Uruguay

así se recuperaron estos nombres claves de la literatura nacional

Imaginemos un goteo. Una gota constante, que cae y corta el silencio, que se amplifica en una noche de insomnio y lo recrudece. Quien pueda soportar con tranquilidad algo así que dé un paso al frente.

Pero en realidad, al margen del sonido constante y molesto, es cuestión de perspectiva. Porque podemos olvidar la literalidad y tomar la noche o ese silencio como algo figurativo, y hacer de cuenta que son o refieren al “silencio uruguayo” que pende, o pendía hasta hace poco, sobre ciertos nombres de la literatura nacional del último siglo. Ahí la cosa cambia. El silencio pasa de ser placentero a molestar. Y el goteo, el goteo de los nombres que empiezan a ser recuperados y que son alcanzados otra vez por la luz, se hace necesario. Queremos, necesitamos más de ese ruido. El silencio puede esperar.

En ese sentido, resulta curioso rastrear los motivos por los que cada uno de estos autores y autoras dejaron de estar presentes en el radar más amplio y se alejaron de otros nombres que gozan de manera plena su espacio en el imaginario popular, cultural y literario. Porque por hache o por be, por más o menos marketing, de alguna manera ellos quedaron relegados. ¿Y qué entendemos por relegados? Editados por editoriales extranjeras carísimas o que no llegaban al país, presos de disputas en torno a sus derechos o, simplemente, ignorados por los editores actuales y, por ende, imposibilitados de llegar a los lectores. 

La lista de autores que se enmarcan en esta situación es bastante larga. Y podemos empezar por acá: entre las recuperaciones más paradigmáticas que se han hecho en los últimos años se encuentran, por ejemplo, la de Amor libre de Roberto de las Carreras por parte de Criatura, y la de Los cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont a cargo de HUM. La primera trajo de regreso a librerías uruguayas a ese ensayo clave de la generación del 900, y también a la figura de su autor, un personaje excéntrico como pocos, un dandy de su tiempo que se atrevió a cuestionar, entre otras cosas, los preceptos que rodeaban a la masculinidad de la época. La segunda, en tanto, fue la primera edición uruguaya de los cantos craneados por Isidore Ducasse a 150 años de su publicación original, volumen que generó varias actividades relacionadas con su aparición y un nuevo entusiasmo en torno a la misteriosa vida y obra de su autor, algo que terminó siendo muy saludable para el debate en torno al canon de la literatura nacional. 

Pero estos no han sido los únicos dos casos de autores “recuperados”, y podemos decir que, por suerte, el goteo se mantiene. Nuevos “viejos” nombres han tomado esa posta y poco a poco trazan su camino de vuelta a los anaqueles del presente de la mano de editoriales criollas. A partir de esfuerzos casi honorarios y muy rebuscados de editores interesados, un puñado de títulos de figuras ciertamente dejadas de lado han regresado a la luz. Por ejemplo hoy, en junio de 2021, hablamos de que en las últimas semanas regresaron cuatro nombres que están otra vez a la mano de cualquier lector: se trata de las obras de Armonía Somers, Marosa di Giorgio, Amanda Berenguer y María Esther Gilio. De ellas vamos a hablar ahora.

Armonía: la cazadora

“Han pasado setenta años desde la primera publicación de La mujer desnuda, la que salió a cazar lectores. Como buena cazadora, su autora se camufló entre los colores de los nombres para que no se supiese de dónde venía el disparo, pero la bala impactó. Primero en los escandalizados, que acusan siempre recibo, segundo en los que saben del arte de la caza y coincidieron: no hay nada igual. Tercero, los ecos que siguieron a través del tiempo, esa lenta caza de algunas autoras, disparos que atraviesan las épocas para seguir formando círculos cada vez más grandes.”

Con esas palabras recuerda la periodista argentina Gabriela Borrelli a Armonía Somers y su obra en el prólogo a la reedición que la editorial Criatura hizo de La mujer desnuda, uno de los textos más importantes de la autora uruguaya nacida en 1914. La novela, para la que se tomó la primera edición del texto —publicado originalmente en la revista Clima: cuadernos del arte, en 1950—, está acompañada de ilustraciones de la artista Caro Ocampo y llegó a librerías en diciembre de 2020. Seis meses después de su publicación, en la editorial aseguraron que la edición está casi agotada.

