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“En nuestro país está muy metida la cultura del mando yo y se hace lo que digo y eso es arcaico”

Muchas de las reflexiones de Mauro Camoranesi terminan con un “qué lindo que es el fútbol“. Dice el argentino campeón del mundo con Italia en Alemania 2006 y actual entrenador que podría estar horas hablando de lo que rodea al mundo de la pelota. “El fútbol es lindo para jugarlo, para dirigirlo, para mirarlo, para analizarlo”, le cuenta Camoranesi a Clarín.

-¿Son muy distintas las profesiones de jugador y de entrenador?

-Totalmente. Nada que ver una cosa con la otra. En una pensás para vos solo y en la otra tenés que estar con la cabeza enfocada en 50 personas. Cuando sos futbolista es tu rutina, tu descanso, tu comida, más allá de que formás parte de un colectivo. Como técnico te tenés que ocupar hasta del que pinta la cancha.

-Entonces el trabajo no se limita solo a lo futbolístico…

-Los entrenadores somos como directores de empresas. Lo que más nos gusta es el trabajo de campo, la relación con el jugador. Pero no se limita solo a eso. Lo más importante es la comunicación: el técnico moderno tiene que estar preparado para comunicar. Saber comunicar te da la posibilidad de aprovechar al máximo los recursos del club. En el fútbol de hoy inciden los dirigentes, las familias de los dirigentes, los representantes, los hinchas, los jugadores y sus familiares. Todos tienen voz y voto y por eso es indispensable comunicar con las palabras justas. Tampoco te podés pelear con el que corta el pasto o con el que saca fotos porque forman parte de la misma estructura que vos. En nuestro país está muy metida la cultura del yo mando y se hace lo que digo y eso es arcaico. Hasta con los sponsors tenés que estar bien.

-¿Qué hace la diferencia entre un técnico bueno y uno malo?

-Los jugadores y todo lo que enumeré anteriormente. Está claro que si tenés un buen plantel el punto de partida es más alto. Por eso a mí me gusta mirar lo de más abajo, no quedarme con los grandes equipos. Acá en Argentina hay técnicos que están haciendo un trabajo bárbaro como Rondina en Arsenal y Coleoni en Central Córdoba, quienes con menos recursos sacan resultados y tienen una idea sostenida en el tiempo. Lo de Marcelo Gallardo también me parece fantástico, pero en River la base siempre es más elevada. 

-¿Qué clase de entrenador es Camoranesi?

-Puedo ser todas las clases de entrenador que quieras. Mi manera de jugar va a depender de los jugadores. Estoy convencido de que no se puede hacer lo mismo en todos lados. Y si hago lo mismo en todos lados, me estoy vendiendo yo, estoy ofertando mi idea. Y eso al club que te contrata, del cual sos un empleado, no le sirve. Por eso me encanta el Cholo Simeone, que jugó de mil maneras. En River era una cosa, en San Lorenzo otra, en Racing otra y en el Atlético de Madrid otra. Se va adaptando. Yo como entrenador armo según lo que tengo. Ojo, respeto al que tiene un libreto y lo lleva a todos lados. Pero entiendo que eso es venderse a uno mismo y lo otro es ser parte del engranaje de un club.   

-Pero imagino que tendrás alguna táctica preferida o de referencia… 

La táctica tiene una importancia relativa: lo primordial es la estrategia. Como entrenador tenés que estar preparado para resolver durante los partidos. Todos los entrenadores sabemos lo mismo: no hay misterios. La clave es que tengas al menos tres opciones en la mente para resolver de acuerdo a lo que vaya haciendo el rival. La táctica de base es efímera porque se pierde una vez que los jugadores se mueven. Siempre se habló mucho de sistemas, de números y lo que resuelve es la estrategia. De Massimiliano Allegri, ex DT de Juventus, aprendí que tenés que tener pensado un cambio en el entretiempo, otro a los 60 minutos y otro a los 75. Después los podés hacer o no, pero tienen que estar pensados.

-¿Es difícil hacer cambios?

-Es complicado, sí, pero son fundamentales. Sucede que tenés situaciones distintas. El GPS te da millones de datos y a mí el que más me interesa es el que te marca cuando el jugador empieza a perder el rendimiento. A los futbolistas lo monitoreas en la semana y ahí sabés quién aguanta todo el juego y quién se queda a los 60, 70 minutos. Ahí hay situación de cambio. Eso te puede pasar con 2 o 3 jugadores. Después está el que tiene una mala tarde, el que sufre en el mano a mano el rival, la expulsión de uno tuyo o de un contrario. Todo eso se puede presentar en el mismo juego, por eso es fundamental tener varias estrategias.

-Tal vez por eso son cada vez más numerosos los equipos de trabajo.

-Claro: los clubes que poseen mayores recursos tienen cuerpos técnicos numerosos. No hay que olvidar que el entrenador está sobre el césped y está básicamente concentrado en lo que hace su equipo. Por ahí tenés un ayudante que mira solamente al rival. También ser varias personas trabajando te ayuda a personalizar mejor a los jugadores y a los que forman parte del club. Volvemos a lo mismo: son 50 personas en las que tenés que tener la cabeza.

