Espectáculos

Meri Deal, la niña que soñaba con ser cantante, tocó fondo y se aferró a la espiritualidad

Desde los 9 años la maestra de canto de María Deal ya lo visualizaba: “Va a ser cantante”, le dijo a su madre. Ella también lo tenía claro y cuando le preguntaron en el colegio qué quería ser de grande no dudó ni un segundo en responder.

Una tarde el teléfono sonó en su casa. Habían pasado 10 años. Llamaban del British para avisarle que tenían guardada esa misma esquela en una cápsula. Ella no se imaginaba que al abrirla, en pleno crecimiento profesional, comprobaría que su sueño de niña era idéntico al que vive ahora: “Ser cantante”, había escrito.

Cada vivencia de su infancia le despertaba curiosidad por lo artístico. Al principio eran su abuelo y la guitarra. Después las pinturas de su madre. Las canciones a todo volumen en su casa. Pero la máxima atención la robó Guillermo, un amigo de sus papás, que empezó a tocar las teclas de un pequeño objeto al que, con el tiempo, llamó piano. “Creo que apenas vi eso sonar me enamoré y me volví loca”, recuerda María, que hoy, con 24 años, es la voz principal de Toco Para Vos, una banda que integra junto a siete hombres desde 2013.

Aquella melodía diaria se entremezclaba con la inocencia de una niña que amaba jugar al aire libre y apenas podía reconocer sus pasatiempos favoritos. A veces se divertía en largas caminatas playeras con sus hermanos o con juegos distendidos en el colegio. Otras tantas lo hacía con los animales que vivían en su jardín (tenía cinco perros, varios gatos y un caballo) y algunas tímidas ocasiones con poemas. Aunque, tarde o temprano, volvía a aquel viejo parlante, que era testigo de sus primeros shows imitando a Shakira.

Bailes. Gritos. Meneaitos. Cantos arriba de una mesa. María, que apenas reconocía la cara de la artista colombiana, amaba su disco y se sabía todas las canciones de memoria. Era tanto su entusiasmo que al poco tiempo la bautizaron “Shakirita”.

Vivía en El Pinar, bien enfrente a la playa, entonces el ruido no era un problema, al menos para sus padres. Ellos solían adueñarse del parlante y allí casi siempre sonaba rock and roll. Pero cuando la pequeña ganó confianza, la cosa cambió: María, que se había apropiado del disco que su abuela le regaló a su hermano, era ahora quien comandaba la posta musical.

En el colegio, mientras tanto, soñaba con integrar el coro y encabezar un solo, miraba con idolatría a los alumnos de la secundaria que protagonizaban los musicales. Aún no se animaba a imitarlos y tampoco a mostrar su coreografía hogareña ante el público. Pero a los 16 años, todos esos sueños ya se habían cumplido. Y quería más.

Una llamada de una banda de exalumnos del British, que le llevaban ocho o más años, fue el puntapié inicial para dar un paso en la música. Cantó en una fiesta informal y de ahí en más, los shows en bares pasaron a ser su “escuela de escenarios”.

Por una llamada de Bautista, su primo y actual compañero en Toco Para Vos, María, que para los de la banda es Meri, se integró sin haber terminado el liceo. Muchas veces, sus clases coincidían con las grabaciones, pero eso en su casa no era un problema sino todo lo contrario. ¿Sus familiares? Los principales cómplices de aquellas picardías. 

“Mis padres me sacaban de una clase y me llevaban a los ensayos. A veces le decía ‘che, pa, me estoy rateando para ir a grabar una canción’ y él me pasaba a buscar y me llevaba. Fue increíble… Y eso que él es súper ordenado y exigente con el estudio”.

Su incertidumbre entre hacer una carrera universitaria o dedicarse a la música empezó apenas terminó el liceo, pero duró hasta el mail que leyó en el medio del campo de una amiga. Le habían avisado que había obtenido una beca, puso cara de descontento y pensó: “Ya está, esto no me va a hacer feliz”. Y entonces se largó por lo artístico y abandonó las tres profesiones que tenía en mente (nutricionista, bióloga marina o comunicadora), sin medir demasiado las consecuencias de la decisión.

