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“Cancelar los Juegos Olímpicos sería muy cruel para los atletas”

El nene se acercó a la ruta con sus padres a la hora señalada. La expectativa era evidente. La ansiedad, mayor aún en una criatura. Y de repente, ¡zas! “De repente vi pasar a una persona corriendo durante 20 segundos. Fue un momento nada más y yo no entendía muy bien de qué se trataba, pero la emoción que se compartía fue algo inolvidable”, recuerda quien fuera aquel niño de 4 años y es hoy este hombre nacido en 1960, que aún sigue fascinado por lo que fue el paso de la antorcha olímpica de Tokio 1964 por su ciudad. Hiroshima. Nada menos que Hiroshima. Habían pasado 19 años del 6 de agosto de 1945, el día en que el mundo se deshumanizó.

El recuerdo del fuego olímpico aflora en pleno microcentro porteño en la voz de Takahiro Nakamae, en un claro español con la “z” bien marcada. Aquel niño es el embajador del Japón en la Argentina. Y por haber sido testigo de la reconstrucción de su ciudad, sus palabras de ilusión hacia Tokio 2020 suenan más convincentes que si las dijera otro.

Japón nunca tuvo la intención de cancelar los Juegos. Si los cancelamos, sería muy cruel para los atletas que vienen entrenándose durante estos cuatro años y sería un mensaje muy negativo en nuestra lucha contra el Covid-19 -asegura-. Con todo lo que aprendimos de los cuidados sanitarios y la conciencia social, podemos organizar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos con seguridad sanitaria. Será un mensaje muy positivo para el futuro y un símbolo de unidad global. Es un desafío, pero merecen hacerse”.

Desde el piso 17 de una torre con ventanas vidriadas, los colores del Río de la Plata y del diáfano cielo se distinguen claramente. A menos de cuatro meses de la ceremonia inaugural, con el Comité Olímpico Internacional decidido a que Tokio 2020 sea realidad, la incertidumbre por la pandemia es inequívoca. Nakamae la entiende, pero transmite confianza y seguridad en su discurso.

Takahiro Nakamae, embajador del Japón en la Argentina. Foto Gentileza Embajada del Japón en la Argentina

Takahiro Nakamae, embajador del Japón en la Argentina. Foto Gentileza Embajada del Japón en la Argentina

-¿Se puede tener la certeza de que van a ser unos Juegos seguros sanitariamente? ¿Qué garantías hay si el mundo vive algo inédito?

-Es cierto que no hay una garantía hay al 100 por ciento, pero con las medidas correctas, con lo que aprendimos de esta pandemia y cumpliendo las reglas, sí tenemos confianza en que podemos controlar la situación. Con la cooperación de los participantes, juntos vamos a vencer a esta pandemia. Si observamos los protocolos, científicamente se puede decir que la propagación puede ser contenida.

-¿Cómo han lidiado con las críticas de parte de la población por el aumento del presupuesto en miles de millones de dólares y porque se hagan los Juegos en pandemia, e incluso con empresas pidiendo que los cancelaran?

-Desde hace casi 12 meses, cuando se anunció la postergación de los Juegos, hubo quienes opinaban que debían cancelarse para evitar mayores pérdidas financieras. Pero en Japón la intención política era y es muy fuerte. El Gobierno quiere organizar estos Juegos. Si no, sería un mensaje muy negativo. Hubo discusiones en el país. Es cierto que aún hay una porción importante de la opinión pública que se pone muy cautelosa en cuanto a la organización. Trabajamos para presentar todas las medidas para probar que sí es posible organizar los Juegos.

-¿Cuánto costó asimilar el golpe de la postergación de 2020 para 2021? ¿Fue un golpe al orgullo?

-Ha sido muy difícil, por supuesto, en varios aspectos. En lo materialista, se ha invertido mucho y prolongar un año manteniendo toda la estructura genera un costo enorme. El Comité Organizador y el Gobierno asumen ese costo. Y el sector privado invirtió muchísimo en hoteles y transporte. Pero Japón nunca tuvo intención de cancelar los Juegos.

Manifestantes opositores a los Juegos Olímpicos protestan con una bandera contra el paso de la antorcha en Tokio.
Foto EFE

Manifestantes opositores a los Juegos Olímpicos protestan con una bandera contra el paso de la antorcha en Tokio.
Foto EFE

-¿En cuánto los afectará no recibir espectadores extranjeros?

-Es una cosa lastimosa. Porque no sólo complica a quienes iban a visitar Japón para disfrutar los Juegos sino que los japoneses han recibido un impacto muy fuerte porque muchísimas ciudades querían hospedar a las selecciones y a sus espectadores. Muchos voluntarios estaban preparándose en sus países. Los empresarios hoteleros y transportistas no pueden recibir a sus clientes. Es un choque, pero los expertos juzgaron desde el punto de vista científico y llegaron a esta conclusión.

-Por la menor cantidad de espectadores en los estadios y las limitaciones para la prensa, ¿serán unos Juegos para verlos por TV y con menos glamour?