"El fútbol actual es más lindo al que yo jugaba", asegura el campeón del mundo en Alemania 2006. Foto: Rafael Mario Quinteros

“El fútbol actual es más lindo al que yo jugaba”, asegura el campeón del mundo en Alemania 2006. Foto: Rafael Mario Quinteros

-¿Se juega mejor ahora o antes, cuando vos eras jugador?

-Ahora. Este fútbol es menos físico. Cambió mucho en los últimos 10 años. En la actualidad hay menos roces porque las reglas favorecen al juego. También está la corriente de animarse a jugar. Los entrenamientos se modificaron notablemente. Hasta el 2000, el fútbol robaba estilos de trabajo de otras disciplinas: la fuerza de la gimnasia, las aceleraciones del atletismo y así. Con la nueva corriente el fútbol se hizo más específico. Ahora se mueve más la pelota y no hay tanta fricción. Los futbolistas son más livianos para que todo sea más ágil. Otra cuestión importante es que se arranca a jugar desde atrás y eso hace más largo al campo. Está claro que sigue siendo fútbol, pero estéticamente es más lindo porque se ven más pases. Antes no se pensaba en cómo acomodar el cuerpo para recibir el balón. Cuando yo jugaba, en Italia los equipos chicos jugaban a saltar líneas con un 4-4-2. Ahora todos se animan.

-¿Te gustaría trabajar en Argentina?

-Yo no le cierro las puertas a nada, pero siempre pensé a Argentina como el punto de partida, como el trampolín para llegar a las grandes ligas de Europa, que es mi objetivo. No pienso en el fútbol argentino como proyecto de vida, por eso no me vuelvo loco. 

-¿Qué recuerdo te quedó de tu paso por Tigre en 2016?

-Un recuerdo lindo por un lado y feo por el otro. Duramos siete partidos y nos echaron en un torneo que no tenía descensos. Me quemé. Cuando arrancamos se habló de trabajar con los chicos del club e ir compensando el equipo, que tenía muchos jugadores de edad avanzada. Al mes vinieron y me dijeron que los grandes eran los grandes y qué sé yo. Está claro que cometimos errores y que de eso aprendimos, pero todavía no entiendo porqué no nos esperaron un poco más. 

La experiencia en Eslovenia, la muerte de Maradona y Messi

La carrera de Mauro Camoranesi (44 años, nacido en Tandil) como entrenador arrancó con el paso por Tigre: dirigió siete partidos (ganó 1, empató 2 y perdió 4) y fue despedido. De ahí se fue a Cafetaleros de México y cortó en 2017: viajó a Italia para hacer el curso UEFA Pro. Tres meses después de recibir el título, fue contratado por el Tabor Sežana de Eslovenia, a quien salvó del descenso en 2020. Su buen rendimiento provocó que lo contratara Maribor, el equipo más grande del país, en donde estuvo hasta febrero de este año. “Todavía tengo un puñal en el corazón porque Maribor es un club ideal para trabajar”, asegura Camora.

-¿Te despidieron estando punteros en la liga y en cuartos de final de la copa local?

-Sí, entiendo que fue una cuestión política. Me sentaron los dirigentes y me dijeron que nos despedían a mí y al director deportivo que me había llevado. 

-¿Cómo es la liga de Eslovenia?

-Es uno de los torneos más humildes de Europa, pero se juega lindo. Y te permite tener la posibilidad de llegar al fútbol que vale: las competiciones de la UEFA. A mí Eslovenia me dio la oportunidad de mostrarme: fui a un equipo chico, hice las cosas bien y me contrató el grande. Eso está bueno. Sé que todavía no estoy al nivel de la Premier League ni nada de eso. Mi idea es poder dar un saltito ahora. Me contactaron de Croacia y Polonia. Si me das a elegir, me encantaría dirigir en la Serie B de Italia o Turquía

-¿Estás abierto a escuchar todas las ofertas?

-Claro. Si querés ser entrenador, tenés que estar preparado para todo. En Argentina y en el mundo está lleno de técnicos y la competencia es muy alta. Acá habrá 300 entrenadores y 60 equipos. Encima los que entran en la rueda de Primera son siempre los mismos. Entonces, si haces ese razonamiento, tenés que estar abierto a todo.

-En Eslovenia te enteraste de la muerte de Maradona, uno de tus ídolos…

-Fue durísimo. Ojalá descanse en paz. Los chicos se enteraron de su muerte durante un partido y no me lo quisieron decir en el entretiempo porque sabían de mi fanatismo por él. Cuando me lo contaron se me cayó el mundo, más allá de que era algo que se podía esperar. Aún hoy me sigue emocionado el Diego. Mis ídolos son los tipos que me emocionan, los que me generan algo adentro: Maradona, Jimi Hendrix, Raúl Alfonsín.

-¿Y Messi en qué lugar aparece?

-Con Lionel es distinto: él me produce una profunda admiración. Me alucina verlo jugar porque le da una vuelta más al juego, siempre le agrega algo. Lo mismo me pasa con Neymar: te sentás a verlos y te hacen feliz. 


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