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góndolas vacías, inseguridad y dos horas para llegar al trabajo

La violencia, paros y piquetes, que cruzan Colombia a lo largo y a lo ancho desde hace más de un mes, pusieron la vida de los colombianos pies para arriba. Llegar al trabajo es una misión de alto riesgo. Las góndolas están vacías. Y lo poco que hay cuesta un despropósito. No hay pollo, huevo ni lácteos. No hay combustible. No hay transporte. Sobra inseguridad. Y abunda la incertidumbre.

Las negociaciones entre el gobierno de Iván Duque y el llamado Comité de Paro Nacional para la búsqueda de una solución a la crisis que atraviesa el país, hundido en un pantano de pobreza, pandemia y descontento social, están en punto muerto.

La situación es delicada. Los bloqueos no solo impiden el paso de los alimentos. La lista de insumos trabados a medio camino en las rutas van desde los combustibles hasta insumos médicos… Nada avanza, ni autos ni transporte.

Una persona disfrazada participa en una nueva jornada de protestas en Medellín. Foto: EFE

Una persona disfrazada participa en una nueva jornada de protestas en Medellín. Foto: EFE

Los pequeños y medianos distribuidores no llegan a destino. Las familias que viven de la venta diaria de alimentos no tienen que vender. Y la falta de gas licuado –vital para hogares, comercios, industrias, hospitales y producción agrícola–  es preocupante en varios departamentos del país, como Antioquia y Nariño.

En Cali, los vándalos decidieron destruir las estaciones de servicio, robar el combustible y venderlo en las calles.

En una rueda viciosa de problemas se suma el aumento del desempleo. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, subió de un 14,2% de marzo a 15,1% en abril.

Parte de este incremento obedece también a las restricciones por la pandemia. Otra parte, según sectores del gobierno, se atribuye al paro y los bloqueos.

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Fuente: Johns Hopkins
Chart: Flourish | Infografía: Clarín

Caminar dos horas

María Angela, tiene 55 años, y es empleada doméstica. Vive sola en Soacha, un municipio anexado a Bogotá. Y para llegar a su trabajo tiene que viajar a la zona norte, al otro extremo de la ciudad. Pero con el paro y los piquetes se quedó sin transporte. Y tuvo que caminar, 50 minutos, dos horas…

“Los primeros días del paro me tocaba caminar dos horas para llegar a la casa por la falta de transporte, muchos buses de Transmilenio y estaciones estaban destruidos. Los últimos días camino un poco menos, a veces 50 minutos”, se consuela.

La inseguridad también se coló. “Por mi zona se ven encapuchados cobrando peaje a autos y motos para dejarlos pasar”, cuenta a Clarín. Y muchos pacientes con necesidad de diálisis o quimioterapia no pudieron llegar a sus citas.

Manifestantes cocinan en un punto donde se mantiene un bloqueo en Cali. Foto: EFE

Manifestantes cocinan en un punto donde se mantiene un bloqueo en Cali. Foto: EFE

María Ángela primero sufrió la falta de transporte. Y después el desabastecimiento. Le cuesta encontrar aceite, huevos, leche, papel higiénico…

A los ocho días de conflicto, las cosas empezaron a faltar en las góndolas. Para el día 15, el precio de la carne se había triplicado. Y al mes, el azúcar y los huevos seguían por la misma empinada, enumera.

Miedo en el country

En el otro extremo, está Amparo, 73 años, empresaria y con un vida más acomodada en un barrio cerrado en las afueras de Bogotá. Pero a ella, el paro también le golpeó la puerta.

Acostumbrada a las compras en supermercados mayoristas, lo primero que también notó Amparo fueron las góndolas vacías: escasez de frutas, verduras, carne y pollo.

La seguridad en el country se volvió inquietante. Y tuvo que ser reforzada. El ánimo de los vecinos se puso inquieto y temeroso. Miedo a lo que pueda pasar.

“Nos dolió la noticia de dos bebés que murieron porque no dejaban pasar las ambulancias. Tenemos la fortuna de que estos días nos hemos podido mover, pero hace algunos días, en la vía de regreso a Chía, se veían las volquetes volteadas para evitar el paso de automóviles y personas”, relata a Clarín.

Ser policía

José es policía, tiene 35 años. Es del Pacífico colombiano, una región muy golpeada por la pobreza y la desigualdad. Su oficio lo puso en el frente de batalla. Y el temor se le metió bajo al piel. No por él. Por su familia.

“Siento miedo de lo que pueda pasarle a mi familia si me pasa algo. Más cuando uno ve lo que le ha pasado a muchos compañeros”, admite.

Una mujer barre el suelo en "Puerto Resistencia", punto donde se mantiene un bloqueo. Foto: EFE

Una mujer barre el suelo en “Puerto Resistencia”, punto donde se mantiene un bloqueo. Foto: EFE

Sus jornadas son extenuantes. El descanso es poco, dice. Vive lejos de la estación donde trabaja. Casi no ve a su familia. Y soporta los insultos.

“Por el mal accionar de algunos policías no se puede condenar a todos. Muchos somos buenas personas, tenemos familia y también tenemos sueños y necesidades. También queremos cambios.”

La mirada del estudiante

Felipe es estudiante, con 21 años es el joven del grupo de colombianos que Clarín entrevistó para esta nota. Vive en la atribulada Cali. Y las redes sociales son su canal para protestar pacíficamente desde hace semanas.

Al igual que muchos jóvenes colombianos, Felipe cree que un mejor país es posible, pero hay cosas que se deben cambiar urgentemente.

“Es triste que le hablemos a un gobierno que pareciera que no quiere escuchar. Hay muchos motivos por los cuales marchar y movilizarnos, no sólo por la falta de empleo y oportunidades, sino también por una corrupción que debe terminarse”, enumera.

La educación gratuita y un mejor sistema de salud para todos los colombianos son temas que a él le preocupan: “La protesta es un derecho que tenemos y por eso se nos deben dar todas las garantías”, exige y alude a la represión.

Y las protestas siguen, los bloqueos siguen. El saldo se mide en decenas de muertos y más de dos mil heridos, entre civiles y policías.

Levantar el bloqueo es para muchos el primer paso hacia un regreso a la normalidad. La otra demanda urgente es un cese total de los actos violentos. Se espera que en los próximos días el Comité del Paro y el gobierno logren entablar una nueva mesa de diálogo para buscar soluciones.

Informe desde Bogotá, Ana Schlesinger. Maestría Clarín.

ap​


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