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la gran sorpresa de los independientes y la derrota previsible del oficialismo

No estaba en los pronósticos y, si las encuestadoras cotizaran en la bolsa, mañana seguramente sus acciones caerían en picada. Subestimaron a los nuevos y creyeron que el electorado se distribuiría como lo hacía tradicionalmente. Pero no fue así. Unos 65 de los 138 convencionales electos –los otros 17 son escaños para pueblos originarios- no tienen militancia política e instalan un manto de incertidumbre que hace imprevisible prever cómo será la nueva constitución de Chile.

El oficialismo, totalmente desafectado de la figura presidencial de Sebastián Piñera, apostaba por conseguir 45 constituyentes que permitiese moderar la redacción del nuevo cuerpo fundante de Chile. Pero los resultados, le dan 39 escaños, lejos de las proyecciones del sector. La ex Concertación, el conglomerado que ostenta exitosos gobiernos y figuras como los ex presidentes Ricardo Lagos o Michelle Bachelet, conseguía 25 escaños y el novel Frente Amplio chileno obtenía 28.

Funcionarios cierran las urnas e inician el conteo de votos, en Santiago de Chile. Foto EFE

Funcionarios cierran las urnas e inician el conteo de votos, en Santiago de Chile. Foto EFE

¿Dónde se fueron los votos, entonces? Los 63 escaños faltantes se distribuyeron entre independientes. Ciudadanos, algunos más y otros menos conocidos, que se agruparon en listas fuera de los partidos y dieron vuelta el tablero electoral. Si se analiza el “ADN” políticos de muchos de ellos, es probable que puedan ser vinculados a sectores de centro izquierda y la izquierda. Pero hay algo que está claro: no responden al establishment ni a nadie más que a ellos mismo.

Lo que parecía, entonces, un proceso constitucional donde los dos tercios necesarios para los acuerdos garantizarían la moderación, es ahora una carta abierta y llena de probabilidades que los analistas no se atreven a proyectar. Y si bien estos resultados no están completos, la tendencia es clara: los grandes perdedores de esta elección fueron el gobierno y los partidos políticos tradicionales.

Chile entrará a un proceso constituyente con más dudas que certezas. Primero, porque la derecha no tiene poder de veto, ya que no obtiene el tercio necesario para ello. Y aunque la oposición podría cantar victoria, no hay ningún control sobre los independientes, que también le son necesarios para alcanzar dos tercios que impongan sus ideas.

En el Palacio de La Moneda las caras de preocupación se multiplicaron. Pero también lo hacían las caras de los políticos de oposición, que no lograron conectar con el masivo descontento de la ciudadanía expresado durante el último año, desde aquel ya lejano octubre de 2019.

Esta elección, además, se dio en medio del temor creciente a la irrupción de liderazgos populistas. No es extraño, por tanto, que una candidata a presidenta como Pamela Jiles, – que saltó al estrellato promoviendo el retiro de los fondos de pensiones para palear la pandemia, trata a sus adherentes de “nietitos” y baila en el congreso como el animé Naruto- tenga la primera intención de voto presidencial. Ella tampoco responde a las coaliciones tradicionales.

La gran conclusión de las elecciones en Chile es que la brecha y desafección entre la ciudadanía y el orden institucional, entendiendo éste como los partidos y organismos del Estado, parece insalvable. Sólo en las elecciones de Gobernadores y Alcaldes, donde Independientes compitieron bastante menos, el comportamiento electoral pareció moverse dentro de los cánones históricos.

Vendrán día complejos en el país vecino. Los mercados evaluarán mañana los riesgos de este nuevo escenario, justo cuando el país requiere de la confianza de los mercados para empezar su reactivación tras los estragos que causó la Pandemia. Adicionalmente, esta semana se inscriben las pre-candidaturas presidenciales, donde la Izquierda deberá evaluar si su dispersión les es rentable o, por el contrario, opta por la unidad para hacerle frente al oficialismo. Un oficialismo que, contrario a todo pronóstico e incluso el resultado de esta elección, ve en Joaquín Lavín –alcalde de Las Condes y muy competitivo en todos los sondeos- una alternativa real de poder aferrarse al poder.

PB

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