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cómo se forma a la próxima generación de líderes comunistas de China

En un frondoso campus del noroeste de Beijing, sembrado de estatuas de Marx, Mao y otros santos comunistas, el líder chino Xi Jinping forma a sus “leales sucesores”, la próxima generación de funcionarios que impulsarán el resurgimiento del régimen de partido único.

El Partido Comunista de China acaba de celebrar el centenario de su fundación y, durante gran parte de ese tiempo, la Escuela Central del Partido y otras academias similares han sido “cunas rojas”. En estas escuelas, a los cuadros se les inculcan las creencias del partido, que se remontan a sus primeras décadas como movimiento revolucionario. Xi ha dicho que un gobierno revitalizado del partido es fundamental para el ascenso de China e insta a las escuelas a formar funcionarios que sean orgullosa y abiertamente leales a esa causa.

“Nuestro partido se basó en la lucha para llegar a donde está hoy y seguramente se basará en la lucha para conquistar el futuro“, dijo Xi en marzo a cientos de funcionarios jóvenes en la Escuela Central del Partido, que tomaron nota de sus palabras como alumnos atentos. “Los peligros y las pruebas que nos esperan no serán menores que en el pasado”.

Ningún público parece más receptivo al mensaje de Xi que los estudiantes de las miles de escuelas del Partido Comunista, que forman a decenas de miles de funcionarios cada año. En ellas se imparten clases de doctrina política, historia del partido, economía y otras materias políticas, y las ideas de Xi son ahora el núcleo de los planes de estudio.

En Shanghai, la celebración del PC. Foto EFE

En Shanghai, la celebración del PC. Foto EFE

Xi ofrece los “principios políticos que guían a la China contemporánea”, dijo durante una reciente visita Wang Shiquan, profesor de otra escuela de élite del partido, la Academia China de Liderazgo Ejecutivo Pudong, en Shanghái. La escuela ofrece más de 120 cursos en los que se utilizan las teorías de Xi, dijeron funcionarios de la academia.

Conforme Xi ha tomado un control cada vez más autoritario de China, las escuelas del partido han seguido sus pasos. La Escuela Central del Partido toleraba, e incluso apoyaba, a académicos reformistas que ahora están consternados por la centralización del poder de Xi, las políticas de línea dura y la abolición de los límites de los mandatos. Los funcionarios jóvenes actualmente salen de las escuelas marcados por ese espíritu belicoso.

Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, que asistió a la escuela en 2019, arremete con desdén contra las críticas de los gobiernos occidentales. “La historia de éxito de China es la historia de éxito del Partido Comunista Chino”, escribió Hua en un trabajo para su curso en la escuela del partido, que se publicó en 2019. Esa historia, escribió, es un “faro que apunta al brillante futuro del esfuerzo socialista”.

El Partido Comunista dicta cursos para educar a sus miembros casi desde su fundación. Generaciones de líderes chinos los han utilizado para formar a sus cuadros a su imagen y semejanza: revolucionarios al principio, luego partidarios de la reforma económica y política de los años 80 y personas con apariencia tecnocrática en décadas más recientes.

​Los líderes

Mao Tse Tung fue rector de la Escuela Central del Partido. Xi fue rector allí durante cinco años antes de convertirse en líder nacional a fines de 2012. Durante la década de 1980, líderes reformistas como Hu Yaobang animaron a la escuela a generar ideas para una era de apertura y flexibilización política.

En la actualidad, ofrece cursos sobre los aspectos prácticos de la gestión de un pueblo, un condado, una ciudad o una provincia: cómo desactivar las protestas o cómo elegir a los funcionarios para un ascenso. Una de las clases de la escuela del partido, descrita en un estudio reciente, recordaba a los funcionarios que visitaban las zonas afectadas por inundaciones que debían llevar botas de goma cubiertas de barro, como señal inequívoca de que compartían el sufrimiento de los lugareños.

El presidente de China, Xi Jinping. Foto AP

El presidente de China, Xi Jinping. Foto AP

“Las escuelas del partido cultivan la cultura de lo que es ser un cuadro”, dijo John Fitzgerald, investigador australiano que está elaborando un estudio sobre el funcionarado chino. “La escuela del partido forma parte del proceso de creación de esa élite diferente que tiene su propio lenguaje, cultura y contactos”.

La Academia de Liderazgo Ejecutivo de China hace poco presentó sus esfuerzos para ofrecer un plan de estudios modernizado: en parte campo de entrenamiento político, en parte escuela de negocios.

“Un líder está muy ocupado y viene aquí durante una o dos semanas”, dijo Wang, el profesor de la academia. “Se trata sobre todo de resolver sus problemas, por ejemplo cómo ser alcalde o secretario del partido”.

En uno de los cursos, los alumnos-funcionarios estudian cómo gestionar crisis como los disturbios y catástrofes naturales como las inundaciones y los deslizamientos de tierra. En otro, practican el manejo de las entrevistas con los medios de comunicación y los invitados extranjeros. La academia invita a magnates y funcionarios a dictar clases, dijeron los responsables de la escuela.

“Creemos que las habilidades para el boxeo deben ser enseñadas por boxeadores”, dijo Jiang Junjie, profesor de la academia.

