en otros.

Matías Suárez tiene el alta médica

Matías Suárez ya está recuperado de una sinovitis en la rodilla derecha que lo aquejó en las últimas semanas. Es por eso que el cuerpo médico le dio el alta este lunes y el cordobés se pudo entrenar a la par del resto de sus compañeros en el RiverCamp de Ezeiza. Ahora, Marcelo Gallardo evaluará si lo incluye para el partido de este miércoles ante Junior por la Copa Libertadores en el Monumental o si lo hace volver el domingo en la visita a Banfield por la Copa de la Liga Profesional. El delantero no juega desde el 3 de abril cuando River enfrentó a Arsenal en Sarandí. Desde entonces pasaron cinco partidos. 

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