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Jorge Bicho Del Buono, la historia del hombre de la hoja de ruta y su hazaña en el Rally Mundial

Jorge Bicho Del Buono tenía 26 años cuando el 23 de mayo de 1971 se subió a un Fiat 600 en las sierras de Córdoba, agarró lápiz y papel y empezó a escribir cada una de las curvas que le cantaba Aldo Caldarella, su compañero en el Rally 1000 kilómetros Fiat. “Las fuimos anotando muy torpemente pero fue la primera hoja de ruta que hicimos y ganamos la carrera”, recuerda 50 años después el hombre que en 1975 se compró un Fiat 600 con la plata recaudada de la venta de las hojas de ruta del Gran Premio y que en 1988 entró en la historia junto a Jorge Recalde como el único binomio argentino en ganar una prueba del Rally Mundial.

“Uno creía que podía ganar muchas carreras, era normal participando en el equipo oficial. En África, al año siguiente, tuvimos mala suerte y quedó ese de Argentina como el único triunfo de Jorge. Después fue imposible, cada vez peor. Ahora, a ese nivel, ya no tenemos representantes argentinos; tenemos tres navegantes corriendo en el exterior pero no tenemos pilotos en equipos oficiales, una lástima”, analiza quien planea retirarse a los 76 años en el Rally Legends de San Marino como navegante de Gustavo Trelles, con quien fue campeón del Grupo N en 1996 y 1997.

La pantalla gigante anuncia el triunfo de Recalde y Del Buono en Córdoba. Foto ACA

La pantalla gigante anuncia el triunfo de Recalde y Del Buono en Córdoba. Foto ACA

A lo largo de una hora y media de charla, cada respuesta del Bicho encierra una anécdota e involucra a personajes famosos del automovilismo, como Carlos Reutemann. Es que al marplatense lo habían elegido en 1980 para ser el navegante en un Fiat 131 Abarth de un Lole que peleaba el título de la Fórmula 1 con el Williams. Sin embargo, todo cambió después de la visita de Giorgio Pianta, un piloto italiano que tenía que poner a punto el auto pero, por el contrario, puso a prueba a Del Buono en Tucumán.

“Yo corría con R12 y cuando me subo a ese auto era un misil, era una bestia. Estaba muy sorprendido con el auto. Y este tano cuando llegó a Italia, dijo: ‘Dos debutantes arriba del auto, no. Reutemann no corrió nunca y Del Buono está muy verde’. Entonces, lo mandaron a Mirko Perissutti como navegante”, refleja. Pero de esa oportunidad perdida con Reutemann nació el binomio que dio paso al éxito: la unión con Recalde en enero de 1981.

Carlos Reutemann en la prueba de Tucumán en 1980, sin Del Buono. Foto Archivo Clarín

Carlos Reutemann en la prueba de Tucumán en 1980, sin Del Buono. Foto Archivo Clarín

El Bicho y el Cóndor de Traslasierra ya habían coincidido en 1976, cuando Recalde lo invitó a Del Buono a correr a Bolivia. “Él sabía que uno andaba bien haciendo hojas de ruta pasa que no quería desprender… era un poquitito… No quería confesarlo ni pagar tampoco. No me acuerdo qué plata me ofreció, si 500 dólares. Salimos segundos en la general y primeros en la categoría. Pero me acuerdo que era agotador: había que recorrer, durante toda la noche pasarlo en limpio y al otro día correr, porque no había tiempo para hacerlo todo antes”, refleja sobre una dificultad económica que existía para los navegantes.

“En el rally solo cobraba el piloto, no el binomio Recalde-Del Buono. Solo eras un colaborador, una persona que anotaba las hojas de ruta. No teníamos sueldo y ellos tenían las publicidades”, apunta. Así fue cómo en 1977 dejó de correr y se dedicó a la construcción. Durante dos años se recluyó en el campo y en la obra de una casa en un predio de 400 metros cuadrados. Estuvo “totalmente alejado”, hasta que recibió el llamado de Gonzalo Barceló para correr el Gran Premio de 1979, que iba a servir de modelo para el año siguiente, cuando la prueba por fin entraría en el Mundial de Rally.