Ma Tse Tung en 1969. Foto AP

Ma Tse Tung en 1969. Foto AP

Pero los cursos aquí y en otras escuelas del partido siguen teniendo un gran componente de las sagradas escrituras políticas de Marx y Mao. En los últimos años, la enseñanza se ha centrado cada vez más en Xi. Las pantallas planas de la academia de Shanghái mostraban su imagen sombría entre los anuncios.

Los programas de estudio para funcionarios incluyen peregrinaciones a lugares venerados como las montañas Jinggang, antigua base de la revolución donde se encuentra otra academia para cuadros.

En la academia de Shanghái, una profesora rechazó la idea de que los funcionarios recibieran una visión falsamente romántica del pasado revolucionario. El Partido Comunista ha aprendido de sus errores, como la Revolución Cultural de 1966 a 1976, dijo la profesora, Zhang Shengxin.

“Siempre hemos tratado nuestros errores con franqueza“, dijo a los periodistas.

Los peligros

Pero para Cai Xia, ex profesora de la Escuela del Partido, Xi ha sido responsable de una peligrosa erradicación de la apertura política, incluso en el famoso campus de Beijing en el que ella enseñaba.

Su carrera en la Escuela Central del Partido siguió la trayectoria de China desde un período de relativa apertura política hasta el autoritarismo de Xi. Llegó a la escuela en 1992, cuando Deng Xiaoping estaba flexibilizando el congelamiento ideológico impuesto tras la sangrienta represión de las protestas en la plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989. Fue un traslado prestigioso para Cai, que había estado enseñando en una escuela local del partido en el este de China.

Durante las dos décadas siguientes, algunos académicos de la escuela abogaron por una liberalización política gradual, comenzando desde el interior del partido para librarlo de la corrupción y los abusos de poder, dijo Cai. Los académicos reformistas solían mantener sus ideas dentro de los límites aceptables para los líderes. El beneficio era que podían abogar cuidadosamente por el cambio ante los funcionarios en ascenso.

Xi Jinping con Joe Biden en 2015. Foto AFP

Xi Jinping con Joe Biden en 2015. Foto AFP

“El Partido Comunista Chino se sitúa por encima del país, así que, si el partido no se democratiza, el país no puede dar el paso hacia la democracia”, dijo Cai. “Sólo podíamos tratar de ver si eso funcionaba”.

En 2008, un grupo de investigadores de la escuela publicó un proyecto de reforma política “integral” para conseguir mayor apoyo público al partido, reducir la corrupción y aumentar la eficacia. “La libertad de prensa es una tendencia inevitable”, decía el informe.

Los profesores de la Escuela Central del Partido dictaban clases contundentes sobre los desastres ocurridos bajo el gobierno de Mao, como la hambruna provocada por su fallido Gran Salto Adelante. En uno de los cursos, dijo Cai, comparó con precisión a los países que en general buscaban un cambio político gradual, como Gran Bretaña, con los que habían pasado por revoluciones violentas, como Rusia.

“Ni siquiera había llegado a la conclusión cuando uno de los alumnos se acercó para decirme: ‘Profesora Cai, lo entiendo'”, dijo.

La libertad

Minxin Pei, ahora profesor de ciencias políticas en el Claremont McKenna College de California, dijo que una vez ayudó a organizar conferencias en la escuela del partido a cargo de Roderick MacFarquhar, profesor de Harvard conocido por sus investigaciones sobre la Revolución Cultural.

“Las primeras palabras que dijo Rod fueron: ‘Hoy quiero hablar del 4 de junio’“, contó Pei en una entrevista telefónica, refiriéndose a la represión de 1989. “Se podía oír caer un alfiler. Rod básicamente se lanzó a dar una conferencia sobre por qué la democracia es necesaria para China”.

Sin embargo, ni siquiera la Escuela Central del Partido estaba aislada de la corrupción que afecta a la élite política de China en las últimas décadas.

Los funcionarios de la escuela se esforzaron por disciplinar a los funcionarios que estudiaban allí y de noche se escapaban para divertirse con sus compañeros. Algunos traían a sus amantes para que se alojaran en hoteles cercanos a la escuela, dijo Cai. Un vicealcalde del noreste de China aprovechó su estancia en la escuela para escaparse a Macao, el enclave de juego de la costa sur, donde apostó y perdió una fortuna en dinero corrupto.

Como rector de la Escuela Central del Partido, Xi había reprendido a los académicos que criticaban al partido. Pero Cai esperó a ver qué hacía una vez en el poder, con la esperanza de que reformara la jerarquía política.

Nueve años después, Cai critica abiertamente el giro autoritario de China y vive en los Estados Unidos. El año pasado, la Escuela Central del Partido la expulsó del partido y suspendió sus beneficios de jubilación.

Pero ella dijo que los esfuerzos de Xi en pos del conformismo no cambiarían el pensamiento de todos, ni siquiera en la escuela.

“Desde afuera el partido parece unificado, pero por debajo hay corrientes subterráneas turbulentas”, dijo Cai. “Dentro de la escuela del partido, algunos rechazan sus antiguas ideas liberales para abrazar a Xi Jinping; otros simplemente dicen lo menos posible”.

Chris Buckley y Keith Bradsher. The New York Times


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