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los otros 10 de Bilardo que no fueron Diego Maradona


El 10 de junio es el “Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”. Fue feriado desde su sanción en 1973 hasta que en 1984 se decidió unificarlo con el 2 de abril, que es el “Día del Veterano y de los Caídos en la guerra en Malvinas”. Dos años después, en 1986, la Selección Argentina jugaba su tercer partido del Grupo A del Mundial de México un 10 de junio que cayó en martes y que para muchos todavía era feriado. Ya habían pasado el 3-1 contra Corea del Sur y el 1-1 ante Italia. El rival fue Bulgaria y el equipo de Carlos Bilardo (83) debía ganar. No sólo para ganar el grupo sino también para evitar ser mejor tercero o, en el mejor de los casos, evitar la eliminación.

En los dos partidos anteriores, como sucedió en cada uno de los episodios de aquella competencia, Maradona (1960-2020) había sido figura. Contra los asiáticos y su marca celosa con reminiscencias de alguna arte marcial, fue vital con sus asistencias. Y contra los campeones del mundo vigentes dibujó su primera maradoneada con aquel gol en el que dejó al arquero rival, Giovanni Galli, su amigo, como una estatua.

Contra los búlgaros, que habían sorprendido en el 1-1 contra Italia en el Azteca y habían decepcionado con otro 1-1 ante los surcoreanos, Diego Maradona no fue el único diez. De hecho, no jugó de diez clásico, sino que comenzó a ser socio de ataque de Jorge Valdano. Es que por segundo partido consecutivo,  Bilardo le dio la responsabilidad de manejar al equipo a Claudio Borghi, crack sin épocas, maestro del arte de las rabonas y DT sin filtros, que ya había sido titular ante Italia. 

El Bichi Borghi, que en ese fenomenal Argentinos que fue campeón de América y tuvo en jaque al poderoso Juventus de Michel Platini jugaba de falso nueve, fue uno de los otros 10 que llevó Bilardo a aquella cita en México en la que el Diez, como en la vida, es uno solo.

Borghi sumó 74 minutos contra Italia y 46 contra Bulgaria, que terminó 2-0 y le permitió a la Argentina ganar su grupo. Fueron 120 minutos de los 630 que jugó, sin contar los tiempos de descuento, la última Selección que tocó el cielo con las manos y alzó la copa que todos quieren alzar.

Borghi, que hoy tiene 56 años y por aquellos tiempos se había convertido en el jugador fetiche de Silvio Berlusconi, entonces presidente de Milan y todavía lejos, aunque no tanto, de la política, fue el 10 que más minutos jugó en aquel equipo que lideró Maradona.

Pero no fue el único. Otro 10 que estuvo en México fue Carlos Daniel Tapia. Zurdo y explosivo, surgió en las inferiores de River y por aquellos años ya jugaba en Boca luego de aquel trueque que lo llevó junto a Julio Jorge Olarticoechea -el mundialista argentino con el apellido más largo de todos los mundialistas argentinos- a ponerse la azul y oro para que que Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca se mudaran a River. El Chino, nacido en San Miguel hace 58 años, también tuvo acción en aquel equipo que diseñó Bilardo.

A diferencia de Borghi, siempre entró como recambio. Jugó 16 minutos contra Corea del Sur y 14 en el choque frente a Inglaterra, por los cuartos de final. En aquel partido, en el estadio Azteca, con las dos obras maestras de Maradona consumadas, Tapia estuvo a centímetros de inscribir su nombre en la historia en letras de molde. Tras el gol de Lineker, Argentina sacó del medio y Tapia armó una pared con Maradona que lo dejó en el borde del área. Un inglés lo trabó, pero el Chino ganó y sacó un derechazo furibundo que se estrelló en el palo y terminó en un desgarro que lo sacó del torneo.

Ese poste y afuera lo privó a Tapia de anotar su nombre entre los goleadores de la Copa del Mundo. Tal vez los mismos centímetros con los que le terminó ganando la pulseada a Alejandro Sabella (1954-2020) para ocupar un lugar entre los 22 que pasaron a la historia.

Ya se cuenta a Maradona, a Borghi y a Tapia. Pero ahí no agotan los 10 que llevó Bilardo a México. Falta Ricardo Bochini (67), el ídolo de Maradona y el más grande jugador de la historia de Independiente, que entró entre los convocados cuando nadie lo esperaba y que jugó un puñado de minutos en la semifinal contra Bélgica.

Con el número 3 en la espalda, el Bocha fue otro que terminó entrando por la ventana más allá de que reunía méritos de sobra para estar en el Mundial. Y en esos pocos minutos, se ganó la medalla tirando paredes con Maradona y poniendo bajo la suela la pelota a la hora de cerrar el partido. Pero hubo más.

El otro 10, el quinto 10, que estuvo en ese plantel fue Marcelo Trobbiani (66). Zurdo y pisador, formado en Boca, se ganó la confianza de Bilardo en aquel Estudiantes campeón en los albores de los 80. Y llegó al Mundial cuando defendía los colores de Millonario de Colombia. Trobbiani recién vio acción en la final contra Alemania, cuando entró en los minutos finales para tener la pelota luego del gol de Jorge Burruchaga, que al fin y al cabo terminó siendo el lugarteniente de D10S haciendo la veces de falso 10.

En ese ratito, mientras Romualdo Arppi Filho (82) estiraba el partido, el hombre que hoy trabaja como coordinador de Barcelona de Ecuador, se las ingenió para meter un taco y dejar solo al Negro Enrique en una jugada que pudo aumentar las distancias cuando todos los caminos conducía a la consagración.

Diez hubo uno solo en aquel equipo de Bilardo. Fue Diego. Fue D10S. Pero hubo otros diez en aquel ciclo. Además de Borghi, Tapia, Bochini y Trobbiani, los que se quedaron con la medalla y besaron la copa, Bilardo probó con varios diez en sus ocho años al frente del seleccionado.

Maradona, con 46 apariciones, fue el que más jugó. Lo siguieron José Daniel Bocha Ponce (con 22 apariciones), Trobbiani (15), Alberto Márcico (14), Bochini (9), Tapia (9), Sabella (8), Borghi (6); Gorosito (6) y Norberto Beto Alonso (4). Ellos fueron los otros diez de Bilardo. 


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