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de la tarjeta de crédito que no funcionaba a vivir en Mónaco

Pechito López tiene 38 años y es uno de los dos pilotos argentinos campeones del mundo. El otro, si hace falta decirlo, es Juan Manuel Fangio. Esa realidad no la imaginaba a los 14 años, cuando agarró una valija enorme – “Una valija de chico”, según la recuerda él- que le había preparado su mamá, con una camiseta argentina, y se fue a correr a Europa.

Acostumbrado al bullicio de ser el tercero de cuatro hermanos, se encontró de golpe con el silencio de un departamento ajeno en las afueras de un pueblo italiano. Solo, sin hablar el idioma, sin comida y sin ese celular que ahora lo mantiene en contacto aunque viva a más de diez mil kilómetros.

Un tiempo antes había estado en Europa, aunque acompañado de Walter Bozzano, a quien se refiere como un “papá en la pista de karting”. En ese viaje había conquistado al italiano Tristano Miserocchi, quien lo quiso en su equipo, llamó a Córdoba y convenció a José María López padre. 

“Desde Argentina yo viajo con Miguel Acuña, Juan Cruz Alvarez y su papá y gente del ACA porque íbamos a una carrera de karting. Llegamos, corrimos y el domingo a la noche ellos se fueron y me dejaron ahí. Yo no hablaba el idioma y me quedé con Tristano, que era un gordo mecánico dueño del equipo donde me quedaba. ‘Vení, vení’, me dijo. Me subí al camión que él manejaba y viajamos dos días en los que yo pensaba ‘¿qué hago acá?’. Tristano me llevó a un departamento de él en Faenza, cerquita de Imola, a unos 10 kilómetros del pueblo. Llegamos de noche, estaba oscuro. Me deja y me dice: ‘Ciao, ciao’. Y me dejó. Yo pensé: ‘Mañana me vendrá a buscar’. Me quedé ahí, empecé a ver qué había, había una bici vieja. Y fue duro. Me acuerdo la primera noche que dormí solo… Me pegó realmente porque me di cuenta de que estaba solo”, recuerda con un relato detallado que lo identifica como cordobés aunque su residencia fija esté en Montecarlo.

-¿Comida?

-No, comida no había nada. Me levanté al otro día y no me quería mover de ahí porque pensé: “Me va a venir a buscar y no voy a estar”. Pero el primer día no vino. Y había algo en la heladera y comí. La verdad que tenía hambre. Al segundo día, empecé a ver cómo hacía para comer algo. Agarré esta bici vieja que había e hice los 10 kilómetros al pueblo para ir al supermercado. Cuando compré las cosas, las puse en la caja para pagar con una tarjeta que mi papá me había dado pero no andaba. No es que mi papá me había dado una tarjeta que no andaba pero en esa época no estaba todo tan globalizado. Estamos hablando del ’98, ’99. No me anduvo la tarjeta y pensaba: “¿Qué hago? ¿Me tengo que volver sin nada?”. Imaginate, yo era chico. Entonces, voy a un negocio y le pido a una señora el teléfono, a lo indio porque no hablaba italiano. Pero lo logro llamar a mi papá: “Papito, en el supermercado no me anda la tarjeta de crédito y hace dos días que no como”. Imaginate mi papá.

-¿Y qué pasó?

-Me dijo: “Quedate ahí, dame el número que yo te llamo”. Esperé, esperé y esperé hasta que me llamó, como a las dos horas: “Andá ahora y probá que va a andar”. Fui, anduvo y me volví en la bici con las dos bolsas re chocho. Me cociné un arroz con leche, creo. Y Tristano volvió a la semana a buscarme para ir a correr al otro fin de semana. Yo en todo ese tiempo miraba tele para tratar de escuchar y aprender el italiano. Así aprendí un par de palabras para decirle que yo quería trabajar en el taller. Empecé a trabajar, él me pagaba el almuerzo y así arranqué. Cosas que a esa temprana edad uno no las vive pero yo me tuve que acostumbrar a cocinarme, lavarme, plancharme, viajar. Un montón de cosas para las que no estaba preparado todavía.

-¿Qué hacías en el taller? ¿Qué sabías hacer a los 14 años?

-Al principio, empecé lavando los kartings. Él tenía un galpón grande y una lavadora grande afuera. Después, me enseñó a hacer los frenos. Hasta que llegó un momento en el que estaba todo el tiempo en el taller con él y me llevaba a almorzar, después me iba a cenar y estaba bueno porque pasaba el tiempo. Después, hasta me daba la furgoneta para que me fuera yo solo a probar al circuito. Yo cargaba el karting y me iba solo para allá con 16 años, imaginate.

