Deportes

cómo siguió la vida del agresor y por que se sintió apuñalada dos veces

No hay imágenes del ataque brutal a Monica Seles, aquel que cambió el rumbo del tenis el 30 de abril de 1993. Solo se sabe que, en un descanso del partido que la número 1 del mundo le ganaba 6-4 y 4-3 a la búlgara Magdalena Maleeva, uno de los seis mil espectadores que ese día estaban en el court principal del torneo de Hamburgo sacó un cuchillo de cocina de 23 centímetros, se inclinó sobre la barra de seguridad de 91 centímetros que separaba la tribuna del banco donde estaba sentada la tenista yugoslava y la apuñaló en la espalda.

El grito de Seles es lo primero que capta la TV oficial, que entonces muestra cómo un integrante de la seguridad del torneo toma del cuello al agresor, identificado como Günter Parche de 38 años, y lo retira del estadio. En ese instante, la mejor tenista del momento camina hacia el centro del court y se desvanece. Maleeva comienza a llorar.

Seles le escapó a la muerte aquel día y, si no se hubiera inclinado hacia adelante justo antes del ataque, habría quedado paralizada. Más de dos años después demostraría su fortaleza mental y física para volver al circuito. Pero su imagen ya no sería la de esa chica de 19 años de los cuartos de final en Hamburgo. Mucho menos la de la jugadora más joven en ganar un Grand Slam que ganó Roland Garros con 16 años y seis meses de edad. O la de 17 que en marzo del 91 rompió con el reinado de 186 semanas de Steffi Graf como número 1 del mundo.

En agosto de 1995, cuando retornó al circuito en Montreal, Seles era una chica de 21 años con un sobrepeso de 15 kilos debido a un desorden alimenticio (“bringe eating disorder”, es decir, trastorno por atracón) producido por el estrés postraumático; también por la doble sentencia que le habían dado en Alemania a su agresor: Parche fue declarado culpable pero no iría a prisión.

Capturado con 650 marcos y un boleto a Italia -donde la semana siguiente se jugaba el Abierto en Roma- en su bolsillo, Parche estuvo detenido seis meses hasta que el 12 de octubre octubre un tribunal de primera instancia de Hamburgo lo sentenció a dos años de cárcel en libertad condicional y un tratamiento psiquiátrico obligatorio.

Durante el juicio, el oriundo del pueblo de Goersbach declaró que “de ninguna manera” quiso matar a Seles y que por eso había evitado herirla en el cuello o en la cabeza. Si bien se había especulado con que la causa fuera política por el conflicto en Yugoslavia, el ataque respondió a la obsesión de Parche con Steffi Graf y la necesidad de que la alemana recuperara el trono del ranking de la WTA.

Terror en la cancha. La portada de Sports Illustrated con la agresión a Seles hace 28 años.

Terror en la cancha. La portada de Sports Illustrated con la agresión a Seles hace 28 años.

Las pruebas presentadas en el juicio, entre ellas fotos de una habitación empapelada con imágenes de Graf y una colección de videos de sus actuaciones, sugirieron que había desarrollado una obsesión con su compatriota, quien también sufrió el acoso de Parche al recibir cartas anónimas y hasta dinero para que se comprara un collar.

“Es una criatura de ensueño cuyos ojos brillan como diamantes y cuyo cabello brilla como la seda. Caminaría a través del fuego por ella“, testificó ante el tribunal según la publicación del diario New York Times de aquel día. Además, Parche que fue liberado esa misma tarde en que se conoció su sentencia, dijo que su único objetivo era “darle un escarmiento” a Seles.

“¿Qué clase de mensaje se ha transmitido al mundo? Günter Parche reconoció que me acuchilló una vez y lo intentó una segunda, y ahora el tribunal ha dicho que no va a ser encarcelado por este crimen premeditado. Volverá a su vida cotidiana, mientras que yo no puedo todavía, porque estoy recuperándome de la agresión, que me podría haber matado”, criticó Seles desde Estados Unidos e instó a sus abogados a apelar la sentencia.

Mientras ella caía en una profunda depresión, de la que daría detalles en su libro Getting a Grip: On My Body, My Mind, My Self (2009), él viajaba a diario de Gorsbach a Nordhausen para realizar trabajos temporales para una firma de jardinería. “No diré que lo siento porque no debo hablar de mis sentimientos. Lo único que diré es que nunca más lo volveré a hacer. Tampoco discutiré sobre mis motivos. Mantendré mi promesa a la familia Graf. Les dije que no empeoraría las cosas para ellos hablando del incidente o de mis sentimientos“, le dijo al diario Today en 1994, en su única declaración pública.

