Internacionales

Los partidos comunistas de Europa cumplen 100 años con poco o nada para festejar

La sede del Partido Comunista de Francia está en el número 2 de la plaza Colonel Fabien de París y es obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, estrella entre las estrellas de la arquitectura. Cuando iniciaron los trabajos, en 1969, el PCF tenía más de 500.000 afiliados, un voto estable del 20% del electorado y la ilusión de llegar al poder, jubilado el general De Gaulle.

“La sede del PCF era el símbolo del mañana. Hoy es un edificio semivacío que se alquila para desfiles de modas o rodajes de películas”, señala el profesor Jacques Rupnik, director de investigación de Sciences-Po en París y autor de varios libros sobre el comunismo europeo.

Los partidos comunistas de Europa, o lo que resta de ellos, conmemoran estos meses su centenario. Después del totémico PCUS, creado en 1912, el Partido Comunista de Francia fue fundado a finales de diciembre de 1920, el PC de Italia el 20 de enero de 1921, el de Portugal el 6 de marzo y el Partido Comunista de España el 14 de noviembre del mismo año. Al otro extremo del mundo, un grupo de estudiantes fundaría en un chalet de la concesión francesa en Shanghai el PC Chino el 23 de julio de 1921.

En España​

En su Linares natal, la militante comunista más veterana de España aún tiene fuerza y cabeza para responder preguntas por teléfono. Se llama Anita Molina Gil, acaba de cumplir 101 años y se afilió a las Juventudes Comunistas allá por 1934. Linares: minas y olivares. Le fusilaron al padre en junio de 1939, estuvo presa en la cárcel de mujeres de Sevilla entre 1941 y 1942 y a los nueve días de casarse en 1945 la Guardia Civil detuvo a su marido, que pasaría los siguientes veinte años en el penal de Burgos.

-¿Siente pena al ver que el PCE es minoritario o inexistente?

-Pues sí, mucha pena ya que hemos luchado por la democracia. No nos han escuchado apenas. Las personas, a veces, son ingratas y no nos votan.

-¿De que aportación a mejorar la vida de los españoles se siente más orgullosa?

-De muchas pero yo me siento muy orgullosa de la lucha de la mujer comunista desde siempre por la igualdad. Por ello estuve en la cárcel de mujeres de Sevilla.

Santiago Carrilloy  Dolores Ibarruri, en 1978. Foto Archivo Clarín

Santiago Carrilloy Dolores Ibarruri, en 1978. Foto Archivo Clarín

-Este año se cumple el centenario del PCE. ¿Hay algún partido que haya recogido su espíritu?

-Ninguno. Por eso estoy en el PCE y leo aún el Mundo Obrero. El PC existe y existirá siempre en la defensa de la clase obrera.

Cien años más tarde, uno de los problemas es que esa “clase obrera” está desapareciendo. O ha desparecido. Y eso conduce al caso de Francia, el último reducto comunista en Europa que “toca” poder: la clase obrera o se abstiene o vota al antiguo Frente Nacional.

En las elecciones europeas del 2019, un 40% del denominado “voto obrero” fue para la extrema derecha. “Hay varias razones: el shock de la desindustrialización y una cita fallida con los hijos de la inmigración, cuyo descontento no ha conectado con el PCF”, aduce Emmanuel Bellanger, director del Centre d’histoire sociale des mondes contemporains (CHS) de la Sorbona.

“Entre aquel voto de izquierda y este voto frontiste (lepenista) está la voluntad común y perenne de “votar social”, estima el politólogo Pascal Perrineau, autor de “Cette France de gauche qui vote FN”.

Los poderes locales

Más allá de dos figuras circunstanciales –la ministra Yolanda Díaz, fiel al PCE, y el ex comunista Enrico Letta en Italia, que trata de liderar la reconstrucción de la izquierda-, el comunismo en Europa sólo tiene una lucecita: los poderes locales en Francia.