“Nunca concienticé lo que significaba, ni lo que iba a ser, ni el costo del estilo de vida. Yo, hasta entonces, seguía siendo una chica de familia, amigos, que soñaba con ser cantante y me había tocado la suerte de firmar con una disquera y una productora. Me había inscrito en la facultad creyendo que era viable, aparte de la música, tener vida. Sobre la marcha, fui dándome cuenta de que ese tiempo no existía y nunca me puse a procesar lo que estaba viviendo. De un segundo al otro me subí al tren”, dice Meri.

Desde el primer show en Salto, Meri fue la protagonista y cara visible de miles de espectáculos que dio la banda. No solo en Uruguay, también cantó en Argentina, Chile, Paraguay y otros países del continente. Sin embargo, aquella primera exhibición en el norte del país es la que le sigue retumbando en la cabeza cada vez que piensa en los conciertos más memorables. La pone a la altura de otros con estadios colmados, como el del Estadio Centenario en 2020, cuando fue telonera de Ed Sheeran, y el del Festival de Talca (Chile) en 2017. También recuerda la experiencia de grabar en Miami y Bogotá, momentos que define como especiales.

Show con Ed Sheeran (marzo, 2020) 

“Toqué canciones que escribí, que nunca las había grabado ni mostrado a nadie. Las canté en el Estadio Centenario, que era un anfiteatro. Cuando cantaba pensaba ‘estoy desnudándome frente a este público’.

Con Toco Para Vos daba mucho de mí cuando me subía al escenario, pero nunca había sentido la sensación de que me estaban atravesando. Ese show me marcó mucho. Tuvo algo especial y es que fue la primera vez que me presenté como solista. Me agarró de sorpresa. El equipo de él (Sheeran) me trató muy bien. Me hicieron una prueba de sonido que duró una hora cuando, en realidad, a los teloneros les dan cinco minutos para probar. Me pidieron que cantara otra y me felicitaron. El propio Ed me dijo que le encantó”. 

Grabaciones en Miami y Bogotá (febrero y octubre, 2018)

“Fuimos una semana de grabación a Bogotá a componer con unos productores increíbles. Estuvimos en un intensivo, aprendimos de ellos y grabamos en el momento. En Miami, fuimos a uno de los mejores estudios, pasamos por los pasillos y vimos todos los álbumes. En el estudio de al lado estaba grabando Nicki Minaj. 

La oportunidad de haber podido ir al lugar donde estaban los mejores instrumentos y donde todo sonaba alucinante, fueron las cosas que más me llenaron, junto a subirme al escenario y tener al público entero coreando lo que canto. Después, todo lo demás es accesorio”. 

Festival de Talca

Hasta el Festival de Talca, Meri estaba pensando en dejar Toco Para Vos. El crecimiento había sido demasiado rápido para su corta edad y estaba sobrepasada. Iba a la casa de su novio y le hacían bromas con que hacía visita de médico (por lo pronto que se iba). Se juntaba con sus amigas y le preguntaban por el show anterior. Veía a conocidos “de toda la vida” y le hablaban del mismo tema. Sus respuestas se repetían en cada ambiente y nunca podía volver a ser ella.

“Yo era Meri la de Toco Para Vos. Me encantaba, pero me estaba agobiando. Sentía que me había convertido en un pulpo que tenía que dar atención a todo, menos a cómo me sentía o a lo que me pasaba”, se sincera.

Una noche de febrero de 2017, escribió una canción mientras viajaba desde el aeropuerto de Santiago a Talca y la tituló Buscando al sol. El espectáculo en la ciudad y la respuesta eufórica del público la hizo cambiar el chip y olvidarse de todo lo negativo que estaba sintiendo.

Los ataques de pánico

La cantante recuerda que por entonces llegaba de las giras directo al consultorio de su fonoaudióloga para tratar un problema de nódulos y de ahí se iba a entrenar la voz. 

