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al menos Scaloni se fue con más certezas que dudas


Era una victoria de esas que marcan el camino hacia el objetivo final. Eran tres puntos de oro por lo trabajado y por un gran primer tiempo, de los mejores de la era de Lionel Scaloni, que volvió a sorprender con varios cambios de nombres entre partido y partido. Era la oportunidad para empezar a cortarse con Brasil arriba y estirar la diferencia con el resto. Era… Pero no fue por muy poquito. La Selección tuvo un arranque voraz, sacó una ventaja de dos goles muy rápido, aunque después chocó contra un seguro Ospina, no lo pudo liquidar y por fallas propias el local le arrebató un triunfo que merecía. Mejoró con respecto al encuentro con Chile, pero la cosecha final de dos puntos sobre seis le deja un sabor bastante amargo.

Ni con su pensamiento más optimista Scaloni imaginó que su equipo iba a tener ese inicio demoledor que le acomodó el partido antes que se cumplieran los primeros diez minutos. El cabezazo de Cristian Romero, que le ganó en el salto al más alto de la cancha, Yerry Mina (1,97 metro), tras el tiro libre de Rodrigo De Paul desde la derecha fue un premio para el defensor de 23 años que se afianzó rápidamente y significó a su vez el alivio impensado para que la Selección pudiera manejar los tiempos con mayor calma y personalidad.

Ni hablar, el golazo de Leandro Paredes, quien capturó una pelota que iba caprichosa y sin dueño de un lado al otro, pasó a pura gambeta de potrero entre uno, dos, tres colombianos y definió de zurda, cruzado y por abajo. En siete minutos, Scaloni parecía tener resuelto el duelo, siempre duro en la húmeda y calurosa Barranquilla. Pero la virtud de sus dirigidos estuvo a su vez en saber luego jugar con los espacios ante la necesidad de un rival que desde su formación demostró cautela.

Reinaldo Rueda optó por disponer un solo delantero, Duván Zapata, para tratar de contener con un 4-1-4-1 a Lionel Messi y compañía. Sn embargo, los papeles se le incineraron velozmente y no tardó en incluir a Luis Muriel para que le hiciera mayor compañía a Zapata arriba. Fue Juan Cuadrado su futbolista más desequilibrante en todo momento, de hecho, le dio gran trabajo a Marcos Acuña por el callejón zurdo.

La Selección juntó a sus mejores piernas en la zona central. La presencia de Giovani Lo Celso volvió a darle apoyo a Paredes en la recuperación y al mismo tiempo un socio con quien Messi pudiera tocar en una zona en la que se construye mirando el área de enfrente. También aporta pase filtrado, Gio, como aquel milimétrico que le dio a Lautaro Martínez, que no pudo definir bien ante la salida de David Ospina.

Cada vez que le toca jugar, Lo Celso potencia el fútbol de esta Selección nueva, algo que le entrega casi la propiedad del puesto de volante interno izquierdo. La Argentina, tranquila por la holgura prematura en el marcador, encontró una fluidez de toques y movilidad ideal por tramos, aunque le costó traducir eso en más llegadas claras, al margen de un tiro libre de Leo que contuvo el arquero.

Hablando del 10… La cuenta pendiente que mantiene el ciclo de Scaloni sigue siendo la misma que sus antecesores: lograr explotar a Messi en la zona de fuego. Tanto se esfuerza esta Selección en no ser messidependiente y en tratar al mejor del mundo como uno más para restarle presión, que hasta algunas veces hace pasar desapercibido al rosarino, quien tiene que retroceder para entrar en acción.

Igual, Lionel se las rebusca y siempre saca algo de la galera o, mejor dicho, de su zurda, como otro tiro libre desactivado nuevamente por Ospina y la asistencia magistral para Lautaro, que no tuvo una noche inspirada para resolver en el mano a mano.

A esa altura, la postura de Colombia había cambiado ya por obligación. Entre Muriel y Zapata habían avisado al final de la primera parte que tuvo como amplio dominador a los de celeste y blanco. Y tras el descanso llegó el descuento por el evitable penal de Nicolás Otamendi sobre Mateus Uribe que Muriel cambió por gol ante Agustín Marchesín, el arquero que debió reemplazar al golpeado Emiliano Martínez.

Scaloni reordenó sus fichas y con los cambios armó una línea de cinco en el fondo. La Argentina pudo haberlo liquidado de contraataque, pero se topó con un Ospina inmenso que volvió ahogarle el grito a Messi de modo espectacular. Y cuando todo terminaba, un centro impecable de Cuadrado aterrizó en la cabeza de Borja (Foyth ni saltó) y Colombia se robó el triunfo de los albicelestes en el último minuto.


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