-Alguna vez dijiste que tus papás te hicieron una persona muy fuerte, ¿cómo?

(Traga saliva, respira hondo y suspira) Primero me hizo fuerte mi mamá, que fue muy importante porque cuando éramos más chicos mi viejo se iba los lunes y volvía los sábados de trabajar. Esa figura paterna, por ahí, no estaba tanto y era mi mamá la que estaba todo el tiempo y nos hizo muy fuertes en ese sentido. Yendo a lo deportivo, siempre mi viejo estuvo ahí. Siempre me dijo: “Las cosas las hacés bien o no las hagas”. Desde chiquito tengo este recuerdo, y es verídico: en mi segunda o tercera carrera en karting, que fue en Almafuerte, cerquita de mi ciudad, Río Tercero, mi papá me dijo: “Pero vos esto lo querés hacer de hobby o en serio?”. Y yo lo miré, con 8 años, imaginate, y le dije: “Yo lo quiero hacer en serio”. Y allá fuimos, inculcándome el trabajo, el esfuerzo, la preparación, que las cosas si uno las desea realmente de adentro se pueden lograr. Y el hecho de haber confiado en mí para mandarme a Europa cuando tenía 14 años… Todo eso me fue forjando mucho.

-¿Y en lo deportivo como influyó irte a los 14?

-Fueron meses duros. Fue cambiar de correr a nivel nacional a mundial y no llegué el primer día y salí campeón. Cualquier piloto que vino a correr a Europa te puede llegar a decir que el karting es lo más difícil que hay. Hubo muchos momentos en los que pensé que no era para mí. Pero fui perseverante hasta que en un momento se dio: empecé a encajar, pasé al equipo oficial, fui creciendo y se fue dando todo. Pero todo fue siempre a base de mucha dedicación y sacrificio. Creo que soy de la forma que soy también porque nunca se me dio fácil o regalado nada.

-No hubo un proyecto desde Argentina.

-La única ayuda que hubo, y proyecto que hubo, fue Fangio y Reutemann. No hubo más nada después. No solo no me ayudaron a mí; a la mayoría, a todos casi. Y eso es difícil. También uno entiende que tenemos problemas mayores pero con el automovilismo y el nivel de pilotos que tenemos en Argentina es una pena que no tengamos más representantes afuera. No hay que perder la fe. Está (Franco) Colapinto y otros chicos que andan muy bien y tratan de buscar la forma de seguir acá.

-¿Creés que tus éxitos podrían ayudar a traccionar en el futuro?

-Ojalá. Sería mi anhelo que sirva. Gracias a Dios, en los lugares que he transitado me ha ido bien y he generado amistades y contactos que creo que son muy valiosos. Si uno los puede usar para ayudar sería fantástico. Por otro lado, uno sabe que necesitás un proyecto atrás, porque lo que existía hace mucho tiempo sigue existiendo. Cuando Fangio fue a la Fórmula 1 no fue gratis, para demostrar su potencial tuvo que tener un apoyo nacional. Al igual que Carlos Reutemann. Y es lo que está faltando. Pero hay ciertas cuestiones que uno no puede dejar de ver que son los problemas que tenemos como país. Imaginate cómo lo vería la gente, no es tan sencillo. Pero si se quiere, se puede hacer. Talento y condiciones en Argentina hay. Lo que sí yo veo es que ya no es venir y correr, se necesita mucha preparación. Cuando uno ve a (Lando) Norris y los chicos que han llegado a la Fórmula 1 tienen una condición pero tienen una preparación detrás muy grande. Entonces, ya con el talento no es suficiente. Por ahí en nuestra época la podías llevar. Yo me bajaba de un auto de carreras en octubre, me volvía a Argentina y no me subía a un auto de carreras hasta abril. Y me subía recién en las pruebas libres de la primera carrera del año de la GP2 y competía con Hamilton, con Rosberg, con Piquet y dentro de todo, de vez en cuando… En esa época no había tantos chicos como hoy con apoyo y preparación. Por eso también se ve cada vez más lejano. Por ejemplo, en Francia tenés la escuela donde los preparan desde chiquitos, les enseñan de mecánica, de ingeniería, de la puesta a punto, de preparación física, de un montón de cosas para que ellos ya estén preparados. Y se ve: Inglaterra y Francia han sido los que más han generado pilotos en los últimos años. Hay que trabajar desde la base. Talento en Argentina hay de sobra por lo importante que es el automovilismo, porque los chicos se alimentan de automovilismo ya de chiquitos. Pero si traés acá alguien talentoso de allá te lo agarra un chico que tiene 20 mil kilómetros más que él arriba de un auto de carreras y es imposible.

