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La verdadera historia detrás del papelón de la Superliga Europea

La nueva Superliga Europea era un gigante amenazador el domingo a la medianoche, que se iba a devorar a la Champions League, a todos los fans con amor a la camiseta y a los otros clubes. Treinta y seis horas después pasó a ser la mini liga, hasta convertirse en un oprobio deportivo, repudiado por todos los que aman el fútbol, ganar y perder, y el juego limpio. En estas horas solo el Real Madrid, el Barcelona y Juventus permanecen en ella. Uno a uno, los presidentes del Manchester City, del Liverpool y del Tottenham tuvieron que presentar los más profundos y avergonzados perdones a su equipo y a sus hinchas. Después se sumaron los demás.

Esta es la historia de un gran papelón deportivo. Un reflejo de lo que el fútbol de billonarios convirtió a un deporte popular, con contratos estratosféricos y negocios financieros paralelos, que están destruyendo el alma del fútbol y de la afición. Una sola lección va a dejar este zafarrancho: el fútbol va a repensarse y a regularse, para que no se convierta en una empresa de especulación y codicia. Con managers y jugadores en ayunas y fans llorando, abrazados a su camiseta, huérfanos, alrededor de su estadio sin alma.

El miedo a la desobediencia civil

Protestas en las calles de Londres por la creación de la Superliga. (AFP)

Protestas en las calles de Londres por la creación de la Superliga. (AFP)

Si la Superliga Europea fracasó fue gracias las lágrimas de los fans, a la presión de su desamparo y de su furia sobre los dirigentes y sobre los gobiernos en plena pandemia, cuando se teme la desobediencia civil ante la crisis económica y social que el Covid ha dejado.

Primeros fueron el Chelsea y el Manchester City los que renunciaron. Luego se sumó el Liverpool, cuyo dueño norteamericano hizo la más lúgubre de las disculpas a sus fans y al reino, y después, el resto de los seis equipos británicos, que iban a ser parte de la Superliga. El último fue Joel Glazer, el norteamericano dueño del Manchester United, que hizo una “apology sin reservas” a su fans.

“Nosotros hicimos esto mal y queremos mostrar que podemos hacer las cosas bien. Al buscar crear una fundación más estable para el juego, fallamos en mostrar respeto por las profundas raíces de las tradiciones- promoción, relegación, la pirámide- y nosotros les pedimos perdón”, dijo el norteamericano Joel Glazer .”Este es uno de los grandes clubes del mundo y nosotros pedimos disculpas sin reservas por la agitación causada en los últimos días”, agregó el dueño del Manchester United.

En nombre del “Fair Play”

Apenas 36 horas después de que se anunciara la Superliga, Boris Johnson se encontró criticando a los banqueros en una llamada de Zoom con fanáticos del fútbol. Este deporte nació en Gran Bretaña y es el más popular del reino: forma parte de su cultura, de su identidad y “fair play”.

El competitivo primer ministro, fanático del rugby, ​​no se contuvo. Dijo a los ejecutivos de la Asociación de Fútbol y la Premier League, así como a los grupos de fans, que las propuestas de la Superliga eran un “anatema para los principios del juego limpio”. Prometió que su gobierno haría “todo lo posible para frustrarlos”.

“Los clubes de fútbol -​​dijo- deben ser protegidos porque son símbolos de la cultura británica”. En cambio, “se han transformado en los juguetes de los banqueros. Puede parecer extraño que un conservador convencido del libre mercado como yo esté hablando de que el Estado y el gobierno se involucren en asuntos de deporte y competencia. El fútbol es diferente. Es tan importante para la cultura británica como las artes“, aseguró desde Downing St.

La bomba legislativa

Boris Johnson. (DPA)

Boris Johnson. (DPA)

En Gran Bretaña se montó la mayor oposición a la Superliga. Managers, jugadores, fans, políticos se opusieron abiertamente a la idea de que el torneo asfixiara a los otros clubes. Los fans empapelaron las rejas de los estadios con sus reclamos. Los rodearon, insultaron a sus dueños. Rebelión popular inquietante para el gobierno.

Boris le preguntó a Richard Masters, director ejecutivo de la Premier League y a la FA (Football Association) qué sanciones podrían imponer. La “máxima” sanción era expulsarlos de sus competiciones. Pero le advirtieron que esto daría lugar a acciones legales por parte de los seis grandes clubes. “¿Estaría el gobierno dispuesto a ayudarlos?”, preguntó Masters.

La ferocidad de la respuesta de Johnson sorprendió a los que estaban en la videollamada. ”Sí”, dijo. El estaba dispuesto a “lanzar una bomba legislativa” para protegerlos. El gobierno estaba dispuesto a cambiar las leyes de competencia “de inmediato“ para evitar que “los clubes separatistas emprendan acciones legales”.

La fuerza de Marcus Rashford

Marcus Rashford. (DPA)

Marcus Rashford. (DPA)

Durante la pandemia Marcus Rashford, delantero de Manchester United y la selección, se transformó en una pesadilla para el primer ministro. Lo forzó a dar comida a todos los chicos de la escuelas británicas, que no podían asistir a clases o en sus vacaciones. Le ganó cada uno de las batallas que emprendió. Lo forzó a cambiar de opinión al gobierno tres veces. Es el humanitario más famoso del reino.

“Hay cierto futbolista en Manchester United que es muy bueno presionando a los políticos”, dijo Boris al Manchester United Supporters Trust, que estaba en la llamada de zoom.

En horas, Marcus Rashford estaba subido al proyecto. No hizo declaraciones. Publicó en su Twitter una imagen y una frase de Sir Matt Busby, el primer entrenador de un equipo inglés en ganar la Copa de Europa: “El fútbol no es nada sin fans”.

Los clubes no podían creer en la reacción. Rashford se había sumado a entrenadores, jugadores, ex jugadores, ex coach , en un tsunami de críticas.

El miedo a la regulación

Emmanuel Macron. (EFE)

Emmanuel Macron. (EFE)

Roman Abramovich, el dueño del Chelsea, fue quien personalmente se dio cuenta del gran error y comenzó a dar marcha atrás en la decisión. Lo siguieron los emires del Manchester City.

“Nunca es bueno para el fútbol cuando el primer ministro se involucra”, dijeron. “Ahora nos enfrentamos a la perspectiva de un regulador independiente, una revisión de gran alcance y Dios sabe qué más. Sí, puede ser ingenuo decir que nadie esperaba la reacción, pero el hecho es que es la verdad”.

Esa será la realidad. Francia exigió a la Comisión Europea que regule el fútbol con nuevos poderes. El presidente Emmanuel Macron y sus ministros aprovechará la crisis para quitarle de las manos a los capitalistas el fútbol y ponerlo bajo un control burocrático.

Roxana Maracineanu, la ministra de deportes, dijo que el sistema francés, que supervisa administrativamente las federaciones deportivas, debe ser extendido a toda la Unión Europea. “Nosotros tenemos que inventar a nivel europeo una relación especial entre la UE y el movimiento deportivo”, sostuvo.

Francia fue quien marcó que el debate de la Superliga dejaba el blanco y negro una opción: decidir entre el libre mercado y la responsabilidad social del deporte.

Maracineau mencionó el rol de la pandemia en el terremoto que produjo la Superliga: “El hecho de que emerja ahora, cuando estamos atravesando un complicado periodo con la pandemia, parece una traición a los otros clubes”, dijo la ministra de deportes francesa.

La comisaria europea Mariya Gabriel no solo mostró su oposición .”Nosotros debemos mostrar un modelo europeo de deportes basado en la diversidad y la inclusión. Esto no es un ámbito reservado para unos pocos ricos y poderosos clubes que quieren cortar sus vínculos con todo lo que las asociaciones representan”, dijo.

Como una pompa de jabón

Andrea Agnelli, presidente de Juventus. (Reuter)

Andrea Agnelli, presidente de Juventus. (Reuter)

Los billonarios lideres de la Superliga Europea no imaginaban ni en sus peores sueños esta violenta reacción. El Manchester City y el Chelsea renunciaron. La Superliga había recibido su golpe de gracia. Desapareció a medianoche, como la Cenicienta. Como una pompa de jabón.