La relación con Recalde, sin embargo, volvió a quebrarse en 1983. Y otra vez la que se interpuso fue la plata. “Distrimar era mi publicidad y cada vez me la iba corriendo más para atrás. Como yo siempre digo, terminó en el chapón de abajo, no la miraba nadie. Y le dije: ‘Jorge, ¿no te enojás? No corro más’. Jorge era muy parco y me contentó: ‘Como vos quieras’. Me enojé y no corrí más”, rememora.

El Bicho Del Buono, encima del capot en el rally de Bariloche DE 1983. "Habíamos puesto manijas del lado de afuera y yo iba acostado para que hiciera peso en las ruedas delanteras y pudiéramos subir en la nieve", recuerda el marplatense. Foto Archivo personal

El Bicho Del Buono, encima del capot en el rally de Bariloche DE 1983. “Habíamos puesto manijas del lado de afuera y yo iba acostado para que hiciera peso en las ruedas delanteras y pudiéramos subir en la nieve”, recuerda el marplatense. Foto Archivo personal

Mientras Recalde seguía en actividad junto a Martin Christie, Del Buono construía las oficinas del diario La Capital en Mar del Plata. Hasta que Ernesto Soto le ofreció el incentivo que necesitaba para volver: “Poné la publicidad donde quieras”. “Tuve el gran honor de correr con estos dos monstruos en su mejor momento. No te puedo decir quién era el mejor, porque cada uno tenía un manejo distinto totalmente. Pero en tiempos y animicamente puedo decir que influía mucho el Bicho, si querés”, comenta.

Juntos ganaron el Rally 24 Horas y la Vuelta del Noroeste en el Campeonato Argentino y enfurecieron a Recalde y a Renault en el Rally Argentina, cuando obedecieron órdenes para dejarlo ganar. “En la etapa Tanti – Salsacate, en un curvón grande porque Soto era bravo, paramos el auto y nos pusimos a orinar y los dejamos pasar. Se querían matar porque les hacíamos señas para que nos pasaran”, cuenta.

“En una reunión en Buenos Aires me preguntaron cuál era el problema. ‘El problema es el sueldo, porque estos chicos no quieren pagar’, le dije al jefe. Me pidió 24 horas y me llamó: ‘¿Les parece bien 1500 pesos a cada navegante?’. Con los tres navegantes con sueldo, me fui a trabajar a Mar del Plata y en enero me llamó Jorge: ‘Che, ¿querés correr conmigo?’. ‘Si ahora tenemos sueldo de Renault, no hay problema’, le dije. Y comenzamos una etapa brillante hasta el 89 juntos”, sentencia.

Lo que pasó en 1988 coronó a una pareja brillante. Después de la tercera etapa, el binomio Recalde-Del Buono iba primero, a tres minutos del candidato y compañero de equipo, Massimo Miki Biasion. Ante la ausencia del director deportivo de Lancia Martini Racing, que no había viajado a la Argentina, la responsabilidad de pedir que levantaran recaía sobre el piloto italiano.

“Pensábamos que en algún momento nos iban a llamar y a decirnos: ‘Muchachos hay que levantar’. Pensábamos que él iba a dar la orden porque él corría el campeonato entero, nosotros éramos colaboradores. Pero nunca la quiso dar. Calculo que en agradecimiento a haber ganado su primera carrera en Argentina y a cómo lo querían acá. Y creo también porque lo respetaba muchísimo a Jorge y nunca le habría pedido que levantara para ganar”, especula el Bicho, al tiempo que resalta unos carteles en el acceso a Santa Rosa de Calamuchita que pudieron haber jugado su papel: “Miki Biasion – Tiziano Siviero, campeones del Mundo” y “Recalde – Del Buono, bienvenidos”.