A 300 kilómetros de allí, Hamburgo volvía a recibir a la WTA y Graf, su número 1 desde Roland Garros 1993, pedía a los organizadores no se exagerara con las medidas de seguridad ya que la cercanía con los espectadores es algo que no se puede perder. “Lo que no se puede permitir es que uno salga a la calle con tanto miedo. No hay que pensar mucho en ello. Precisamente yo creo que los organizadores de los torneos tienen más miedo que los propios jugadores” , decía quien había visitado a Seles en el hospital pero nunca se había expresado sobre el hecho que la involucró involuntariamente.

El tiempo le dio la razón y las medidas se limitaron a que los encargados de seguridad empezaran a sentarse de cara al público en las tribunas, con el fin de prevenir cualquier atentado.

La apelación, en tanto, siguió su curso pero tampoco tuvo un desenlace favorable para Seles. El 4 de abril de 1995, cuatro meses antes de jugar una exhibición frente a Martina Navratilova en Atlantic City -su paso previo al regreso al circuito-, la jueza Gertraut Goring dijo que una sentencia más severa no estaba justificada en vista de la confesión completa del agresor, la falta de arrestos anteriores y la “estructura anormal de la personalidad”.

Seles volvió a jugar en una exhibición contra Martina Navratilova. Foto AP

Seles volvió a jugar en una exhibición contra Martina Navratilova. Foto AP

Nuestra ley no se basa en el principio de ‘ojo por ojo’“, respondió Goring, al pedido de cinco años de prisión de los abogados de la tenista y los 33 meses de los fiscales. Tampoco fue suficiente para la jueza de apelaciones el argumento del psicólogo estadounidense Jerry May, quien testificó que Seles “no duerme bien y tiene pesadillas porque tiene miedo de que el señor Parche pueda volver a atacarla”.

En la última década, se supo que Parche, que ronda los 67 años, sufrió varios derrames cerebrales y está internado en un geriátrico de Nordhausen, en el estado alemán de Turingia.

En tanto que Seles, de 47, jugó su último partido en 2003 producto de una lesión en el pie que le causó el sobrepeso. Tras una incursión en el Bailando por un Sueño de Estados Unidos en 2008, la nacionalizada estadounidense da charlas para concientizar sobre trastornos alimenticios y divide sus días entre su residencia en Tampa, una mansión de 500 metros cuadrados en Francia, una casa en la playa en otra ciudad de Florida y un departamento en Europa. Por seguridad, nunca reveló la ubicación exacta de ninguna de ellas.

Si bien volvió al circuito en Montreal, su siguiente torneo fue el US Open, donde perdió la final con Graf. Foto: AP

Si bien volvió al circuito en Montreal, su siguiente torneo fue el US Open, donde perdió la final con Graf. Foto: AP

Apuñalada por la espalda dos veces: primero por Parche, luego por el tenis

El torneo de Hamburgo que Seles abandonó en los cuartos de final tras ser apuñalada, continuó jugándose y la semana siguiente, en Roma, 24 de las 25 mejores tenistas del ranking votaron en contra de la propuesta de la Asociación Femenina de Tenis de mantener a la yugoslava como número 1 adyacente hasta su regreso. La única excepción fue la argentina Gabriela Sabatini, que se abstuvo.

Pese a eso, en agosto de 1995, cuando volvió a jugar oficialmente en Montreal, lo hizo como número 1 del mundo, ya que la WTA decidió que compartiera ese puesto con Graf por seis meses. “Todas las jugadoras de primera fila, hemos apoyado que regresara como número uno. Su vuelta me alegra mucho. Me sentí muy afectada por lo que le ocurrió”, le dijo a la prensa la alemana, quien le ganaría la final del US Open unas semanas después.

Al año siguiente de su regreso, Seles ganó el Abierto de Australia. Foto AP

Al año siguiente de su regreso, Seles ganó el Abierto de Australia. Foto AP

Si bien Seles se tomó revancha en el siguiente Grand Slam, al ganar su noveno grande en el Abierto de Australia de 1996, ya no era la misma. Y en 2008, cinco años después de jugar su último partido y con 53 títulos, anunció oficialmente su retiro. Lo que sí logró fue cumplir una promesa: no pisar nunca más un court de Alemania, decepcionada con la justicia local.

“Hoy estaríamos hablando de Monica como la tenista con más títulos de la historia por delante de Margaret Court y sus 24 Grand Slams. Steffi tiene 22, pero es que no tenía a nadie contra quien jugar. Günther Parche cambió el curso de la historia del tenis, sin duda alguna”, resumió Navratilova. Pocos podrían animarse a decir que se equivoca.


Fuente

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba