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La poco conocida historia de los italianos enviados a campos de internamiento en Canadá durante la II Guerra Mundial

La noche del 2 octubre de 1943, Salvatore Vistarchi, un joven inmigrante italiano que vivía en Montreal, pensó que sería una de las más felices de su vida.

campo de internamiento

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Los campos de internamiento estaban protegidos por cercas electrificadas.

Le había propuesto matrimonio a su novia, Jean Reddy, y ella había aceptado.

El matrimonio, sin embargo, se vería forzosamente postergado.

Después de dejar a su prometida en su apartamento, Vistarchi regresó a su casa y ya estaba durmiendo cuando tocaron a la puerta.

“La Policía Montada de Canadá lo arrestó sin dar nunca una razón”, recuerda su hija Joan en declaraciones a la Canadian Broadcasting Corporation.

Salvatore Vistarchi no volvería a ver a su prometida, ni el mundo exterior, en los siguientes 33 meses.

Fue enviado con otro grupo de casi 700 personas a uno de los campos de internamiento para italianos que creó Canadá durante la Segunda Guerra Mundial.

El gobierno canadiense había declarado “extranjeros enemigos” a más de 31.000 italianos que habían emigrado al país y quienes fueron acusados de tener vínculos con el fascismo y con Benito Mussolini.

Un grupo de ellos, los más “peligrosos”, según las autoridades, fueron recluidos hasta después de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de los internados, como Salvatore, aseguraron hasta su muerte que nunca habían tenido vínculos con el fascismo y que fueron víctimas de una conjura política.

Los campos de internamientos han sido por años una herida abierta en la memoria histórica de Canadá y sobre todo de su comunidad italiana, cuya población es de más de 1,5 millones.

Ahora, sin embargo, el primer ministro Justin Trudeau les pide perdón en nombre del gobierno.

“A los hombres y mujeres que fueron llevados a campos de prisioneros de guerra o a la cárcel sin cargos y que ya no están con nosotros para escuchar esta disculpa, a las decenas de miles de canadienses italianos inocentes que fueron etiquetados como ‘enemigos’, a los hijos y nietos que han llevado la vergüenza y el dolor de una generación pasada y a su comunidad… les decimos lo siento”, afirmó Trudeau el jueves.

Justin Trudeau

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Justin Trudeau pidió disculpas a la comunidad italiana en Canadá.

Aunque no fue la primera vez que el gobierno canadiense se disculpaba por lo sucedido (un primer ministro italiano lo hizo antes durante una cena, lo que fue visto como una “disculpa informal”), la comunidad italiana canadiense recibió con beneplácito la noticia por considerar que se trataba de la “primera disculpa sentida y completa” en el Parlamento.

Según recuerdan medios locales, el tema de una potencial disculpa en el Parlamento ha generado polémica y se ha pasado como “una papa caliente” de un gobierno a otro.

Y es que si bien muchos de los “internados” en los campos eran inocentes, otros eran fascistas confesos y seguidores de Mussolini, por lo que algunos consideraban que una disculpa oficial podría también ser entendida como una “apología del fascismo”.

Los años de internamiento

Canadá, como también hizo EE.UU. y Reino Unido, envió a campos de internamiento a ciudadanos de países con los que se enfrentó durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego de entrar en el conflicto en 1939, la nación aprobó la llamada Ley de Medidas de Guerra, lo que le daba al gobierno amplios poderes, incluida la autoridad para suspender las libertades civiles.

Fue en ese contexto en la que comenzaría a “internar” a personas originarias de otras naciones con las que ahora combatía.

El 10 de junio de 1940, Mussolini declaró la guerra a Reino Unido y Francia, lo que llevó a Canadá, como parte del Imperio británico, a declarar la guerra a Italia el mismo día.

En cuestión de horas, el entonces primer ministro, William Lyon Mackenzie King, invocó la Ley y ordenó a las autoridades iniciar los protocolos para los arrestos de italianos.

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Muchos de los internos eran obligados a trabajos forzados.

Según cuentan los historiadores el criterio para el arresto fue unas listas de presuntos simpatizantes fascistas, proporcionadas por informantes.

“Ni una sola persona fue condenada y tampoco contaron con el debido proceso. No tenían nada más que el hecho de que su nombre pudo haber aparecido en una lista”, dijo en una entrevista con The Canada Press el actual ministro de Justicia, David Lametti, de ascendencia italiana.

Aunque solo un grupo de 600 a 700 personas fue enviado a los campos de internamiento, los más de 31.000 italianos que fueron declarados “enemigos extranjeros” debían reportarse cada mes ante las autoridades “como si estuvieran en libertad condicional”.

En su libro Fascism and the Italians of Montreal, el historiador Filippo Salvatore cuenta que por aquellos años hubo una especie de “histeria” en la que se temía que los italianos en Canadá crearían un “quinto frente” y realizarían actos de sabotaje.

“Los canadienses de origen italiano no eran realmente una amenaza para Canadá. Las personas que fueron arrestadas nunca cometieron actos de terrorismo”, aseguró el autor al diario National Post.

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El internamiento duró hasta terminada la II Guerra Mundial.

Según Salvatore, muchos fueron acusados por motivos que iban desde tener vínculos o negocios con el consulado italiano hasta por haber hecho donaciones a la Cruz Roja Italiana.

La historiadora Arianna Davies contó a Global News Canada que si bien “ciertamente, había fascistas incondicionales” en el país, la idea que promovieron las autoridades de que “acabarían” con Canadá “fue realmente una tontería”.

Davies asegura que esta situación creó una especie de “estigma” que ha perseguido a la comunidad italiana en Canadá a través de los años.

Otros internados y otras disculpas

Los italianos no fueron los únicos en ser enviados a campos de internamiento en Canadá.

Un numeroso grupo de alemanes y, sobre todo, japoneses, también corrió igual suerte (como sucedió en Estados Unidos).

Según los historiadores, más de 22.000 japoneses fueron sacados de sus hogares y enviados a campos de internamiento y a trabajar en plantaciones de remolacha, luego de que el gobierno canadiense confiscara sus propiedades y las subastara o vendiera a precios bajos.

En 1988, el primer ministro Brian Mulroney se disculpó formalmente por el internamiento de japoneses y ofreció a los sobrevivientes casi US$250 millones en compensación.

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Canadá creo varios campos de internamiento.

Dos años después, también pidió disculpas a los canadienses de origen italiano que lo habían invitado a un evento, pero fue criticado por haberlo hecho sin mucha publicidad y en contexto de una cena.

La Real Policía Montada de Canadá, que fue responsable de los arrestos, ofreció una “expresión de pesar” por su papel en 2018.


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