-Sumado al club de los millonarios, como dijo Hamilton.

-Tenés el ejemplo de Mazepin pero también el de Norris, que viene de una familia muy bien, que ha hecho muchísimos kilómetros, pero potenciado por su talento. Hay de todo. Entre los 22 pilotos de la Fórmula 1 siempre están los que han caído ahí por otras cuestiones.

Pechito López junto a Peter Windsor, el dueño de USF1, y Cristina Fernández de Kirchner, entonces presidenta de la Nación. Foto DyN

Pechito López junto a Peter Windsor, el dueño de USF1, y Cristina Fernández de Kirchner, entonces presidenta de la Nación. Foto DyN

-Pasó una década pero ¿sigue doliendo lo del USF1?

-¿Diez años ya hace? Uf…

-Y, más, once…

-Sí, más de diez. No, no, no. No porque en su momento sirven esas cosas. Si fue un golpe, el hecho de haber podido volver a Europa y ser campeón del mundo y llegar a un equipo como el que estoy hoy y al nivel donde estoy yo creo que de cierta manera eso llenó ese espacio que había generado en ese momento eso, el no haber llegado a la Fórmula 1, tanto con Renault como con USF1. Al contrario, (no duele) porque realmente me han pasado cosas muy lindas después de eso y si miro en el 2013 o 2014, nunca hubiera imaginado que desde Argentina iba a estar de vuelta corriendo acá. En ese sentido, soy un agradecido. Todo lo que me tocó vivir me ayudó para llegar preparado para lo que pasó en estos últimos años.

-¿Habías perdido la esperanza de competir a nivel mundial cuando volviste a Argentina? (NdR: en 2006 dejó de ser piloto de desarrollo de los F1 de Renault y en 2007 comenzó a correr en el país)

-Creo que es un poco normal, pasa con los futbolistas que se vuelven. Es siempre difícil volver a entrar al ruedo en cualquier deporte. Argentina me trató muy bien, me fue muy bien, disfruté y aprendí mucho. Pero no por eso se dejó de intentar volver. Cuando había algún pequeño centro que me diera la posibilidad, estaba mi viejo pechando como siempre. Así fue que corrí ese par de carreras con el Automóvil Club que había alquilado esa Ferrari o cuando llegó este auto (un BMW de WTCC) a Termas de Río Hondo y no había quien lo corriera y lo corrí yo y terminó siendo el detonador de lo que pasó después (NdR: en 2014 se unió a Citröen y fue tricampeón del mundo del WTCC).

Pechito López: la vida en Mónaco, el presente en WEC y el análisis del automovilismo. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

Pechito López: la vida en Mónaco, el presente en WEC y el análisis del automovilismo. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

-Hay solo tres pilotos en la historia que ganaron en dos categorías de la FIA y solo dos argentinos campeones del mundo: Fangio y vos. Quizás tu carrera la apuntabas a la Fórmula 1… ¿Pero qué pensás de tus logros?

-Es lindo. Hubo muchos cambios pero tuve la suerte de poder hacerlo bien. Y todavía siento que lo puedo seguir haciendo bien y que todavía sigo aprendiendo. En el deporte profesional, muchas veces con 38 años muchos te ven como el casi retirado. Pero yo todavía me veo muy lejos de eso. Porque siempre encuentro algo para desafiarme, para motivarme. Hoy ya sí veo chicos de 18 o 19 que se suben después que yo al auto y se miden. Pero todavía sigo encontrando la fuerza para seguir a este nivel. En un nivel tan alto, en un momento el cuerpo te puede llegar a poner un límite. Pero habrá otras categorías. Hoy por hoy me siento lejos y, al contrario, cada vez sigo más motivando y encontrando cosas que me siguen haciendo bien.

-¿Cómo se maneja ser un referente?