En sus ratos libres, se juntaba con sus amigas, pero si estaba en un bar o con más gente evitaba hablar. Entendía que eso suponía un esfuerzo. Y si le ofrecían un trago de alcohol “jamás tomaba” porque al día siguiente tenía que cantar. “Realmente el 100% de mi vida estaba enfocada en Toco Para Vos y no había sido madura para procesarlo y poner las cosas en su lugar”. 

Un día cualquiera de noviembre, en 2016, pasó la mañana encerrada en una habitación de hotel, en Buenos Aires, mientras sus compañeros salían y se divertían. Estaba entre cuatro paredes blancas, que cada vez se le hacían más monótonas y angostas. Y en ese corto trecho hacia la cama, la vista se le nubló previo a una siesta nocturna antes de un show. 

Respirar le resultaba cada vez más difícil. En unas horas tenía que cantar, pero no podía y se acostó prácticamente ahogada. “Tenía miedo. No entendía nada. No quería agarrar el celular. Trataba de meditar, respirar, quedarme tranquila y no podía. Llamé a mi representante y me dijo ‘vení a mi cuarto’. Me quedé con ella y creo que desde ese momento nuestra relación se fortaleció zarpado”, cuenta.

Parecía el punto cúlmine para que Meri dejara la banda. Ya no solo pasaba menos de una semana en Uruguay, veía poco a sus amigas, se perdía cumpleaños, casamientos, sino que se estaba perdiendo a sí misma. Sus inseguridades eran todas relacionadas a la música: tenía miedo a fracasar, nervios por no estar a la altura, y a veces mucha ansiedad. Pero jamás escapaba a ese mundo. Entonces pensó, y se planteó darse un respiro.

“Estaba muy sensible y no podía escuchar una noticia triste porque lo sufría como si fuese en carne propia. Era demasiado sensible para entender que había sufrimiento en el mundo”, relata. “Empecé a ir al psicólogo y a entender todo lo que me estaba pasando. Decidí darle un giro a mi estilo de vida y me dije: ‘Sí quiero dedicarme a la música, sí quiero vivir de esto, pero de otra forma’. Ahí empecé a invitar a otra acompañante, que podía ser mi mamá o una amiga, y ya empezó a cambiar todo. Empecé a disfrutar de las pruebas de sonido. También me curé los nódulos, entonces todo fue mejorando”, agrega.

La madurez espiritual y el paso de adolescente a mujer

Al igual que su mamá, Mariana, quien, con 14 años perdió en un accidente de tránsito a su madre, a su hermano mellizo, a otro más grande, y su hermana quedó internada por tres meses en CTI con muchas secuelas, Meri tuvo que recibir un duro golpe para madurar.

El primero había sido a los seis años, cuando murió su abuela, a quien siente que tuvo más años presente de los que no estuvo porque la marcó “muchísimo”. El segundo sacudón fue 14 años más tarde, con la diferencia de que la sensibilidad, su arma más fiel y de doble filo, estaba a punto de afilarse.

Hace dos años, Meri conoció su lado más espiritual, ese que siempre la había acompañado en silencio. Su amor por la naturaleza y la obsesión por meterse al mar es el mismo que se reflejaba en sus ojos color miel cuando era chica. Pero la intensa vida de influencer dejó atrás el verde y lo convirtió en gris de cemento por mucho tiempo. Muchas veces estaba rodeada de lujos, de experiencias únicas en nuevos países, pero ¡qué lejos estaban sus vacaciones sin luz por una semana en Cabo Polonio!

Sus transformaciones vinieron de la mano con cambios en su imagen. En los videos musicales pasó de un rol más juvenil y adolescente a uno más maduro. Lo mismo, por sugerencias de productoras y amigas, sucedió en su perfil de Instagram.

***

—¿Sentís que, con el paso del tiempo, a la mujer se le impone jugar con la sensualidad en la industria de la música?

