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jugaba al básquet, su ídolo era Ginóbili y modificó su cuerpo de manera asombrosa

La culpa la tiene Manu Ginóbili. El bahiense marcó a toda una generación de deportistas. No solo en la Argentina, también en Chile. Así lo cuenta Sammis Reyes, un muchacho de 25 años que está haciendo historia: es el primer chileno en llegar a la NFL, el décimo tercero si solo se cuentan los sudamericanos.

Pero la culpa es de Ginóbili. Mientras Manu se hacía dorado en Atenas 2004 y sumaba anillos en la NBA, del otro lado de la Cordillera, este súper atleta que hoy mide 1,96 metros de altura y pesa 120 kilos, era un flaquito que corría hacia el aro e intentaba volcarla imitando el “eurostep”, el pasito que nuestro Gino patentó en los inolvidables San Antonio Spurs.

“Para mí Manu Ginóbili es un ídolo. Desde muy chico, saber que él estaba del otro lado de la Cordillera era una gran inspiración. Los chilenos nunca tuvimos un jugador en la NBA. Ustedes han tenido varios. Entonces, para nosotros, mirar a la Argentina era decir: ‘Están haciendo algo bien allá, hay que imitar lo que están haciendo’. Esa curiosidad de saber lo que hacía Ginobili, cuál era su filosofía, siento que abrió algo dentro de mí que me hizo seguir toda su carrera. Hasta el día de hoy es un ídolo para mí”, le asegura Sammis a Clarín desde su hogar, en Washington DC.

Fue así que Reyes llegó a la Selección Juvenil de básquet chilena, participó en torneos internacionales y a los 14 años integró una delegación que durante dos semanas se entrenó en el CENARD, en Buenos Aires, donde jugó varios amistosos contra la Argentina. “Al que más recuerdo es a Gabriel Deck, un muy buen deportista. Lo conocí muy chico y se veía que él iba a hacer cosas grandes. Tiene mi edad y jugábamos en la misma posición, nos enfrentamos muchas veces“, cuenta con una sonrisa.

En esos cruces juveniles dejó tan buena impresión que algunos equipos de la Liga Nacional intentaron ficharlo, entre ellos Atenas de Córdoba y Peñarol de Mar del Plata. En el caso de haber aceptado esas ofertas, otra hubiera sido la historia para el oriundo de Talcahuano, una ciudad de 160 mil habitantes que da al Pacífico, 500 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Pero su camino apuntaba hacia el Norte.

Sammis Reyes en sus tiempos de basquetbolista jugando para la Selección de Chile.

Sammis Reyes en sus tiempos de basquetbolista jugando para la Selección de Chile.

En ese momento, Sammis aceptó una beca y desembarcó en el básquetbol colegial de los Estados Unidos. Mientras tanto, siguió compitiendo con la selección de Chile, y formó parte del combinado que luchó por un lugar en el Mundial de China 2019. Quería ser el primer chileno en llegar a la NBA pero no lo logró: era tan imponente su físico que los llamados que recibía para continuar su carrera eran para preguntarle si jugaba al futbol americano. Nunca los tomó en serio, hasta que un día se decidió.

Para ello tuvo que desarrollar su cuerpo, cambiar su alimentación y toda su rutina de entrenamiento. Además, pasó diez semanas jugando partidos con sus viejos compañeros de la etapa universitaria, incorporando términos y movimientos propios de un deporte que combina fuerza, destreza y cerebro.

Sammis Reyes tuvo que cambiar su cuerpo: consume 6 mil calorías diarias.

Sammis Reyes tuvo que cambiar su cuerpo: consume 6 mil calorías diarias.

“Me tomé 365 días para cambiar mi cuerpo y aprender el deporte, los roles de cada jugador en la cancha. Tuve que ganar alrededor de 15 kilos, pasé de pesar 105 a 120 kilos. Trabajé mucho mi velocidad y aumenté mucho mi fuerza, mi masa muscular. Tengo que comer alrededor de 6 mil calorías diarias para mantener este peso. Es un trabajo duro. A todos nos gusta comer pero a veces no tengo ganas y debo comer igual”, explica Sammis.

Y agrega, con tono serio: “Un desayuno pueden ser 1200 calorías: un batido de proteínas, un mix de frutas, espinacas, 5 huevos con claras adicionales, pan integral, una banana… Es un requerimiento alimenticio muy grande”.

