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así afectó la pandemia a los jóvenes en Europa

Los cinco diarios que forman el grupo Europa -The Guardian, La Stampa, Le Monde, Süddeutsche Zeitung y La Vanguardia- conversaron con miles de jóvenes europeos cómo la pandemia de coronavirus les ha cambiado la vida: La mayoría de ellos acusan un golpe tremendo. En este especial se recogen algunas de esas respuestas y la opinión de expertos.

Antes de la pandemia, la vida de los jóvenes europeos, al menos de los pertenecientes a la generación Z, que ahora tienen entre 16 y 25 años, giraba en torno a los estudios, el deporte, el entretenimiento y los amigos.

Un año y medio después, la covid ha cambiado su futuro. Hoy son muy conscientes de que durante bastantes años arrastrarán secuelas en forma de enfermedades mentales, educación deficiente y bajos salarios.

“Esta pandemia nos ha arrebatado demasiado para que la dejemos atrás sin entender que puede tratarse de un auténtico momento de transición

Sebastián De La Cruz

Matthias Montesano

Camarero, 21 años. Turín (Italia)

Renunciar a un modo de vida

Primero porque han tenido que renunciar a su modo de vida de una forma mucho más radical que la de cualquier otro grupo demográfico y, segundo, porque la crisis que ha generado el virus ha castigado especialmente a las personas que no tenían la suficiente experiencia laboral, que no podían acreditar una buena educación y que no podían teletrabajar.

Muchas de las personas más perjudicadas por la pandemia son jóvenes de la generación Z y está demostrado que, cuanto mayor es su vulnerabilidad social y económica, menor es su capacidad de respuesta a una catástrofe como la del coronavirus.

“Una gran prueba de estrés”

Eduard Vallory, experto en educación y presidente del centro para la Unesco en Cataluña, considera que “la pandemia ha sido una gran prueba de estrés sobre cómo hemos de organizarnos socialmente”.

Opina que el virus nos ha hecho ver las costuras a una sociedad muy individualista y tecnificada. La ausencia de una red de convivencia familiar y vecinal dificulta que el individuo se sienta relevante “y esto genera angustias y depresiones, especialmente entre los jóvenes, que están en la edad de máxima socialización”.

El confinamiento frenó el ritmo de vida de la generación Z. Foto: AFP

El confinamiento frenó el ritmo de vida de la generación Z. Foto: AFP

“Antes de la pandemia –añade Vallory– considerábamos que la socialización era algo menor, pero ahora hemos podido comprobar que tiene una importancia fundamental, sobre todo para la educación. Asistir a clase de manera presencial tiene mucha importancia porque aprendemos a partir de la interacción con los demás”.

Muchos expertos consideraban, en los tiempos precovid, que la educación era un asunto individual, que dependía solo de cada alumno y que si agrupábamos a los jóvenes en aulas era solo por una cuestión organizativa. Hoy, sin embargo, Vallory afirma que “gracias al confinamiento está muy claro que no se aprende igual solo que en compañía”.

El confinamiento frenó el ritmo de vida de la generación Z. Los jóvenes lamentan haber perdido un año crucial de sus vidas. Sobre todo, porque no han podido ir a clase y salir con los amigos, pero también porque han dejado pasar oportunidades, algunas de trabajo, otras para disfrutar de nuevas experiencias.

“Esta pandemia me ha afectado muy negativamente. Me gustaría poder transmitir mensajes de esperanza, pero, la verdad, esta situación no me deja más que amargura

Sebastián De La Cruz

Michela Petrini

Estudiante, 21 años. Bra, Cúneo (Italia)

Un psiquiatra con muchos años de experiencia adolescente a cuestas y que prefiere mantener el anonimato por criterios de ética profesional considera que la socialización es ley de vida para los jóvenes.

“La necesitan para compararse con los demás, ponerse a prueba, sentir las emociones de la vida. Si no pueden hacerlo sucede como con aquel joven retraído al que le cuesta salir de casa y, al que sin duda, le afecta algún desequilibrio psicológico.”