-Cuando comenzaron los Juegos, no había televisión.

-Por supuesto…

-El centro del espíritu de los Juegos es la armonía, la convivencia de varias personas, etnias y culturas, y su contribución a la paz mundial. Es mi opinión. No es un anuncio oficial. ¿Qué hacemos con la “nueva normalidad” para dirigir a los Juegos Olímpicos hacia el éxito? En Tokio están trabajando a todo vapor para hacer estos Juegos más innovadores y que produzcan mensajes productivos para el futuro.

El deporte es mucho más allá que una competencia. Es inclusión, es bienestar, es compartir valores. Así también lo entiende Japón, en palabras de su embajador en la Argentina. “Para los japoneses, el deporte siempre ha sido parte muy importante de la educación de los niños. El ejercicio es una costumbre muy popular en Japón. Un espíritu sano reside en un cuerpo sano”, explica.

Y agrega: “El deporte no es sólo entrenamiento para competir y ganar. Es una parte de la formación espiritual. Con las artes marciales es así. Para los japoneses, las disciplinas son herramientas para la formación espiritual de las personas. Y muchos atletas japoneses están aplicando este pensamiento a todas las disciplinas”.

Los anillos olímpicos, en la bahía de Tokio.
Foto AFP

Los anillos olímpicos, en la bahía de Tokio.
Foto AFP

Filosofía oriental al margen, Japón siempre quiso albergar eventos deportivos masivos. “El primer intento para ser sede olímpica fue en 1940, pero se suspendió por la guerra. Y en 1964, apenas 19 años después del final, los Juegos fueron el símbolo de recuperación de la posguerra y el desarrollo económico”, analiza.

Y amplifica un concepto terminante: “No queremos organizar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos sólo como un festival de deportes con atletas de primer nivel. Queremos materializar un mensaje de solidaridad al mundo y apoyar a los atletas que se esforzaron, incitando a cambios productivos para el futuro a través del deporte”.

Cualquiera que ha ido a Japón, supo que viajó al futuro o a otro planeta. Por su organización, por su filosofía… Por eso no es arriesgado opinar que si estos Juegos fueran en otro lugar, hace tiempo que se hubiera decidido no hacerlos. Es que Japón se ganó el respeto por haber renacido de las cenizas y de desastres naturales. Es una marca de garantía y se levanta. ¿Coincide el embajador?

“Si hay una consideración de confianza hacia nosotros, es un gran honor. Es para agradecer. Pero esto implica aún más responsabilidad -avisa-. La confianza requiere de mucho tiempo para construir, pero en un día se puede destruir. Eso lo sabemos todos. Nuestra responsabilidad de responder correctamente a esta confianza, si la hay, es una tarea enorme, pero estamos dispuestos a trabajar”.

-¿Cómo quisiera que fueran recordados estos Juegos Olímpicos?

-No van a ser los Juegos en una situación normal. Por primera vez en su historia, sufrimos esta postergación y se organizarán sin público extranjero. Habrá muchos asuntos sin antecedentes. Con el éxito de estos Juegos, desearía que Tokio 2020 dejara un legado de convivencia y armonía. Que a pesar de esta pandemia, sí pudimos.

El mensaje a los atletas argentinos

Paula Pareto y Santiago Lange, campeones olímpicos clasificados a Tokio 2020.
Foto EFE

Paula Pareto y Santiago Lange, campeones olímpicos clasificados a Tokio 2020.
Foto EFE

La delegación japonesa hizo ruido en el hotel de Puerto Madero donde Tokio fue elegida el 7 de septiembre de 2013 como sede de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020. En la 125° Sesión del COI, obtuvo 42 votos en la primera vuelta, contra 26 de Estambul y de Madrid. Y en la ronda final barrió 60-34 a la ciudad turca, que le había ganado 49-45 el desempate a la capital española. “Argentina tiene mucho que ver con estos Juegos”, sintetiza el embajador Nakamae, quien ansía la participación celeste y blanca en los Juegos.

Un evento muy esperado fueron los amistosos que las selecciones Sub 24 de fútbol de Argentina y Japón jugaron en Tokio y en Fukuoka, la primera presencia deportiva de una delegación nacional en ese país, en plena pandemia, a poco de los Juegos. “Era una experiencia importante para que vieran cómo se maneja la cuestión sanitaria, porque la meta es organizar eventos deportivos internacionales de una manera segura”, dice.

El Comité Olímpico Argentino y la embajada del Japón tienen fluida relación. La idea es que los atletas argentinos puedan llegar con tiempo al país asiático para aclimatarse al calor y a la diferencia de huso horario de cara a los Juegos. “Cuatro ciudades siguen con la intención de recibirlos para adaptarse”, dice Nakamae. Aunque todo dependerá de la situación sanitaria.

-¿Qué mensaje le quisiera dejar a los atletas argentinos clasificados a Tokio y a los que aún luchan por plazas?