“Cuando empezamos Criatura —cuenta su editora, Julia Ortiz— nos fijamos en que había autores uruguayos y uruguayas que no circulaban, o solo lo hacían en editoriales argentinas. Publicar a Felisberto Hernández fue nuestro primer impulso. Después surgió la idea de Amor libre, de Roberto de las Carreras, que creo que es el único de estos autores, incluyendo a Armonía, del que se podría hablar de un rescate real”.

La edición de Criatura de La mujer desnuda fue ilustrada por Caro Ocampo

Dado que Armonía Somers no dejó descendencia, sobre sus derechos pesaban “rumores” que durante algún tiempo alejaron los intereses de Criatura por publicarla, pero la decisión de ir por La mujer desnuda se reforzó luego de que se publicaran sus textos en España y Estados Unidos en 2018 a impulso de una editorial feminista.

“Investigamos sobre las eventuales consecuencias de editar a alguien que no tenía descendencia, como es el caso de Armonía, y nos pareció que valía la pena. Hay autoras que tienen que circular, y sobre todo en ediciones uruguayas. Está buenísimo que haya ediciones de calidad argentinas, pero no puede ser la única manera de leerlas”, dice Ortiz. 

La publicación de La mujer desnuda fue un acontecimiento que cerró el año literario uruguayo casi que a la par de la publicación de Los cantos de Maldoror. Trajo de regreso a las librerías a una escritora caracterizada por su rupturismo, por un feminismo ingente que atraviesa cada línea y por una calidad que ha hecho que varias universidades del mundo se interesen y estudien los recovecos de su obra. Esa edición fue, también, casi un aviso: llegarían más “apariciones estelares” desde el pasado literario uruguayo cercano. Solo había que esperar.

Amanda y Marosa: hermanas

Martín Fernández cree que el editor funciona, en algún sentido, como agente cultural. Lo dice con pudor, pero confía en ello. Por eso en la dirección de HUM y Estuario, desde hace tiempo, está detrás de algunos nombres puntuales. ¿Cuáles? Para empezar, los de Amanda Berenguer y Marosa di Giorgio. 

“Hay una cierta desmemoria con lo nuestro —cuenta Fernández—, una cierta desvalorización que es increíble. No nos cuidamos. Tenemos que leernos, porque de ahí es de donde venimos. A nosotros la pandemia nos llevó para ese lado. Hicimos un clic y dijimos: ‘Vamos a apuntalar esto’. Son nuestros clásicos. Los necesitamos”.

Amanda y Marosa, que se llevaban once años y habitaban mundos poéticos con elementos comunes pero bastantes diferencias, eran amigas íntimas. Así que tiene sentido, que hayan reaparecido en librerías editadas por los sellos que dirige Fernández de esta manera: casi en simultáneo, de la mano, con sus respectivos aniversarios con una semana de diferencia —Marosa di Giorgio hubiera cumplido 89 el 17 de junio; Amanda Berenguer, integrante de la consagrada generación del 45, llegó al centenario el pasado jueves.

Marosa di Giorgio

La historia editorial reciente de estas escritoras es entreverada. Sus derechos de publicación estaban en manos de editoriales argentinas, Cuenco de Plata y Adriana Hidalgo Editora, entre otras. Esas eran las ediciones —caras— que se encontraban por estos lares. Sin embargo, hubo esfuerzos uruguayos anteriores por recuperarlas: en el caso de Amanda, los autores Carlos Rehermann y Amir Hamed editaron el tremendo y agotadísimo Constelación del Navío en 2002, un volumen que recopila toda su obra poética de 1950 hasta ese año. Ya no se encuentra y quienes lo tienen, lo atesoran y lo consideran invaluable. También La cuidadora del fuego, una recopilación de 2010 a cargo del escritor Roberto Echavarren. Pero después no hubo mucho más que las mencionadas ediciones foráneas. Marosa, en tanto, tuvo la edición reciente de un álbum biográfico y literario a cargo de las investigadoras Ana Inés Larre Borges y Alicia Torres, un proyecto de 2019 que en su momento despertó entusiasmo por la poeta y que, según explica Torres, funcionó muy bien entre los lectores.