Argentina 1988. La victoria de Recalde y Del Buono en el Rally Mundial. Foto Archivo Clarín

Argentina 1988. La victoria de Recalde y Del Buono en el Rally Mundial. Foto Archivo Clarín

“Después, Jorge tuvo posibilidad de ser campeón mundial de grupo N, que entonces era la Copa Fiat, porque nos habían ganado con un auto perreado, el Mazda del belga Pascal Gaban”, revela. Y explica: “Habían echado a los tres autos del grupo A porque tenía una paleta ventilador de más. Y en el grupo N también estaban así, pero como algunos directores querían echarlo y otros no, decidieron que si había alguna denuncia de un corredor lo echarían. Toda la gente del equipo Top Run tenía los papeles y solo faltaba su firma. ‘A mí no me gusta ganar carreras así’, les dijo. Y por eso de no firmar, salimos subcampeones”.

En 1989, en tanto, el binomio tuvo una nueva oportunidad de ganar una prueba del Rally Mundial cuando lo impensado pasó: el helicóptero de asistencia que les había puesto Lancia en el Rally Safari entró en pérdida y se precipitó.

“Nos quedamos sin helicóptero cuatro horas y a la tarde aparece el de Miki solamente pero a la par nuestro, no iba dos kilómetros adelante como debía ir por si venía uno de frente y dijeron que era para poder mirar a los dos autos. Pero pasó por un corral de ovejas, las únicas 24 ovejas que había en todo Kenia. Pasa del lado derecho y las ovejas se espantaron para el lado izquierdo, donde estábamos nosotros”, recuerda.

El impacto fue inevitable, como así también las consecuencias. La luz roja de presión de aceite se prendió y apagó tres veces. Hasta que, al bajarse del auto, Recalde y Del Buono notaron que al costado del radiador las conexiones goteaban aceite. El cambio de radiador no fue suficiente y a los 15 kilómetros, el Lancia se apagó y tuvieron que abandonar. 

“Todas las ovejas en el medio de la ruta y si bien el auto está preparado para impactar animales… Hablamos con el avión que hacía de puente, el helicóptero fue hasta el camión y trajo un radiador nuevo. En una hora y cuarto el auto estaba otra vez en carrera, hubiéramos salido segundos. Pero a los 15 o 20 km se apagó el motor, que ya había sufrido esa falta de aceite. Tuvimos que abandonar. Una lástima tremenda”, recuerda.

Ganar en Kenia era como ganar Montecarlo en la Fórmula 1. Miki ganó y para Lancia era lo mismo. Pero vos no sabés si fue intencional porque eran los mecánicos de Miki. Por eso es el recuerdo más doloroso. Para Jorge hubiera sido hermoso ganar en Kenia”, relata todavía con angustia el marplatense.

Ese año fue el último de la pareja. “En el 90 lo dejo a Recalde porque Menem le había dicho a Ernesto Soto que iba a correr en Europa y le dio 720 mil dólares de la publicidad de YPF. Eso me aseguraba seis meses de carreras para mantener a la familia, porque ya había dejado la construcción y pensé que iba a tener continuidad. Pero fue un desastre”, se lamenta.

El automovilismo le dio una nueva oportunidad al año siguiente cuando lo convocó Gustavo Trelles, con quien corrió en el grupo A y fue campeón del grupo N.  “Ahora se van a cumplir las bodas de oro del primer campeonato”, anuncia con felicidad, la misma que denota cuando habla del rally.

Del Buono con Gustavo Trelles en un Rally de Argentina. Foto AP Photo/Daniel Luna

Del Buono con Gustavo Trelles en un Rally de Argentina. Foto AP Photo/Daniel Luna

Su meta ahora es que se decrete el 13 de noviembre -elegido porque es el día en el que él nació- como el Día del Navegante, que ahora es el 29 de octubre por Daniel Urrutia, acompañante de Juan Manuel Fangio que murió en La Buenos Aires-Caracas pero que, en realidad, era mecánico.

Es una profesión mal paga y con mucho sacrificio. Es una profesión bastante ingrata. Por eso, es un honor homenajear a los navegantes anónimos, porque conocidos seremos 20, 30 0 40″, reafirma.

Ni las dificultades ni las idas y vueltas lo alejaron ni hicieron que se inclinara por cambiar de asiento. “Ni se me cruzó ser piloto. ¿Por qué? Porque toda mi vida nací con un cronómetro en la mano. Era preferible ser campeón como navegante con un piloto bueno. Estoy orgulloso de haber comenzado en motoneta y terminar en Montecarlo, de haber estado en la entrega de premios de la FIA en 1996 abrazado a Michael Schumacher y Jean Todt, con la misma copa que recibió Schumacher. Soy un eterno agradecido al rally”, resume.

Las anécdotas del Bicho

El “error” de correr sin hoja de ruta: “Perderme leyendo no me pasó pero en el caso de Recalde está la anécdota de Pilcaniyeu-Bariloche, un tramo que se repetía pero que en la tercera etapa no puse en la carpeta. Vengo cantando la hoja, pa, pa, pa y ‘uh me olvidé de esa hoja’. ‘Uh, qué boludo, ahora vas a saber lo que es ir sin hoja’, me respondió Jorge”.

El R18 bordó: “Cuando debuta el Renault 18, apareció un R18 bordó especialmente para Recalde. Vino el director de Renault de Francia y todo para el debut de este auto que era descomunal, superlativo en ese entonces, para ver qué posibilidades tenía de ganar. Todas las expectativas estaban puestas en nosotros. Habíamos hecho la hoja de ruta con el 12 y en el Observatorio, que antes era de tierra, en una curva a la izquierda nos fuimos a la zanja y se quedó encajado el auto. Nos querían matar. Estaba el director de Francia, el de Argentina, con helicóptero, habían montado un show tremendo”.

La crecida inesperada: “En el 81 nos quedamos en el río San José. Eduardo Copello y nosotros que veníamos atrás, muy cerquita. Llegamos al río, encara Eduardo y se lo lleva la corriente. ‘Qué boludo’, dijo Jorge y encaró él, pero nos empieza a llevar la corriente también. Tuvimos que abrir las puertas para que pasara el agua, que llegaba a la palanca de cambios, y nos terminaron sacando enganchados con un alambre”.

Subí que te llevo: “En enero de 2000, yo estaba en Mar del Plata y me llama Gustavo Trelles para correr Montecarlo. ‘Hay que viajar ahora, Martin (Christie) tiene hemorroides y no puede correr’, me dijo. Cuando le respondí que no tenía licencia, me explicó: ‘Ya tengo todo organizado. Tenés un avión dentro de una hora y media a Buenos Aires. Ahí te espera un remis, te lleva al ACA, te van a dar dos licencias provisorias, y tenés un Iberia a las 3 de la tarde, después Madrid-Niza. Ahí te espera un remis y venís al norte de Francia, donde te esperamos para la segunda etapa’. Así que corrí sin conocer la primera etapa, que pasé la hoja del mecánico con mi letra. Y entonces empezamos a correr juntos hasta ahora”.

Correr con Reutemann 11 años más tarde: “En 1991, lo invitan al Lole para correr en el coche 0 de Lancia. Carlos estaba haciendo la campaña de gobernador y dijo: ‘si es con el Bicho sí’. Llegó a la noche del jueves y se largaba el otro día. Así que fuimos a probar a las 22.30, a ver cómo era el auto y los cambios. Al otro día le digo: ‘Mirá la hoja de ruta es de Recalde, lo único que te explico es que cuando dice de media son todas iguales, las de 1 son para bajar un cambio’. Las leyó y el viernes a la mañana empezó adaptándose, a la tarde ya iba más rápido, el sábado pidió cambio de gomas y el domingo ya fuimos a fondo por todos lados. Cuando termina, en un reportaje que le hace la Revista Corsa, dijo: “Qué distinta hubiese sido mi vida deportiva si en el 80 me dejaban correr con el Bicho. Corrí con Perissutti que me hablaba en italiano y le entendí la mitad”. Con Peugeot, tenía un francés y recién la hoja la aprovechó al máximo en el 91 conmigo. Esa fue una satisfacción”.

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