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Barcelona y Messi pasaron de un triunfo clave a un golpe que puede ser de nocaut

Y de repente todo vuelve a desordenarse. Piqué busca la patriada como centrodelantero, Messi camina rodeado de rivales, Koeman es expulsado y sufre desde la platea, Umtiti queda pagando y la lógica se destruye porque el fútbol vive de momentos como estos. Granada, que había perdido las 26 veces que visitó al Camp Nou, le dio vuelta el partido al Barcelona, se llevó los tres puntos y le impidió trepar a la punta del campeonato.

La historia estaba escrita para convertirse en un capítulo que podía ser clave para encaminar la continuidad de Messi en el club. Es que entre tantos rumores que van mutando día tras día, con supuestas ofertas que llegan desde París, tentaciones que asoman desde Estados Unidos o deseos vigentes desde Manchester, el paisaje en el que se mueve empezaba a despejarse y asomaba más seductor aún si los destinos de la Liga, que parecía perdida, pasaban a sus manos.

Si hace un año, los argumentos para enviar el burofax desbordaban en todas las áreas del club, el presente ofrece buenas señales con el cambió el mando dirigencial, un equipo en levantada que gritó campeón en la Copa del Rey y que en el torneo local, en lo que va del año, solo había perdido un partido, el clásico frente al Real Madrid. Hasta que en el mejor momento llegó Granada.

Piqué fue por la patriada.
Foto: EFE

Piqué fue por la patriada.
Foto: EFE

Hasta que 90 minutos de lógica se convirtieron en 16 de sorpresa con dos contraataques letales que combinaron desacoples defensivos -Mingueza falló en el empate parcial del venezolano Darwin Machís y entre Umtiti y Piqué dejaron el campo abierto en el centro del área para el 2-1 de Jorge Molina, de cabeza- y precisión ofensiva de un retador que tiró dos manos y noqueó al favorito en su casa y rompió las apuestas.

Hasta esa ráfaga, Barcelona había cumplido el libreto que el partido tenía preestablecido. De mayor a menor, es cierto. Ganaba 1-0 con el gol de Messi. Pero pudo haber ampliado la ventaja en un primer tiempo en el que Antoine Griezmann se vistió de asistidor, Frenkie De Jong mostró un despliegue fenomenal de área a área, Sergio Busquets manejó los hilos como en sus mejores épocas y Leo Messi definió al gol en la primera chance clara que tuvo.

¿Se confió Barcelona? Posiblemente. ¿No tiene la fortaleza defensiva para desactivar las chances aisladas con las que cuente su rival, por más débil que fuera? También. ¿Su poder de fuego en ataque es menos eficaz que en otros tiempos? Sí, porque Jordi Alba no pudo penetrar en su clásica jugada de desborde por derecha, Messi volvió a dejar en la barrera un tiro libre de esos que antes terminaban en festejo y hay varios juveniles que muestran talento pero no así constancia como Dembelé, Trincao o Moriba.

En diciembre, Barcelona a estaba a 12 puntos del líder, Atlético de Madrid. Por ese entonces, pensaba que podría encontrar en la Champions el incentivo para encarrilar la temporada, pero PSG lo devolvió a su realidad con un golpe durísimo para eliminarlo en octavos.

No fue de nocaut. En los últimos tres meses, el equipo del Cholo Simeone dejó en el camino 19 puntos. Fueron 14 partidos, siempre como puntero, en los que sacó 23 de los 42 puntos que jugó, con seis triunfos, tres derrotas y cinco empates. En ese mismo lapso, el equipo de Koeman sumó 34 puntos: ganó 12 partidos, empató uno y perdió solo dos, el clásico ante Real Madrid y este choque ante Granada.

Cuando parecía que celebraba, Messi, otra vez con la mirada perdida.
EFE/ Alejandro Garcia.

Cuando parecía que celebraba, Messi, otra vez con la mirada perdida.
EFE/ Alejandro Garcia.

Una derrota fuera de contexto, dura. No solo porque le impide a Barcelona saltar a la cima y llevar las riendas cuando a la Liga le faltan cinco fechas y en dos debe recibir al Aleti, que respira y sigue mandando. Sino porque ya tenía escrita la historia de la reconstrucción. Ya palpitaba un final de temporada dulce después de un arranque cargado de amargura e incertidumbre.

El fútbol dejó en claro una vez más que no es un terreno ideal para dictar sentencias. El Granada, que en febrero no pudo aguantar la gesta en los cuartos de final de la Copa del Rey y se encontró con una remontada feroz del Barcelona que pasó del 0-2 a la igualdad en los 90 minutos y terminó festejando 5-3 en el alargue, ahora se toma una dulce revancha y festeja por primera vez en su historia en el Camp Nou.

El equipo de Koeman está en carrera, puede aún gritar campeón en la Liga y agregarle a Messi un condimento más para forjar su continuidad. Pero lo que era un paso adelante fundamental se convirtió en un tropezón insólito. Y las certezas deberán seguir esperando, al compás de rumores, especulaciones y un futuro incierto, tanto para el equipo como para el crack argentino.




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