-Con el tiempo uno se da cuenta de cosas. En sí, digamos, yo no corro por el reconocimiento sino por lo que me genera y porque me gusta. Pero las cosas buenas y los resultados buenos vienen de la mano con el reconocimiento. Y, sobre todo, ese reconocimiento empezó cuando volví a Argentina. Me dio el reconocimiento de la gente. Cuando vuelvo en 2007, yo era un piloto que representaba al país en el mundo, que había estado cerca de la Fórmula 1. Pero en Argentina si no corriste TC2000 o TC no te conocen. Me acuerdo que en un Master de Karting me decían: “Ey, vos, el del buzo de Renault”. También creo que ser profesional, dedicado al deporte y al estado físico, cosas que uno traía porque estaba en un nivel alto en Europa, hizo que mucha gente dijera que hubo un antes y un después, que los pilotos empezaron a profesionalizarse más, a estar mejor físicamente. El hecho de haber andado bien y ganado campeonatos allá me dio un reconocimiento que cuando volví a representar los colores de la bandera en el exterior se volvió más grande. Y está bueno porque en definitiva es como en el fútbol, digamos: yo doy todo lo que no tengo para siempre dejar bien parada a la bandera, a los colores de uno, al país.

De Río Tercero a Mónaco

La pandemia que paralizó al mundo en 2020 le permitió a Pechito López retroceder el reloj hasta sus 14 años, cuando todavía vivía en Río Tercero con papá, José María, con mamá, Mabel, y con los hermanos Gaspar, Tamara y Juan Manuel. El 14 de marzo del año pasado debía correr las 12 Horas de Sebring, en Estados Unidos, pero la carrera se suspendió y, ante la imposibilidad de volver a una Europa con sus fronteras cerradas, viajó a la Argentina, donde unos días después Alberto Fernández decretó la cuarentena.

Fue la primera vez desde los 14 años que pasé tres meses con mi familia, con mis hermanos. Fue lindo la verdad, más allá de la situación”, recuerda.

-¿Cómo fue?

-Fui un adolescente, dormía hasta tarde. Mi mamá me atendía todo el día, me cocinaba. Estaba todo el tiempo con mi hermano, jugábamos a los juegos porque no había nada para hacer. Ayrton, mi perro que quedó en Río Tercero cuando me volví a Europa, estaba contento porque yo estaba y lo tenía todo el día en la pieza. Es loco pensar que fue la primera vez en tanto tiempo que pude pasar un par de meses con mi familia. Porque inclusive cuando me volví a Argentina a correr, yo vivía en Córdoba pero por más que estaba cerca a veces capaz que no estás. Sobre todo para mi viejo y mi vieja, que no me tuvieron tanto de chico, quizás las dos primeras semanas lo disfrutaron. Después ya capaz no me querían tener más ahí, ja.

-Nombrás a Ayrton y hay que hablar de los nombres de tus mascotas, todos relacionados a Senna o a la Fórmula 1. Ahora en Mónaco tenés a Imola.

-En mi casa tenemos perros desde siempre. En Río Tercero, que hay un parque enorme, tenemos ocho o nueve perros, entre los que está Ayrton. La primera que tuve fue Mika, porque fue la perra que tuve cuando era chiquitito y le puse el mismo nombre. Mis primeros años en Europa, viví muy cerca de Monza e Imola, son lugares que me gustan y que los recuerdo muy bien y que encajan bien con los perros y les quedó. Imagino que la próxima será Ascari o no sé. Lo bueno es que es fácil de encontrar un nombre.

Pechito López junto a su novia Carla y la nueva mascota, Imola. Foto Instagram

Pechito López junto a su novia Carla y la nueva mascota, Imola. Foto Instagram

-¿Cómo es vivir en Mónaco?

-Me encontré con un lugar que es súper tranquilo. Obviamente, en su momento me asustaba un poco la idea de Mónaco y toda su extravagancia al ser yo ser bastante perfil bajo, inclusive lo noto cuando digo que vivo en Mónaco y todo el mundo me dice: “uh, Mónaco”. Pero es un pueblo, porque es chiquitito. Y mucha gente está de paso porque viaja mucho, muchos son deportistas porque el clima es excelente para entrenar e impositivamente hay cuestiones muy favorables. Hoy estoy feliz acá, muy contento. Es un paraíso para andar en bici, estás a 10 kilómetros de Italia, a 5 kilómetros de Francia, me queda muy cerca el aeropuerto. Y ni hablar de la Costa Azul, que es paradisíaca.

-Para alguien que solo imagina el jet set, ¿cómo lo describirías?

-Es muy tranquilo, prácticamente no escuchás autos. Se pone un poco más ruidoso una vez al año: cuando está el Gran Premio de Fórmula 1. Bajás del departamento y tenés la playa acá nomás. Yo estoy en la zona italiana y está el bar para el café. Y pasás de estar al nivel del mar a 1.500 metros de altura ahi nomás, porque las montañas están pegadas. Es como lo imaginaba. Obviamente tenés esos barcos enormes y de diez autos, ocho son Ferrari o autos de lujo. Pero se puede vivir normalmente también, sin excesos y sin extravagancias.

-¿En algún momento te acostumbrás a estar todo el tiempo pasando por un circuito con tanta mística?

-No te das cuenta pero todos los días caminás o pasás por algún lado de la pista. Cuando vivís te acostumbrás y es normal. Acá la gente es bastante fierrera, le gustan los autos. Se quejan un poco de las calles cortadas cuando está la Fórmula 1. Pero es increíble porque con la rapidez que se construye, se desarma. Inclusive, un día me levanté temprano, salí a entrenar, pasé por un lado y la calle estaba de una manera. Me fui a dormir, me levanté, salí de nuevo y estaba repavimentado completo. Es un billar la pista; no hace falta pero la repavimentan todos los años. Lo vivís todo el tiempo: cuando llegás a Sainte-Dévote, tenés los frenajes y las marcas de años ahí; pasás por La Rascasse y ves el monumento de Fangio; o cada vez que entrás y salís del túnel. 

Del individualismo a correr en equipo

La era de los Hypercar. "Es cuestión de tiempo para diferenciar las dos categorías", observó Pechito López a horas de la segunda fecha del WEC. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

La era de los Hypercar. “Es cuestión de tiempo para diferenciar las dos categorías”, observó Pechito López a horas de la segunda fecha del WEC. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

-Del karting al fórmula, del fórmula al turismo y ahora a la resistencia. ¿Por qué tantos cambios?

-Me gustan los cambios, me gustan los desafíos. Ahora no, prefiero estar más tranquilo. Pero me gusta la idea de poder ser rápido en cualquier auto, digamos. No me gusta estar en la zona de confort, me gusta siempre exigirme. Por eso creo que así se fue dando todo. En el WTCC sentí en algún momento que quería seguir creciendo y medirme con un nivel más grande e intenté lo de Le Mans. Así llegué a Toyota y me tuve que medir. Y ahora acá sí siento que todas las carreras son un desafío porque competís contra compañeros de equipo que son ex Fórmula 1, en carreras demandantes. Siento que no estoy en un techo, que sigo creciendo.

-¿Cómo fue adaptarte al WEC, una categoría con solo seis fechas y muchos tiempo entre carreras?

Me llevó un tiempo porque yo era alguien que corría muchos fines de semana. En Argentina hubo un año en que no sé si fueron 44 carreras corriendo las tres categorías. Después pasé acá corriendo menos carreras en el WTCC pero sumé la Fórmula E y después el WEC. Por una decisión personal, quería bajar un poco más la intensidad y enfocarme más en mi programa principal, que es el de Toyota. En sí, las carreras son menos pero son mucho más intensas. Si uno compara la cantidad de tiempo que está arriba de un auto, digamos, ya solamente usando Le Mans es un campeonato completo de cualquier otras categoría. Pero tengo mucho más tiempo libre que lo utilizo para prepararme físicamente todo el tiempo y estar al 150 por ciento cuando me tengo que subir al auto. También hay pruebas, sesiones del simulador y tengo otro proyecto, como una parte del desarrollo del Yaris GR. Así que me mantengo bastante activo y conforme, por ahora, ¿no? Pero sí, hay que buscar cosas para hacer y mantenerse activo porque viniendo de tantas cosas por ahí… Creo que fue un proceso. Sentí en un momento que me faltaba algo pero ahora me doy cuenta de que me puedo enfocar mucho más de lleno en algo que me demanda mucho física y mentalmente porque es un auto que necesitás estar muy bien.

-¿Te costó aprender a correr en equipo en un deporte tan individualista?