Andrea Agnelli, nieto de Gianni, ”il capo” de Fiat, presidente del Juventus, y uno de los autores intelectuales de la Superliga, tiró la toalla en la noche del martes. Su ex amigo, el líder de la UEFA Aleksander Ceferin, que lo había nombrado padrino de su hija, lo llamó “serpiente” y “Judas”.

“Para ser sinceros y honestos, la Superliga ya no puede hacerse”, afirmó Agnelli a Reuters. ”Sigo convencido de la belleza del proyecto pero hay que admitir que ahora no puede seguir adelante”, concluyó.

Agnelli acusó a Boris Johnson de considerar a la Superliga “un movimiento anti Brexit”. El primer ministro respondió que era una mentira, que estaban defendiendo el fútbol que Gran Bretaña había creado, en medio de una rebelión de los fans contra los dueños de los clubes.

Agnelli, presidente del club Juventus por 11 años, padre de la llegada de Cristiano Ronaldo, debió admitir en un comunicado que “la liga ya no es viable ante el retiro de los seis clubes británicos”.

En un comunicado a la madrugada, la Superliga dijo que “está convencida que que el statu quo actual del fútbol europeo debe cambiar. Estamos proponiendo una nueva competición europea porque el sistema existente no funciona”, denunciaron. Las decisiones de Chelsea y Manchester City provocaron la inevitable desaparición de la liga. Poco antes de las once de la noche de anoche, los clubes ingleses restantes se retiraron, emitiendo declaraciones de distintos tonos. La escueta declaración de 47 palabras del Liverpool dijo que su participación en la Superliga había sido “descontinuada”. Daniel Levy, presidente del Tottenham, insistió en que el fútbol “nunca debe quedarse quieto”. El Arsenal dijo que “cometió un error y nos disculpamos por ello”.La rebelión popular de los fans británicos había liquidado la Superliga Europea.

Sus acciones habían provocado un estallido de desafío por parte de sus jugadores y, en algunos casos, de los entrenadores.

A la americana

El DT del Manchester United Ole Gunnar Solskjaer junto a los dueños del club, los estadounidenses Joel y Avram Glazer. (Reuter)

El DT del Manchester United Ole Gunnar Solskjaer junto a los dueños del club, los estadounidenses Joel y Avram Glazer. (Reuter)

La Superliga iba a hacer perder el espíritu al futbol europeo. Sería “a la americana” y fue planeado en secreto durante años, al menos desde el 2016. El plan era seguir de cerca la estructura que lideran las ligas de deportes americanos y los partidos durarían menos de 90 minutos. Habría un límite para los salarios de los jugadores y los clubes podrían ganar billones porque habría acuerdos de reparto de ingresos.

El límite de los salarios de los jugadores debía ser del 55 por ciento de los ingresos del club. Los clubes europeos suelen gastar entre el 70 y el 80 por ciento en salarios.

El Financial Times informó que los 15 “clubes fundadores” de la Superliga compartirían el 32,5 por ciento de estos ingresos comerciales. Otro 32,5 por ciento se distribuiría entre los 20 equipos participantes, incluidos los cinco equipos invitados a jugar en la competición cada año.

El veinte por ciento de los ingresos se asignaría por “mérito” o dependería del desempeño en la competencia.

La estructura “cerrada” de la liga también se parecía a los deportes estadounidenses, en los que los equipos no son relegados si tienen un desempeño deficiente. Eso es lo que les garantiza una lucrativa fuente de ingresos. De los 12 clubes europeos que se inscribieron en la liga esta semana, cuatro tienen dueños estadounidenses: Manchester United, Liverpool, Arsenal y AC Milan.

La reunión secreta

Billones fue el principal objetivo. Reformar el fútbol, sus reglamentos, los pagos a los jugadores para seguir ganando los financistas fue el método elegido. .

Cinco ejecutivos de los clubes de la Premier League, que originalmente se inscribieron en la nueva liga, fueron fotografiados en una reunión en 2016 , para discutir una versión preliminar de la propuesta. Según el diario británico The Sun, el principal patrocinador fue el multimillonario Stephen Ross, el principal propietario del equipo Miami Dolphins de la NFL.