Sammis Reyes nunca había jugado al futbol americano. Se pasó 10 semanas practicando con viejos compañeros de la universidad. Su esfuerzo dio resultados.

Sammis Reyes nunca había jugado al futbol americano. Se pasó 10 semanas practicando con viejos compañeros de la universidad. Su esfuerzo dio resultados.

Este año, recibió una invitación para probarse en el International Player Pathway, un programa de la NFL al que acuden deportistas de todo el mundo a excepción de Estados Unidos y Cánada. Los que se destacan por encima de la media (muy pocos), son cedidos a alguna franquicia al azar para integrar los equipos de entrenamiento. Es una estrategia de la NFL para globalizar a la liga más allá de las fronteras de Norteamérica.

Sin embargo, lo de Sammis fue tan impactante que los Washington Futbol Team pusieron sus ojos sobre él y se apuraron en hacerle un contrato por fuera de las instancias del programa IPP. El 13 de abril, el chileno posó feliz poniendo su rúbrica en las oficinas del “equipo sin nombre”, que la temporada pasada dejó atrás el famoso mote Redskins por considerarse ofensivo y todavía no eligió uno nuevo. “La nueva incorporación”, escribieron los WFT en Twitter, con un impactante video que muestra todo lo que es capaz de hacer el chileno.

De esta manera, Sammis se unirá a un selecto club, el de los únicos sudamericanos que llegaron a la NFL: allí se aparecen tres argentinos, tres colombianos, dos venezolanos, un brasileño, un boliviano, un paraguayo y un guyanés, de acuerdo a los registros online del sitio Pro Football Reference.

De todos, el más exitoso fue Martín Gramática, el “kicker” argentino que se consagró con un Superbowl (único para esta parte del planeta) pateando para los Bucaneros de Tampa Bay en 2002, cuando marcó 12 puntos. “Me provoca alegría que haya un sudamericano en la NFL. Físicamente es un monstruo, se ve muy fuerte y veloz”, señaló Gramática a un medio chileno.

En el caso de Sammis, su posición en cancha es la de “ala cerrada”, una función que lo hace participar más de las acciones de juego, bloquear, correr y atrapar los pases que le podría llegar a lanzar el carismático Ryan Fitzpatrick, nuevo mariscal de campo de los Washington. El veterano barbudo Fitzmagic, como le llaman, es uno de los personajes más carismáticos del mundo NFL, pasó por nueve equipos y es capaz de hacer genialidades como esta.

Aunque poco frecuente, el paso del básquet universitario al futbol americano tiene otros casos emblemáticos en la historia de la NFL, como Antonio Gates, Tony González y Jimmy Graham. El chileno firmó un contrato de 3 años a cambio de casi 2,5 millones de dólares. Ahora le resta meterse entre los 53 jugadores que integren la plantilla de jugadores, entre titulares y suplentes, que salten al emparrillado del FedExField, el imponente estadio del WFT.

“Quiero jugar, quiero ganar, yo no vine a hacer este deporte por la fama o los seguidores de Instagram. Vine a hacer este deporte porque quiero estar en esa cancha y pelearlo. Para representar a mi equipo pero también a mi país, los jóvenes van a estar mirando y diciendo ‘nosotros podríamos estar ahí‘”, asegura Sammis.

Sammis Reyes vive en Washington junto a Nicole, su novia estadounidense.

Sammis Reyes vive en Washington junto a Nicole, su novia estadounidense.

Y se ilusiona: “El día que anote a un touchdown se lo voy a dedicar a mi familia pero también a toda la gente en Chile, a un país entero, a esos niños que tienen 6 o 7 años y están mirando, que vean eso y sientan ‘él es chileno, es parte de nosotros'”.

Los entrenamientos del equipo comienzan el 14 de mayo. Mientras tanto, Sammis practica en soledad, pasa horas maniobrando con el balón y estudia el enorme libro de jugadas que preparó Ron Rivera, un coach latino que el año pasado llegó a la franquicia y cumplió llevándolos a los playoff, aunque ganó otro torneo mucho más importante: superó un cáncer en un ganglio linfático y cumplió su tratamiento oncológico sin perderse un solo partido.




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