Sí, aprendés con el tiempo y lleva un tiempo también porque hay muchos aspectos que cambian mucho. Yo creo que la parte más difícil es cuando uno comete un error. Porque cuando corrés solo y cometés un error, bueno, te arruinaste la carrera a vos y, en definitiva, a tu equipo. Pero cuando cometés un error es más difícil afrontarlo porque sabés que les arruinaste la carrera a tus compañeros. Es bastante más difícil llevarlo. Después, obviamente, aprendés a confiar. Pero uno entiende y sabe que cuando no estás vos en el auto, hay dos compañeros que son iguales o mejores que vos y van a hacer un trabajo excelente. Y cuando no tenés esos días brillantes, tus compañeros te salvan el día. O viceversa. Establecés una especie de hermandad, porque aprendés a confiar en algo en lo que no estás acostumbrado, que es darle tu auto a otra persona. Se disfruta más la victoria y se sufre más la derrota.

-¿Cómo alimentás el contacto con tus compañeros Mike Conway y Kamui Kobayashi?

-Tienen residencia acá en Mónaco, aunque Kamui viaja un poco más a Japón porque corre allá también. Pero una de mis actividades, parte de mi entrenamiento y mi pasatiempo, es la bici así que andamos mucho juntos, también con Brendon Hartley (NdR: piloto del auto 8 de Toyota), que vive acá. Nos vemos bastante, comemos, tenemos una relación de amistad bastante fuerte. Y en las carreras pasás mucho tiempo con tus compañeros de equipo, es muy diferente a cuando corrés solo. Se establece una relación bastante linda, que por ahí es más difícil de lograr cuando uno compite solo.

Pechito López, en el centro, junto a inglés Mike Conway y al japonés Kamui Kobayashi. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

Pechito López, en el centro, junto a inglés Mike Conway y al japonés Kamui Kobayashi. Foto Prensa Toyota Gazoo Racing

-Ya fueron campeones pero no ganaron las 24 Horas de Le Mans. Si tenés que compararlo, ¿es como un Mundial?

-Para un piloto de automovilismo, correr Le Mans ya es muy especial, demasiado importante. Ya el auto de la categoría nace como el auto de Le Mans y el resto de las carreras son las que te preparan para Le Mans. Es todo un año de preparación. De horas, horas y horas, de noches. De riesgos también, porque hacemos pruebas de noche durante 36 horas sin parar y cuando es invierno puede haber neblina, lluvia y cuatro grados bajo cero y seguimos andando en el auto a cualquier hora de la noche. Realmente cuando llega el momento, mirás para atrás y te das cuenta de que viene lo importante, que todas esas horas se van a definir en esas 24 Horas. Y creo que también eso lo hace muy especial.

-Hablás de riesgos… ¿Se aprende a convivir con el miedo o quizás lo supera la adrenalina?

Vos no te subís al auto con miedo pero sí aprendés a respetar lo que estás haciendo, porque creo que los problemas vienen cuando ya no lo respetás. Todos somos conscientes, y muchas veces lo hablamos con mis compañeros de equipo, de que sobre todo esta disciplina de carreras de resistencia el riesgo es muy alto. Porque corremos de noche, corremos en condiciones adversas y, sobre todo, corremos con 60 autos en pista a los cuales vas pasando constantemente, de los cuales algunos pueden venir manejados por algún amateur. Entonces, el nivel de concentración que tenés que llevar es grande. Y la verdad que sí, puede pasar algo mal, puede fallar algo y son autos que van a más de 300 kilómetros por hora. Soy alguien que trato siempre de saber que más allá de los niveles de seguridad que se han adquirido, seguimos corriendo en un deporte de riesgo, ¿no? No es que no me sorprenda, pero cuando pasa un accidente es un recordatorio de que no estamos en casa o haciendo un deporte de menor riesgo del que hacemos.

Elogios a Fernando Alonso

“Me impresionan sus ganas porque es un desafío importante. Las vueltas, como fue la de Schumacher en su momento, no son fáciles; cargan con el peso de los que les han ido muy bien, de los que han sido referentes, ¿no? Y está bien que sea así. Pero a ese nivel hay un proceso de adaptación que no podés evitar por más que seas Alonso. Pero lo puede hacer por las condiciones que tiene. Yo creo que va a llegar a ser lo que fue en algún momento, aunque no está en un auto ganador. Cuando decís Alonso ya esperás más, como Messi cuando pasa dos partidos y no hace un gol. Es la cruz que cargan los que han sido referentes siempre”.

Pechito López

Pechito López y Fernando Alonso fueron compañeros en Toyota en 2019. Foto Jean-Francois MONIER / AFP

Pechito López y Fernando Alonso fueron compañeros en Toyota en 2019. Foto Jean-Francois MONIER / AFP


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