Política

“En cada planta y árbol hay un botiquín entero”

Natalia Amacoria tiene 33 años y dos hijas de 7 y 5 años. Vive en el campo, en las sierras de Rocha, donde intenta brindarles a sus hijas una crianza lo más natural posible, y actualmente, con su pareja, Aldo Ferré, llevan adelante «Biofamilias», un proyecto desde el cual promueven la vida natural y la sanación de afecciones comunes mediante recetas naturales de plantas y árboles de nuestro entorno.

Su infancia, sin embrago, fue bien distinta. Oriunda de Montevideo, del barrio Flor de Maroñas, se crió con su hermano mellizo y sus padres, cerca de la escuelita Ruben Darío. “Recuerdo mucho cemento en mi niñez, salvo un patiecito en mi casa con una anacahuita, un hibisco, un jazmín y varias plantas de alegría”, dice.

Ella explica que todos tenemos un vínculo natural con la Naturaleza. “La biofilia, que habla del amor por la vida, tiene que ver con esta memoria que tenemos todos como humanidad de encontrarnos con nuestra esencia y trascendencia cuando, por ejemplo, caminamos descalzos por el pasto. Esta idea de ser uno con el entorno lo pude ver después y lo pude enlazar con mi historia. Algo de eso estaba latente a pesar de haberme criado en la ciudad y de no haber nacido rodeada de personas vinculadas a la medicina herbal”, agrega.

El despertar

A sus 21 soñaba con ser maestra rural y estar rodeada de niños en contextos naturales, enseñándoles a plantar y cultivar. Pero al término de su carrera, con una exigencia de trabajo y estudio sin pausas, se encontró con un estrés incontrolable que la llevó a dejar de dormir y comer muy mal. “Ahí mi cuerpo explotó, empecé con ataques de pánico y depresión, todo junto. Fui a la emergencia del hospital y me recomendaron ansiolíticos y antidepresivos por tiempo indeterminado. Sin embargo, algo de claridad tenía. Me di cuenta que no quería eso para mi vida; no compré los antidepresivos pero sí los ansiolíticos y cada vez que me ponía un cuarto de pastillita debajo de la lengua, se me aceleraba el corazón, me ponía muy ansiosa, me proyectaba dependiente de por vida y finalmente me sentía peor”.

Los ataques de pánico continuaron y luego de acudir a una terapia convencional, la cual la hizo sentir más sola y perdida, comenzó una terapia gestáltica. “Ahí, en la primera sesión llegamos a la conclusión de que los ansiolíticos me estaban produciendo más ansiedad, entonces mi analista me sugirió probar con tinturas madre. Me explicó qué eran -extractos de plantas medicinales con principios activos- y me nombró las tres plantas que me podían acompañar: burucuyá o pasiflora, valeriana y melisa”, cuenta.

Al principio no le gustaba pero con el tiempo lo empezó a disfrutar; había generado un vínculo con esas plantas, una confianza. “Empecé a tomar esas gotas simultáneamente al tratamiento que estaba haciendo con los fármacos. Y sin embrago me sentía mucho más contenida y sostenida cuando tomaba esas gotitas, que sin dudas fueron mi puerta de entrada a este mundo mágico de las plantas”.

Al mes de tomarlas los ataques de pánico habían terminado, decidió dejar los fármacos y continuar con las plantas un mes más. Según ella, estas plantas le permitieron tomar decisiones en su vida que estaban siendo postergadas.

Decidió abandonar la escuela donde trabajaba e ir por una crianza y educación más amorosa. Así llegó a la escuela Pindó, en Marindia, que seguía la pedagogía Waldorf. “Solamente hacer el viaje que me llevaba hasta allá desde Montevideo, era una alegría. Me empecé a dar cuenta lo bien que me hacía la naturaleza, las plantas, tirarme en el pasto ya era un alivio. Sentía esa necesidad corporal. Un ratito nomás ya me regeneraba y me permitía continuar el día de otra manera. Mi cuerpo estaba necesitando un ritmo de vida más natural”.

Siguió con Permacultura (un proceso de diseño holístico para crear asentamientos humanos sostenibles), con estudios de Fitoterapia que trata del uso de productos de origen vegetal con finalidades terapéuticas y, tiempo después, con su pareja, se fue de viaje al sur de Argentina a formarse en educación viva. Cuando volvió al país estaba embarazada. “Así tomó sentido todo, lo que había aprendido en educación y en medicina de las plantas. Sabía cómo quería conducir en la vida a mi hija”.

Hoy viven con Aldo y dos hijas en el campo y llevan adelante Biofamilias, que tiene una comunidad de más de 30.000 seguidores en IG. Nos compartió recetas con plantas que podemos tener en casa para curar afecciones comunes como dolores de panza, fiebre, tos, resfrío y malestares en general.

Durante toda la semana vamos a estar compartiendo estas recetas en el IG de Mamás Reales. ¡Estate atenta!




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