Lo “nuevo” que hoy podemos encontrar de estas dos autoras se resume en cuatro tomos distintos: Misales (1993), Camino de las pedrerías (1997) y Rosa Mística (2002), tres ejemplos de la prosa de Marosa di Giorgio, y Donde anida el rayo, una recopilación de la poesía de Amanda Berenguer que incluye Materia prima (1966), Composición del lugar (1976) y La dama de Elche (1987). 

“Estas reediciones son muy importantes, porque, si no, los autores desaparecen. Amanda Berenguer, por ejemplo, está en el parnaso de las letras nacionales, y está también en la cúspide de las letras castellanas. Sin embargo, parece ser conocida solo por poetas e iniciados, y aunque es un nombre que suena mucho porque es muy bello, muy musical y mágico, no estaba siendo leída. Ahora eso se terminó. Y los jóvenes, además de leerla, pueden volver a escribir sobre ella, discutirla en congresos, trabajarla”, reflexiona Torres.

El poeta, crítico y docente Luis Bravo, en tanto, no teme ser categórico a la hora de hablar de Amanda y Marosa: las considera fundamentales para la historia cultural uruguaya de la segunda mitad del siglo xx, pero también para la lengua española. 

Las nuevas ediciones de Marosa di Giorgio

“Son dos poetas fundamentales, queridas, y muy singulares”, dice Bravo, que se encargó de prologar la edición de Donde anida el rayo. “Cualquiera de las dos son figuras que están siendo leídas, trabajadas, estudiadas en varias universidades del mundo, porque su obra, muy distinta, converge en universos muy creativos y particulares. Ellas fueron amigas, cercanas, y las une lo que yo denomino una línea visionaria. Si bien Amanda trabajó esa línea más que nada en La dama de Elche y La estranguladora, y Marosa prácticamente lo hizo en toda su obra, es en ese lugar donde se encuentran y tienen cierta complicidad”.

Luego, para terminar, agrega: “Estas dos extraordinarias creadoras de lenguajes y universos poéticos van a trascender en el tiempo y van a encontrar su momento, que siempre existe, en el que alcanzan definitivamente a su público más amplio. Eso lleva tiempo. Ahora estamos celebrando el centenario de Amanda y sí, a veces puede pasar que se necesiten cien años para que se valore a estas figuras. Pero no tengo ninguna duda de que las obras de ellas van a permanecer en la mejor literatura del Uruguay y de la lengua española”.

El goteo, así, suma más ejemplos, y nombres quizá no olvidados pero sí corridos del centro ganan otra vez terreno. Quedará por verse qué tanto impacto tienen en los lectores vernáculos actuales. Serán ellos, al final, los que deberán responder. Pero ahora, justamente,  se puede, ahora está la oportunidad de hacerlo. Hoy, leer a Marosa di Giorgio, a Amanda Berenguer o a Armonía Somers y a todos los demás es una elección. Eso ya es un triunfo.

María Esther Gilio: la que entrevista

María Esther Gilio

De un lugar totalmente diferente al de las otras escritoras de esta nota, llega María Esther Gilio, uno de los nombres más importantes del periodismo rioplatense. Firma clave de Marcha y posteriormente de Brecha —pero también de La Nación, El País, Clarín, Página/12, Crisis y más—, Gilio construyó una obra llena de entrevistas y reportajes memorables, que incluyen a Jorge Luis Borges y José Saramago, entre otras figuras, y que fue publicada sobre todo en el exterior. La editorial Estuario también se encuentra trabajando en una serie de reediciones de su obra en Uruguay y el puntapié inicial llegó en estos días: se trata de Cuando los que escuchan hablan, una serie de entrevistas a psicoanalistas donde Gilio invierte el rol de sus entrevistados y los hace reflexionar sobre el amor, la locura, el sexo, la muerte y más. Ya se puede ir a ella.




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