—No, que se impone, ni ahí. El rol de la mujer ahora, sobre todo por los movimientos que hay sobre la igualdad de derechos y todo lo que otras mujeres hicieron en tantos años, hace que estemos paradas en otro lugar. Sí es verdad que se nota una diferencia de respuesta cuando uno muestra un poco más o mira de otra forma a la cámara. Es triste, pero en el consumo hay una diferencia. Tampoco me interesa hacerlo por eso. Lo mío fue por mis propias ganas de explorar y porque empecé con 17 y hoy en día tengo 24, y en el medio cambiás, madurás y te dan ganas de probar otras cosas. Dejás de ser una adolescente para ser una mujer. Hay un montón de cosas que cambian, pero no hay nada que se me haya impuesto.

—¿Qué te pasa cuando ves los desnudos de otras mujeres?

—No conecto con eso, pero tampoco lo juzgo. Hay cosas que capaz que me pueden llegar, dependiendo de qué se quiere transmitir. Rihanna tiene unos videos súper sensuales, que tienen una fuerza y un mensaje que no la siento una sex symbol. Hay otras artistas que quieren mover el culo y mostrarlo y yo ni lo juzgo ni lo admiro. No me genera bronca ni nada. A veces no termino de mirar el video porque no me atrapó.

—¿Cuál es tu postura sobre el feminismo?

—Pienso que hay que luchar por la igualdad de derechos. Para mí, el feminismo es eso. Biológicamente no somos iguales. No creo ni conecto con esas feministas o mujeres que no quieren que les abran la puerta del auto porque dicen “yo puedo sola”. Sí conecto con la igualdad de derechos y con que, a través de la violencia, nos han callado a las mujeres durante muchos años, han pasado cosas terribles y nunca hay que dejar de luchar contra eso. Esperemos no dar un paso para atrás. 

***

Meri Deal cumple años el 22 de noviembre, la misma fecha en que se celebra el Día del Músico. “Para mí siempre las cosas tienen un sentido y le busco el significado más amplio. Estaba erizada, no lo podía creer”, dice sobre el momento en el que se enteró.

Ella y la música. La música y ella. Son dos facetas que siempre están unidas, en órdenes distintos, y a la que hace pocos años se sumó una más: la espiritualidad, que entremezclada con su fuerte amor por la naturaleza, la transforma en una amante de la “vida hippie”, pero obsesionada por la limpieza, admite entre risas.

En 2020, debido a la pandemia de coronavirus y a otros proyectos que tenían en mente con sus compañeros, la banda quedó en un segundo plano y solo sacó una canción a final de año. ¿El resultado? Se Picó, un tema junto al popular artista uruguayo El Reja, que ya suma más de 3 millones de reproducciones en YouTube. 

Pero a Meri también se le pausó su proyecto de solista, que amagó con despegar en marzo cuando fue telonera de varios shows en el Centenario y se acható en medio de la pandemia. 

“Tengo tantas ganas de lanzarme y que mis canciones suenen que nunca me puse a pensar en lo que va a venir después. Me genera miedo que quede en la nada, que no pase nada cuando lo saque, que no guste”, dice y comenta que es una de las tres personas del grupo con intenciones de vivir de la música. “Vengo trabajando con una paciencia que nunca me imaginé. Grabé una canción en mayo de 2019 y está pronta para salir. En ese momento fue muy significativa y me hubiese encantado lanzarla. Me la estoy bancando porque en cada oportunidad viene el orden legal de los contratos que atrasan todo y complican las cosas para después facilitártelas. Tengo que entenderlo y hacer paz con eso. Mientras tanto, sigo explorando y estoy en una transformación a nivel artístico. Estoy probando cosas con distintos músicos”, dice.

La parte buena para Meri fue que, finalmente, en los primeros días de enero pudo tomarse sus tan ansiadas vacaciones en Cabo Polonio, su lugar en el mundo. Lo que no se imaginaba, eso sí, es que allí una amiga le haría replantearse una vieja interrogante que solo pudo responder con un poema.

“Una amiga me dijo: ‘Meri, ¿qué preferís?, ¿nunca más en tu vida poder tirarte al mar o nunca más en tu vida poder tocar un instrumento?’. Me hizo llorar. Me quedé totalmente callada y en ese instante escribí: ‘¿Un mundo sin música o sin mar? De solo escucharlo me puse a llorar. Mi alma reside mitad y mitad, adentro del agua y en cada cantar’.




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