Y el segundo sindicato del país (la CGT). El PCF cuenta con 620 alcaldes, un centenar de consejeros departamentales y un departamento tan simbólico como Val-de-Marne, el último bastión de lo que fue el potente “banlieu rouge” que rodeaba París desde los años 20 del siglo pasado. Uno entre 97 departamentos, con malas perspectivas electorales de cara a los comicios de junio después de 45 años bajo control comunista.

“Los ayuntamiento han resistido al hundimiento del partido por una tradición de buena organización y auténtica preocupación por los problemas de los conciudadanos”, señala el profesor Bellanger. “Los alcaldes comunistas tienen la reputación de ser los menos corruptos. Ese activo es extensible al sindicato CGT en cuanto a cumplimiento de lo pactado, de ahí que esté bien considerado entre las grandes empresas”, observa Jacques Rupnik.

Los dos coinciden en que la cultura política de los comunistas casa mal con la de los verdes, la fuerza al alza entre los tradicionales votantes de izquierda.

Alessandro Natta líder del Partido Comunista de Italia durante varios años. Foto AP

Alessandro Natta líder del Partido Comunista de Italia durante varios años. Foto AP

El comunismo italiano siempre fue muy diferente al de Francia. Menos incondicional de Moscú aunque unos y otros sufrieron el impacto devastador del hundimiento de la Unión Soviética y el desprestigio de una ideología que, curiosamente, sigue firme en la República Popular China y Vietnam así como en el incombustible castrismo de Cuba.

Mientras que los secretarios generales del PCF, especialmente George Marchais, no se despegaban un ápice de Rusia, Enrico Berlinguer, secretario general del PCI entre 1972 y 1984, fue el artífice del “compromiso histórico” sellado con el apoyo comunista al democristiano Giulio Andreotti en 1978, dos años después del 34% de votos –un récord- obtenidos por el PCI.

El “efecto Chile”

El golpe de Estado en Chile que puso fin al mandato de Salvador Allende en 1973 fue un jarro de realismo y el detonante del cambio de estrategia que, sin embargo, no sería premiado en años sucesivos. Berlinguer fallece en 1984 y el PCI se disolverá al término de su XX Congreso, celebrado en Rimini en 1991.

“Lo paradójico es que los comunistas italianos, a diferencia de los franceses, extrajeron la lección de la primavera de Praga de 1968 –ocupada por los tanques rusos- de que compaginar comunismo y democracia era más fácil bajo el paraguas de la OTAN que del Pacto de Varsovia”, indica el profesor Jacques Rupnik.

“Si miramos a la Europa del Este, donde los comunistas gobernaron hasta la caída del muro de Berlín, no ha quedado nada. Allí donde tuvieron el poder, han desaparecido completamente. El recuerdo del comunismo bueno no es porque sólo dejaron dolor”, estima Carmen Claudín, especialista en Europa del Este y Rusia del CIDOB, del que es investigadora senior asociada.

Hija del respetado Fernando Claudín, un comunista apartado del PCE por su oposición al dictado soviético, todavía recuerda escuchar al checo Artur London en su casa contando la oposición de George Marchais a la publicación de “La confesión” –que Costa-Gavras llevaría al cine con éxito y guión de Jorge Semprun-. “Artur le dijo que no pensaba dejar de publicar el libro. Cuando vio que no iba a persuadirle, Marchais le dijo, cínicamente: recuerda que Francia no es siempre tierra de asilo…”.

El PC portugués también quedó hipotecado tras la revolución de los claveles por su ortodoxia y seguidismo de Moscú. Tras el exilio, el secretario general Alvaro Cunhal trasmitía un estilo y ortodoxia anacrónico, que permitió al socialista Mario Soares dar el abrazo del oso a los comunistas, de la misma forma que François Mitterrand hizo en Francia con su “programme comun de gouvernement”, saldado con la superación socialista de los comunistas de las legislativas de 1978, hecho inédito.

Cien años de los partidos comunistas en Europa. Quizás el problema de su final de trayecto esté en que “la clase obrera ya no es la que era”, en palabras del politólogo francés Roger Martelli.

La Vanguardia


Fuente

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba