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la pelea entre los clubes y el punto en común con la frustrada Superliga de Europa

“Si ustedes no encuentran una solución a la cuestión del profesionalismo en el fútbol, lo haremos por vía oficial”. Palabras más, palabras menos, el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, José Guerrico, cerró la reunión con los dirigentes de los clubes porteños el lunes 27 de abril de 1931. Eran días decisivos, la era rentada era un hecho. El tema era cómo. Este martes 27 de abril se cumplen 90 años de aquella reunión clave.

Con más conocimiento que el intendente, Adolfo Mugica Elizalde, abogado y Secretario de Obras Públicas e Higiene y Seguridad, fue claro ante los representantes de los clubes. Argumentó que por un lado estaba el petitorio que los jugadores que estaban en huelga le dieron al presidente Félix de Uriburu y que plateaba la situación entre amateurismo y profesionalismo. Entonces, si eran aficionados tenían “plena libertad de jugar para quien quisieran”; pero como en realidad todos eran profesionales porque existía el amateurismo marrón “era el momento de hacer un registro de contratos para los jugadores”. Eso traería también la solución del conflicto planteado.

La política nunca estuvo ajena de lo que sucede en el fútbol. La crisis del fútbol porteño arrastraba una década, desde la escisión de 1919 cuando 14 clubes se fueron de la Asociación Argentina de Football y fundaron la Asociación Amateurs. Para la fusión de 1926 fue necesaria la intervención del presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear. Entre las dos asociaciones había 44 equipos en Primera. Una de las grandes trabas para fusionarse era qué equipos seguían en Primera mayor y cuáles no.

Hubo una reunión clave entre el Intendente José Guerrico y los dirigentes, el 27 de abril de 1931.

Hubo una reunión clave entre el Intendente José Guerrico y los dirigentes, el 27 de abril de 1931.

Salomónico, el fallo de Alvear elevó a 29 los equipos en Primera (luego se agregaron otros 5 para completar 34), con cuatro descensos y dos ascensos. Pero aquí empezó a pesar la cuestión de los fundadores, 14 de la Amateurs y otros 6 de la Argentina (en realidad los 19 que jugaban en Primera antes del cisma más Vélez). Así, si uno de ellos ocupaba uno de los últimos 4 lugares, ese año no descendía, tenía otra oportunidad.

Esto es importante para entender la situación tras el torneo de 1930, cuando un grupo de los clubes ya llamados grandes quería armar una sección profesional de no más de 14 equipos dentro de la Asociación. Para cambiar los estatutos se necesitaban el voto de los 18 de los 33 clubes que habían quedado en Primera pero 9 debían ser fundadores.

Había dos proyectos en danza. Uno elaborado por los dirigentes de Racing y San Lorenzo y apoyado por los clubes que se reunían generalmente en la casa del presidente de Huracán Jacinto Armando.

En la revista El Gráfico, el periodista Chantecler explicaba los proyectos.

En la revista El Gráfico, el periodista Chantecler explicaba los proyectos.

La propuesta de los grandes eran armar la sección profesional con ocho clubes fijos: Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo, Huracán, Estudiantes, Gimnasia. Además, otros cuatro preferentemente fundadores para obtener la mayoría de votos y lograr la reforma necesaria de los estatutos: Vélez, Platense y Estudiantil Porteño. Falta uno y aquí había pujas. Racing proponía a Talleres de Escalada y Boca, a Chacarita. Con esos 12 porteños, la idea era también sumar a Rosario Central y Newell’s. Una liga de 14, de ida y vuelta y sin descensos, al menos por tres años.

Un proyecto incluía a Newell's, Central, Nacional y Peñarol en la Liga profesional de 1931.

Un proyecto incluía a Newell’s, Central, Nacional y Peñarol en la Liga profesional de 1931.

El otro proyecto lo fomentaban Independiente, Estudiantil Porteño y San Isidro. “Vamos al profesionalismo si lo hacen todos los clubes”, remarcó Máximo Alvarez Quintana, delegado de San Isidro, en la reunión con el intendente. La idea era invitar a todos los clubes que quisieran formar parte de la nueva era y, si el número de los que se decidían era más de 30, hacer el campeonato de 1931 con todos ellos, anular los privilegios (el que tenían los fundadores) y que descendieran efectivamente 10 clubes el primer año con un solo ascenso; al la siguiente temporada, otros diez pero seis y ocho ascenso, hasta regularizar en 18 la cantidad de equipos en la división profesional.

Entre las dos propuesta extremas, algunas ideas, como incorporar también al campeonato profesional a los uruguayos Nacional y Peñarol. Cualquier parecido con la idea económica y elitista de la frustrada Superliga de Europa, es pura coincidencias. Los dirigentes de la década del 30 soñaban con una Liga reducida en la que Boca, por caso, se enfrentara sucesivamente con River, Racing, Independiente, San Lorenzo, Huracán, Newell’s, Central, Nacional, Peñarol, Gimnasia y Estudiantes.

El principal sostén económico en aquella época era la cuota social y las recaudaciones (tan importantes como los derechos de televisación en este siglo). Parafraseando a Florentino Pérez, el presidente de Real Madrid, los dirigentes porteños pensaban que los hinchas no estaban interesados en ir a ver un partido entre Argentino del Sur y Sportivo Buenos Aires, por citar dos clubes que se perdieron en el tiempo.

Pedro Molfino, presidente de Boca, confirmaba la idea de rosarinos y uruguayos. “De eso se ha hablado y es seguro que se contaría con su concurso. Todos los domingos habría matches en Montevideo y Rosario, al mismo tiempo que un team de cada una de esas ciudades bajaría a esta capital para medirse con los equipos locales”.

Los dirigentes de los clubes grandes, a fines de abril de 1931, ya no callaban.

Los dirigentes de los clubes grandes, a fines de abril de 1931, ya no callaban.

Para fines de abril todavía no había acuerdo entre los dirigentes. Las voces fuertes se empezaron a repetir en los medios.

Lucas Zuanich, dirigente de River y futuro presidente tras la renuncia de José Bacigaluppi por no estar de acuerdo con las formas en las que resolvió el tema del profesionalismo, anticipaba la decisión del club: “Mi club es una institución en la que se practican 28 deportes y nunca se habría inclinado por el profesionalismo si no comprendiera que en el football no puede mantenerse la actual situación”.

Pedro Canavery, presidente de Independiente, proponía ir al profesionalismo pero sin cisma: “Debe declararse el profesionalismo. El Sport lo exige. No puede mantenerse una situación como la que existe, con todos los vicios, perjuicios y zozobras de toda la actividad al margen de la ley”.

Molfino ya hablaba de grandeza: “Es necesario ir al profesionalismo. Todos los jugadores lo son, y también los clubs, pues especulando con el football han obtenido su grandeza o labran su futuro”.

El periodista Chantecler (Alfredo Rossi), en la revista El Gráfico, explicaba en abril porqué todavía no se había producido la escisión: “Es claro que habría sido una liga más fuerte la de cerrar con 12 el número de los profesionales, pero se habría producido el cisma y los clubes chicos habrían quedado con la casa, la afiliación internacional unos 400.000 pesos de capital, con lo que habrían hecho la guerra, digamos, con materiales abundantes para prolongar sin solución de tiempo, un gran lío para el fútbol”.

Aún así, por lo bajo, algunos dirigentes se animaban a decir que el profesionalismo se haría sí o sí, por dentro o por fuera de la Asociación. Faltaban pocos días.

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