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Cuando España, sin delanteros, le ganó a Italia la final de la Eurocopa 2012


El fútbol es algo así como la teoría de la relatividad llevaba al verde césped. Las certezas chocan año a año, nada es absoluto. Ya lo dijo Miguel Angel Russo tiempo atrás: “En fútbol dos más dos no siempre es cuatro”.

Se gana con distintas fórmulas y hasta un equipo puede hacerlo sin pasar la mitad de la cancha en 90 minutos: un gol como el de Carlos Dantón Seppaquercia (de Gimnasia a Huracán en 1979, de saque del medio), luego todos atrás atrincherados con el 1-0 atrapado desde las uñas y nada de aventuras en el otro hemisferio.

Es legal, improbable pero posible.

Se habla de fútbol defensivo y ofensivo, de tácticas que algunos técnicos definen como números de teléfonos (el eterno 4-3-3, el moderno 4-2-3-1), de falso nueve… pero todo puede quedar patas para arriba en cualquier momento.

Por ejemplo, cuando un técnico de 61 años y escaso carisma dibujó un 4-6-0, es decir sin delantero clásico, y ganó 4-0 una final, nada menos que de Eurocopa. ¿Qué hacemos con eso? Tal vez convenga recuperar una vieja frase de César Menotti: “No se puede hablar de fútbol sin nombres propios”.

No se debería, al menos. Viajemos entonces al 1 de julio de 2012. Recordemos que la Gazzetta dello Sport, por ejemplo, decía que aquella España de la que estamos hablando era especialista en “masturbación táctica”. O que Bixente Lizarazu, destacado lateral francés campeón del mundo en 1998, también aportaba creatividad diciendo que a ese equipo de Vicente del Bosque “le sobra amor pero le falta sexo”.

El fútbol es también un género literario, queda claro. En España se discutía con ardor el tema desde que Javier Clemente instaló en 1994 el terminó tiki taka para descalificar a Angel Cappa. Johan Cruyff ya había demostrado que la prohibición de juntar bajitos en un equipo era absurda, siempre y cuando no faltara talento en esos pequeños frascos, y lo siguieron con éxito y convicción Luis Aragonés y Pep Guardiola.

Lo cierto es que el bueno de Del Bosque tenía un problema: David Villa, el goleador histórico de La Roja, estaba lesionado. Lo que para cualquier entrenador sería otra complicación (sobreabundancia de mediocampistas talentosos), para el DT campeón del mundo dos años antes fue la solución. Lo probó en el primer partido del Grupo C, contra Italia, y empataron 1-1. Se volvió a encontrar con la Azzurra en la final de Kiev y repitió la idea. Esta vez fue 4-0. No parece lógico, pero…

Aquella España venía de ganar la Eurocopa anterior en 2008 con Luis Aragonés como técnico, un 4-1-4 (Iniesta, Xavi, Fábregas, David Silva)- 1 (Fernando Torres, autor del único gol) y un escaso 1-0 sobre Alemania en la final de Viena y luego el Mundial en 2010, ya con Del Bosque en el banco y Villa y Pedro sumados al ataque para un super agónico 1-0 en el partido definitivo contra Holanda en Johannesburgo.

Ya en Kiev, en 2012, formó con Casillas al arco, Arbeloa, Piqué, Puyol y Jordi Alba en defensa; Xavi, Busquets, Xabi Alonso, Fábregas, David Silva e Iniesta todos revueltos del medio hacia adelante. Ni nueve, ni falso nueve: supuestamente Césc Fábregas asumió el cargo de centro delantero, como si fuera un requisito legal. Recién en el minuto 59, cuando Pedro reemplazó a David Silva (autor del primer gol) el equipo tuvo en el campo lo que se podría denominar como un delantero con credenciales, aunque no tanque. Ya ganaba 2-0 gracias al tanto de Jordi Alba. Luego ingresó Fernando Torres (un nueve legítimo, que convirtió el tercer gol) y más tarde otro volante (Juan Mata, quien firmó el 4-0).

Curiosamente, los dos “sobrevivientes” de aquel equipo italiano al actual son dos zagueros centrales, Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini, que en 2012 no sabían a quién marcar. También jugaron para la Azzurra ese día Andrea Pirlo y Daniele De Rossi, entre otros.

Vicente del Bosque no se hizo muchos problemas por el revuelo causado cuando anunció el equipo titular. Para él tenían lo necesario: “Hemos hecho bien las tres cuestiones del fútbol: presión, posesión y profundidad”.

Luego agregó: “No hay un fútbol único. Para nosotros es más importante llegar que estar. Tenemos gente muy inteligente, un equipo equilibrado con jugadores que dan seguridad y con diferentes atacantes. En esta ocasión hemos elegido a unos que entran más que otros, y no nos ha ido mal” .

Algo parecido había hecho Pep Guardiola medio año atrás, en otro 4-0 de una final, ante el Santos de Neymar por el Mundial de Clubes. Y con varios intérpretes en común: Xavi, Busquets, Iniesta y Fábregas, poniendo a Dani Alves y a Thiago Alcántara como wines o algo similar.

La gran diferencia es que aquella vez en Yokohama, Japón, el nueve impostor era Lionel Messi, que sí era y es delantero, y como bien explicó Pep alguna vez, “Messi es el mejor, 9, 10, 11, 7, 6, 4…”


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