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misteriosas muertes en el Vaticano resurgen con el pedido desesperado de una mujer

Al cumplirse 23 años da la muerte de su hijo Cedric Tornay en el Vaticano el 4 de mayo de 1998, un caso catalogado como de doble homicidio seguido de suicidio, que tuvo una enorme repercusión mundial, la madre del entonces joven guardia suizo de 23 años, Muguette Tornay, envió una carta al Papa reclamándole por tercera vez su derecho a conocer los resultados de la autopsia realizada en el mismo Vaticano del cadáver de su hijo.

La señora Tornay escribió además una larga carta abierta que publicó este martes el diario romano “Il Messaggero” porque, como señala, nunca estuvo convencida de la versión oficial ofrecida al mundo de lo ocurrido en el departamento del recién nombrado comandante de la Guardia Suiza, coronel Alois Estermann, de 44 años.

Estermann fue asesinado por el joven Tornay a balazos junto con su esposa, la venezolana (empleada en la embajada de Caracas), Gladys Romero. Ambos eran miembros del Opus Dei.

La policía italiana en las puertas del Vaticano, tras los hechos de 1998. Foto: AP

La policía italiana en las puertas del Vaticano, tras los hechos de 1998. Foto: AP

El ejército del Papa

La Guardia Suiza es desde el siglo XVI el ejercito que custodia al Papa, que hoy cuenta con unos 120 soldados y oficiales más una banda de música, todos de nacionalidad helvética. Además de hacer guardias en los actos y ceremonias con su bello uniforme y las alabardas como únicas armas, “los suizos”, como los llaman en el Vaticano, calzan armas modernas cuando forman con la Gendarmería Pontificia los agentes de protección del pontífice, a quien acompañan también en los viajes fuera de los muros leoninos.

Según la versión oficial, Cedric se disparó en la boca tras ponerse de rodillas después de tirar con una pistola a Estermann y su mujer no bien le abrieron la puerta.

“El caso fue cerrado después de una hora y media, en tiempo record”, protesta la madre del joven guardia suizo. La investigación fue realizada por los gendarmes vaticanos, que rápidamente llegaron a las conclusiones: Cedric Tornay mató a su comandante y a su esposa en venganza porque le habían negado la prestigiosa medalla “Benemérita”, que reciben los reclutas helvéticos cuando concluyen su contrato y que les asegura un buen trabajo cuando regresan a Suiza.

La investigación fue realizada por los gendarmes vaticanos, que rápidamente llegaron a las conclusiones. Foto: AP

La investigación fue realizada por los gendarmes vaticanos, que rápidamente llegaron a las conclusiones. Foto: AP

El coronel Estermann y Cedric mantenían una mala relación. Estermann consideraba al joven suizo francés indisciplinado y le negó la medalla que era el pasaporte hacia su futuro laboral.

“Aunque no hubo testigos de la tragedia y antes que se iniciara la investigación, la Santa Sede declaró inmediata y públicamente que mi hijo había asesinado a Estermann antes de quitarse la vida”.

La madre de Cedric señala en su carta abierta que se realizó “una apariencia de investigación, rigurosamente interna, conducida por neófitos en materia penal, cuyo único objetivo era confirmar la tesis defendida desde el comienzo por la Secretaría de Estado”.

Nueve meses después, un comunicado de la Secretaría de Estado, “tomó el lugar de una sentencia judicial”. La señora Tornay afirma que duda seriamente de una tesis asumida con tanta prisa. “Yo busqué con la ayuda de abogados acreditados ante el tribunal vaticano de saber más. Nada, no tenía derecho a nada”.

Alois Estermann y su mujer, Gladys Meza Romero, junto al papa Juan Pablo II. Foto: EFE

Alois Estermann y su mujer, Gladys Meza Romero, junto al papa Juan Pablo II. Foto: EFE

Desde 2001, escribió en la carta abierta, “todos los pedidos chocaron contra un muro. Llamados, cartas al Santo Padre, súplicas”.

“Se negaron incluso a darme el único informe de la autopsia efectuada en el cuerpo de mi hijo como si contuviera datos secretos que no tenía derecho a conocer”.

Muguette Tornay no se dio por vencida, señala “Il Messaggero” y durante todos estos años ha continuado excavando en el caso, llegando a formular tesis opuestas a las del Vaticano. Su hijo “no hubiera podido nunca comportarse de esa manera, quitándose la vida”.

Sobre todo, afirma, “los nuevos elementos adquiridos, especialmente aquellos forenses y balísticos, van en otra dirección”.

Muguette Baudat Tornay muestra una foto de su hijo, el exguardia suizo Cedric Tornay. Foto: EFE

Muguette Baudat Tornay muestra una foto de su hijo, el exguardia suizo Cedric Tornay. Foto: EFE

La madre de Cedric dice que ha decidido “romper mi promesa de secreto sobre una propuesta hecha y confirmada desde 2013 a 2019 a las más altas autoridades de la Iglesia Católica, en particular al Papa Francisco.

La propuesta fue de “constituir juntos, con total discreción y bajo la égida de un instituto internacional neutral, un colegio de expertos independientes (peritos balísticos, cirujanos, médicos forenses), que tras la lectura de las dos autopsias (vaticana y suiza) y si es necesario la exhumación del cuerpo de Cedric, tendrían la misión de confirmar o invalidar la tesis a que se llegó sobre la muerte de mi hijo”.

La señora Tornay afirma que “no me espera a mí revelar por qué fueron eliminados Alois y Gladys, pero espera a mi saber cómo murió Cedric, una víctima colateral a quien le fue asignado el cómodo papel de chivo emisario”.

La mujer promete que “si la omnipotencia del Vaticano rechaza ser honesto y transparente, haré lo que pueda para dar a conocer a la opinión pública la decisión culpable que hizo unir la Razón de la Iglesia a la Negación de Justicia”.

“Mi pedido es my simple: quiero poder confrontar los resultados de mi investigación con el dossier vaticano, que es todavía secreto e inaccesible, por voluntad política de los primeros colaboradores del Papa que, como Soberano y Supremo Magistrado el Estado de la Ciudad del Vaticano, tiene el poder de obligar a su tribunal a darme finalmente acceso a esta documentación archivada”.

Vaticano, corresponsal

ap


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