En la reunión de 2016 estuvieron Ed Woodward, el vicepresidente ejecutivo del Manchester United, Bruce Buck, el presidente del Chelsea, Ivan Gazidis, entonces director ejecutivo del Arsenal, y el funcionario del Manchester City, el español Ferran Soriano. Woodward renunció anoche por el furor causado por la Superliga Europea y el rechazo de sus fans.

Ian Ayre, entonces director ejecutivo de Liverpool, también estuvo en la reunión. Más tarde se fue para dirigir el equipo Nashville SC de la Major League Soccer estadounidense.

En ese momento, una fuente de la Premier League le dijo a The Sun: “No quieren que otros clubes amenacen sus lugares europeos, especialmente en Champions. Tienes la sensación de que les gustaría que la Premier League se convirtiera en La Liga, solo con seis clubes superdominantes en lugar de dos”, contó al tabloide británico.

Si siguieran este camino, estarían vendiendo sus almas al mundo del espectáculo. Es más una amenaza que cualquier otra cosa, pero es bastante hueca. Espero que la UEFA y la Premier League lo vean”.

“Pero estos clubes esperan que les dé influencia en las negociaciones sobre el futuro de la Champion y la Premier League” continuó. Nadie se dio cuenta de hasta donde podían llegar.

En 2017, el ahora renunciante ejecutivo de Manchester United, Woodward fue fotografiado en un restaurante de Nueva York con John W. Henry, el propietario del Liverpool, Gazidis y dos de los propietarios del Manchester United, Avram y Joel Glazer. El origen de todo fue americano. Luego llegaron los otros, como comparsa.

Esta semana se anunció que el costo de lanzamiento de 3.4 mil millones de libras esterlinas sería financiado por un acuerdo de deuda suscrito por el banco de inversión estadounidense JPMorgan. Woodward trabaja allí y los Glazer, dueños del Manchester United, tienen excelente relación.

JP Morgan jamás imaginó tal reacción violenta, que hoy amenaza la reputación y sus intenciones. Se cree que la participación del banco fue aprobada por un comité de reputación interno, que evalúa acuerdos importantes para considerar posibles controversias. “Los miembros del comité no imaginaron la ira generalizada de los fanáticos de todo el mundo por el anuncio de los planes”, según The New York Times. JPMorgan declinó hacer comentarios ayer.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y presidente de la nueva Súper Liga Europea , argumentó que los partidos de 90 minutos eran “demasiado largos” y que “hay que cambiar algo si queremos que el fútbol siga vivo”. Pérez dijo que los juegos deben acortarse para hacerlos más atractivos para los más jóvenes en un programa español de fútbol.

Don Quijote de la Mancha, el Merengue

Florentino Pérez, presidente de Real Madrid. (DPA)

Florentino Pérez, presidente de Real Madrid. (DPA)

Florentino Pérez, millonario empresario de la construcción, presidente del Real Madrid y de la nueva Superliga, estaba enamorado de su proyecto y de las futuras ganancias. “El fútbol tiene que cambiar y adaptarse. Tenemos que analizar por qué los jóvenes, de 16 a 24 años, el 40 por ciento de ellos, no están interesados ​​en el fútbol. ¿Por qué? Porque hay muchos juegos de baja calidad y tienen otras plataformas de entretenimiento. Es una realidad. Dicen que los juegos son demasiado largos. Tenemos que cambiar algo si queremos que el fútbol siga vivo”, argumentó, en pleno escándalo.

“A veces no entendemos a nuestros hijos o nietos. Son generaciones diferentes, el mundo cambia. Si los jóvenes no ven un juego completo, es porque no es lo suficientemente interesante o tendremos que acortar los juegos. Hay partidos que ni siquiera yo puedo ver todos, para ser honesto”, dijo Florentino, que rechazaba aún bajarse a este proyecto difunto.

En el Barcelona , el presidente Joan Laporta -que era contrario como candidato al nuevo torneo- someterá su aprobación a la asamblea de socios. La situación económica del club es dramática, deben recontratar a Leo Messi, pagar a sus proveedores y carece de fondos. La Superliga le entregaría inmediatamente 350 millones de euros, que parecen evaporarse.

Como el Caballero Andante, Don Florentino Pérez sigue subido al caballo. Los Sanchos lo han abandonado. Los Merengues están mudos y expectantes.


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