-Comprendemos que estos años de preparación han sido desafiantes para todos los atletas del mundo. Sobre todo los últimos 12 meses, porque nadie estaba seguro de que se harían un año después. Mantener el ánimo de entrenamiento es durísimo. Pero los atletas argentinos han soportado este desafío y han logrado su ambición, su meta: formar parte de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Por eso sentimos mucha responsabilidad de realizarlos. No quiero traicionar todo este esfuerzo. Queremos recibirlos con los brazos abiertos. A pesar de las restricciones, van a ser unos días memorables.

El presente sanitario de Japón

Japoneses caminan por Tokio con tapabocas, admirando los cerezos.
Foto AP

Japoneses caminan por Tokio con tapabocas, admirando los cerezos.
Foto AP

“Hasta el domingo 21 duró el estado de emergencia, que no era un confinamiento sino la limitación de restaurantes y bares hasta las 20, y restricciones de eventos grandes. A esta enfermedad todavía no la hemos contenido ni controlado, pero hemos aprendido”, explica el embajador Nakamae.

Ahora en los estadios se puede permitir hasta el 50% de la capacidad, pero que no exceda los 10.000 espectadores. Hemos tratado de manejar la contención de la pandemia y la actividad social -sostiene-. Acumulamos aproximadamente 450 mil contagiados (470.175) y 9.000 fallecidos (9.086). La vacunación, un arma decisiva en esta lucha, está en curso para el personal sanitario. Y esperamos que pronto comience para los mayores”.

Nakamae y…

Una relevista de la antorcha olímpica, en Tochigi. 
Foto AFP

Una relevista de la antorcha olímpica, en Tochigi.
Foto AFP

El relevo de la antorcha olímpica

“Durante 121 días, recorrerá todas las prefecturas del país. El inicio fue en Fukushima, como símbolo de reconstrucción después del siniestro, y terminará en Tokio. El espíritu central se mantiene con o sin ceremonias. Mantuvimos el fuego encendido durante este año, desde que la llama llegó al Japón, como mensaje de recuperación del terremoto, de desastres naturales y de la pandemia. A la ruta se puede acercar la gente, pero con barbijos y sin gritar”.

El valor de los Juegos Paralímpicos

“Tokio será la primera ciudad en haber hospedado dos ediciones paralímpicas. Esto tiene otro mensaje muy importante, porque en este mundo donde observamos muchas brechas, el espíritu de convivencia y cohabitación es cada vez más importante. Para nosotros, los Juegos Paralímpicos no son menos importantes que los Olímpicos. Estamos invirtiendo muchísimo para que el mundo reconozca que las personas, aunque tengan discapacidades, tienen el mismo espíritu deportivo. Y todos somos capaces de formar una comunidad de convivencia”.

Crecer en Hiroshima

Hiroshima, destruida en 1945 por la primera bomba atómica lanzada por Estados Unidos.
Foto AFP

Hiroshima, destruida en 1945 por la primera bomba atómica lanzada por Estados Unidos.
Foto AFP

Takahiro Nakamae nació en Hiroshima en 1960, quince años después del hongo nuclear que devastó a la ciudad y al alma de quien se asuma como ser humano. Un pariente suyo murió en el momento de la explosión, pero su abuela sobrevivió y tuvo “una larga vida”, según relata. ¿Cómo fue crecer en un sitio que transformó el horror en trabajar para ponerse de pie?

“Lo que recuerdo es que en los años 60 hubo muchas partes de la ciudad todavía con casas humildes. Para la gente que experimentó algo tan horrible, el sentido de reconstrucción fue muy importante. La convicción de que la vida sería mejor mañana. Eso es la fuente del ánimo para trabajar para el desarrollo, en vez de meterse en la venganza”, desgrana el embajador.

Para los sobrevivientes de la bomba, la venganza no es la idea. Muchas personas les preguntan qué piensan de los estadounidenses. Yo sé la respuesta de ellos: ‘No quiero la venganza, porque la venganza implicaría otra bomba y de ninguna manera queremos otra bomba’. Este sentimiento se vive en Hiroshima y en Nagasaki -describe y emociona al contarlo-. El impacto físico, mental y espiritual es tan grande que en vez de tratar de vengarse, la única voluntad es no repetirlo nunca jamás. Esta mentalidad merece compartirse mundialmente. Eso se aplica con los desastres naturales, como con el terremoto y tsunami que vivimos hace 10 años. No sólo para recuperar la vida sino el ánimo de la gente”.

-Pero eso sólo se logra con una transmisión de generación en generación. Es cultural, es la escuela, es la familia… Es algo colectivo. Si no, no se comprende.

-Mire. Han pasado 75 años. Los que sobrevivieron tienen muchísimos años. Y hay cada vez menos sobrevivientes. El desafío enorme en Hiroshima y en Nagasaki es cómo preservar la memoria y la lección de lo que sucedió. A todos les recomiendo que visiten Hiroshima, porque aparte de lo que ocurrió, quiero que vean una ciudad reconstruida y moderna.

HS


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