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Franz Josef Huber, el poderoso general de la Gestapo nazi que tras la Segunda Guerra pasó a espiar para la Alemania Occidental

Franz Josef Huber fue, desde la anexión alemana de Austria, el máximo responsable del cuartel general de la Gestapo en Viena, el segundo mayor de la policía nazi después del de Berlín. Ejerció esa función desde marzo de 1938 hasta finales de 1944 y en ella fue el principal responsable de la deportación a campos de exterminio de decenas de miles de judíos austríacos. Casi 70.000 de ellos, el 40% de toda la población judía de Austria, murió asesinado durante el Holocausto.

Huber no era un general normal, era un alto gerifalte que se codeaba con los principales cargos nazis como Heinrich Himmler, Reinhard Heydrich, Heinrich Müller o Adolf Eichmann. Al final de la Segunda Guerra Mundial fue detenido y encarcelado por las tropas estadounidenses, que ya lo tenían en su lista de personas a capturar. Tras tres años de arresto fue liberado y nunca fue perseguido por sus crímenes.

Huber se recicló y, según archivos del BDN, el servicio secreto de la Alemania Occidental a los que tuvo acceso el diario The New York Times, desde 1955 hasta 1967 trabajó para la inteligencia alemana. Ese año fue jubilado de forma anticipada porque el BDN pensaba que no podía seguir escondiendo el pasado de Huber y que “ponía en peligro el servicio”.

Heinrich Müller, jefe de la Gestapo

Heinrich Müller, jefe de la Gestapo

Huber recibió una pensión pública y además trabajó para una empresa que fabricaba material de oficina. Murió a los 73 años en Múnich, donde se había establecido, sin esconder nunca su verdadera identidad. Huber dependía directamente de Heinrich Müller, jefe de la Gestapo.

En la mira

Müller era el responsable de la Gestapo, de la Policía de Fronteras, de la Oficina Central de Seguridad del Reich y del “Servicio de Asuntos Judíos” que dirigía Eichmann. Fue uno de los funcionarios con más poder en el sistema nazi. Fue visto por última vez el 1 de mayo de 1945 en Berlín. Nunca se aclaró si murió en los días de la caída de Berlín a manos de los soviéticos, si se suicidó o si consiguió escapar. Nunca se encontró su cuerpo.

Los estadounidenses tenían a Huber en su lista de altos cargos nazis a capturar porque sabían de sus crímenes desde que fue destinado como jefe del cuartel general de la Gestapo en Viena. Su primera labor fue la de enviar a todos los líderes de la comunidad judía del país al campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich.

Huber tenía a sus órdenes a 900 agentes de la Gestapo y su cuartel general en el Hotel Métropole, de infausto recuerdo como lugar de interrogatorios y torturas de judíos y disidentes políticos en la capital austríaca. El edificio, una joya de la arquitectura neoclásica, fue demolido en 1945 cuando los soviéticos ocuparon en 1945 una parte de la ciudad.

Cronología de la captura del criminal de guerra austríaco-alemán Adolf Eichmann en Argentina en 1960. AFP

Cronología de la captura del criminal de guerra austríaco-alemán Adolf Eichmann en Argentina en 1960. AFP

Los estadounidenses interrogaron a Huber, que reconoció que había visitado los campos de Dachau, Sachsenhausen y Mauthausen. Pero aseguró que nunca vio ningún tipo de acto cruel ni inhumano y que no se maltrataba a los prisioneros. Decenas de miles de personas murieron en esos campos torturadas, asesinadas o sin alimentos hasta que morían de hambre.

Los estadounidenses, que ya habían visitado los campos, no creyeron su testimonio pero terminaron por liberarle porque consideraron que “cooperaba”, que pasaba información interesante. Un tribunal de desnazificación de Núremberg decidió en 1945 que Huber no era responsable de sus crímenes. Los estadounidenses creían que podían usar a Huber para dar con el paradero del desaparecido Müller.

Los historiadores alemanes consideran que el BND sabía de sobra quién era Huber, que no era un general del montón sino un alto cargo de la Gestapo responsable de la muerte de decenas de miles de personas. Estados Unidos y Alemania permitieron que viviera tranquilo tras la Segunda Guerra Mundial y hasta su muerte debido a que consideraban que era una pieza útil en el mundo de la Guerra Fría.

La investigación de The New York Times asegura que documentos de la inteligencia estadounidense muestran que Huber fue utilizado porque su red de contactos de la Segunda Guerra Mundial permitía reclutar agentes en el bloque soviético. Austria fue, en los primeros años de la Guerra Fría, uno de los principales puntos de contacto entre los servicios secretos occidentales y soviéticos. La televisión pública alemana, la ARD, prepara un documental sobre Huber.

PB


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