La pantalla, un cordón umbilical

Las pantallas se han convertido en algo más que una ventana al mundo para la generación Z. Han sido un cordón umbilical. Les han permitido estudiar y divertirse con los videojuegos en línea, pero también darse cuenta del peso que supone vivir en soledad y de la superficialidad de las relaciones en las redes.

“Hace poco más de un año, los “jóvenes de cristal” nos convertirnos en “personas fuertes”. La Covid-19 nos hizo fuertes de repente. Yo sufro trastornos de ansiedad, que se han agravado durante la pandemia. No he tenido más remedio que soportarlos y adaptarme

Sebastián De La Cruz

Yanina Sargsyan

Estudiante, 17 años. Ciempozuelos (Madrid)

“Si buscas cómo construir tu identidad –añade el psiquiatra- y los jóvenes es lo que buscan, no hay duda que nada es más efectivo que el intercambio personal. Las redes no pueden suplirlo”, dice.

Y agrega: “Por eso es tan importante para ellos el botellón. No solo porque implica socializar sino porque también supone transgredir. Los jóvenes, durante esta pandemia, han sufrido normas que han considerado absurdas e inútiles. Cuando una normativa no está bien fundamentada estimula la transgresión”.

Muchos reniegan, por lo tanto, de las clases online, critican con dureza a sus institutos y universidades, y también desconfían, ahora mucho más que antes, de los gobiernos y hasta de los amigos virtuales.

El rol de la familia

La familia, por el contrario, ha ganado fortaleza. Algunos jóvenes lo han pasado mal, encerrados en casa con sus padres. Si la convivencia era mala, ahora ha sido peor. Muchos, sin embargo, han descubierto en sus padres perspectivas con las que no contaban, como la de poder desarrollar una relación que, sin ser de amistad, sí es de camaradería.

“He descubierto dentro de mí una agresividad de la que no era consciente, y la atribuyo al descontento general con mi actual situación vital. Creo que lo más difícil es controlar al hedonista que uno lleva dentro para no perjudicar a los demás

Sebastián De La Cruz

Victor Vollmer

Estudiante de jazz, 20 años. Berlín (Alemania)

Entre las miles de respuestas recibidas, hemos seleccionado el testimonio de algunos jóvenes. A través de ellos conseguimos una gran visión de esta Europa del mañana.

No importa si viven en países del norte o del sur, en ciudades grandes o pequeñas, no importa, tampoco si son estudiantes de instituto o de universidades o si ya se han licenciado y arrancan su experiencia laboral.

El futuro lo afrontan desde la misma perspectiva: sacar adelante no solo sus problemas personales, sino también los de unas democracias liberales atacadas por el populismo y el de un planeta que se calienta en exceso.

“Durante la pandemia pasé mucho tiempo a solas conmigo mismo. Últimamente empiezo sentirme vacío. Como si no tuviera nada dentro. Al mismo tiempo, a veces no puedo controlarme y me indigno

Sebastián De La Cruz

Lukas Horn

Estudiante de magisterio, 23 años. Dresde (Alemania)

Algunos sienten que han de participar en la política, implicarse más en los asuntos públicos.

La mayoría está a favor de sociedades más solidarias. Les preocupa la desigualdad y critican a los gobernantes. Muchos insisten en que “nos han dejado en la estacada”.

La mayoría de jóvenes Z se han sentido muy desamparados por unas autoridades a las que les achacan que no hayan hecho más para superar la pandemia sin tantos costes sociales y económicos.

“Pasé la primera parte de la pandemia en París. Fue muy duro a veces, sin saber cuándo se iba a acabar todo. Tenía pesadillas en las que soñaba que mi familia se moría de pronto

Sebastían de la Cruz

Eleanor Paisley

Estudiante de Filosofía y Francés, 23 años. York (Reino Unido)

Eduard Vallory les da la razón. “Los jóvenes son el valor más grande que tiene una sociedad y fracasaremos todos si ellos refuerzan el individualismo. Hemos de recuperar la comunidad de personas, la empatía, el principio de retornar a la sociedad lo que la sociedad nos da. Son valores positivos que hemos visto durante la pandemia”.

Por Xavier Mas de Xaxás, La Vanguardia

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